"Es el grado máximo de algo" dice el diccionario, pero no es de eso que quiero contarte. Alguna vez Alfredo fue un niño y no es muy loco suponer que sus compañeros de escuela o los vecinos con los que jugaba a las figuritas o a la pelota lo sometían a burlas y cargadas. Esas actitudes crueles de que somos capaces a esa edad. Es que Alfredo soportaba estoicamente, imagino, llevar ese apellido: Colmo.
No supe de su existencia hasta hace unos días. Porque es bueno que sepas que no estoy inventando un personaje producto de mi imaginación. Alfredo Colmo existió.
El tío Google y la tía Wikipedia (ese matrimonio moderno y virtual siempre dispuesto a darnos una mano) dicen que nació en 1868 y vivió hasta 1934. Fue un jurista especializado en Derecho Civil y profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. No mucho más. Pero resulta que una calle de esa ciudad lleva su nombre. Hasta aquí nada especial.
Colmo es un apellido de origen italiano. Inclusive hay un lugar que así se llama en Bérgamo, bellísimo. Tano, dije, como Pichetto, Macri, Illia o Massa, Zannini y Parrili.
Al gobierno que supimos conseguir hace ya un año, un fucking año, se le ocurrió lanzar la idea de crear, construir o edificar una cárcel para inmigrantes que delincan. Algo así como una Ley de Residencia, versión remixada. Otra iniciativa, una más, que bien podría ser incluida en la categoría de Colmo. ¿Y dónde se te ocurre que proyecta hacerla? Sí, adivinaste, en la calle Alfredo Colmo. O sea, los ancestros de los nombrados, por ejemplo, podrían haber ido a dar con sus huesos a esa prisión de haber vivido bajo un gobierno así, tan perverso, tan Durán Barba. Esta ucronía mía no te debe distraer, por favor. Lo que quiero decir es que tanto cinismo creativo parece no tener techo.
Mirá, en esos mismos días se conoció la designación de un nuevo Director de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos del Servicio Penitenciario Bonaerense. Quizás el nombre te suene, te haga ruido. El tipo se llama Guillermo von Wernich. Sí, es pariente, el sobrino, del capellán de la Policía de Camps y que está condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos por él y su banda durante la dictadura cívico militar. La gobernadora Vidal, tan Heidi cachavacha, parece ser una buena alumna del monje publicitario ecuatoriano.
Los argentinos tenemos una bien ganada fama de creativos. Desde el dulce de leche y el revuelto gramajo hasta las huellas dactilares y la birome pasando por Maradona y Messi, en ese orden, hemos brindado al mundo nuestro bagaje en ese sentido.
Ahora agregamos un aporte más en el ámbito del lenguaje. Provocación y colmo pasan a ser sinónimos desde diciembre de 2015. Aunque la Real Academia demore varios siglos en admitirlo.
Mientras tanto, los farsantes que nos gobiernan por mandato de las urnas no encuentran el camino del desarrollo equitativo. Pero ya encontraron su calle.
Siguiendo las huellas de Roberto Arlt tengo el impulso de cumplir con aquello que dijo alguna vez el gran Juan Rulfo: "los seres humanos no se distinguen por ser creyentes o no creyentes, de izquierda o de derecha, blancos o negros. Los seres humanos somos indignos o indignados". Por eso, estos caramelos ácidos. Bienvenidos. Julio Rudman
lunes, 21 de noviembre de 2016
miércoles, 16 de noviembre de 2016
Eso
"El viejo mundo está muriendo y el nuevo aún lucha por nacer: ha llegado la hora de los monstruos" Antonio Gramsci
La novela se publicó en 1986. "It", del bueno de Stephen King fue llevada al cine en 1990 bajo la dirección de Tommy Lee Wallace y se convirtió en un clásico del género terror. El tío Google me cuenta que para 2017 se anuncia una nueva versión, esta vez dirigida por Andy Muschietti. Los yanquis son así, tanto en el espectáculo y el cine como en la política. La simbiosis entre industria cultural y manipulación política no es una novedad. Hay bibliotecas que lo confirman.
It quiere decir "Eso" en inglés. Entonces, podemos conjeturar que un Eso ganó las elecciones en Estados Unidos. En realidad, no ganó, pero ganó. Cosas del supuesto paradigma de la mayor democracia occidental. El carácter monstruoso de su personalidad parece que está fuera de discusión.
He leído, visto y escuchado explicaciones varias. No es para menos. El Eso yanqui tiene desde ahora un peso específico digno de tener en cuenta por el resto de los mortales. Es sintomático quizá que el subtítulo de aquel film de los noventas sea "El payaso asesino". Otra vez el arte como herramienta anticipatoria de la realidad por venir.
