lunes, 30 de mayo de 2016

Lo normal

                           "Hacer escudo a los murmuradores que ninguna cosa perdonan"
                                              Miguel de Cervantes Saavedra


Quizás usted no se acuerde o es muy joven y nadie se lo contó. Hubo un tiempo en el que hasta se neologizó un verbo. Y todo porque el tipo recibía gente en su domicilio, que era algo así como la sede central de cuanta conspiración se preparaba. El general Rosendo Fraga, de él se trata, tuvo el triste honor de imponer en el lenguaje, primero periodístico y luego cotidiano (o al revés, vaya uno a saber), el término "fragote" y su derivación verbal "fragotear".
Lo padeció Arturo Frondizi a quien los milicos le entraban por todos lados hasta que lo mandaron de vacaciones forzadas a Martín García. Lo padeció también don Arturo Illia, distraído en atajar penales de las multinacionales de los medicamentos y los aprietes del Rockefeller de turno y su Chase Manhattan Bank, mientras el peronismo seguía proscripto y los medios agitaban palomas y tortugas sobre su imagen bucólica de médico cordobés de Cruz del Eje.
La cuestión es que la historia argentina siempre le dio su lugarcito a un Fraga. En el siglo XIX, Rosendo María que, además de militar fue estanciero, como corresponde a la estirpe de los terratenientes genocidas y ladrones. En el XX, el conspirador de marras que, de paso, enriqueció el lunfardo. Y en este que vamos transitando a caballo de la timba internacional y sus virreyes vernáculos, dos. Un Fraga dizque politólogo, opinólogo y con mentón prominente cuasi similar al de César Pueyrredón, el cantante muy banana. Y otro, Fraga por parte de la madre que lo parió, un simple Javier González que agregó el apellido ilustrísimo para darse prosapia y poder así cometer procacidades conceptuales y pragmáticas. De estas últimas es famoso el récord de ser un argentino que llevó a la bancarrota a una fábrica de dulce de leche. No cualquiera ornamenta su Curriculum Vitae con un logro así. De las conceptuales vivimos estos días.
"Le hicieron creer a un empleado medio con un salario medio que podía comprar un auto, un plasma, un celular, viajar y que eso era normal", declaró. Por supuesto, estamos esperando que diga que lo sacaron de contexto, latiguillo siempre a mano del hipócrita aludido. Así son, desde tiempos remotos, los dueños de la Argentina. Además de considerar normal la mal llamada Conquista del Desierto y la genuflexión ante el mandamás de turno y la violación de los cuerpos femeninos hasta matarlos y la renta por sobre la vida y la explotación y la servidumbre y el derecho de pernada y la plusvalía y el trabajo infantil y la evasión impositiva y la censura previa, concomitante y posterior y tantas obscenidades más, además ahora tienen el descaro de imponernos el canon de la normalidad.
Pero lo dramático, lo que provoca esa mezcla de indignación y perplejidad, es que nosotros naturalicemos ese canon como lo normal. Que nos resbale o que, en el mejor de los casos, nos insubordine la retórica y vamos a una tanda y volvemos con el siguiente tema.
La historia de las luchas populares nos cuenta que, por mucho menos, los adoquines y las piedras en manos callosas eran flores revolucionarias e incendiaban el cielo. Es que ya casi no se escucha cantar aquello de "que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda" como entonaban los derrotados milicianos españoles. Tal vez por eso.

martes, 3 de mayo de 2016

La lógica

"Si el consumidor considera que este nivel de precios es alto, deja de consumir". Quien expresó este pensamiento no es un monje budista ni un ermitaño desértico y barbudo ni un fakir ni un gurú zen. Se llama Juan José Aranguren, fue CEO de Shell Argentina durante más de treinta años y en la actualidad ostenta el cargo de Ministro de Energía y Minería de la nación. Como detalle de color, gris oscuro o amarillo, se puede agregar que sigue siendo accionista de la casa central de la empresa petrolera trasnacional sin ponerse colorado.
Los dichos con que se inicia este viaje periodístico literario fueron emitidos a propósito de la cuarta suba en el precio de los combustibles desde enero a la fecha. O sea, bajate del auto, caminá.
La lógica del ceoministro es perfecta. No hace falta recurrir a manuales de economía y finanzas, no es necesario buscar elementos de historia de las ideas políticas ni hacer encuestas o entrevistas. Basta con expandir sus conceptos para organizar nuestra vida futura. Veamos.
Si el precio de la leche es muy alto no alimente a sus niños.
Si el precio del agua es muy alto no tenga sed.
Si el precio del vino es muy alto no brinde.
Si el precio de los libros es muy alto no lea.
Si el precio de los pañuelos es muy alto no llore.
Si el precio de la almohada es muy alto no duerma.
Si el precio de la carne es muy alto coma verduras, pero si el precio del tomate y la lechuga es muy alto no se ensalade.
Si el precio de la manzana es muy alto no peque, pero si el precio de los profilácticos es muy alto no tenga sexo.
Si el precio de los medicamentos es muy alto no se enferme.
Si el precio de decir lo que piensa es muy alto no opine.
Si el precio del servicio fúnebre es muy alto no se muera.
Si el precio de las flores es muy alto no seduzca.
Si el precio de los bombones es muy alto no engorde.
Si el precio del aire es muy alto no respire.
Si el precio de un abrazo es muy alto no tenga amigas y amigos.
Si el precio de un cuaderno es muy alto no estudie.
Si el precio de un lápiz es muy alto no escriba.
Si el precio de vivir es muy alto no viva.
Pero si el precio de doblegarse es muy alto "empínese en la honra de la patria que amamos", como dijo Armando y sea ilógico.