miércoles, 18 de abril de 2012

Busco y no encuentro

"Ven, vamos ahora, que esperar no es saber,
quien sabe hace ahora,
no espera acontecer".
Geraldo Vandré


Todo es más o menos previsible. Cada uno anda por este mundo con un chip ideológico-cultural incorporado. A raíz del anuncio de la Presidenta argentina acerca de la declaración de interés público de la actividad hidrcarburífera y la expropiación de la mayoría del paquete accionario de Repsol, ese chip comenzó a activarse con naturalidad.
Y los medios, de aquí y de allá, se llenaron de adjetivos. En general, esos adjetivos no fueron calificativos, fueron descalificativos. Los diarios y canales de España fueron casi monolíticos. Los de derecha (El País), los de ultraderecha (ABC) y los de recontraultraderecha (La Gaceta, El Mundo y siguen los pasquines) oscilaron entre llamar a Cristina "exmontonera", "expoliadora" y "ladrona", "mujer de armas tomar" y hasta "populista" (aunque desde los estudios de Laclau y Follari, entre otros, ya no es un insulto, precisamente). Fíjese, mi cielo, si no es un regalo cósmico lo que le cuento: uno de esos epítetos los firma una colega del ABC que ostenta el nombre de Blanca Torquemada. En fin, que a veces los astros se acomodan para que nosotros podamos ejercitar el músculo de la sonrisa.
De los funcionarios ibéricos no cabía esperar más que diatribas, amenazas, dedo índice levantado, "te voy a acusar al CIADI y a la Unión Europea, nena", chaschás en la colita y esas bravuconadas de yuppies despechados venidos a menos. Pero (otra vez a ejercitar ese músculo, amor) el que se lleva el premio mayor, por ahora, es el canciller hispano, García Margallo, quien dijo que "La Argentina se ha pegado un tiro en el pie". Hace unos días fue Froilán, el nieto de 13 años del Borbón ecológico mayor, el que se disparó accidentalmente en un pie. Qué hacía el borbonito preadolescente con un arma es una cuestión que, seguramente, le producirá un nuevo insomnio a nuestro Mauricio, tan preocupado por la seguridad de la juventud. El canciller debe estar pidiendo un turno con el psicólogo de la realeza para desentrañar el lapsus idiotus.
Hasta acá, ninguna sorpresa. Están enojadísimos porque así lo mandan los manuales de la avaricia. Si es así, yo diría que es un buen síntoma que su Ministro de Industrias (una especie de clon de Aznar, sin bigotes, ¿no le parece que se parece?) ponga cara de culo y cumpla las órdenes de su patrón bancario. Quiere decir, supongo, que el rumbo elegido por nuestro país es correcto.
Ahora te invito, amor, a que aterricemos en nuestras playas a bordo de un Embraer de Aerolíneas Argentinas, y recorramos qué dicen algunos de los patriotas que supimos conseguir. Por ejemplo, la senadora nacional por Mendoza, Laura Montero, radical,: "Es un reconocimiento del fracaso de la política energética del kirchnerismo". O Ernesto Sanz, idem idem idem: "La medida es fruto de la improvisación" y pide "Un debate amplio y generoso" (generoso ¿con quién?). Martín Caparrós, de aquí, pero desde allá, dice que él ya lo había dicho y que ya era hora, pero que este Estado es corrupto y sumamente peronista y entonces está todo mal. Carlos Pagni, editorialista de La Nación, dice más o menos lo mismo que Caparrós (¡sic!), pero que tampoco es para tanto porque YPF no es taaaan importante. Opinión que comparte Alfonsinín, el resucitao. Y hablando del milagro de la resurrección, Carrió no dice nada porque compró una acción de YPF la semana pasada, parece. Esta lista de gente proba tiene en su cúspide al gerente de Buenos Aires quien sufre de insomnio desde el anuncio de Cristina y se dedica, a las 5 de la mañana, a perturbar el sueño de su pequeña Antonia.
Toda mi monserga viene a cuento de que he buscado, busco y seguiré buscando una, aunque sea una cifra, un dato, un documento, un testimonio que contradiga o refute los gráficos y los números que mostró Cristina. Sólo adjetivos y cháchara de impotencia.
Lo único que encuentro es yerba a precio razonable mientras me voy rapidito a tomar clases: el marxista y judío Kicillof sigue hoy con su cátedra en el Senado nacional.