Desde el temprano artículo de Michael Moore, el muy inteligente razonamiento de Rafael Correa, los textos de Atilio Borón e Ignacio Ramonet y el flamante retorno del mejor Horacio González (felizmente superado su problema de salud para regocijo del pensamiento latinoamericano y la alegría de nosotros, sus amigos), cada uno con su estilo tratan de explicarnos el fenómeno. Pero explicar no es justificar, saludar o aplaudir el advenimiento de personajes dantescos que, con suficiente poder, son capaces de terminar con la vida tal como la conocemos.
Digo, porque también he visto, leído y escuchado alabanzas al Eso rubio yanqui porque le hizo pito catalán a los medios, a los encuestadores y a la madre que los parió. ¿Era mejor la señora Hillary? La pregunta, contrafáctica a esta altura del vermú, encierra una trampa.
La mina es parte del aparato timbero internacional, tuvo participación activa en varias masacres perpetradas por el complejo militar e industrial de su país. Pero es prolijita, se peina lindo y perdonó a Bill aquella pornográfica lección de fellatio con la pasante Lewinsky.
Si trabajadores, inmigrantes y mujeres humilladas por Sucundún Sucundún Trump votaron a Eso allá ellos, pero yo no puedo sumarme al festejo del Ku Klux Klan ni al acomodamiento farandulesco de nuestro propio Eso.
No me jodan, Trump no es un personaje antisistema. Es, si quieren, un modelo casi caricaturesco de un sistema que hace aguas, pútridas y malolientes, pero uno más en un surtido que incluye a Peña Nieto en el México "lindo y querido", Rajoy en la España envejecida, Temer en el Brasil de Chico y Ellis arrasado por los crápulas y, para escarnio de nuestra dignidad como sociedad, este zángano mafioso e ignorante que compró buena parte de compatriotas enfermos de odio y ceguera cultural.
Donaldo se nota más porque se trata de uno de los jefes del mundo y es capaz de hacernos papilla con solo apretar el botón equivocado, pero a no confundirse por sus alabanzas al líder de Corea del Norte, o a su desprecio al Tratado Transpacífico o matoneos así. Son estrategias de un grupo mafioso de los tantos que ocupan los resortes estatales en tantos países.
Como bien lo explica el marxista italiano, un muestrario patético de monstruos. Una colección de Esos depredadores.
La novela se publicó en 1986. "It", del bueno de Stephen King fue llevada al cine en 1990 bajo la dirección de Tommy Lee Wallace y se convirtió en un clásico del género terror. El tío Google me cuenta que para 2017 se anuncia una nueva versión, esta vez dirigida por Andy Muschietti. Los yanquis son así, tanto en el espectáculo y el cine como en la política. La simbiosis entre industria cultural y manipulación política no es una novedad. Hay bibliotecas que lo confirman.
It quiere decir "Eso" en inglés. Entonces, podemos conjeturar que un Eso ganó las elecciones en Estados Unidos. En realidad, no ganó, pero ganó. Cosas del supuesto paradigma de la mayor democracia occidental. El carácter monstruoso de su personalidad parece que está fuera de discusión.
He leído, visto y escuchado explicaciones varias. No es para menos. El Eso yanqui tiene desde ahora un peso específico digno de tener en cuenta por el resto de los mortales. Es sintomático quizá que el subtítulo de aquel film de los noventas sea "El payaso asesino". Otra vez el arte como herramienta anticipatoria de la realidad por venir.
Desde el temprano artículo de Michael Moore, el muy inteligente razonamiento de Rafael Correa, los textos de Atilio Borón e Ignacio Ramonet y el flamante retorno del mejor Horacio González (felizmente superado su problema de salud para regocijo del pensamiento latinoamericano y la alegría de nosotros, sus amigos), cada uno con su estilo tratan de explicarnos el fenómeno. Pero explicar no es justificar, saludar o aplaudir el advenimiento de personajes dantescos que, con suficiente poder, son capaces de terminar con la vida tal como la conocemos.
Digo, porque también he visto, leído y escuchado alabanzas al Eso rubio yanqui porque le hizo pito catalán a los medios, a los encuestadores y a la madre que los parió. ¿Era mejor la señora Hillary? La pregunta, contrafáctica a esta altura del vermú, encierra una trampa.
La mina es parte del aparato timbero internacional, tuvo participación activa en varias masacres perpetradas por el complejo militar e industrial de su país. Pero es prolijita, se peina lindo y perdonó a Bill aquella pornográfica lección de fellatio con la pasante Lewinsky.
