jueves, 29 de marzo de 2012

Asalto de miércoles

Tuvimos suerte. Siempre viene bien una dosis apropiada. Ya no se trata de pedirle un premio de quiniela o de sorteo de fin de año. A veces con que nos ayude a salvar la piel, alcanza.
Anoche nos asaltaron. Somos de poco deambular nocturno, pero nuestra hija inauguraba una muestra de sus obras y, además, Celia inauguraba sus sesenta y tres bien puestos y vividos. Después del careteo en la Bolsa de Comercio (allí está expuesta la maravilla creativa de Laura) nos fuimos a tomar algo. Cerca de casa y con amigos. Miércoles, día insólito para tragos, helados y confituras. Éramos pocos, apenas ocho, contando a dos de mis nietos. A las veintitrés pagamos y nos íbamos. Minga que nos íbamos.
Se apersonó un joven, pistola en mano, y nos pidió tranquilidad. Y también nos pidió todo. Ante la sorpresa y el susto general (había más parroquianos disfrutando de una noche típica de otoño cuyano), la joven sexagenaria de mis amores tomó su cartera informe (es así, no tiene forma) y dijo, con voz tenue, pero firme: "Yo tengo que salir de aquí". Lo dijo más para sí misma que para que la escucharan. ¡Y salió! Le jugaron a favor la inexperiencia de los Butch Cassidys zanjoneros y la sorpresa.
En mi carterita había una considerable suma en efectivo (acababa de cobrar la jubilación y me gusta sentir que la inclusión de estos tiempos me resulta útil a mí también), pero sobre todo mi amada agenda en la que guardo fotos de mis seres queridos y datos casi irrecuperables si se pierden. Me di vuelta y la oculté con mi cuerpo. El Negro, que se había deglutido una copa helada monumental, asegura que el pibe que nos sorprendió empuñaba una 9 milímetros. Mi cultura al respecto es nula. Si hubiese entrado con una pistola de jabón, como Woody Allen en "Robó, huyó y lo pescaron", para mí era lo mismo. No distingo una escopeta de una bayoneta ni que me las describa José Saramago y lo traduzca Pilar del Río.
Los muchachos hicieron su trabajo, cosecharon carteras y celulares y se esfumaron tan rápido como habían aparecido. Y allí andan parroquianos y parroquianas gestionando un poquito de burocracia para recuperar papeles y plásticos perdidos. La denuncia policial hay que hacerla porque es paso obligado para mover el elefante de los trámites y no porque abriguemos esperanza alguna en los sabuesos de uniforme azul. La cana llegó cuando los chorros andarían por Villavicencio. Tarde, como es habitual.
Es cierto, no nos pegaron, no nos dispararon, no nos hicieron tirar al piso ni nos mataron. Ni siquiera manotearon la caja del negocio. Apurados, fueron un relámpago en una noche estrellada. Y aunque no podemos comparar el episodio con tragedias cotidianas de sangre y muerte, me sirve para ratificar que mis sueños están intactos, que no quiero balas para esos pibes, que ninguna molestia y pérdida de tiempo ameritan la tortura a quienes son, sin duda, también víctimas de nuestra historia reciente.
Si la edad de los tres atacantes de anoche oscilaba entre los dieciocho y los treinta años, ahora, ya pasado el susto, cabe preguntarnos qué mierda hicimos como sociedad para que tres compatriotas anden un miércoles a la noche manoteando guita ajena. No van a lograr que me sume al coro de los iluminados por la furia.
Sigo al servicio de la vida, pese a los momentos tanáticos en medio de un festejo merecido.

