miércoles 29 de febrero de 2012

Tierra del Kiosco

No sé qué me extraña. Está en su naturaleza, no lo pueden evitar. Ni quieren, claro. La clase media es eso, una clase y como tal actúa. En el trópico y en el más inhóspito de los fríos.
La gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos,  no hizo más que cumplir con la ley. La N° 852, del 25 de agosto de 2011, sancionada por la Legislatura provincial. De resultas de esa aplicación impidió el amarre de dos cruceros que, bajo bandera de las Islas Bermudas (un enclave colonial inglés), pretendía sumarse a las casi cien embarcaciones de turistas que le dan vida al comercio, la industria y, sobre todo, al sector turístico. La norma aplicada es conocida popularmente como Ley "Gaucho Rivero", en homenaje al peón rural que opuso resistencia a la invasión del Imperio a las Malvinas, en 1833.
El "Star Princess" lleva 2.600 pasajeros que, sumados los tripulantes, hacen un total aproximado a las 4.000 personas. Por otra parte, el "Adonia", el segundo de los barquitos censurados, transporta, entre pasajeros y tripulantes, unas 1.000. Digamos que, entre pitos y flautas, estamos hablando de 5.000 clientes que iban a comprar pingüinitos de peluche, ponchos rojo punzó, mates con la inscripción "Yo conocí el culo del mundo", postales, posters, cacharritos que dicen "I love The Land of Fire" (porque hay que hacerse entender en el verdadero mundo) y, además, comerían cordero patagónico y vino congelado, todo con el permanente tintineo de las joyas de sus eminencias, las señoras gordas europeas y japonesas y el coqueto vestir en bermudas color caqui de sus cónyuges abdominosos. En fin, un cuadro típico de cualquier lugar del planeta donde haya un comercio abierto y sus voraces consumidores siempre dispuestos.
La cuestión es que la decisión política de la gobernadora hizo crujir los bolsillos de la corporación burguesa pequeña pequeña y sus glándulas rentísticas comenzaron a segregar líquidos insolentes y recalcitrantes. Hasta que, como suele suceder, expresaron su malestar estomacal y bancario. Así es, el titular de la Cámara de Turismo de allá abajo, Marcelo Lieti, declaró que "los cruceros de turismo no se relacionan con el pedido de soberanía". Mientras el continente americano une sus brazos entorno del reclamo argentino, mientras los ex combatientes y la inmensa mayoría de los habitantes de la isla saludaron la iniciativa oficial, estos tipos piensan sólo en sus cuentas bancarias, en sus cajas fuertes y en cambiar el auto por un modelo más fashion. O sea, cotiza más la propiedad privada y la renta, su hija putativa,  que la dignidad de los caídos y la solidaridad.
No se preocupe, lectorcita adolescente, quedan otros noventa y ocho barcos cargados de voraces clientes, de petulantes garcas globales para agotar el stock de boludeces y paisajes. Nunca lograrán agotar su ADN. Son capaces de proponer un cambio de nombre al sitio que los cobija. Son capaces de soñar con que un día, más temprano que tarde, ese rincón pétreo de la matria pase a llamarse Tierra del Kiosco. Sería más honesto. Un asco, como dijo Fito. Y una vergüenza.