Si trabajadores, inmigrantes y mujeres humilladas por Sucundún Sucundún Trump votaron a Eso allá ellos, pero yo no puedo sumarme al festejo del Ku Klux Klan ni al acomodamiento farandulesco de nuestro propio Eso.
No me jodan, Trump no es un personaje antisistema. Es, si quieren, un modelo casi caricaturesco de un sistema que hace aguas, pútridas y malolientes, pero uno más en un surtido que incluye a Peña Nieto en el México "lindo y querido", Rajoy en la España envejecida, Temer en el Brasil de Chico y Ellis arrasado por los crápulas y, para escarnio de nuestra dignidad como sociedad, este zángano mafioso e ignorante que compró buena parte de compatriotas enfermos de odio y ceguera cultural.
Donaldo se nota más porque se trata de uno de los jefes del mundo y es capaz de hacernos papilla con solo apretar el botón equivocado, pero a no confundirse por sus alabanzas al líder de Corea del Norte, o a su desprecio al Tratado Transpacífico o matoneos así. Son estrategias de un grupo mafioso de los tantos que ocupan los resortes estatales en tantos países.
Como bien lo explica el marxista italiano, un muestrario patético de monstruos. Una colección de Esos depredadores.
martes, 8 de noviembre de 2016
La teoría del kiosco
A Sergio Bonelli
Tienen algo en común. Se declaran antimacristas. Es más, en un caso me consta que no votó por el "catador profesional de garrapiñadas". En los otros no sé, no me juego.
Tuve un kiosco y lo cuidamos como un refugio. Había en él más música, camaradería y jolgorio que comercio. Así me fue. Pero eso es historia, experiencia vital enriquecedora y experiencia mercantil empobrecedora. Sin embargo, de a ratos recuerdo esa etapa de nuestras vidas con cariño, con una sonrisa. Estaba, y está todavía, en zona céntrica, rodeado de oficinas, departamentos, hoteles, bancos e iglesias. Cuando la crisis económica y social, una de las tantas, arrasó con todo el kiosco se derrumbó. No el local, pero sí el negocio. Siempre tuve claro que era el kiosco y sus circunstancias, parafraseando a Ortega y Gasset.
El Senado provincial avaló la designación de José Valerio, abogado y juez propuesto por el gobernador Alfredo Cornejo, para ocupar un cargo vacante en la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
Valerio es misógino y homofóbico. Varios de sus fallos así lo demuestran. Un botón:: Alejo Hunau, entrañable amigo, fue asesinado por un hombre que lo mató y lo robó. Valerio exculpó al asesino con el argumento de que la víctima tenía "una conducta sexual desviada". Sólo la firmeza de Silvia Ontivero, la mamá de Alejo y una mujer ejemplar, más el compromiso de Alfredo Mellado, su patrocinante legal, lograron revertir el exabrupto de quien hoy asciende al más alto tribunal con el sólido respaldo de hombres y ¡mujeres! del oficialismo y, oh sorpresa, de algún sector del peronismo vernáculo. El peornismo, como le llama Verbitsky.
Las personas que menciono al comienzo son funcionarios del actual gobierno. Colaboran con el régimen. Sí, aunque suene fuerte.
Alguno en el ámbito cultural, otra en el equipo de gestión educativa. Y, el colmo, hay quien fue víctima de torturas, secuestro y otros vejámenes durante la dictadura y es hoy la responsable provincial en el área de ¡derechos humanos! Pero hay más. Es una mujer que se dice progresista la responsable del área de género.
El gobierno para el que brindan su esfuerzo, su sabiduría y su experiencia nombra al tope del aparato judicial a un juez cínico, discriminador y mediocre moral, pero ellos argumentan que trabajan para la gente. Parecen llevar sobre su cabeza el "Cono del Silencio" que usaba Maxwell Smart en el "Superagente 86".
La única manera de entenderlos, pero no justificarlos, es aplicarles la teoría del kiosco. Ese que se les va a derrumbar cuando esa misma gente para la que dicen trabajar ya no pueda comprar libros, ni ir a la escuela a aprender sino a comer y las mujeres no encuentren reparo ante un nuevo femicidio o maltrato porque están desprotegidas por una pestilente lacra judicial.
Ya será tarde. Habrán dilapidado el único valor que nos permite a los humanos mirar a los ojos a los humillados, la dignidad.
Tienen algo en común. Se declaran antimacristas. Es más, en un caso me consta que no votó por el "catador profesional de garrapiñadas". En los otros no sé, no me juego.
