martes, 29 de abril de 2014

Me quieren volver más loco

Y si siguen así no les va a costar mucho. Todos los días suceden sucesos (sí Emilio, es a propósito), me tiran noticias y comentarios que me tienen de aquí para allá, voy hasta la biblioteca y de allí al baño, y del baño a la cocina y de la cocina al jardín, a buscar. Busco una explicación coherente que ponga las cosas en su lugar. Si es que estas cosas, precisamente, tienen un lugar lógico. Comienzo.
El precio de los combustibles tuvo en Argentina un aumento del 45% desde enero hasta el momento de escribir estas líneas. El consumo de combustibles tuvo, en el mismo período, un incremento del 4%. Primera incongruencia. Ratificada ayer en la rotonda de entrada a la ciudad de Mendoza, viniendo del este. Un grupo de personas muy ocupadas y preocupadas esgrimía carteles con la patriótica leyenda "Si no le alcanza lo que gana TOQUE BOCINA". Automóviles de alta gama con mujeres y tipos de alta plata en su interior, camionetas 4x4, o sea 16, vehículos con patentes iniciadas en L, M y N se sumaron al jolgorio dominguero. Si a esos especímenes no les alcanzaba la guita yo era un cachalote subacuático o algo parecido (si Gladys, te veo la intención de confirmarlo). Empecé a notar cierto desconcierto en mi capacidad perceptiva, pero me dije que, probablemente, se debía a la emoción que iba a vivir en un rato con mis compañeros de la radio. Estábamos yendo al encuentro de queridos amigos, sólo conocidos hasta ese momento, a través del micrófono. Sigo.
Es vox populi el nuevo papelón del Gerente de la CABA (Ciudad Autista de Buenos Aires). Esta vez desnudó su cariñosa concepción del piropo a las mujeres como herramienta de campaña electoral. Antes fueron sus reflexiones científicas acerca de la homosexualidad, el respeto y el cariño por los enfermos psiquiátricos y sus médicos y enfermeros, su asombrosa capacidad de ventrílocuo y tantas otras muestras de seducción política. Es que parece ser que el núcleo supuestamente más culto y politizado del país, la capital nacional del linchamiento, el lugar en el que viven los más ricos y famosos es también el territorio en el que, tipos como él son premiados en cada oportunidad con el voto complacido de la mayoría. Una vez más, entonces, la culpa no es del monstruo sino del que lo inventa y lo alimenta. Avanzo.
El exdirector del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional, Claudio Loser, ha declarado que nuestro país está "débil" y necesita más "ajustes". Para escarnio del pago chico (sí Manolo, ya sé, tratándose del FMI nunca el pago es chico), el sujeto está plagado de masters, condecoraciones y medallas académicas, pero se graduó en la Universidad Nacional de Cuyo. Lo que contribuye a provocarme cierto mareo conceptual es que un tipo que se llame Loser nos dé consejos de ganador. En fin, vade retro. Prosigo.
La escena es verídica. Me declaro incapaz de imaginar tanto delirio. Se discutía en Comisiones de la Cámara de Senadores de la Nación el proyecto de ley para tratar de terminar con la informalidad laboral. El trabajo en negro, como dicen los periodistas y empresarios blancos. Parece que, aunque usted no lo crea, el debate venía un poquitín aburrido. Entonces surgió él, Alfredo De Angeli, prócer sojete, y sacudió la modorra.  Propuso que, ya que estaban con ganas de laburar, podrían reglamentar el trabajo infantil en el campo. Se escucharon muchos estupores y algunas carcajadas. Aquellos, sospecho que sinceros. Éstas, espontáneas. Bueno es reconocer que el miembro militante de la burocracia de la Federación Agraria Argentina, hoy en maridaje vergonzoso con la Sociedad Rural que fundara un Martínez de Hoz para fundir la patria en su beneficio, fue ungido legislador por voto popular, mal que nos pese. Hay más.