lunes, 16 de abril de 2012

Jorges, cambió la agenda

A uno lo conocí personalmente en Resistencia, Chaco, en agosto pasado. La generosidad de Mempo Giardinelli nos hizo coincidir en esa maravillosa iniciativa que se denomina Foro para el Fomento de la Lectura y que lleva adelante junto con sus colaboradoras y colaboradores desde hace dieciseis años.
Nos hospedamos en el mismo hotel y tuvimos largas y fructíferas charlas. Yo ya había leído varios de sus libros, empezando por "Mamá", ese extraordinario relato acerca de su madre, los recuerdos de la Guerra Civil española y sus derivaciones al interior de una mujer sensible.
Caminando por las calles chaqueñas, sentados alrededor de aquellos almuerzos, nos dimos a la tarea de desmenuzar la actualidad. Y, como es lógico, surgió la polémica corporativa. Los dos somos periodistas y, se sabe, el kirchnerismo ha traído nuevos vientos, también en este rincón del firmamento. Él, Secretario de Redacción de La Nación; yo, milito comunicación desde Radio Nacional Mendoza.
Hubo acuerdos varios y desacuerdos profundos. A mi argumento de que todos, o casi, hacemos periodismo militante (por derecha o por izquierda) y que el proclamado periodismo independiente es una falacia, Jorge Fernández Díaz (sí, con él fue el debate peripatético), oponía una tercera categoría, presuntamente equidistante de las otras: el periodismo profesional. Chocolate por la noticia. Si por profesional quiere decir que recibimos un salario, de acuerdo, pero para todos, militantes y falsamente independientes. Si se refiere a la búsqueda de la excelencia en el desempeño de nuestro trabajo, chocolate. De lo que se discute es qué hacemos con esa pretendida profesionalidad, para quién trabajamos y producimos ideas.
En su columna del domingo pasado en La Nación, Fernández Díaz acusa a los periodistas que él llama progresistas de amparar o disimular la corrupción gubernamental en pos de la defensa de los logros económicos, sociales y culturales (los genocidas juzgados y presos, entre los principales). Los trata, nos trata, de traicionar principios éticos y morales que han sido tradición en la cosmovisión de la izquierda.
Han intentad imponer la agenda y, en buena medida, lo habían conseguido hasta que Cristina sintió que le estaban mojando la oreja con el asunto energético. Y, una vez más, cuando los capitales y sus capitanes la provocan, ella redobla la apuesta. Con hechos concretos, como la expropiación del 51% de las acciones de YPF. Pero volvamos al asunto.
Jorge, éste (para el otro esperame un cachito, Cacho), parte de un supuesto: que el Vicepresidente es culpable, cuando ni el juez ni el fiscal ni ninguna prueba documental, testimonial ni indicial dicen eso. Un verdadero caso de sofisma comunicacional. Para decirlo con sus propios términos, poco profesional. Con el agravante de insultar, no gratuitamente, a destacados pensadores de nuestra matria y, de paso, a mí también.
No conozco que Horacio González, José Pablo Feinmann o Ricardo Forster, por ejemplo, hayan defendido a Jaime o a otros sujetos sometidos a proceso, pero tampoco leí que Fernández Díaz se haya disculpado por las notas de su diario que daban por culpable a Julio De Vido por el caso Skanska, del que fue absuelto o se le dictó falta de mérito. ¿Dónde está la citación a indagatoria, el procesamiento, las pruebas que implican al Vice? También es cierto que La Nación y sus muchachos no se traicionan a sí mismos, ni la trayectoria del diario de permanente apoyo a la oligarquía, las dictaduras y la cobertura de Mauricio Macri, él sí procesado por el delito de escuchas ilegales.
Del otro Jorge, el que fuma, fuma y fuma su devaluada dignidad, poco para decir. De mercenarios está lleno el espectro comunicacional. Sólo recuerdo aquel gráfico que desplegó en televisión para mostrar los tentáculos ponzoñosos del Grupo Clarín, hace muy pocos años, para llegar a decir, ahora, que la gente no le pregunta por dónde vuelve sino cuándo. Por el Grupo Clarín, el mismo domingo en que Fernández Díaz me acusó de traicionar mis ideas.
Evidentemente, no es lo mismo trabajar en, que trabajar para.
Cambió la agenda, muchachos. Ahora tiene combustible.