Tuve un kiosco y lo cuidamos como un refugio. Había en él más música, camaradería y jolgorio que comercio. Así me fue. Pero eso es historia, experiencia vital enriquecedora y experiencia mercantil empobrecedora. Sin embargo, de a ratos recuerdo esa etapa de nuestras vidas con cariño, con una sonrisa. Estaba, y está todavía, en zona céntrica, rodeado de oficinas, departamentos, hoteles, bancos e iglesias. Cuando la crisis económica y social, una de las tantas, arrasó con todo el kiosco se derrumbó. No el local, pero sí el negocio. Siempre tuve claro que era el kiosco y sus circunstancias, parafraseando a Ortega y Gasset.
El Senado provincial avaló la designación de José Valerio, abogado y juez propuesto por el gobernador Alfredo Cornejo, para ocupar un cargo vacante en la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
Valerio es misógino y homofóbico. Varios de sus fallos así lo demuestran. Un botón:: Alejo Hunau, entrañable amigo, fue asesinado por un hombre que lo mató y lo robó. Valerio exculpó al asesino con el argumento de que la víctima tenía "una conducta sexual desviada". Sólo la firmeza de Silvia Ontivero, la mamá de Alejo y una mujer ejemplar, más el compromiso de Alfredo Mellado, su patrocinante legal, lograron revertir el exabrupto de quien hoy asciende al más alto tribunal con el sólido respaldo de hombres y ¡mujeres! del oficialismo y, oh sorpresa, de algún sector del peronismo vernáculo. El peornismo, como le llama Verbitsky.
Las personas que menciono al comienzo son funcionarios del actual gobierno. Colaboran con el régimen. Sí, aunque suene fuerte.
Alguno en el ámbito cultural, otra en el equipo de gestión educativa. Y, el colmo, hay quien fue víctima de torturas, secuestro y otros vejámenes durante la dictadura y es hoy la responsable provincial en el área de ¡derechos humanos! Pero hay más. Es una mujer que se dice progresista la responsable del área de género.
El gobierno para el que brindan su esfuerzo, su sabiduría y su experiencia nombra al tope del aparato judicial a un juez cínico, discriminador y mediocre moral, pero ellos argumentan que trabajan para la gente. Parecen llevar sobre su cabeza el "Cono del Silencio" que usaba Maxwell Smart en el "Superagente 86".
La única manera de entenderlos, pero no justificarlos, es aplicarles la teoría del kiosco. Ese que se les va a derrumbar cuando esa misma gente para la que dicen trabajar ya no pueda comprar libros, ni ir a la escuela a aprender sino a comer y las mujeres no encuentren reparo ante un nuevo femicidio o maltrato porque están desprotegidas por una pestilente lacra judicial.
Ya será tarde. Habrán dilapidado el único valor que nos permite a los humanos mirar a los ojos a los humillados, la dignidad.
jueves, 20 de octubre de 2016
Nada
Silvina Anfuso es la responsable del área de género del gobierno de Mendoza (perdón, tengo una muy saludable dificultad para retener los nombres burocráticos de las oficinas estatales y empresariales). Para explicar por qué no se sumaba a la Marcha contra la violencia que sufren las mujeres en esta sociedad masculinizada argumentó que la protesta estaba muy politizada.
Debería saber, digo, debería tener aprendido aquel principio que las feministas han universalizado ya: "Lo personal es político", que postuló Carol Hanisch y pasó a ser emblema de todas y casi todos.
El país y, por onda expansiva, otros lugares del mundo vieron desfilar, nos vieron marchar, con pancartas, cantos, llantos y dolores compartidos.
Mientras tanto, Anfuso y seis o siete mujeres burocráticas se juntaron a tomar el té con Su Excedencia el señor gobernador, Alfredo Cornejo.
No sé si Cangrejo lleva su Diario personal, como hacían ciertas figuras públicas antaño. Por ejemplo, Luis XVI, el decapitado monarca francés, cuya tumba vi en la Basílica de Saint Denis, donde descansa, ya sin su testa, junto a María Antonieta.
En la entrada de su Diario correspondiente al día 14 de julio de 1789 se lee: "Rien" (Nada).
Debería saber, digo, debería tener aprendido aquel principio que las feministas han universalizado ya: "Lo personal es político", que postuló Carol Hanisch y pasó a ser emblema de todas y casi todos.
El país y, por onda expansiva, otros lugares del mundo vieron desfilar, nos vieron marchar, con pancartas, cantos, llantos y dolores compartidos.