martes, 20 de marzo de 2012

La lima diaria

A Natalia Brite, compañera


Algo huele mal, pero no es en Dinamarca. Para colmo el apellido empieza con K y es Viceministro de Economía de la Nación. Como las dos últimas Reinas de la Vendimia (Koltes y Kaliciñski). Es que la hegemonía ya no es lo que era. Hasta Gramsci tendría que revisar su posición.
Los calificativos de marxista y judío, atribuídos a Axel Kicillof, levantaron polvareda. Sobre todo por su supuesta ascendencia rabínica. Insisto, supuesta. Parece que ni siquiera, pero no importa. Eso sí, de su pecado ideológico se ocuparon poquito. Sólo vi y escuché al filósofo Ricardo Forster reivindicar los conocimientos del funcionario respecto de las teorías económicas de Carlitos. Pero analicemos, ¿qué clase de judío sería Kicillof? ¿Sefaradí, ashkenazi, sionista, asimilado, converso?. ¿Será un judío como Einstein, Milstein o el mismísimo Marx?, ¿o un judío de mierda como Alberto Kohan, Corach, Beraja, Sofovich o el rabino Bergman?, ¿será un humanista como el rabino Goldman? Mientras tanto, la señora DAIA mostró la hilacha. Después de repudiar el texto de Pagni en La Nación, le puso un manto de piedad. Salió a decir que el exabrupto no había tenido "mala fe". En mi barrio a esas actitudes las llamábamos "de cagones o cómplices". La entidad es, históricamente, parte del establishment y se dedica a cuidar su quintita. Por otra parte, aunque es la que tiene prensa fácil, no es la única. Existe el ICUF, vocero de la corriente humanista del pensamiento judeoargentino.
¿Y qué marxista sería el Viceministro?, ¿marxista leninista, troskista, maoísta, gramsciano, hormonal (como Saramago y el que suscribe), indigenista?. ¿Marxista humanista, como Fidel, o marxista de mierda como Pol Pot?
Entonces, sin hacer ostentación de exclusividades ni esas paparruchadas del mundo cholulo-mediático, reivindiquemos la cualidad académica de Kicillof. Es, evidentemente, un estudioso de Marx, como él mismo lo ha manifestado. También de Ricardo (no, muñeca, de López Murphy no, del auténtico), Smith, Keynes y la teoría económica clásica. Que un joven de esos quilates tenga la confianza de la Presidenta para co-conducir la política económica del país es un dato que enaltece el rumbo y es también una marca identitaria del momento que vivimos. Eso sí, para Santiago Kovadloff  "se le da poder a los que no saben". El filósofo lo dijo en referencia a la edad del judío marxista: cuarenta años. ¿Cómo sabe que no sabe?. ¿No será que Kicillof sí sabe y a Santiago le jode lo que sabe? Insisto con una lección que me enseñó mi querido Felipe Pigna, ¿cuántos años tenían Moreno (no, muñeca, Guillermo no, el que envenenaron  en un barco), Evita, el Che, Castelli y Belgrano cuando sacudieron el tablero de la Historia?
Es que el objetivo magnéttico es limar. Limar a Boudou sin pruebas fehacientes en su contra, limar a Kicillof recurriendo a la prédica antisemita, a cargo de la jerarquía católica,que por más de dos mil años culpa a los judíos por la muerte de Cristo. Todos los días una lima nueva (no, muñeca, la capital de Perú es la misma, me refiero al instrumento que sirve para erosionar materiales y cerebros).
Es que no encuentran la manera de proponernos otro país. Aunque, tal vez, les dé vergüenza el que tienen en mente y entonces recurren al chisme, al invento y la calumnia.
Si Axel Kicillof no es marxista, merece serlo. Por el bien de todos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Dignidades, indignidades, indignaciones

"Un eternizador de dioses del ocaso"
                                    Silvio Rodríguez