jueves 23 de febrero de 2012

En la niebla

"Hermanita vuelve a casa"
 Atahualpa Yupanqui


Tienen todo el derecho. Cada uno elige cómo escupir para arriba, con qué estilo, si con formato poético, ficcional o ensayístico, si solo o mal acompañado, tomando una grapa, un tinto o un scotch. Cada uno tiene la libertad de ejercer su libertad como peor le parezca.
Te lo cuento, petisa, porque un grupo de intelectuales y periodistas, presentados así (te encargo la dicotomía), acaba de manifestar un Manifiesto respecto de la política argentina y el reclamo de soberanía sobre Malvinas. Me cuesta creer que gente de la talla cultural de Beatriz Sarlo, Santiago Kovadloff, Fernando Iglesias (en Inglaterra ya deberían llamarlo Ferdinand Churches), Luis Alberto Romero, Vicente Palermo (el optimista del no), Marcos Novaro, Juan José Sebreli y los neoperiodistas Jorge Lanata y Pepe Eliaschev (el aporte de la DAIA al estropicio), entre otros, no sepa o no pueda discernir la diferencia conceptual que hay entre soberanía y autodeterminación.
Desde el 23 de febrero de 1903 y con la firma del presidente Estrada Palma, Cuba le cedió en arriendo Guantánamo a Estados Unidos, esa porción de su territorio. No conozco ni imagino a ningún intelectual o periodista de la isla que pretenda justificar la ocupación colonial del imperio en descomposición, con el argumento de la autodeterminación de los ocupantes de la base militar yanqui. Ni siquiera con el antecedente de ese pacto de alquiler perverso y vergonzoso.
Producto del Tratado de Utrecht, de 1713, Inglaterra se quedó con Gibraltar. Hace 299 años, han pasado más de ocho generaciones, que los master en piratería dominan el Peñón. Decime petisa, amor, si sabés de algún español que escriba, cante, pinte, dance o, simplemente, se levante cada mañana para ir a laburar o, últimamente, para ir a buscar laburo, que piense y se anime a decir en público que los anglos son los legítimos soberanos sobre esa tierra irredenta e ibérica.
Tengo una propuesta para hacerle a estos iluminados de lo oscuro. Desafío a Sarlo a pararse en una esquina de La Matanza o cualquier rincón del conurbano bonaerense a leer su propuesta alternativa de la política oficial respecto de Malvinas. A Sebreli igual, pero en el gran Rosario. Lanata, que viaje a Córdoba y, con su sarcasmo en la mochila, le diga al Negrazón cordobés que los kelpers tienen razón. Que Sylvina Walger trate de convencer a la ama de casa de Formosa de que no insistamos más en la cuestión y que dejemos tranquilos a los ocupantes. Eliaschev leerá la propuesta en idisch en Villaguay, Entre Ríos. En todos y cada uno de los casos les recomiendo, cariñosamente, que tengan al día el pago de las cuotas de su prepaga de salud u obra social respectiva. Por las dudas, ¿vio?
Trato de explicarme y explicarte, amor, por qué se les ocurrió semejante exabrupto disfrazado de propuesta alternativa. Cuando busqué las firmas de Sigourney Weaver y Michael Apted, co-protagonista y director, respectivamente, de la película "Gorilas en la niebla" (1988), y no las encontré, empecé a entender. Son ellos y ellas las que están en la niebla.

