viernes, 26 de agosto de 2016

Que se sepa

                                                           "Creer o reventar. Pues entonces reventar"
                                                                                                          Isidoro Blaisten

No hubiese querido escribir este textículo, pero debo hacerlo.
Como algunos y algunas saben presenté mi nuevo libro ("Escritos de pie", Bruma, 2016). Alrededor de seiscientas personas rebalsaron el salón en la tarde del sábado 13 de agosto pasado. Claro, también presentaba el suyo el enorme periodista Víctor Hugo Morales. Su cátedra profesional y ética en tiempos de "Mentir a diario" (Colihue, 2016), como se titula la obra, explican el fervor y los abrazos de esa jornada. Hubo música, intercambio de inteligencias con el público y, sobre todo, esa mezcla necesaria de respeto y esperanzas.
Lo digo para poder intentar explicar el papelón que sigue.
Entre el 9 y el 25 de setiembre se va a desarrollar una nueva edición de la Feria del Libro de Mendoza. En esta oportunidad dedicada, con justicia, a Rodolfo Braceli, ese mendocino imprescindible y ya universal.
El coordinador del asunto es Alejandro "Canito" Frías, responsable del Área Letras de la Secretaría de Cultura provincial, llama por teléfono a los editores de mi libro, Carolina Suárez y Jorge Córdoba, para que les envíen la lista de autores y obras que proponen para asignarles una fecha en el programa de actividades. Son, somos, siete.
Cuando los brumarios se reúnen con Frías para tomar nota del asunto sólo reciben seis fechas. ¿Adivinen cuál falta? Corrrrecto, graznaría Susana Giménez. Mi nombre está prohibido, censurado, en un claro ejercicio de lo que, con el cinismo made in Lombardi de moda, se llama la presencia de "todas las voces".
Ante el estupor de Carolina y Jorge, el Coordinador Frías argumenta cierto temor de que se arme "quilombo" que pondría en riesgo su puesto de trabajo. Y, además, que pido la renuncia del equipo de Cultura todos los días.
Ambas acusaciones son falaces. La primera, porque no hubo ningún quilombo el 13 de agosto, al contrario. Que en la presentación de un libro se cante "Vamos a volver", ponele, no es quilombo ni amenaza. Augurio, tal vez. Y la segunda, porque no soy tan poderoso ni tan soberbio como para solicitar tamaña decisión. En realidad, me duele ver a gente que quiere colaborar con la gestión de un gobierno local inmoral, discriminatorio y censor, pero cada uno sabe dónde le aprieta el zapato o cómo se le ven las enaguas, como decía mi vieja. Allá ellos y ellas.
Están anunciadas las presencias de varios de mis amigos, cosecha de más de treinta años de lecturas y difusión literaria. Vienen Vicente Battista, Juan Sasturain, el mismo Braceli y Miguel Repiso, Rep. También viene Ricardo Bochini, ya de pantalones largos y bien empilchado, supongo. Y, para la náusea sartreana de quien les escribe, el nazisionista escritor cordobés y radical  Marcos Aguinis.
Creo conocer (o creía) a Canito y quiero creer que el julepe al quilombo y a perder su laburo viene de la mano de su jefe, Diego Gareca, Secretario de Cultura de la provincia. Gareca hizo su carrera política en el municipio de Godoy Cruz. Mientras el supuesto gobierno nacional y popular peornista (Verbitsky dixit) deambulaba en el limbo cultural Gareca traía a Godoy Cruz a Juan Gelman, Daniel Viglietti, Liliana Herrero y Teresa Parodi, por ejemplo, y se vestía de guerrillero cubano. Puro espejismo. Hoy aprieta a los actores y bailarines de la Fiesta de la Vendimia, censura a Ernesto Espeche, académico y periodista marxista y, finalmente, se desenmascara cada día un poco más.
En síntesis, Frías es Gareca. Gareca es Cornejo y Cornejo es Macri. Hasta el año pasado el portavoz de la censura me agradecía de manera pública mis aportes a la literatura mendocina y, es más, ya adquirió el ejemplar del libro que le mandaron a censurar. Una pena, un dolor y una nueva desilusión.
Y Macri no quiere quilombo. Pero lo tendrá, tarde o temprano.