Mientras tanto, Anfuso y seis o siete mujeres burocráticas se juntaron a tomar el té con Su Excedencia el señor gobernador, Alfredo Cornejo.
No sé si Cangrejo lleva su Diario personal, como hacían ciertas figuras públicas antaño. Por ejemplo, Luis XVI, el decapitado monarca francés, cuya tumba vi en la Basílica de Saint Denis, donde descansa, ya sin su testa, junto a María Antonieta.
En la entrada de su Diario correspondiente al día 14 de julio de 1789 se lee: "Rien" (Nada).
martes, 11 de octubre de 2016
Eso no se hace
Un par de amigos dictaba un taller literario en un café del centro mendocino. Carlos Levy, un grandioso poeta urbano, y Emilio Fernández Cordón, el Emilio, tremendo cuentísta que tuvo la pésima idea de irse de este mundo antes de tiempo.
La juntada bohemia se llamaba "El adjetivo asesino". Juguetones los tipos. Es que el término adjetivo es sustantivo y asesino es un adjetivo que no siempre mata. "Cosas así siempre tan tristes", decía el cronopio.
Escribo estos delirios a raíz del discurso que Mempo Giardinelli pronunció en su nombre y en el de nosotros, sus compañeros del Manifiesto Argentino, en el estadio cerrado del club Atlanta para conmemorar los primeros cien años de democracia representativa en el país. En realidad, la excusa fue homenajear a Hipólito Yrigoyen. El gran chaqueño universal hizo un extraordinario uso y abuso de los calificativos. Flechas luminosas contra el blanco, rayos de dignidad dirigidos al corazón y el hígado de esta caterva de malandrines que se subieron al gobierno en diciembre pasado por obra y desgracia de las urnas infectadas.
Por eso, porque Mempo me abrió la puerta para ir a jugar, voy a hacer lo que no se hace. Agregaré un surtido de mi propia cosecha, de mi mejor ira, de lo que me brota desde las vísceras. El autor de "La revolución en bicicleta", "Luna caliente" y "Visitas después de hora", entre algunos de sus novelas emblemáticas, les dijo estafadores, mentirosos, autoritarios y otros piropos catárticos. Sumo y sigo.
Cínicos, hipócritas, xenófobos, discriminadores, soberbios, inútiles, impúdicos, rapaces, caraduras, corsarios, ladinos, taimados, fanáticos, basuras, violentos, patéticos, odiosos, obtusos, avaros, ignorantes, estúpidos, temibles, siniestros, infectocontagiosos, horribles, caretas, falsos, truchos, mojigatos, revanchistas, inhumanos, corruptos, nauseabundos, asquerosos, antipopulares, homofóbicos, delincuentes, mediocres, malparidos, represores. En fin, macris.
Dedico esta descarga ética ("Diatriba por la patria", un Giardinelli que alguna vez le regalé a Volodia Teitelboim, es otro de sus títulos imprescindibles) a todos y cada uno de los funcionarios nacionales, provinciales y municipales, a los legisladores de cualquier jurisdicción, a jueces, fiscales y otros animales de esa fauna y aún a quienes colaboran con el régimen so pretexto de ganarse la vida sin contaminarse, dicen, de la pus neoliberal. Ellos creen que son una isla, un coto blindado al que no le llega la mierda explotadora. Son los judenrath del siglo XXI. Cada nuevo pobre, cada pibe perseguido, cada mujer maltratada, cada plato de comida vacío, cada escuela convertida en merendero, cada andamio mudo, cada comercio cerrado es una cachetada explícita a los militantes del yonofui.
Claro, ya sé, esto no se hace. Por eso lo hago.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Significados
"Que no es lo mismo, pero es igual"
Silvio Rodríguez
Trataré de ser breve. Hay otras urgencias. Por ejemplo, el machismo, la cosificación de las mujeres y la defensa irrestricta de la propiedad privada las están matando a mansalva. Ahí voy.
Cuando la escuela primaria me recibió, a los seis años de edad, mi madre y mi hermana se esmeraban en proteger cuadernos, libros y carpetas con esos papeles verdes o azules, con dibujos y guardas que semejaban arañitas. A mí nunca me gustó tapar los libros. El colorido de sus tapas y lomos eran, y son, un regalo para mis ojos. Los veo como un arco iris, reflejo de lo múltiple y lo diverso que encierra su interior. Pero los cuadernos y carpetas sólo tienen la marca comercial al aire y eso siempre me importó un bledo.