lunes 30 de enero de 2012

Llueve en Afganistán

"Cuento millones de agujeros en el alma
de "Canto arena", Silvio Rodríguez

En un ejemplo acabadísimo de síntesis histórica, tal como lo piden las academias de periodismo, la filmación dura sólo 39 segundos. El sol parte la tierra y sobre ella florecen cadáveres humanos como cardos en el desierto. Vamos a imaginar que uno de esos cuerpos yertos se llamó en vida Tariq. Tariq tuvo muchos hermanos que, al igual que él, crecieron en los suburbios de Kabul, pateando una pelota de goma, esquivando los charcos de aguas servidas, comiendo mal y sonriendo bien. Creció ayudando a cuidar a los menores y soportando invasiones, penurias y gobiernos. Propios (es una manera de decir) y ajenos. Ahora está prolijamente muerto en ronda junto a otros Tariq u Omar o Abdul. Ya sin nombres para la máquina global de fagocitar informaciones. Pero, he aquí la explícita manera de presentarse que tienen los imperios, los restos al sol de estos jóvenes afganos reciben la bendición civilizatoria de la lluvia occidental y cristiana, amoniacal, fétida y letal. Los mean. Los muchachos yanquis mean los cadáveres y como música de fondo cacarean sus risas de bazooka, sus infaltables cigarrillos camélidos y sus pijas chorreantes de cultura fast food.
Como también enseñan los señores de la SIP, la imagen pasó. Tuvo sus minutos de fama. Y pasó. Ahora nos preocupa el señor Cameron y los candidatos del Tea Party. Y está bien que nos preocupen. Ellos también preparan sus micciones pacíficas, democráticas y civilizatorias. Son así de generosos. El escándalo duró quince minutos. Si hasta mister León Panetta, capomafia de la CIA, calificó como "deplorable" la conducta de sus chicos. He ahí el núcleo del asunto. Como si él y el Premio Nobel de la Paz no tuvieran nada que ver. En casos como este se suele argumentar, cínicamente, que son hechos aislados, pero son tantos que un aislado al lado de otro hacen una matriz cultural.
¿Acaso no es lo que han hecho por siglos? ¿No tienen escuelas para eso? La Escuela de las Américas ha inundado el continente de meadores locales, infelices autóctonos que reciben instrucciones precisas y no preciosas, precisamente, para someter insurrectos, disidentes y neutrales. Si acaba de saberse lo que íntimamente sospechábamos. El gobierno del país considerado el non plus ultra de la democracia y la libertad sabía, lo supo siempre, que los milicos y sus cómplices civiles y eclesiásticos se apropiaban de niños en los años del genocidio argentino.
Lo sucedido en Kabul hace unos días ya había pasado en Abu Ghraib, en los primeros meses de 2003, en My Lai, Vietnam, el 16 de marzo de 1968, en los campamentos de Sabra y Chatila el 14 de setiembre de 1982, en Margarita Belén, Chaco, en la noche del 12 al 13 de diciembre de 1976, en la Base Almirante Zar, Trelew, en la madrugada del 22 de agosto de 1972, entre miles, sí miles, de casos más a lo ancho y largo de la Historia de nuestros pueblos, y continúa hasta hoy, cada vez que algún civilizado cristiano asesina un wichí, un qom, un campesino pobre o un mapuche en cualquier comarca de nuestra América. Hechos aislados dicen los fusiladores de turno.
Mientras tanto, volviendo a los bravos marines, no supe de ninguna reacción de Maledicto XVI, según la magistral nomenclatura de Elsa Drucaroff. "¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma/que le están degollando a su paloma?", canta Violeta Parra.
Nos mean, aunque ellos dicen que son lluvias aisladas.