lunes, 1 de agosto de 2016

El precio de la angustia

                                                    A Ernesto Espeche


La pieza estaba casi en penumbras. No sé por qué. Era en ese horario en que ya empieza a anochecer, pero aún no encendemos las luces. La charla hacía juego con el ambiente. Lenta, profunda, gris y atrapante. Como la penumbra casi siempre.
Alejandro sostenía el grabador mientras él y yo conversábamos. Él era, es, Christian Ferrer, filósofo y escritor (Me permito recomendarles la lectura de "La amargura metódica", Sudamericana, 2014, una potente biografía de Ezequiel Martínez Estrada con un título que lo pinta más al autor que al biografiado, me parece.). Alejandro era, es, Alejandro Crimi, amigazo, editor y compinche de pensares y sentires libertarios. Yo era, soy, yo.
Ferrer había llegado a Mendoza para participar de un ciclo de charlas que Alejandro organizaba. Una de sus tantas travesuras culturales. Cómo olvidar que, además, bebimos también de la sabiduría luminosa de León Rozitchner. Pero eso es para otro momento.
Atravesábamos el calvario de la segunda mitad del menemato (el copyright del término le pertenece a Mempo Giardinelli) y no sé, no recuerdo cómo, llegamos al tema de la angustia. Aunque puedo imaginarlo. Le pregunté al filósofo por ese verso de Silvio Rodríguez que dice que "La angustia es el precio de ser uno mismo". Me miró, creo que me miró (ya estaba muy oscuro. Él, la tarde y el mundo), pensó un segundo que me pareció interminable y dijo: "No me gusta Silvio Rodríguez y creo que la angustia es el precio de no ser uno mismo". Fin del recuerdo.
De ése, porque él me llevó a mi recuerdo de la la lectura de "Historia del cerco de Lisboa" (Alfaguara, 1989), la novela en la que Saramago hace que el "no" como concepto disruptivo y revolucionario sea el gran protagonista dialéctico de la historia (la del libro y la de la humanidad toda), más allá de las figuras humanas que lo padecen y, después, lo aprovechan.
Doy todas estas vueltas para llegar a Macri. Y pido disculpas por mezclar a un filósofo de la envergadura de Ferrer y un humanista y escritor de la talla de Saramago con el estafador político de moda.
En su discurso en Tucumán el 9 de julio pasado el coso hizo mención a la angustia. Mientras le rendía pleitesía amorosa a Juan Carlos de Borbón, el emérito monarca español, especialista en matar elefantes, le atribuyó a los patriotas de 1816 ese "estado de intranquilidad o inquietud muy intensa causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro" (Copio textual, como se ve, la definición de la Real Academia, la gendarmería del lenguaje castellano). Desagradable y desgracia  Así habría sido aquella militancia (no se lo cuenten a Prat Gay), desagradable y desgraciado independizarse de España.
Pocos días después Cristina (¿cómo cuál Cristina, hay otra?) interpretó que Mauricio (¿cómo cuál Mauricio, hay otro?) hacía catarsis. Nacido y criado en cuna de oro y hogar de nuevos ricos (usted ya sabe, francamente, cómo se hicieron ricos los Macri. No abundaré en detalles siniestros), pensó la Morocha, se había encontrado, a partir del 10 de diciembre pasado, ante la inquietud desagradable de tener que trabajar. Y, para colmo, de cara a la gente, como gustan llamar los de su clase al pueblo. En síntesis, según la Presidenta Mandato Cumplido, era su propia angustia de él (según me decía don Crescencio Granados Silva, mi cuate, en Xochimilco) la que relataba esa mañana.
No sé si la interpretación es o no "psicologista" como ella misma se atajó, pero sí sé que son los más humildes los que saben del precio de las angustias a las que se ven sometidos por los desaguisados perversos del neoliberalismo plus con que la globalización timbera practica en nuestros países.
En fin, que como me enseñó Ferrer aquel atardecer inolvidable en Radio Nihuil, la angustia de Mauricio parece ser la de un tipo que no es él mismo sino la representación titiritesca de una clase social parasitaria, cavernícola e insaciable.