viernes, 13 de abril de 2012

Una fachada

Es una fachada. En el doble sentido del término. Lo dice un facho y, a su vez, enmascara otro concepto. Esconde lo ontológico, lo esencial.
Las declaraciones de José Soria López, analista de mercado y ministro de Industria de España, calificando como una hostilidad a su país la decisión del gobierno argentino de plantarse frente a Repsol, son una fachada. No es a España a quien defiende. Es a los capitales y, como se sabe, éstos no tienen patria. Eso explica la sospechosa magnanimidad de los medios dominantes de nuestra tierra, esas noticias dichas y escritas como con una sonrisa socarrona, como diciendo: "Los dueños de la guita están cabreros. Veamos cómo arruga la yegua". Ya sucedió. Cuando, por iniciativa de Amado Boudou, el gobierno nacional decidió terminar con el robo de las jubilaciones privadas, vimos al neoperiodista Santo Biasatti gritar por TN, con más entusiasmo del que suele, "¡En España están que trinan!". Y trinaron al dope, diría mi sobrino porteño. Aquí estamos los jubilados, cobrando nuestros haberes puntualmente y, por ley, con dos actualizaciones anuales.
Es que, como ustedes saben, les va bárbaro. Están prósperos, crecen por todos lados, no hay desocupados, las monjitas son tan caritativas que regalan niños pobres a mujeres ricas, los presupuestos de salud y educación aumentan cada semana, se ve gente feliz en las plazas, los jóvenes terminan sus estudios y pueden elegir trabajo, allí sí "la cultura es la sonrisa" (es más, se sospecha que León va a donar las regalías a la corona por ese tema), el yerno del rey es un ejemplo de caridad cristiana y todo reluce (hasta Sofía, que ya es algo), nadie emigra. Y cuando votan, premian tanta bonanza. Como en el Obelisco de Macrilandia.
Imagino a Rajoy y sus secuaces lanzados a la mar, montados en carabelas y a la caza de estos desagradecidos sudacas que no comprenden el esfuerzo que han hecho los empresarios españoles para que nuestros trabajadores tengan un mejor vivir, consigan combustible a precios razonables y en versión delivery.
Ni siquiera nos queda Blanca Oteiza, la bellísima actriz española, en su rol de empresaria generosa y desinteresada, allá en los nefastos noventas, para que seduzca a Tato Bores. Ni nos queda Tato, sino su hijo, que no es lo mismo.
Eso sí, habrá que reconocerles coherencia histórica. ¿O no venían, en el siglo XV y en el XVI y en el XVII a sacar nuestros recursos con mano de obra esclava para pagar los créditos a los banqueros alemanes y holandeses y quedarse con los mercados nuevos y la plusvalía? ¿O no vino la Infanta Nosecuanto en 1910 para verificar que su perla luciera bella y prolija?
Que La Nación se parezca a El País o que Clarín a ABC no los hace más modernos ni mejores. Los cipayisa un poco más. Allá y acá trabajan de gerentes y temen perder anunciantes, aunque esos anuncios mientan y traten de vendernos mieles y, en realidad, sean hieles.
Es la grasa de los capitales (con su permiso, maestro) los que los mantiene lubricados. Hasta que nuestra Corte Suprema se despierte de la siesta y termine con la cautelar sobre el artículo de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que los obliga a desmonopolizar el aire y la imagen.