Según la Real Academia, esa gendarmería anquilosada de nuestra lengua, dignidad es equivalente o sinónimo de excelencia o realce. Indignidad e indignación son parte de su familia de palabras. Aunque, ya se sabe, la familia ya no es lo que era. También la del lenguaje.
Esta vez las dignidades las puso el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Por decisión unánime (y no es un detalle) puso fin a las manipulaciones y tergiversaciones en la interpretación del artículo 86, inciso 2, del Código Penal Argentino. La norma declara impune el aborto practicado a una mujer demente o idiota, embarazada producto de una violación. Cabe recordar que el Código data de 1921. De ahí la caracterización del diagnóstico. Hoy ya no se aplica ni siquiera a ciertas conductoras televisivas o a pastores prejurásicos de sectas mayoritarias.
La redacción de la sentencia extiende el alcance a toda mujer violada, independientemente de su edad o salud mental, equiparando así la calidad de víctima de quien ha sufrido semejante vejamen. Se terminó el lobby cardenalicio sobre la familia de la humillada para llevar a juicio una disposición legal clara y contundente. Lograban encontrar un magistrado que usando y abusando de los tiempos tribunalicios hacía prácticamente imposible el cumplimiento de la norma.
También la objeción de conciencia contempla la sentencia. Médicos, obstetras, enfermeros y demás auxiliares pueden ampararse en ella, pero el Estado debe garantizarle a la mujer el cumplimiento de la ley.
La indignidad corrió por cuenta, una vez más, de los delegados de Maledicto una equis, una ve y un palito, o sea, el Papa. El portavoz fue José María Arancedo, presidente del Consejo Episcopal Argentino desde el 8 de noviembre de 2011 y (dato chismoso) primo hermano de Raúl Alfonsín. Nunca imaginé que iba a coincidir con un monseñor. Es que, confirmada la sentencia, Toté (así lo llaman en la intimidad) salió a manifestar la "sorpresa" de la jerarquía católica. Claro que su sorpresa y la mía tienen distinta cara. La de él, cara de culo. La mía, sorpresa luminosa, inclusiva, producto de la composición de un tribunal que es hijo de una decisión política de Néstor. Como dice Myriam Arancibia, mi amiga, compañera y colega de la vida (en ese orden) esta es la Corte que supimos conseguir. Y este fallo un escalón más hacia el logro del aborto legal, seguro y gratuito que ponga a la mujer como sujeto de derecho pleno. El Congreso de la Nación nos debe ese debate que, tarde o temprano, se dará.
Vuelvo a coincidir con el prelado cuando, textualmente, declara: "no existe ningún motivo o razón que justifique la eliminación de una vida inocente". Sí, monseñor, pero las palabras llegan tarde, tardísimo. Si las hubiesen dicho y puesto en práctica a su debido tiempo no habría habido genocidio en el país. Vaya un incompleto listado de hermanos suyos (y nuestros) que no alcanzaron a escuchar sus reflexiones. Enrique Angelelli, muerto en La Rioja el 4 de agosto de 1976; Salvador Barbeito, cura palotino asesinado el 4 de julio de 1976, junto a Emilio Barletti, Pedro Duffau, Alfredo Kelly y Alfredo Leaden; Daniel Bombara, militante de la Juventud Universitaria Católica de Bahía Blanca, asesinado el 10 de diciembre de 1975; Carlos Dorniak, salesiano muerto el 21 de marzo de 1975; Héctor Ferreirós, ex sacerdote, periodista de TELAM, muerto el 30 de marzo de 1977; Elizabeth Fress, militante de la JUC, desaparecida en setiembre de 1976; José González, agente pastoral de Bahía Blanca, asesinado el 24 de abril de 1976; Elizabet Kasemann,  luterana, estudiante de Sociología, muerta el 8 de marzo de 1977; Gabriel Longueville, sacerdote asesinado en Chamical el 18 de julio de 1976; María del Carmen Maggi, decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de Mar del Plata, muerta el 9 de mayo de 1975 (Fuente: Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos). Hay más lápidas, monseñor Toté, pero no quiero abrumarlo. Es más, en algunos casos ni lápidas hay. Permanecen desaparecidos.
Fíjese que casualidad. Por estos días hemos leído los dichos de Carlos Pagni, columnista de La Nación, en los que "acusa" al viceministro de Economía de la Argentina, Axel Kicillof, de tener "ascendencia rabínica"  y ser "marxista". La Iglesia que Toté dice representar ha pregonado largamente la culpabilidad de los judíos en la muerte de Cristo, por más puesta en escena de Maledicto en algún campo de concentración nazi. Si hasta don Pío, una equis y dos palitos, bendijo las armas franquistas, en nombre de un dios presuntamente misericordioso. El prelado cavernario y el pelado macartista parecen salidos del huevo de la misma serpiente.
¿Vio que atrasan? Dijeron que el mundo se derrumbaba cuando el Estado les arrebató el monopolio de los nacimientos, bodas y muertes. El país necesitaba poblar sus pampas y no podía admitir que los inmigrantes fueran cautivos de una secta, por muy mayoritaria que fuera. Lo mismo ocurrió con el divorcio vincular y el matrimonio igualitario. No hay caso, tienen una nutrida y jugosa foja de servicios en eso de acumular indignidades.
De la indignación me hago cargo, ¿se nota?