jueves, 30 de junio de 2016

Por qué me voy

                    "Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia"
                                                                         Aldous Huxley

Fui protagonista de un equipo que vino a poner de pie a Radio Nacional Mendoza  Desde febrero de 2011 me sumé a la apertura de los micrófonos que se llenaron de contenidos inclusivos. Bajo la dirección de mi querido amigo y camarada Ernesto Espeche ocuparon su lugar, el que por derecho les pertenece, los y las artistas, las y los trabajadores de las organizaciones sociales, los de la diversidad de género, los investigadores científicos, historiadores, deportistas. En fin, todos los que presentaron alguna iniciativa enriquecedora.
Fui partícipe enamorado de un Proyecto Nacional que impulsamos también desde acá en el ámbito comunicacional. Hice periodismo comprometido con las mayorías populares, postergadas durante años, el mismo que hago desde siempre.
La llegada de Gabriela Figueroa como nueva directora nos planteó desafíos. Con un estilo que mezcla las actitudes de su padrino político, Ernesto Sanz, y las de su jefe nacional, Hernán Lombardi, pasó del elogio y reconocimiento de nuestra trayectoria a la prepotencia y los insultos a los trabajadores de la radio (hay pruebas testimoniales y documentales a disposición). Las mentiras respecto de la situación edilicia de la emisora y las responsabilidades atribuidas a Ernesto son el caballito de batalla que se usan para ocultar el autoritarismo y la absoluta falta de criterio profesional, como no sea el de confundir un Manual de Estilo con censura solapada.
Cuando Roberto Arlt hablaba de "prepotencia de trabajo" alguien parece haber leído "trabajo prepotente". Programas con más de 20 años de trayectoria en el aire, como "El Candil" y "La Libroteca"y profesionales de la comunicación con nivel académico sufrimos el maltrato, el destrato y el ninguneo bajo la careta hipócrita del "Ceder la palabra" o la "pluralidad de voces". Y, lo que es más grave y ofensivo, la sospecha acerca de la conducta moral sobre uno de nosotros, sospecha que nos salpica a todos los que transitamos estos años de trabajo al servicio de un periodismo inclusivo, amplio, decente y democrático. No pongo las manos en el fuego por la transparencia ética de Ernesto. Pongo todo el cuerpo.
Un país gobernado por una "famiglia" de burócratas del hambre bajo la fachada de "pobreza cero" necesita, es obvio, de burócratas de la infamia bajo la fachada de "todas las voces".
Voy a resignar ingresos económicos, pero jamás dignidad y convicciones. Somos hijos y nietos de nuestras Madres y Abuelas, somos hermanos de los organismos de derechos humanos, parafraseando a Néstor. Y eso no tiene precio.
Se nos ha acusado en declaraciones periodísticas no desmentidas, de haber causado daño a la radio por nuestra actitud militante. Lo que para Figueroa es una acusación para mí es un orgullo, un emblema que llevo impregnado en mi ADN ideológico. Además, el reproche es también militante, pero del lado Lombardi, Macri, Magnetto y buitre de la vida. La grieta, que le dicen.
Los oyentes que supe conseguir así me lo han hecho saber. Y con eso me alcanza.
Dejo a queridos compañeros en la emisora. Ellos sabrán defender la honra de cada uno de nosotros y la suya propia. Los otros, los de una nueva decepción, tendrán su conciencia en paz o no, allá ellos.
No quiero ni puedo formar parte de un organismo que tiene directivos que espían nuestros perfiles en las redes sociales (también hay pruebas de confesión) o que lamentan que Juan Cabandié haya quedado vivo. Me repugna.
Nacional Mendoza ya no es mi casa. Tengo mucho por hacer, por construir y reconstruir, estoy lleno de proyectos y, sobre todo, lleno de amor por los humildes de la patria, por los humillados de cualquier índole.
He pasado momentos maravillosos en estos años y ese combustible me impulsa.
Gracias por el aguante y la comprensión. No abandono, busco nuevos territorios culturales. Allí nos encontraremos.