sábado 7 de enero de 2012

Sarloforma 2012

Hoy me llegó la reedición de "El imperio de los sentimientos", de Beatriz Sarlo, publicado originalmente en 1985. En los agradecimientos la autora destaca la lectura y las observaciones de David Viñas y reconoce que hay en la obra mucho más de Viñas de lo que parece en una primera lectura.
Pasó el tiempo. David dejó este mundo y dejó también una obra coherente, sólida y señera. Sarlo reparte su tiempo entre Radio Mitre y el diario de los Mitre, La Nación.
Apareció el manifiesto de Plataforma 2012. Regalo de Reyes Magos para la campaña mediática antiK. Lo que podría haber sido un aporte promisorio para el debate de ideas en la Argentina se transformó, rápidamente, en la versión intelectual del Grupo A, esa desmañada acumulación de legisladores opositores surgida al calor de las elecciones de junio de 2009. ¿Qué pasó? Repasemos.
Un cierto sector de artistas, intelectuales y académicos sufren de un reflejo pavloviano cuando escuchan o leen los términos "pensamiento crítico". Inmediatamente se van a camarines, se ponen los cortos y salen a la cancha dispuestos a jugar en un equipo que ellos creen que tiene como DT a Bielsa, Cappa o Martino, pero para su desilusión el que da las instrucciones es el Narigón Bilardo. Como son buena gente, honestos, talentosos y autocríticos, vuelven cabizbajos al vestuario y se visten nuevamente de civil. Apesadumbrados, estafados, engañados. Así se sienten.
Algo de eso les pasó a Saccomanno, Giarraca, Lestido y siguen las firmas. Es que, como apoyan el modelo iniciado por Néstor Kirchner en 2003 y recontra profundizado por la Morocha desde 2009, pero lo apoyan críticamente, se comieron el amague.
Tengo queridos y admirados amigos y compañeros en Carta Abierta, tanto en el orden nacional como en el provincial. Fui cofundador de la filial Mendoza pero, lo confieso sin pudores, me siento más cómodo, más libre, acompañándolos desde afuera. Ellos, felizmente, lo han entendido y se los agradezco. No es estrictamente necesario pertenecer a un colectivo orgánico para ser militante de una causa. Ahí están los extraordinarios ejemplos de Mempo Giardinelli y José Pablo Feinmann, o Víctor Hugo Morales y Eduardo Aliverti, como prueba fehaciente de que es  posible. Tal vez, necesario. Flaco favor le hacemos a la causa nacional y popular si todo pensamiento se reduce a ser kirchnerista o antikirchnerista.
Lo único binario que conozco y funciona más o menos bien es OSDE. Pero es carísimo.
Con la humildad que la caracteriza, Beatriz Sarlo se convirtió en referente casi exclusiva de Plataforma 2012. Para eso contó con su proverbial debilidad por la figuración (no me refiero a la escuela o tendencia en artes plásticas que se conoce con ese nombre) y con el soporte mediático del diario para el que escribe, siempre atento y con los reflejos alertas para intentar joder al gobierno de Cristina. Bien lo dijo la socióloga Norma Giarraca, una de las arrepentidas, nada crítico y con buena leche puede nacer de La Nación.
Es interesante la conclusión a la que llega Guillermo Saccomanno quien, en correo electrónico privado, me hizo observar que la estampida y ruptura abortiva (perdón,  monseñor) de Plataforma se produce cuando aparece el nombre de Sarlo entre las firmas. La Plataforma se convierte en Sarloforma y sobrevuela entonces el sindrome Carrió. Los buenos, los honestos, los defraudados huyen despavoridos. Vade retro.
Es que, y he aquí la paradoja, no hay aporte crítico en ese manifiesto. Sólo, por ahora, esa imputación que hemos recibido personal y colectivamente quienes creemos que el país, la sociedad argentina toda, está infinitamente mejor que en 2002. Se nos arrojan dos piropos, ambos de una calidad ética desdeñable. O compartimos ese 54% de pelotudos embaucados, o somos mercenarios pagados por las bondades del viento de cola kirchnerista. No sé con cuál quedarme. Una ex amiga me acusó de inmoral por pensar como pienso y  recibir un sueldo por mi trabajo en Radio Nacional Mendoza. Su marido, ya fallecido, me ofreció comercializar medicamentos robados, en un momento durísimo de mi vida. Tenía que formar parte de un negocio que se iba a dedicar a coimear a funcionarios del área de salud para ganar licitaciones públicas. Aquí estoy, preguntánome si esa señora vio una película que se llama "Mirá quién habla".
Otra. Una directora de escuela secundaria de Las Heras, Mendoza, despotricaba contra la programación de nuestra radio y hacía especial hincapié en Julio Rudman. O sea, yo. Que ella recordaba mis años de militancia comunista y ahora, por guita, había caído (así dijo, caído) en ésto. Averigüé que su salario es casi tres veces superior al mío. Enhorabuena. Eso es inclusión, pero debo dejar en claro, explícitamente, que no soy kirchnerista. Estoy kirchnerista, como dice mi amigo, el profe de Historia, Oscar Rodríguez. Es, precisamente, por mis convicciones de comunista hormonal (¡salud, José querido!) que milito donde milito. En fin, no quiero hacer de este textículo un asunto personal. Es que anduve, por estos días, leyendo a Sartre y algo me contagió.
Mientras se confirma aquella tesis que dice que, como el radicalismo, el cáncer ya no es lo que era, manifiesto mi más sincero deseo de que se reactive el músculo del debate fructífero de ideas. Nuestra sociedad lo necesita.
Claro que hay aspectos de la cultura política nacional que merecen corregirse. Como dice Mempo en su "Cartas a Cristina" todavía no hay un solo funcionario corrupto preso, la política ambientalista y de defensa de los recursos naturales tiene agujeros negros dignos de ser estudiados por Hawking, existen gobernadores provinciales que no son lo que dicen, la llamada Ley Antiterrorista merecía, al menos, una más profunda discusión con la ciudadanía toda, el aparato judicial sigue siendo un refugio de cavernícolas, el régimen de propiedad de la tierrra es una asignatura pendiente y así podría seguir un rato marcando errores y metas incumplidas, todavía.
Pero, sinceramente, he leído más pensamiento crítico en los 11 documentos publicados por Carta Abierta que en este manifiesto redactado a la medida del estilo clasista e insultante de Sarlo. No sirve caer en el exabrupto de creer que lo hacen por guita. Sería como escupir para arriba y repetir sus propios argumentos hacia nosotros. No es por plata que se formó la Plataforma. Es por Sarlo que se deformó. Lo de esta gente es un caso de indigestión. Se comieron a King Kong y no lo pueden digerir. Ideología gorila explícita.
Me queda claro que este nuevo intento demuestra que la oposición perdió la iniciativa política hace tiempo y busca, por ahora infructuosamente, distintos caminos para recuperarla. Así no sirve, me parece. Piensan que somos más de doce millones de imbéciles y corruptos que no nos damos cuenta de que La Nación y Beatriz Sarlo tienen la precisa.
Es que no nos dicen cuál es. Tal vez porque es impresentable.