Empate. El Papa hizo gala de su muñeca política. Preguntó por Cristina y todo bien. Al interior del Vaticano jugó al empate. Canonizó a Karol Woytila, conocido como Juan Pablo II, "el jefe de la mafia polaca en el Vaticano", halago que no me pertenece sino al periodista y escritor español Arturo Pérez-Reverte, y a Angelo Roncalli, conocido como Juan XXIII, "el Papa bueno", según quedó para la posteridad. Uno, protector de pedófilos, cómplice de las multinacionales y viajero mediático, actor. El otro, promotor de una Iglesia de y para los pobres, al amparo de su papado nace, entre otras iniciativas, la Teología de la Liberación. Mis queridas vecinas estrenan santos nuevos y si ellas están contentas yo también, aunque ver tanto ritual majestuoso y la presencia de un Joseph Ratzinger recién salido del frasco de formol me produjo un pequeño y fugaz vahído. Pero ya estoy mejor.
Los esfuerzos de Jorge Bergoglio por poner la secta universal a tono con los tiempos nuevos le viene produciendo algunos trastornos. Ni hablar por teléfono le resulta gratis. Ante la consulta de una señora, casada con un señor (por ahora vamos bien, nada raro), divorciado él, acerca de si podía o no comulgar o si permanecía en pecado irreductible, Bergoglio fue hasta el salón correspondiente, tomó el aparato y marcó. La pareja ameritaba una respuesta. Tal vez porque vive en San Lorenzo, Santa Fe, y ya se sabe que Francisco lleva los colores de la camiseta del club impregnada en su vida. Y además, Santa Fe, ¿qué más hacía falta para que pensara que era un designio divino? Un santo y una santa. Le dijo que sí, que avanti con tutti. Se armó la que se armó. A los vetustos ritualistas de las cavernas les subió la mostaza celestial y poco faltó para que le dijeran que era mezcla de anticristo y miembro del Comité Central del PC Argentino. Que para esos tipos "no es lo mismo, pero es igual", como canta Silvio.
La cuestión es que hubo que salir a calmar las iras divinas. Y en el Vaticano siempre hay alguien dispuesto. El vocero oficial declaró que "Lo que diga Francisco en sus conversaciones privadas no refleja la posición de la Iglesia". Y eso sí que es revolucionario. Al diablo (perdón, se me escapó) con el dogma de la infalibilidad papal. Desde el 18 de julio de 1870 y por decisión del Concilio Ecuménico Vaticano I el Papa no se equivoca nunca. Parece que en esa época había nubes de discrepancias en el conventillo y se resolvió así, pero con retroactividad. Es que si se trata del delegado del jefe máximo no podía ser de otra manera. Para atrás y para siempre. Pero no. Desde ahora cuando el Papa habla por teléfono o grita un gol del Pipi Romagnoli o le dice a su cocinera que al churrasco le falta sal o que prefiere un libro de Cortázar a uno de Danielle Steel, el tipo es falible.
No lo lograrán. Ya es tarde, mis locuras son más creativas. O eso espero.

