martes, 15 de octubre de 2013

Casi humanos

Son bípedos. De eso estoy seguro. O, al menos, así se los ve. Se levantan a la mañana, se visten, desayunan, descargan los fluidos corporales, besan a los suyos (incluidas las mascotas cuadrúpedas) y salen a la vida, a recorrer la intemperie, solos entre la muchedumbre que los confunde con semejantes, prójimos. Es que lo parecen, realmente. Sus rasgos físicos, los miembros superiores y los inferiores, tienen dos ojos, dos orejas, la boca en el lugar que corresponde a los homínidos. Todo conspira para que cuando pasen a nuestro lado nada nos llame la atención. Son el otro, pero no la patria.

"Coágulo, hacé justicia", pidió Juan Franco Morales, joven candidato a concejal, en calidad de suplente, del Frente Amplio Progresista, en Cañuelas, Provincia de Buenos Aires, a raíz del hematoma craneal del que debió ser operada Cristina Fernández. Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsinín, los titulares del conglomerado, le aplicaron un justiciero puntapié en el trasero (cuidando no producirle un coágulo, supongo) y lo eyectaron de la lista. Es que semejante espécimen era una mancha en el disfraz ideológico del dúo, de cara a la justa electoral del 27 de octubre próximo. Y se notaba mucho. Para aclarar, el muy franco e inmoral progresista, oscureció: "Que no se muera, así paga en vida por todo lo que hizo". Ahora debe andar tocando castañuelas por las calles de Cañuelas, tratando de explicar que lo "sacaron de contexto", el remanido argumento de los hipócritas y mediocres.

Trabajan. Algunos, por lo menos. Otros, atraviesan los días persiguiendo la realidad desde la mesa de un bar. Tienen familia. La inicial, aquella con la que vinieron a salpicar el mundo para hacerlo más sucio. Papá, mamá, tal vez algún hermano o hermana que lo miran como entomólogos ante una especie exótica y repugnante. Y la familia sobrevenida. Una mujer incauta o un hombre vencido que encuentran en nuestro personaje una balsa para evitar el naufragio de la soledad. La esposa o el marido, en fin, que cumplen con la función biológica de reproducir la especie y poblar este planeta que soporta con estoicismo digno de mejor causa la endiablada carrera de los mercaderes del horror bélico, bajo la capa siniestra del desarrollo científico y técnico.

"Cuando venís barranca abajo se te caen hasta los helicópteros", vomitó por las redes sociales Néstor Pitrola, primer candidato a diputado nacional por el Frente de Izquierda en la Provincia de Buenos Aires. El dirigente trosko twiteó el piropo a propósito del accidente que sufrió el gobernador de San Juan y referente kirchnerista José Luis Gioja, que lo tiene en terapia intensiva y le costó la vida a la diputada cuyana Margarita Ferrá de Bartol, también del Frente para la Victoria. Pitrolita es uno de los tantos humanoides que cacarean en favor de los humildes mientras esos humildes laburan, día a día, para ganarse el pan. Fue empleado bancario y obrero gráfico hasta que el tobogán de la ética lo depósito en la burocracia de izquierda.

En los últimos años de su vida mi viejo decía que actitudes como las del cañuelense y el troskista le hacían dudar del grado de desarrollo del ser humano como tal. Ni siquiera se pueden considerar a esas declaraciones como una animalada. Los bichos no odian y si desean la muerte de un congénere lo hacen por supervivencia, por pura necesidad biológica. Para comérselo. Viene a ser"¡Viva el cáncer!", pero en versión siglo veintiuno.
Sin embargo, el mundo sigue girando sobre su eje, más contaminado, es cierto, con la Estatua de la Libertad cerrada en Nueva York, como una metáfora exquisita del deterioro del gendarme global, con Silvio Berlusconi (esa caricatura mediática, millonaria y bufonesca de Mussolini) cerca de la prisión y Fidel octogenario y lúcido.
Tropiezo con las palabras de un señor que algo supo de luchas, odios y rencores. "Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien". Después de todo lo dijo Martin Luther King que, literalmente, le puso el pecho a las balas.
Personajes como los que me convocan la indignación son, morfológicamente, humanos. O casi. No sé si son sólo dos o se multiplican con el dedo meñique levantado, como los protagonistas de "Los Invasores", aquella serie televisiva de 1967 o como Mirtha Legrand tomando el té.

lunes, 7 de octubre de 2013

No tiene la culpa, pobrecito


                                                      Especial para "La Tecl@ Eñe"