lunes, 12 de marzo de 2012

Los que se comieron a King Kong

"Qué lindo es sentarse en la puerta de un bar
 y ver a Buenos Aires pasar y pasar"
                                               Jorge Schussheim


En 1965 María Esther de Miguel publicó un libro de cuentos llamado "Los que comimos a Solís". La escritora de Larroque, Entre Ríos, paisana de Alfredo Yabrán, no sabía que ese título se actualizaba según la época y sus circunstancias, parafraseando a Ortega y Gasset.
Es que Juan Díaz de Solís formaba parte de aquel intento de globalización "avant la lettre" que tuvo a España como principal, pero no único, protagonista. Llegó a estas costas rioplatenses y no le fue muy bien. La Historia dice que el 20 de enero de 1516 se lo comieron los aborígenes. En una primera versión el banquete les fue atribuído a los charrúas, pero éstos no contemplaban la carne de bípedo en su dieta. Parece que los guaraníes sí. Fue en Punta Gorda, Uruguay, y no se sabe si el nombre del paraje es una alusión subliminal a cierta característica anatómica del morfado o ya venía, premonitoriamente, de antes. Antropófagos somos desde entonces, aunque hemos encontrado formas más sutiles de deglutirnos. El neoliberalismo es el método inventado por el tardocapitalismo para que la timba financiera trasnacional se coma pueblos enteros y luego vomite recetas presuntamente paliativas.
Pero dejemos en paz al costillar de Solís y veamos con algún detalle (sin sobredosis porque se me terminó el Reliveran) qué pasa por estas playas del siglo XXI.
La macrocefalia nacional tiene en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires un ejemplo extraordinario. "Tiene el tango tan sentido de Pichuco y de Piazzolla", canta Eladia Blázquez. Pero también tiene al medio pelo argentino. No quiero irme por las ramas. Si el peronismo es esa "persistencia argentina", como dice Feinmann, su contracara, el gorilismo, también lo es. Marca nacional, como el dulce de leche, el tango, los desaparecidos y la mazamorra, el gorila nació de parto natural cerca de 1955 y se reproduce con una virulencia y empecinamiento dignos de mejor causa. Concentrados mayoritariamente, en correspondencia con el mapa demográfico argentino, en los barrios porteños, el gorila adapta sus reacciones a las necesidades de su bolsillo, su cuenta bancaria o sus mejoras en el country. Es capaz de enardecerse por el piquete que hacen los habitantes de la Villa 31, en Retiro, reclamando por el cumplimiento de la promesa de transporte escolar y, a la vez, dejar pasar un aumento tarifario del 127% en el subterráneo sin una sola manifestación de protesta. Puede soportar que el Gerente de Gobierno construya su triunfo electoral pegándole a las personas en situación de calle o difamando a su adversario con mentiras flagrantes. Considera pícaro al que repite lo que un funcionario subalterno le dice al oído ante las preguntas periodísticas y lo premia con una catarata de votos. ¿Por qué? No creo que haya una sola explicación, pero la dieta del porteño tiene una importancia mayúscula, sospecho.
Los últimos estudios gastronómicos demostrarían que la reiterada ingesta de estos primates herbívoros, los gorilas, se entiende, produce una reacción químico-ideológica similar al embrutecimiento. No ven, ni oyen a sus semejantes. Creen que son el ombligo de la patria, llenan los restaurantes, cambian de modelo de auto con más frecuencia, cuidan su quintita cual si fuese el Santo Grial. Como efecto colateral, los psicólogos han interpretado (para eso laburan, después de todo) que se desarrolla una conducta muy parecida a la hipocresía, lo que explicaría que los mismos que reeligieron al badulaque, reeligieran también a la Morocha. Es que saben que el rumbo les permite darse esos lujos.
Sé que las generalizaciones son odiosas, caprichosas y peligrosas. Por eso, precisamente, excluyo de esta pequeña diatriba texticular a quienes se levantan cada mañana con la sonrisa de sus hijos puesta, con el canto de los artistas populares acompañándolos al trabajo, con la piel de su ser amado perfumándoles el día, con la verdad, la memoria y la justicia en la solapa. En fin, con la dieta dulce y nutritiva de la búsqueda. Siempre la busqueda, esa inalcanzable.