lunes, 21 de abril de 2014

Dos líneas

"Todo gesto de audacia pone el dedo en la llaga"
 Alicia Dujovne Ortiz ("La Madama", Emecé, 2014)


No. No serán esas líneas a las que se refiere un Secretario de Redacción de la revista o el diario que, siempre apurado y con un cigarrillo a medio fumar colgándole del labio inferior, el humo del pucho cerrándole un ojo, dice: "Giménez, dame veinte líneas sobre el crimen del pibe de Rosario, pero las quiero rápido, para hace quince minutos Y si es con una foto que muestre sangre, mejor".
Un premio es, en principio, un mimo al corazón de quien lo recibe, pero también un gesto de legitimación por la obra realizada o por la trayectoria recorrida. En algunas ocasiones puede ser el resultado de un negocio entre premiadores y el galardonado, que recibe las gracias por los servicios prestados a favor de los dueños del diploma, la estatuilla o el cheque. En otras, la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer, como dice Ramón, el almacenero de mi barrio (el Nobel de la Paz a Obama y a la Unión Europea parecen más una broma de mal gusto del Comité de la Academia Sueca que una decisión pensada con la seriedad que merece el galardón).
Desde que recuerdo el Martín Fierro es un premio que sacude el avispero de la radio y la televisión, primero de los alrededores del Obelisco porteño y más adelante, de lo que absurdamente se llama el Interior (como para extender el negocio de las vanidades a actores, actrices y periodistas que creen sentirse tan importantes como las estrellas "importantes").
Pero para la edición de este año ha sucedido algo nuevo o, por lo menos, renovador y luminoso. El periodista y relator deportivo Víctor Hugo Morales decidió renunciar a su nominación en la terna que integraba con Jorge Lanata y el programa "6-7-8" de la Televisión Pública. Morales, por "Bajada de línea" que sale al aire los domingos a la noche por Canal 9 y Lanata por "Periodismo para todos", en Canal 13. El asunto es dirimir el mejor programa periodístico, según el jurado de APTRA (Asociación de Periodistas de la Televisión y Radiofonía Argentina), la entidad organizadora del jueguito. La ceremonia tendrá su esplendor de mesas con manteles blancos, cena gourmet, divas divinas y de plástico, sofocados galanes de frac almidonado, almidonados despojos de galanes, decrépitas figuras de cartón y muchachitas histéricas con escotes de ocasión. Eso sucederá el próximo 18 de mayo desde el Hotel Hilton de Buenos Aires y los malos aires lo pondrán las cámaras del Grupo Clarín para solaz masturbatorio de sus propios productos televisivos y radiales.
Hasta ahora (y deseo con fervor que tenga que meterme este párrafo en mis oscuros pliegues humanos) ha sido sólo el uruguayo querido el que ha tomado conciencia de que estamos en otro país, distinto al de las lógicas del rating y el mercado. Al menos, piensa y siente que la comunicación debe cambiar esos paradigmas, heredados de la década del despilfarro neoliberal, por los de un derecho humano básico, inclusivo y solidario, el de los contenidos y los lenguajes del pueblo y no los de los negocios, por muy prósperos que resulten, caño incluido. ¿Qué legitimidad le puede agregar este premio, sospechado hasta por los que ponen la mejor sonrisa ante las cámaras, al periodista que, día a día, muestra un camino de coherencia ética y conducta moral intachables? ¿Una competencia con Lanata no lo denigra, por aquello que canta Fito, que "No es bueno hacerse de enemigos/que no estén a la altura del conflicto"? ¿No desgasta, además, competir con compañeros de ruta? Sobre todo, si el show está preparado para que sirvan de sparring del excolega.
La Televisión Pública hace ostentación en su pantalla por las 25 nominaciones, entre las personales y las que destacan los programas emitidos bajo su sello. La "Tanqueta", como se autoproclama el producto periodístico más novedoso de la década, "6-7-8", es responsabilidad de una empresa privada, "Pensado para Televisión", que tiene otros dos en otro canal, pero es emblema, y con justicia, de una forma inteligente de ver, mirar y desenmascarar aspectos de nuestra realidad que no tiene precedentes en la pantalla chica argentina. Y esa característica, ser una productora privada que pone el programa en la pantalla estatal, podría explicar que se sume al espectáculo promovido por los monos hegemónicos. Pero no suena convincente que la extraordinaria programación que brinda Canal 7 se preste a competir con el conglomerado comunicacional para quien el rédito, el negocio, importa más que el contenido y el formato.
El gesto de Víctor Hugo parece una formidable respuesta al espectáculo brindado por Lanata en su programa, quien montó una comedia con un supuesto sicario al que le guionaron sus declaraciones al límite del absurdo. Todo oscuro, patético, como las sombras desde las que hablaba el actor puesto para denostar, entre otras cosas, el anteproyecto del nuevo Código Penal.
En la misma semana, Samuel "Chiche" Gelblung, que fue Secretario de Redacción de la revista "Gente", entre 1976 y 1978, cómplice del festival genocida de Videla y Martínez de Hoz, montó un escenario similar al del crédito del equipo del contador Magnetto, pero con dos supuestos motochorros que resultaron ser pibes contratados para recitar sus fechorías inventadas, a razón de 300 pesos cada uno. Otro bochorno del periodismo serio e "independiente".
Por eso lo de las dos líneas, pero de conducta. El gesto de Víctor Hugo por un lado y la puesta en escena de presuntos periodistas que sólo buscan ser funcionales a los dictados del mercado y, de paso, construir el edificio del miedo a través de los medios.. Como dice Alicia Dujovne Ortiz en el mismo libro con que se inicia este textículo "Una opinión se discute, un hecho no". Entonces espero que el hecho generado por el comunicador oriental tenga contagio y no lo dejen solo. Aunque sea porque su apellido, Morales, es plural.