Cuando entré en la pubertad y la adolescencia, es decir, cuando perdí la inocencia y gané el placer de sentir placer por el roce de los cuerpos, por las caricias cómplices, la búsqueda gozosa de las humedades sexuales compartidas aprendí, me enseñaron, a cuidarme de contagios peligrosos. Llegó la época del sida, pero también el riesgo de un embarazo no querido y la responsabilidad irresponsable de traer un bebé a este mundo sin estar preparados, ella y yo, para esa maravilla. Entonces había que aprender a utilizar ese látex, ese capuchón que nos preservaba de esos riesgos y nos permitía disfrutar de los cuerpos. Terminada la fiesta había que retirar el globito impregnado de esa "gelatina de sexo pegajoso", como escribió Armando Tejada Gómez.
Hace unos días el presidente argentino que supimos conseguir viajó en transporte público de pasajeros como uno más. Sonriendo (él con la dentadura blanca y completa, ellas y ellos no), tomado del pasamanos y en pleno diálogo con sus compañeros de viaje. Eso pareció. La cuestión es que todo fue mentira. Ni los pasajeros eran pasajeros, incluido él, ni el viaje era un viaje. Montaron la escena para difusión. Un acting, le dicen los chetos. En agosto pasado sucedió algo similar durante su visita, la visita de él como dicen los mexicanos, a Mendoza. Pidió permiso para ir al baño en una casa de Luján de Cuyo. También mintió. Los dueños de casa confesaron que sabían desde el día anterior que la vejiga presidencial iba a protagonizar esa performance. Estrategias de comunicación.
El senador bonaerense del PRO, Juan Pablo Allan, dijo ante la evidencia que era "nueva forma de comunicar". Lo dijo en televisión sin que se le mueva ni un pelo ni un músculo. También eso es falaz. Durán Barba, el estratega del asunto, es un buen alumno de un tal Goebbels. Nada nuevo.
De usted, lectora de mis amores, depende encadenar los relatos etarios del concepto que nos ocupa. Una misma palabra, pero significados distintos. La riqueza de nuestro idioma lo permite.
Silvio Rodríguez
Trataré de ser breve. Hay otras urgencias. Por ejemplo, el machismo, la cosificación de las mujeres y la defensa irrestricta de la propiedad privada las están matando a mansalva. Ahí voy.
Cuando la escuela primaria me recibió, a los seis años de edad, mi madre y mi hermana se esmeraban en proteger cuadernos, libros y carpetas con esos papeles verdes o azules, con dibujos y guardas que semejaban arañitas. A mí nunca me gustó tapar los libros. El colorido de sus tapas y lomos eran, y son, un regalo para mis ojos. Los veo como un arco iris, reflejo de lo múltiple y lo diverso que encierra su interior. Pero los cuadernos y carpetas sólo tienen la marca comercial al aire y eso siempre me importó un bledo.
Cuando entré en la pubertad y la adolescencia, es decir, cuando perdí la inocencia y gané el placer de sentir placer por el roce de los cuerpos, por las caricias cómplices, la búsqueda gozosa de las humedades sexuales compartidas aprendí, me enseñaron, a cuidarme de contagios peligrosos. Llegó la época del sida, pero también el riesgo de un embarazo no querido y la responsabilidad irresponsable de traer un bebé a este mundo sin estar preparados, ella y yo, para esa maravilla. Entonces había que aprender a utilizar ese látex, ese capuchón que nos preservaba de esos riesgos y nos permitía disfrutar de los cuerpos. Terminada la fiesta había que retirar el globito impregnado de esa "gelatina de sexo pegajoso", como escribió Armando Tejada Gómez.
Hace unos días el presidente argentino que supimos conseguir viajó en transporte público de pasajeros como uno más. Sonriendo (él con la dentadura blanca y completa, ellas y ellos no), tomado del pasamanos y en pleno diálogo con sus compañeros de viaje. Eso pareció. La cuestión es que todo fue mentira. Ni los pasajeros eran pasajeros, incluido él, ni el viaje era un viaje. Montaron la escena para difusión. Un acting, le dicen los chetos. En agosto pasado sucedió algo similar durante su visita, la visita de él como dicen los mexicanos, a Mendoza. Pidió permiso para ir al baño en una casa de Luján de Cuyo. También mintió. Los dueños de casa confesaron que sabían desde el día anterior que la vejiga presidencial iba a protagonizar esa performance. Estrategias de comunicación.
El senador bonaerense del PRO, Juan Pablo Allan, dijo ante la evidencia que era "nueva forma de comunicar". Lo dijo en televisión sin que se le mueva ni un pelo ni un músculo. También eso es falaz. Durán Barba, el estratega del asunto, es un buen alumno de un tal Goebbels. Nada nuevo.