domingo, 8 de abril de 2012

Huevos de Pascua, rotos

Quizás usted piense que el asunto no me incumbe y que lo hago de puro provocador que soy. Respecto de esto último, tiene razón. Parece que la cuestión debiera resolverse al interior de la Iglesia Católica y como no soy creyente, se podría pensar que me estoy metiendo donde no debo. Pero sí me incumbe, porque sobre este pedazo de cosmos que llamamos Tierra no viven únicamente hombres. Felizmente, las mujeres, nuestras compañeras, son más que los varones, parece. Entonces, me incumbe nomás. Además, porque a mucha honra, soy Mujer Honoraria desde 2004, distinción que me fue otorgada por la agrupación "Las Juanas y las Otras".
Explico. El obispo de Oberá, provincia de Misiones, Argentina, se despachó con un exabrupto de grueso calibre. Dijo que "los que están a favor del aborto son genocidas". Que somos, porque me doy por aludido. Se llama Damián Santiago Bitar, nació en Arroyo Claro, Córdoba, el 12 de febrero de 1963 y es obispo de Oberá desde el 26 de octubre de 2010, por voluntad y elección de Ratzinger, el pastor alemán. El tipo remató su sentencia pidiendo que nos "Echen de la Patria". Una delicia. Pero, por supuesto, miente.
Nosotras y nosotros pretendemos que haya educación sexual para decidir, anticonceptivos para NO ABORTAR y aborto legal para no morir. Claro que los prejurásicos de siempre prefieren que sean los dinosaurios asotanados quienes marquen el ritmo de la demografía universal.
Usted ya sabe que el término "genocida" tiene connotaciones especiales para nuestra historia reciente. Por las dudas, le recuerdo que uno de ellos, con sentencia firme a prisión perpetua, se llama Christian von Wernich, sacerdote que, salvo que alguien me demuestre lo contrario, sigue siendo miembro de la secta. Al respecto, no me cansaré de recomendar "Maldito tú eres. El caso von Wernich", investigación del periodista Hernán Brienza, publicado por Editorial Marea y que sirvió como material en el proceso que terminó condenando al cura.
Dejemos al turbio de Arroyo Claro y vayamos a su jefe. Acaba de llegar de Cuba y como para sacarse de encima el perfume a dignidad del comunismo caribeño, el Pontífice se desperezó e hizo gala, una vez más, de la misoginia que lo infecta. Presionado por un grupo de católicos progresistas europeos, don Benedicto, el infalible, emitió la siguiente declaración: "La Iglesia no recibió autoridad del Señor para ordenar mujeres". Y así les va. Para los que esperan el llamado, las mujeres deben seguir lavando y planchando, cambiando pañales, pariendo hijos aunque sean producto de una violación, regando las macetas y esperando al macho con la comida calentita (y ella también, por si al señor de la casa se le ocurre folgar).
Si es verdad que Dios es argentino y si es verdad que "Entre estos tipos y yo hay algo Personal", me queda Claro que el Señor no tiene un celular Movistar y, tal vez por eso, no llegó la autorización. Es que la empresa de telefonía celular dejó sin servicio durante varias horas a más de 16 millones de usuarios y, como compensación, les dio mensajes de textos gratis durante el feriado pascual (¿Qué tal, Pascual?).
Aunque no hace falta irse muy lejos. Aquí nomás, en estos arenales huárpidos, el legislador mendocino Guillermo Amstutz propone confundirnos. Le pide al gobernador Pérez que llame a consulta popular para que el pueblo decida si se acepta o no el reciente fallo de la Corte Suprema respecto de la interpretación del artículo 86, inciso 2, del Código Penal, que tipifica el aborto no punible. No hay nada que consultar. Simplemente, se trata de acatar y aplicar lo dispuesto por el más alto tribunal de justicia del país. Me pregunto y te pregunto, lectora de curvas milagrosas, ¿impedir el aborto a una mujer violada no es violarla otra vez y premiar al violador?
Lo que pretende el exintendente de Las Heras es mezclar tomates con dulce de leche. Ambos se comen, pero no son el mismo alimento. El dulce de leche sería el proyecto de ley de despenalización del aborto que, auspiciado por un grupo importante de legisladores de distintas bancadas (¡hasta una mina del PRO firmó!), está siendo discutido en el Congreso.
La metáfora gastronómica viene a cuento porque, en ambos casos, se trata de aborto, pero confundirlos es de mala leche.
Bicho raro este Amstutz. Era peronista e iluminado por el oráculo de los despistes ¡se hizo cobista!, justo ahora que el ingeniero no positivo vio derrumbarse su edificio político.
Una perlita de remate. En Los Andes de hoy, domingo de Pascua, 8 de abril, dice monseñor José María Arancibia, el obispo de Mendoza, que "La Verdad se impone por sí misma". La mayúscula le pertenece, yo no. Y, para que quede clarísimo, agrega que "La prepotencia, en cambio, es el poder de la mentira, del error y de la confusión, el poder del odio, del rencor y del deseo de venganza..." Las minúsculas también le pertenecen, yo no.
Parece estar comentando los exabruptos de su colega de Misiones, de su jefe global y su diputadito local, mire vea.
Tenía tres huevos de Pascua para mis nietos. Me los rompieron.