jueves 22 de diciembre de 2011

Portación de apellido

No sé quién lo traía a casa. Ni la frecuencia con que lo leía. Pero sí sé que me hice adicto a sus páginas y tal vez sea uno de los tres o cuatro "culpables" de que yo sea periodista y esté fatigándolos también con estos textículos.
Recuerdo su formato sábana, sus ocho páginas, su logo verde milico y, sobre todo, la pluma mordaz, incisiva y bien fundada de su director. El periódico se llamaba "Propósitos" y era una bandera de debates y polémicas cuya distribución oscilaba entre la venta legal en los kioscos de revistas y la militancia clandestina, según los humores del prepotente de turno. Su inspirador, director y redactor principal, Leónidas Barletta, era un francotirador de izquierda. De lo que entonces se conocía como "compañero de ruta o aliado" del comunismo. Hoy le diríamos comunista inorgánico.
Dotado de un riquísimo uso del lenguaje, Don Leónidas no dejaba títere con cabeza. Tenía pergaminos suficientes para salir al cruce de todo tipo de iniquidades, desde los casos de censura explícita o disimulada hasta las denuncias públicas cuando el sistema capitalista mostraba sus garras contra los desposeídos. Es decir, mostraba su esencia.
En 1930 fundó el Teatro del Pueblo, emblema y refugio gestor del movimiento de teatro independiente en nuestro país. Allí estrenó varias de sus obras Roberto Arlt, entre otros.
Es cierto que en nuestra historia hay casos de apellidos que se repiten, pero no se repite la trayectoria de los poseedores. Me viene a la memoria el apellido Justo. Agustín fue presidente garca de Argentina y su hijo Liborio un pensador anarquista que usaba el apodo Quebracho (nombre de una agrupación de energúmenos contemporáneos que creen que quemar un árbol navideño es revolucionario. Actitud ésta que ejemplifica y da la razón a aquella paráfrasis de "El Principito", ese grafitti virtual que dice: lo esencial es invisible a los troskos) y que dejó páginas atrevidas e inteligentes. Otro Justo, Juan Bautista, fue uno de los ideólogos del socialismo blandito, en épocas de polémicas fecundas.
Entre los Alsogaray hay casi de todo. Desde el padre del neoliberalismo ortodoxo y capitán e ingeniero, el inefable don Álvaro, pasando por la hijita de los tapados de visón, los incendios patagónicos, los arrumacos ideológicos con el riojano más perverso, María Julia, hasta un comandante Montonero asesinado por quienes fueron el brazo armado de su propia clase social. Por estos días conocí el caso de Magdalena Roca, sobrina bisnieta del genocida Julio Asesino Roca, ferviente defensora de los derechos de los pueblos originarios. Ella misma reconoce la sublime influencia de nuestro Osvaldo Bayer. Recientemente, se nos murió León Rozitchner, uno de los pensadores más sólidos que dio la filosofía nacional. Su hijo Alejandro forma parte del equipo de discriminadores, elitistas y grondónicos de lo peor de la llamada inteligencia de derechas.
Me vino el recuerdo de Leónidas Barletta cuando el flamante presidente de lo que queda del radicalismo vernáculo, Mario Barletta, llamó a reintegrarse al Partido a Ricardo López Murphy y Elisa Carrió. No sé si Mario es o no descendiente de Leónidas, pero la portación de apellido no garantiza, ni mucho menos si nos atenemos a los ejemplos mencionados, la portación ideológica. Los declamados aires de renovación que, presuntamente, traería la designación del ex intendente de Santa Fe se fueron al diablo. Llamar a dos retrógrados para gestar progresismo me recuerda al título de uno de los libros liminares del Barletta histórico. En 1957 apareció "Cuentos del hombre que daba de comer a su sombra".
No otra cosa parece estar haciendo el radicalismo argentino.