De usted, lectora de mis amores, depende encadenar los relatos etarios del concepto que nos ocupa. Una misma palabra, pero significados distintos. La riqueza de nuestro idioma lo permite.
lunes, 19 de septiembre de 2016
Desnaturalizar es la tarea
Se llama Miguel Ponce y dice ser radical. Radical, el término, viene de raíz, pero en este caso se refiere al partido político que tiene su origen en Leandro Nicéforo Alem y su secuencia histórica en Hipólito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear, Arturo Illia, Ricardo Balbín, Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y en esta absurda muestra de vasallaje neoliberal que tiene en su muestrario destacado a Ernesto Sanz y Luis Brandoni con sus "tres empanadas".
Ponce se reivindica como militante de los '70. Hace gala de haber pertenecido a la generación de los soñadores por un mundo más justo, los revolucionarios, los "hombres nuevos". Es casi un panelista de las tardes domingueras de C5N. A veces parece un hombre sensato, equilibrado. Suele criticar al gobierno nacional por no acceder a las propuestas "sociales" de su Partido. Algo así como esas amantes clandestinas que le reprochan a su macho alfa que no le pongan el departamento prometido. Despecho, que le dicen.
Cuando se refiere a los gobiernos de Néstor y Cristina Miguel se transforma. Parece brotarle espuma por la comisura de los labios y uno tiene la impresión de que se le va a romper la camisa, le van a empezar a crecer pelos en la espalda y las manos, los ojos se le van a salir de las órbitas y la piel se le pintará de verde hasta remedar la imagen del Increíble Hulk. en versión porteña. Toda la mesura, racionalidad y equilibrio se le van al carajo. El hombre, ya transformado en un personaje de Lovecraft, colapsa. Su Yo, su Ello y su Superyó se retuercen en una danza diabólica que hace las delicias de Freud, que fuma su pipa con sonrisa socarrona desde su tumba - diván.
Doy un ejemplo reciente.
Se debatía el tema de la seguridad cotidiana. Alguien dijo que hay una relación directa, pero no única, entre la desigualdad creciente y los casos, también crecientes, de inseguridad. Don Miguel aprovechó la volada para volcar todo su odio simiesco hacia el gobierno anterior. Que se habían robado todo (¿le suena?), un PBI y medio, dijo. Y remató con el sonsonete de que los 12 años anteriores habían sido de los gobiernos más corruptos de la historia argentina. El conductor del programa, Nicolás Magaldi, que a veces hasta parece un periodista, le preguntó de inmediato si el gobierno actual era o no corrupto. Ponce, rápido de reflejos, respondió que habrá que investigarlo. Como al anterior, a los dos, dijo.
O sea, un segundo antes afirmó, muy suelto de bigotes, que era el más corrupto, pero que había que investigarlo.
Nadie le hizo notar la contradicción. Síntoma elocuente de que se ha incorporado al inconsciente colectivo la versión Bonadio del pasado reciente. Total, ya está naturalizado el chisme del robo del PBI, a imagen y semejanza de los bolsos de guita sobrevolando a las monjitas del convento.
Todo se naturaliza así, sin anestesia. Que las tarifas de los servicios públicos había que actualizarlas y eliminar los subsidios. ¿Por qué? Porque las empresas concesionarias no tenían rentabilidad. Que Macri y los suyos no necesitan robar porque eran ricos desde antes de llegar al gobierno. Aunque también se naturaliza no preguntar cómo se hicieron ricos. Que la vicepresidenta Michetti es honesta porque vive en silla de ruedas. Como si la historia de la humanidad no desbordara de ejemplos de discapacitados corruptos. Papas, monarcas, empresarios y dirigentes políticos, por ejemplo. Que matar a quien te roba es natural, como síntoma inhumano de la preeminencia de la defensa de la propiedad privada por sobre la vida. La naturalización de la venganza que ignora que nadie nace chorro, así como ninguna mujer nace puta.
Una flamante publicidad del Banco Hipotecario promueve las ventajas de depositar nuestros dineros bajo la modalidad de plazo fijo. En una anécdota proselitista a tal fin se ve a una señora retirar su plata de debajo de la cama mientras la voz en off la asusta respecto de los peligros de robos y esas travesuras capitalistas. O sea, promueve un afano para evitar otro. Si la vista no me engaña la actriz en cuestión se parece bastante a Michetti, pero no se observan ni la silla de ruedas ni al generoso novio empresario protagonizando la escena. En fin, coincidencias tal vez. Ya se sabe, el mundo del marketing tiene estas preciosuras.
