jueves, 15 de diciembre de 2016

Fin de año

Empezaron a llegar los saludos de fin de año. Un clásico. Se utilizan términos estacionales, como algunas frutas y verduras. Próspero, por ejemplo. Durante el resto del año nadie, o casi nadie, le llama próspero al magnate que nos chupa la sangre desde diciembre pasado. Algo similar, pero cada cuatro años sucede con presea y podio. Aparecen para los juegos olímpicos y después los colegas guardan esas palabras en el desván de la lengua. O pedana que, no se equivoque, no alude a flatos ni a ciertas conductas de clérigos perversos mal enamorados de criaturas.
Sé que la mayoría de los mensajes que me mandan son sinceros. Excluyo, obvio, los de compañías y empresas que lo único que buscan es vender, vender y vender, pero con una máscara de buena onda y toda la hipocresía de que el sistema las alimenta.
Esta será la única vía, aviso, para transmitir mis augurios de época. Quiero aclarar, para evitar sorpresas, que como no soy creyente me autoeximo de culpa alguna por lo que mis convicciones y sentires me impulsan. Sólo pido disculpas si olvido alguien en el listado. Es más, lo dejaré inconcluso para que ustedes salven cualquier laguna de mi cerebro septuagenario.
Mi deseo general para la caterva de malandrines de ambos sexos que abajo se nombran es que tengan el más terrible de los años. Que no puedan vivir en paz con el mundo y con ellos mismos. En fin, que sufran los peores dolores de que sea capaz de imaginar un ser humano. Pero tengo unos deseos puntuales para cada uno o una. A saber:
El primero es él, Mauricio Macri. Deseo que sea condenado a leer y aprender de memoria "Ser y tiempo", de Martin Heidegger, pero en alemán. Como estimo que no podrá lograrlo, ni en 2017 ni en 2017 años más, que viva así hasta morir de aburrimiento. Y le estoy haciendo precio.
De Juan José Aranguren quiero que sufra un fenómeno antigravitatorio. Que defeque hacia arriba, pero atornillado al inodoro. Y que, en lugar de papel higiénico convencional, consiga sólo papel de lija. De la medida más gruesa posible de encontrar en el mercado, como dicen ellos.
Que María Eugenia Vidal viva en carne propia "Caperucita Roja y el lobo", pero sin el final feliz.
Que Juliana Awada se despierte una mañana y encuentre a Antonia abrazando una foto de Cristina. Y que no se recupere jamás del colapso.
Que cientos de sanguijuelas le salten a la cara a Alfonso de Prat Gay y le dejen los ojos secos para siempre.
Que Elisa Carrió se intoxique con cianuro ante las cámaras de televisión.
Que Miguel Ángel Pichetto sea sodomizado en público por un inmigrante fronterizo distinto cada día de la semana incluidos domingos y feriados.
Que a Enrique Pescarmona le diagnostiquen un cáncer de pene y le hagan un enema de líquido cloacal.
Que Gerardo Morales sea condenado a afeitarse cada diez minutos frente a un espejo obsequiado por la Tupac y que sólo se vea en él miles de mujeres parecidas a Milagro Sala, felices bailando un carnavalito.
Que todo el gabinete de ministros mendocinos tenga un ataque simultáneo de diarrea provocado por la ingesta de mariscos chilenos traídos de contrabando por Baby Echecopar, también él participando de la cagadera.
Que Patricia Bullrich, Gabriela Michetti, Jorge Triaca y Laura Alonso sean multados por conducir borrachos en la punta del Obelisco.
Diego Bossio morirá en plena sesión de la Cámara de Diputados atragantado con un sándwich de pepinos y ají putaparió.
Que Alejandro Rozitchner y Juan José Campanella tengan hijos. Y si ya los tienen que sean militantes de La Cámpora.
Hago extensivo cada uno de mis pedidos a todos los miembros de las familias de los nombrados. Con la excepción de Alejandro Awada porque es un buen tipo y gran actor.
Por último que, como dice mi nieto que sea verdad, de una vez por todas que"El amor vence al odio" y "La patria es el otro".
Uf, ya me siento mejor.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El nombre del hombre

                                    Especial para "La Barraca"

"Después, muchos años después, entenderá que lo más insoportable de los muertos es que están en todas partes"
                                                                    Martín Caparrós

Una pequeña explicación inicial. Fui amigo del autor de la frase con que encabezo este textículo. Ya no. Cosas de la grieta, quizás. Pero sigo leyendo algunas de sus obras. La cita está extraída de "Echeverría" (pág. 180, Anagrama, 2016), su novela histórica más reciente. Martín es un cronista formidable, de los mejores en nuestro idioma, un novelista desparejo tirando a mediocre, pero sobre todo, es historiador dice su curriculum. Y aquí se le nota. La construcción del protagonista suena, a veces, como un intento de alter ego. Ni unitario ni federal sino todo lo contrario, diría Ubaldini. Algo así se pretende, me parece yo que lo conozco, quien hoy mira desde España estos avatares de la historia nuestra. También suya. Pero dejemos tranquilo a Caparrós, el caparrosista.
Cuando supe que Fidel se había muerto y vi y leí las notas periodísticas recordé un viejo artículo mío en el que hacía referencia a los nombres propios.
Hagamos un ejercicio de imaginación ucrónica. Vamos a suponer que se muere el actual presidente de Brasil, Michel Temer. El desafío es "ver" un titular que diga "Murió Michel". No parece verosímil, ni siquiera entre los dieciséis partidarios que le queden a esa altura de la soireé. O "Falleció Donald" si es que a Trump le da un patatús cardíaco en plena orgía financiera.
Y aquí viene mi apuesta más local, más fuerte. Mauricio Macri se presenta a rendir Mamarracho III y aprueba. De la alegría, casi diría mejor, de la sorpresa le da un bobazo y, de inmediato, se ponen en marcha las instrucciones de "Conducta en los velorios", de Cortázar. "Vamos porque hay que ir..." y lo que sigue. Pese al grado alto de popularidad de que goza entre sus primos, colegas y demás mediáticos y judiciales favorecidos no me puedo acomodar los anteojos para leer una necrológica que se titule "Dejó de existir Mauricio". En fin, quede claro que lo mío es apenas un ejercicio de imaginación, un intento de reflexión inocente y no, como supone cierto lector o lectora cómplice, unas expresiones de deseo. Sigo.
Si digo Evo, si digo Pepe en Uruguay, si digo Cristina o Néstor, si digo Che, si digo Rafael en Ecuador, si digo Diego, si digo Evita, si digo Comandante en Venezuela o Nicolás, si digo General en nuestro país, si digo Lula o Dilma, si digo Chicho en Chile ¿hace falta que diga algo más?.
Eso, ese síntoma, marca las diferencias. Hay colegas que parecen ponerse guantes para escribir o decir Fidel Castro. Y se les nota. Cómo se les nota.
En el caso de Fidel, su universalidad se multiplica desde el viernes 25 de noviembre de 2016. Para algunos, para los poderosos en dinero y propiedades se hará insoportable, como dice la cita inicial, su figura enraizada en los corazones populares.
Nosotros seguimos andando "y en nosotros nuestros muertos pa'que nadie quede atrás", como nos enseñó Don Ata. Otro que no necesita agregados.