Es más fácil ser un simple transeúnte que, al caminar por las veredas primaverales de la ciudad, se va enamorando del perfume de las mujeres en flor, del canto de los pájaros autóctonos y de los sonidos de esa trompeta que, desde la ventana abierta del departamento del 3° B, nos cuenta la historia de un trabajador del algodón en el sur de Yanquilandia. Sí, es más fácil, pero uno eligió este oficio y vive atiborrado de informaciones, declaraciones y otras manifestaciones de la fauna bípeda de nuestra sociedad. Y esas informaciones, noticias y testimonios se hacen a través del habla, del lenguaje que mamamos y nos constituye. Aunque casi siempre lo bastardeamos hasta el límite del absurdo o de la paradoja. O, para ser más preciso, más allá de ese límite. Ejemplos sobran.
El exgobernador de Santa Fe y actual candidato a diputado nacional por el Frente Amplio Progresista, Hermes Binner, sostuvo (con ese gracejo tan cautivante en su melodiosa voz de oficinista suizo recién levantado de la siesta) que el hambre y la pobreza que azotan a la periferia de Rosario son producto del flujo migratorio. "Vienen muchos paraguayos y bolivianos y hay barrios enteros de chaqueños y tobas", dijo. No le faltó nada. De inmediato y sin tragar saliva, espetó que la responsabilidad es del gobierno nacional. Figurita repetida y conceptos internalizados de quienes corren desde atrás, en el más amplio sentido del término. Y aquí me surge el primer deseo de absolverla a ella, nuestra lengua. Cuando yo era pequeño (niño, quiero decir) y el determinismo histórico era casi una verdad revelada, ser progresista era estar a favor de los humildes, los humillados, los débiles y desheredados del sistema. La colectividad judía, entre la que crecí, se bifurcaba en dos grandes ramas: la sionista y la progresista o asimilacionista, a la que pertenecía mi familia. Aunque el concepto se ha ido diluyendo, licuando en la posmodernidad (léase, por favor, a Zygmunt Bauman), que un señor diga hoy, en nombre del progresismo y el socialismo, que el hambre y la pobreza son producto de corrientes migratorias de pueblos hermanos, recuerda lo peor del Lugones del año 30 y las hordas nazionalistas del Centenario, actualizadas en la concepción elitista y concheta de los Macri que supimos conseguir.
Otra. Por fin, el delincuente sexual con sotana, Julio Grassi, está donde corresponde. En cana. Todas las instancias judiciales lo han declarado culpable de los delitos de abuso sexual agravado y corrupción de menores y lo sentenciaron a pasar 15 años en prisión. El cura perverso debía proteger a esas criaturas mientras estaba al frente de una Fundación que, paradójicamente, se llama "Felices los niños". El Obispado de Morón, a cuya jurisdicción pertenecía Grassi al momento de cometer sus fechorías ha declarado en un documento que duda de la Justicia y, lo más grave aún, que su muchacho había sido denunciado por diecisiete hechos y fue encontrado culpable en "sólo" dos. Si no resultara insultante para las víctimas, uno podría comparar el exabrupto con el gesto de algunos futbolistas que al ser expulsados por el árbitro, tras pegarle una patada al adversario en el medio del pecho, argumentan en su defensa que tan sólo es la primera que cometen en el partido, mientras el rival es retirado en ambulancia del estadio. O ciertos energúmenos morales que aseguran que nuestros desaparecidos no son 30.000 sino "solamente" 8.000. Con tal de cuidar su kiosco celestial aquí en la Tierra son capaces de cualquier patraña. Como seguir cobijando al sacerdote genocida, condenado a perpetua, Christian von Wernich, el delegado de Dios ante los torturadores y desaparecedores Ramón Camps y Miguel Etchecolatz. Los tres, propietarios de la muerte y el robo de niños en la provincia de Buenos Aires. Mientras el Papa Francisco, al menos desde la retórica y la puesta en escena, trata de limpiar su patio trasero de pedófilos y corruptos, los inmorales con púlpito de su patria, la nuestra, hacen de las suyas. También con el lenguaje.
Sigo. Un ejemplo más y no jodemos más, como dicen los pibes. Iván Petrella es el responsable académico de la Fundación Pensar, un reducto de los intelectuales y empresarios que le aportan ideas al gerente de la ciudad de Buenos Aires. Petrella es, además y desde antes, licenciado en Relaciones Internacionales, recibido en la Universidad de Georgetown y doctor en Filosofía, especializado en Religión y Derecho, por Harvard. O sea, se formó en el corazón ideológico del Imperio. Tanto título le valió ser designado como candidato a diputado nacional, en primer lugar, por el PRO, partido político de la derecha recoleta argentina. "Espero estar a la altura", declaró al agradecer el convite. No sé cuánto mide, pero sí sé que le creció la verba y, como Falcioni, se fue de boca. Para Iván (Juan, pero en versión gourmet) el PRO es el partido más progresista de la Argentina (otra vez la palabrita mancillada) y él es un pensador de ultraizquierda. ¿Postulado como sucesor de Trotski o como émulo de Tato Bores? En todo caso, más allá de sus delirios ideológicos, un nuevo ataque al entendimiento básico de nuestro idioma, pobrecito. Aunque, como dice la mexicana Myriam Moscona, "entendemos más de lo que aceptamos entender".
Cuando, entre abril y mayo de 2003, las inundaciones arrasaron con la ciudad de Santa Fe, la extraordinaria escritora  rosarina Angélica Gorodischer escribió un artículo que eximía de responsabilidad al agua. Se llamaba, si la memoria no me hace burlas, "El agua no tiene la culpa", publicado en Página 12. Algo así me pasa con el idioma. Manipulado, tergiversado, maniatado a veces en el abuso del condicional (habría, sería, estaría), subutilizado. Pero él no tiene la culpa, nunca.
Como bálsamo y reivindicación, acaba de aprobarse en la última reunión del G-20 que los territorios en los que buitres y otras aves carroñeras de la timba internacional viven a sus anchas no se llamen más "paraísos fiscales" y se denominen desde ahora como corresponde a su naturaleza: guaridas.
Algo es algo, pobrecito el idioma.