Desnaturalizar tantas mentiras nos llevará la vida, supongo. Para cuando mis nietos desenmascaren las bravuconadas de los Ponce de entonces no habrá sillas de ruedas que amparen a ningún Ministro de Trabajo que ponga a disposición de los empresarios lo que fue creado para defensa de los trabajadores, ponele. Espero.
Ponce se reivindica como militante de los '70. Hace gala de haber pertenecido a la generación de los soñadores por un mundo más justo, los revolucionarios, los "hombres nuevos". Es casi un panelista de las tardes domingueras de C5N. A veces parece un hombre sensato, equilibrado. Suele criticar al gobierno nacional por no acceder a las propuestas "sociales" de su Partido. Algo así como esas amantes clandestinas que le reprochan a su macho alfa que no le pongan el departamento prometido. Despecho, que le dicen.
Cuando se refiere a los gobiernos de Néstor y Cristina Miguel se transforma. Parece brotarle espuma por la comisura de los labios y uno tiene la impresión de que se le va a romper la camisa, le van a empezar a crecer pelos en la espalda y las manos, los ojos se le van a salir de las órbitas y la piel se le pintará de verde hasta remedar la imagen del Increíble Hulk. en versión porteña. Toda la mesura, racionalidad y equilibrio se le van al carajo. El hombre, ya transformado en un personaje de Lovecraft, colapsa. Su Yo, su Ello y su Superyó se retuercen en una danza diabólica que hace las delicias de Freud, que fuma su pipa con sonrisa socarrona desde su tumba - diván.
Doy un ejemplo reciente.
Se debatía el tema de la seguridad cotidiana. Alguien dijo que hay una relación directa, pero no única, entre la desigualdad creciente y los casos, también crecientes, de inseguridad. Don Miguel aprovechó la volada para volcar todo su odio simiesco hacia el gobierno anterior. Que se habían robado todo (¿le suena?), un PBI y medio, dijo. Y remató con el sonsonete de que los 12 años anteriores habían sido de los gobiernos más corruptos de la historia argentina. El conductor del programa, Nicolás Magaldi, que a veces hasta parece un periodista, le preguntó de inmediato si el gobierno actual era o no corrupto. Ponce, rápido de reflejos, respondió que habrá que investigarlo. Como al anterior, a los dos, dijo.
O sea, un segundo antes afirmó, muy suelto de bigotes, que era el más corrupto, pero que había que investigarlo.
Nadie le hizo notar la contradicción. Síntoma elocuente de que se ha incorporado al inconsciente colectivo la versión Bonadio del pasado reciente. Total, ya está naturalizado el chisme del robo del PBI, a imagen y semejanza de los bolsos de guita sobrevolando a las monjitas del convento.
Todo se naturaliza así, sin anestesia. Que las tarifas de los servicios públicos había que actualizarlas y eliminar los subsidios. ¿Por qué? Porque las empresas concesionarias no tenían rentabilidad. Que Macri y los suyos no necesitan robar porque eran ricos desde antes de llegar al gobierno. Aunque también se naturaliza no preguntar cómo se hicieron ricos. Que la vicepresidenta Michetti es honesta porque vive en silla de ruedas. Como si la historia de la humanidad no desbordara de ejemplos de discapacitados corruptos. Papas, monarcas, empresarios y dirigentes políticos, por ejemplo. Que matar a quien te roba es natural, como síntoma inhumano de la preeminencia de la defensa de la propiedad privada por sobre la vida. La naturalización de la venganza que ignora que nadie nace chorro, así como ninguna mujer nace puta.
Una flamante publicidad del Banco Hipotecario promueve las ventajas de depositar nuestros dineros bajo la modalidad de plazo fijo. En una anécdota proselitista a tal fin se ve a una señora retirar su plata de debajo de la cama mientras la voz en off la asusta respecto de los peligros de robos y esas travesuras capitalistas. O sea, promueve un afano para evitar otro. Si la vista no me engaña la actriz en cuestión se parece bastante a Michetti, pero no se observan ni la silla de ruedas ni al generoso novio empresario protagonizando la escena. En fin, coincidencias tal vez. Ya se sabe, el mundo del marketing tiene estas preciosuras.
Desnaturalizar tantas mentiras nos llevará la vida, supongo. Para cuando mis nietos desenmascaren las bravuconadas de los Ponce de entonces no habrá sillas de ruedas que amparen a ningún Ministro de Trabajo que ponga a disposición de los empresarios lo que fue creado para defensa de los trabajadores, ponele. Espero.
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