sábado, 25 de junio de 2016

López y Planes

Horrible. La situación es horrible. La venganza es feroz. Viene cabalgando en el tríptico que montaron hace tiempo.
Los planes y sus planos, desde el amanecer turbio de cada jornada, pasando por cada timbrazo en el hogar que presagia un nuevo pibe que pide comida o la madre con su bebé en brazos arropado contra el invierno impiadoso. O las facturas de los servicios públicos que parecen confeccionadas por los servicios de inteligencia. O las convocatorias a reuniones en el trabajo para soportar directivas de tiranuelas y tiranuelos ineficaces, semibrutos y soberbios. Las citas de Borges que no son de Borges como una exhibición obscena de presumidos culturales.
Los planes para pagar las pasantías de gestores privados en la gestión estatal mientras dicen asistir a un curso acelerado de despilfarro público y engorde de sus tripas bancarias.
Los planes para callarnos, pero con la consigna cínica de que abren el juego. Y juegan a ser Blancanieves y esclavizan a sus trabajadores enanizándolos.
Los planes para hacer empanadas todos juntos y que se las coman ellos, los farsantes del repulgue.
Los planes de las fechas patrias sin el pueblo de la patria para que no moleste al príncipe de las tinieblas del ombligo de la patria.
Cada plan para dinamitarnos el orgullo "de haber sido" y el dolor de ya no ser.
El plan de pedir perdón a quienes rapiñaron el suelo, el subsuelo y el aire.
Esos planes con que sueñan despiertos, esos que ponen a cuidar las joyas de la abuela a los ladrones de joyas.
Así me hablaba Blas sentado a la pianola mientras el pentagrama le devolvía las estrofas que invitaban a los mortales a oír el grito sagrado.
Dos kilómetros más allá López revoleaba bolsos infectados, malolientes.
Así no hay himno que aguante, me dijo Blas.

lunes, 30 de mayo de 2016

Lo normal

                           "Hacer escudo a los murmuradores que ninguna cosa perdonan"
                                              Miguel de Cervantes Saavedra