lunes, 2 de abril de 2012

Lecturas en el preembarque

A Emilio Sileoni

"No es la censura política lo que mata la cultura; es el despotismo del mercado y los acicates
del estrellato comercializado" (George Steiner)

-¿Tanto escribió el tipo?, me dijo mi amigo,  haciéndose el gracioso.
-Ojo, Che (siempre lo escribo con mayúscula, porque sigue siendo una "sílaba viva", como nos enseñó el Cronopio), más respeto por las vacas sagradas.
Es que estábamos tomando unos brebajes orientales en una sangüichería que se llama "La India" y, tal vez por eso, me salió lo de las rumiantes. Las camareras estaban disfrazadas de no sé qué cosa, con esa huevadita brillante en medio de la frente, pero el jamón era de plástico y el pan infectado de semillitas, presuntamente saludables y definitivamente insípidas. Mucho incienso, mucho pachuli, pero todo trucho.
Mi amigo, el presunto gracioso, trajo a colación el gesto de Mario Vargas Llosa, quien donó su biblioteca a Arequipa, el lugar donde su madre lo parió, al cumplirse 76 años de aquel magno alumbramiento. El patrimonio literario del peruano asciende, según la prensa, a 30.000 volúmenes. De ahí la ironía del desvergonzado. Para colmo, mientras lo decía, le saltaban partículas macrobióticas de sus fauces, el muy maleducado.
Todo surgió porque le estaba contando que el Emilio ut supra nombrado, me había regalado "La idea de Europa", del filósofo francés que está mencionado inmediatamente debajo de la dedicatoria texticular (a esta altura debo informarles que hay otro Emilio en mi cosmovisión amistosa, pero ese me corrige y, por eso, a veces estas cosas parecen más o menos bien escritas).
El libro, en realidad, es un librúsculo. Imaginen, tiene en total 70 páginas, que incluyen un Prólogo de Varguitas y una Introducción del holandés Rob Riemen. Se trata, la verdad, de una conferencia pronunciada por Steiner en Amsterdam en 2005, creo. La coedición  de Fondo de Cultura y Siruela que tengo en mis manos es de enero de 2006.
Allí se produce un contrapunto entre autor y prologuista que pone a cada uno en su lugar. Como Steiner propone la tesis de que Europa se va al carajo (no se asuste, lectorcito, el malhablado soy yo, no el ilustre filósofo) producto de la norteamericanización de su cultura, la globalización que le dicen, Vargas Llosa le contesta que "Europa es, en el mundo de hoy, el único gran proyecto internacionalista y democrático que se halla en marcha y que, con todas las deficiencias que se le puedan señalar, va avanzando". Se supone que el Marqués de Vargas Llosa, según decreto real, firmado por el muy Borbón Juan Carlos I, el 3 de febrero de 2011, se supone digo, que expelió ese sesudo análisis en algún momento de 2005, pues el libro apareció en enero siguiente.
Demuestra así, una vez más, que como escritor es un pésimo analista político. España tiene un índice de desocupación catastrófico, Italia también, Grecia se vende al mejor postor, Portugal llora la muerte de Tabucchi tanto como el deterioro de su vida cotidiana. Mientras tanto, Merkel, Sarkozy, Monti, Rajoy, Papanosecuanto y el resto de los gerentes europeos tratan de que sus patrones cobren hasta la última gota de sangre de su gente. Si eso es "el único proyecto internacionalista y democrático", estamos en el horno.
Paradójicamente, un peruano ennoblecido por un monarca europeo ve peor que un filósofo francés, lúcido, humanista y apasionado.
El libro me fue obsequiado porque, en breve, iré a conocer Europa, antes de que cierre por quiebra. Fraudulenta. Siguiendo la guía turística y política de Ramón Chao e Ignacio Ramonet, en "París rebelde", seré un cafenauta en compañía de mi sexagenaria amada y dos cronopios más. Entraremos por Lisboa con la esperanza de mostrar el pasaporte de un país que, junto con sus pares de la región, ostenta un proyecto internacionalista y democrático, pero en serio.
Si no nos apuramos, en lugar de pasaporte tendremos que pagar entrada, como en un circo. Y ya no está Tato Bores para preguntarse "¿Cómo desapareció Europa?".