lunes 19 de diciembre de 2011

Una despedida

Lo conocí al fragor del desamparo político que dejó el cataclismo de 2001. Precisamente, las masas en la calle (eso que llamamos pueblo, sin avergonzarnos) nos amparaban los sueños, golpeados por pesadillas. El coro biclasista que pedía que no quede ni uno solo. Y la guita acorralada.
Fue uno de los primeros en reaccionar bien. Si la debacle era general debíamos pensar las causas y los diagnósticos colectivamente. Publicó un libro en el que convocaba al desahogo inteligente de políticos de fugaz predicamento, sindicalistas no corrompidos todavía por el hambre de poder kiosquero, militantes sociales e intelectuales con relativo prestigio. Pero la figura central, el gurú convocante, el que hacía las preguntas y moderaba el debate era él. Presentó ese libro coral aquí, en Mendoza, y nació una relación de afecto que, con el correr de sus libros y mis lecturas, se transformó en amistad. Hasta tuvimos, mi familia y yo, el honor de figurar en lo que él mismo llamó un cameo en su libro de crónicas de viaje por el interior del país. Desde enero o febrero de 2002 yo me había sumado al Manifiesto Argentino por invitación de Mempo Giardinelli.
Martín Caparrós, lo dije y lo sostengo, es uno de los mejores cronistas de nuestra lengua. Y pese a los premios conseguidos no es un gran novelista. Y, mucho menos, un polemista profundo. Es agudo, irónico, sarcástico y hábil para autogestionar esas características, al amparo de organismos internacionales.
Hace un tiempo salí en su defensa cuando, en 6,7,8, en la televisión pública, se lo calificó de canalla. Dije entonces que si él era considerado así, qué quedaba para Magnetto, Morales Solá o Gelblung, por citar unos pocos ejemplos. Me agradeció el gesto por correo electrónico privado. Le contesté que sus críticas al modelo nacido el 25 de mayo de 2003 eran erróneas, según mi punto de vista. Y le enumeré las múltiples medidas de inclusión, justicia y recuperación del Estado como herramiento de cambio, entre otras. Su respuesta fue que le gustaría compartir mi esperanza y mi apoyo, "pero no puedo" me contestó, textualmente. Fin del diálogo y del contacto. Inclusive, dejé de recibir el ejemplar de cada nueva obra suya, dedicado de su puño y letra.
Siempre, hasta hoy, quise distinguir su actitud de la de Jorge Lanata. Éste, miente. Caparrós opina. No es lo mismo. Escribe para el diario El País, de España. Está en su derecho, pero cruzó el límite, según mi escala de valores morales.
En una reciente entrevista a Sergio Shoklender, para el mismo periódico, le permite al parricida reincidente, estafador y mitómano, una serie de ofensas a las Madres. Y a la inteligencia de los lectores. El tema no es a quién se entrevista, sino cómo. El tema no es tanto las preguntas que se le hacen al entrevistado sino, sobre todo, lo que se le repregunta.
Durante mi trayectoria laboral he tratado de ser coherente. Lo he conseguido, espero que en más ocasiones de que las que he fracasado. Cuando salió a la luz la maniobra perversa y criminal de Shoklender, dije y lo ratifico, que cualquier crítica opositora, cualquier reclamo ciudadano o cualquier pensamiento, por más absurdo que parezca (por ejemplo, decir que las elecciones presidenciales se iban a dirimir entre una viuda y un huérfano. O la estadística frívola de eventos, instituciones, edificios, escuelas o plazas que pasaron a llamarse Néstor Kirchner. Como se ve, tópicos decisivos para el presente y futuro de la nación), tenía, tiene como límite ético y moral, a las Madres. Aún con sus errores pero, sobre todo, con sus innumerables virtudes cívicas.
De Shoklender ya no sorprende nada. Lo de Martín obliga al asco, el desprecio y el repudio.
Lo digo desde el dolor, desde mi trabajo en Radio Nacional Mendoza, medio de comunicación de este cambio de época. A él que dicta cátedra desde uno de los instrumentos mediáticos de la maltrecha socialdemocracia europea.
He cosechado amistades invalorables a lo largo de mi trayectoria laboral. Mempo encabeza una lista de seres maravillosos que incluye, entre otros, a Liliana Herrero, Liliana Heker, Felipe Pigna, Eduardo Galeano, Elsa Drucaroff, Luisa Valenzuela, León Gieco, Daniel Viglietti, María Rosa Lojo, Rodolfo Braceli, José Pablo Feinmann, Miguel Repiso, Osvaldo Bayer, Reynaldo Sietecase, Eduardo Aliverti, Víctor Ego Ducrot, Patricia Verdugo, Mónica González. Martín era parte de este racimo nutriente, humanista y querible. Ya no.
Es durísimo, angustiante, perder un amigo por propia decisión. Pero tomo ese camino y lo hago público, con la misma convicción con que un día lo defendí por la misma vía. Me defraudó. Aunque seguramente seguiré leyendo sus crónicas fascinado y como agradecido lector.
Ya no hay diferencias. Ahora Caparrós y Lanata son Caparrata.