martes, 8 de abril de 2014

Vertical, cuatro letras

Hay que matarlos a todos.
Negros de mierda.
"El que las hace, las paga."
Estamos hartos de que nos roben los relojes, los bolsos y las joyas.
Me rompí el lomo para comprar mi tercer auto.
Esta yegua nos miente.
Todos los políticos son iguales.
A las mujeres les gusta que les peguen.
Los homosexuales son enfermos.
El aborto es un crimen.
¿Por qué alimentan a los vagos?
"El que mata tiene que morir"
Se parecen a las juventudes hitlerianas.
Tienen la guita escondida en bóvedas.
Estamos al borde del desastre.
Ya no se puede salir a la calle.
Los delincuentes entran a la cárcel por una puerta
y salen por la otra.
Estamos gobernados por pendejos inexpertos.
El Papa se hizo comunista.
Con los militares estábamos más seguros.
Hebe de Bonafini está loca.
Cada día nos parecemos más a Venezuela.
Los periodistas, los intelectuales, los profesores,
los estudiantes, los escritores, las lesbianas, los obreros,
los jubilados, todos los K son corruptos.
"Algo habrán hecho".
La culpa la tienen ellas por usar esas minifaldas tan cortas.
El campo es la Patria.
Lanata no miente.
La Patria es el campo.
La inflación es insoportable.
Los jubilados se mueren de hambre.

Hoy no fui a trabajar. Me quedé en casa haciendo crucigramas. Mi viejo me decía que mejora la inteligencia. Veamos. "Aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea". Vertical, cuatro letras.

jueves, 3 de abril de 2014

Esa gente

"El asesino desarmoniza la naturaleza" (Armando Tejada Gómez)