Quizás usted no se acuerde o es muy joven y nadie se lo contó. Hubo un tiempo en el que hasta se neologizó un verbo. Y todo porque el tipo recibía gente en su domicilio, que era algo así como la sede central de cuanta conspiración se preparaba. El general Rosendo Fraga, de él se trata, tuvo el triste honor de imponer en el lenguaje, primero periodístico y luego cotidiano (o al revés, vaya uno a saber), el término "fragote" y su derivación verbal "fragotear".
Lo padeció Arturo Frondizi a quien los milicos le entraban por todos lados hasta que lo mandaron de vacaciones forzadas a Martín García. Lo padeció también don Arturo Illia, distraído en atajar penales de las multinacionales de los medicamentos y los aprietes del Rockefeller de turno y su Chase Manhattan Bank, mientras el peronismo seguía proscripto y los medios agitaban palomas y tortugas sobre su imagen bucólica de médico cordobés de Cruz del Eje.
La cuestión es que la historia argentina siempre le dio su lugarcito a un Fraga. En el siglo XIX, Rosendo María que, además de militar fue estanciero, como corresponde a la estirpe de los terratenientes genocidas y ladrones. En el XX, el conspirador de marras que, de paso, enriqueció el lunfardo. Y en este que vamos transitando a caballo de la timba internacional y sus virreyes vernáculos, dos. Un Fraga dizque politólogo, opinólogo y con mentón prominente cuasi similar al de César Pueyrredón, el cantante muy banana. Y otro, Fraga por parte de la madre que lo parió, un simple Javier González que agregó el apellido ilustrísimo para darse prosapia y poder así cometer procacidades conceptuales y pragmáticas. De estas últimas es famoso el récord de ser un argentino que llevó a la bancarrota a una fábrica de dulce de leche. No cualquiera ornamenta su Curriculum Vitae con un logro así. De las conceptuales vivimos estos días.
"Le hicieron creer a un empleado medio con un salario medio que podía comprar un auto, un plasma, un celular, viajar y que eso era normal", declaró. Por supuesto, estamos esperando que diga que lo sacaron de contexto, latiguillo siempre a mano del hipócrita aludido. Así son, desde tiempos remotos, los dueños de la Argentina. Además de considerar normal la mal llamada Conquista del Desierto y la genuflexión ante el mandamás de turno y la violación de los cuerpos femeninos hasta matarlos y la renta por sobre la vida y la explotación y la servidumbre y el derecho de pernada y la plusvalía y el trabajo infantil y la evasión impositiva y la censura previa, concomitante y posterior y tantas obscenidades más, además ahora tienen el descaro de imponernos el canon de la normalidad.
Pero lo dramático, lo que provoca esa mezcla de indignación y perplejidad, es que nosotros naturalicemos ese canon como lo normal. Que nos resbale o que, en el mejor de los casos, nos insubordine la retórica y vamos a una tanda y volvemos con el siguiente tema.
La historia de las luchas populares nos cuenta que, por mucho menos, los adoquines y las piedras en manos callosas eran flores revolucionarias e incendiaban el cielo. Es que ya casi no se escucha cantar aquello de "que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda" como entonaban los derrotados milicianos españoles. Tal vez por eso.

martes, 3 de mayo de 2016

La lógica

"Si el consumidor considera que este nivel de precios es alto, deja de consumir". Quien expresó este pensamiento no es un monje budista ni un ermitaño desértico y barbudo ni un fakir ni un gurú zen. Se llama Juan José Aranguren, fue CEO de Shell Argentina durante más de treinta años y en la actualidad ostenta el cargo de Ministro de Energía y Minería de la nación. Como detalle de color, gris oscuro o amarillo, se puede agregar que sigue siendo accionista de la casa central de la empresa petrolera trasnacional sin ponerse colorado.
Los dichos con que se inicia este viaje periodístico literario fueron emitidos a propósito de la cuarta suba en el precio de los combustibles desde enero a la fecha. O sea, bajate del auto, caminá.
La lógica del ceoministro es perfecta. No hace falta recurrir a manuales de economía y finanzas, no es necesario buscar elementos de historia de las ideas políticas ni hacer encuestas o entrevistas. Basta con expandir sus conceptos para organizar nuestra vida futura. Veamos.
Si el precio de la leche es muy alto no alimente a sus niños.
Si el precio del agua es muy alto no tenga sed.
Si el precio del vino es muy alto no brinde.
Si el precio de los libros es muy alto no lea.
Si el precio de los pañuelos es muy alto no llore.
Si el precio de la almohada es muy alto no duerma.
Si el precio de la carne es muy alto coma verduras, pero si el precio del tomate y la lechuga es muy alto no se ensalade.
Si el precio de la manzana es muy alto no peque, pero si el precio de los profilácticos es muy alto no tenga sexo.
Si el precio de los medicamentos es muy alto no se enferme.
Si el precio de decir lo que piensa es muy alto no opine.
Si el precio del servicio fúnebre es muy alto no se muera.
Si el precio de las flores es muy alto no seduzca.
Si el precio de los bombones es muy alto no engorde.
Si el precio del aire es muy alto no respire.
Si el precio de un abrazo es muy alto no tenga amigas y amigos.
Si el precio de un cuaderno es muy alto no estudie.
Si el precio de un lápiz es muy alto no escriba.
Si el precio de vivir es muy alto no viva.
Pero si el precio de doblegarse es muy alto "empínese en la honra de la patria que amamos", como dijo Armando y sea ilógico.