jueves, 8 de marzo de 2012

Estación Salustriana

No conozco La Quiaca. Busco información y averiguo que en 1772 anduvo por allí Alonso Carrió de la Vandera (Lila no lo pudo acompañar porque, posiblemente, estaba en la resistencia, en Punta del Este. Si no, le hubiese dicho que el apellido segundo estaba mal escrito por culpa del autoritarismo K). El tipo fundó una posta cerca de donde hoy se erige la ciudad. Además de ser conglomerado fronterizo vale destacar que antes de serlo ya tenía escuela. Fue el 12 de mayo de 1886 y recién el 28 de febrero de 1907, por ley N° 134 se oficializa la creación del pueblo. Es decir, no cualquiera tiene ese curriculum. Primero la escuela y después la burocracia.
Queda a 1.987 kilómetros del Obelisco porteño. Y no es un detalle.
Ayer la Morocha inauguró un gasoducto que mejorará la vida de argentinos y bolivianos. Sin que la frontera lo impida. Luego del saludo protocolar del gobernador jujeño pidió hablar con Salustriana Gerónimo que, con su sombrerito de chola y su poncho rojo, dijo del orgullo y la alegría de ver nacer la respuesta a un reclamo de décadas.
Como es costumbre, Cristina habló como final de acto. Y se refirió al subterráneo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El ingeniero-gerente Mauricio Macri firmó un acuerdo el 3 de enero de 2012 en el que recibía este medio de transporte tantas veces reclamado. Y tanta algarabía le dio por recibirlo que, inmediatamente, subió la tarifa el 127%. Lo demás es conocido, devolvió el chiche porque es viejo y, en realidad, porque prefiere jugar a ser el niño malo que se enoja para que la gente vea que tiene carácter y puede subirnos todas las tarifas que quiera, si llega a ser el dueño del país. Eso sí, los porteños, o casi todos, no dijeron ni pío. Chochos con su gerente, parece. En el Congreso Nacional veremos un interesante duelo ideológico acerca de los roles de cada representante del pueblo. Estoy ansioso por saber cómo se comportarán los legisladores de las provincias frente a sus votantes cuando haya que explicarles que Salustriana y usted y vos, mi amor, y mi vecina nos levantamos cada mañana, desayunamos, nos vamos a trabajar o estudiar y tenemos que depositar unos manguitos diarios en la alcancía de Benito Roggio, el concesionario del subte de allá. Porque, como Salustriana ya sabe en el único lugar de esta matria que somos que hay un tren que circula bajo la tierra
es cerquita del Río de la Plata.
Salustriana Gerónimo nunca subió (o bajó) a un subte. Vive ancestralmente entre tolas, tolillas, churquis, chijuas y yaretas. Acaricia sus vicuñas y sus llamas, busca chinchillas casi infructuosamente porque las damas patricias las lucen en cocktails y vernissages y ahora ella luce esa sonrisa de orgullo que le vimos ayer. Macri no debe haber visto un churqui ni en el diccionario. A nuestra gente chola todavía le falta conquistar miles de reivindicaciones que le fueron arrancadas por "cinco siglos igual".
Si Salustriana está orgullosa y Macri enojado. Si Salustriana es tierra que anda y Sarlo lee Der Spiegel para conocer lo que pasa en su tierra. Si Salustriana tutea a la presidenta y Cambio 16 le da voz al genocida. Si Salustriana sonríe y Lanata eructa.
Si hoy mi país es así, yo me subo a la Estación Salustriana.