viernes 16 de diciembre de 2011

Parte médico

Paradójicamente, el síntoma era claro: veía turbio, oscuro. Y el diagnóstico, conocido: nada especial en esta época de ascenso a la categoría de maravilla natural del mundo. Más modestamente, me sometí por segunda vez a las manos expertas del Doctor Osvaldo Guzmán. El resultado, aunque altamente satisfactorio, me permite reflexionar acerca de la felicidad de tener sólo dos ojos. Hace dos años, exactamente, se trató del derecho. Ahora, el izquierdo, claro, si no hay más. Polifemo hubo uno solo, dicen. Esta vez la catarata era, apenas, una cascadita precordillerana.
Pero no importa tanto mi vicisitud quirúrgica como los efectos que pueda producirme al enfrentar el día a día. Veo más y mejor. Pero, sobre todo, más.
Por ejemplo, a Hugo Moyano lo veo más gordo; a Mirtha Legrand la veo más decrépita; a Jorge Lanata lo veo más parecido a Luis Majul, tanto que me los confundo y los llamo Jorge Manata o Luis Lajul; a las curvas de las muchachas las veo más apetecibles; a ciertas flores las veo más femeninas; a los amigos los veo más cercanos y tiernos, incluídos aquellos que no veo hace tiempo; a Barack Obama lo veo más pálido, menos negro y más hipócrita ("es más fácil empezar una guerra que terminarla", dijo el Premio Nobel de la Paz); a los líderes europeos los veo más bancarizados y menos bancados; a la Argentina y Latinoamérica las veo más lúcidas; no veo a algunas amigas hace mucho tiempo, más de lo tolerable; no veo más a Julio Cobos y a Elisa Carrió, pero eso no es mérito de ningún cirujano sino de la voluntad colectiva; a mis compañeras y compañeros humillados por los genocidas los veo más reivindicados, ¿no es cierto, Silvia?; a mis nietos los veo más luminosos; a mis montañas las veo más azules; a mis libros los veo más.
No habrá más partes, por ahora. Me espera la mesa de café de los sábados, la batalla cotidiana contra los burócratas de diversas jurisdicciones, mis compañeros de la radio, la militancia por mejor ciudadanía y los placeres mundanos.
Vuelvo a leer, la Tierra gira sobre su eje.