El diario "Los Andes" de Mendoza, titula en tapa, ayer 2 de abril de 2014, "Linchamientos: la gente entiende, pero no justifica". El digital local "MDZ", a su vez, pone, a propósito del mismo tema, "La desmesura de la reacción" y su responsable editorial, Ricardo Montacuto, replica la hipótesis de la "ausencia del Estado", esgrimida por los políticos de la derecha explícita argentina.  Analicemos. Voy a tratar de demostrar que los medios hegemónicos son, ni más ni menos, que los autores intelectuales de los linchamientos que aparecieron por arte de birlibirloque inundando la agenda de la sociedad argentina. Como sucedió antes, en la era Blumberg, con los secuestros. Y que los titulares y pantallas de esos medios son nazis, en versión siglo XXI.
La primera referencia del Clarín de las acequias es "la gente". ¿Qué gente?. ¿La que trabaja día a día para solventar su vida honrada y solidaria?. ¿Es la misma gente que llena bares, restaurantes y confiterías cada fin de semana?. ¿O es la que, con pecheras exhibidas con orgullo, dieron una lección de humanismo y amor al prójimo, al desvalido, durante las inundaciones que asolaron barrios de La Plata hace un año?. ¿La gente entendió La Noche de los Cristales Rotos, en Berlín, en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938? Según el título del diario de la oligarquía mendocina, ¿cuál es la distancia vital que hay entre entender y justificar un homicidio calificado, como bien lo definió el juez de la Corte, Raúl Zaffaroni? ¿Qué gente entendió y no justificó el robo de bebés y la desaparición, tortura y muerte de nuestros 30.000 compañeros, y dijo "algo habrán hecho"?
Se dice, y con razón, que no hay nada más parecido a un fascista que un burgués con miedo. Y eso es lo que está sucediendo en nuestra tierra. Las víctimas son jóvenes, pobres y morochos, con portación de cara y portación de pilchas. Y los victimarios son, invariablemente, señores y señoras de clases cómodas, con el cagazo irracional de perder su bolso, su auto o su equipo de música. La propiedad privada como bien superior. La vida y el cuerpo del otro como recipiente del odio.
No hay, entre las hordas asesinas, jóvenes del radicalismo, ni de la Fede, ni de La Cámpora, ni de Kolina, ni de La Evita, ni de La Guemes, ni de juventud del PO, ni siquiera de la juventud del PRO. No se conocen actitudes violentas por parte de Hebe, de Tati Almeyda, de Estela de Carlotto, ni de Juan Cabandié frente a Videla, Astiz u Otilio Romano. Todos ellos se dedican a otra cosa, pese a que algunos también puedan pertenecer a la clase media. Pero sin miedo. Al contrario, embarcados en cambiar la vida sin patadas y sin piñas. Con ideas. Con memoria, con verdad y con justicia.
Por otra parte, o por la misma, para entender hace falta hacer uso de la razón y los episodios de linchamiento que estamos padeciendo son un ejemplo patético y bestial de la más primitiva irracionalidad.
Analicemos ahora la presunta "desmesura". ¿No les recuerda el argumento de los excesos, en el que intentaron ampararse los genocidas para encubrir sus patrañas? Cuando se comete un delito no hay desmesura. ¿O acaso el hurto de un vehículo es una desmesura? Desmesura, ¿respecto de qué?.Y sí, tal vez haya existido una ausencia del Estado, precisamente en los momentos en que la turba burguesa mataba a patadas al pibe David Moreyra en Rosario. Nadie llamó a la policía para hacer lo que debían, proteger la vida de un ciudadano que, aun si era sorprendido in fraganti cometiendo un delito, tenía que ser sometido a las leyes que nos gobiernan a todos. Otra vez la vieja dicotomía de civilización y barbarie, pero esta vez, como tantas otras, los civilizados fueron los bárbaros. Hace un tiempo y tras sufrir la muerte violenta de uno de sus colaboradores la adiposa actriz y conductora televisiva Susana Giménez declaró que "el que mata tiene que morir". Desde la misma caverna televisiva, el diputado nacional  y pasta dental presidencial para el 2015, Sergio Massa, insistió con las mismas ternuras. Dijo que "el que las hace las paga". Lo notable, o no tanto, no es que la comediante paradigmática del menemato opine igual que el candidato. Lo patético es que éste represente con tanta claridad los valores de los delincuentes de clase media, sus votantes.
Por último, por ahora, les hago una propuesta a mis colegas. Sobre todo, a los que trabajan en medios privados, pero a todos, en general. No usemos más las palabras "ajusticiamiento" y sus derivadas, o la construcción sintáctica "justicia por mano propia" (porque es una contradicción en los términos) para describir estas bestialidades inducidas. Podemos usar un abanico de significados que ilustran mejor lo que sucede. Aprovechemos la riqueza de nuestro idioma y salvemos esa dosis necesaria de dignidad que nos permite desayunar en paz con los que amamos. Aunque el patrón quiera que el desprecio por el otro sea su moneda de cambio.