jueves, 15 de diciembre de 2016

Fin de año

Empezaron a llegar los saludos de fin de año. Un clásico. Se utilizan términos estacionales, como algunas frutas y verduras. Próspero, por ejemplo. Durante el resto del año nadie, o casi nadie, le llama próspero al magnate que nos chupa la sangre desde diciembre pasado. Algo similar, pero cada cuatro años sucede con presea y podio. Aparecen para los juegos olímpicos y después los colegas guardan esas palabras en el desván de la lengua. O pedana que, no se equivoque, no alude a flatos ni a ciertas conductas de clérigos perversos mal enamorados de criaturas.
Sé que la mayoría de los mensajes que me mandan son sinceros. Excluyo, obvio, los de compañías y empresas que lo único que buscan es vender, vender y vender, pero con una máscara de buena onda y toda la hipocresía de que el sistema las alimenta.
Esta será la única vía, aviso, para transmitir mis augurios de época. Quiero aclarar, para evitar sorpresas, que como no soy creyente me autoeximo de culpa alguna por lo que mis convicciones y sentires me impulsan. Sólo pido disculpas si olvido alguien en el listado. Es más, lo dejaré inconcluso para que ustedes salven cualquier laguna de mi cerebro septuagenario.
Mi deseo general para la caterva de malandrines de ambos sexos que abajo se nombran es que tengan el más terrible de los años. Que no puedan vivir en paz con el mundo y con ellos mismos. En fin, que sufran los peores dolores de que sea capaz de imaginar un ser humano. Pero tengo unos deseos puntuales para cada uno o una. A saber:
El primero es él, Mauricio Macri. Deseo que sea condenado a leer y aprender de memoria "Ser y tiempo", de Martin Heidegger, pero en alemán. Como estimo que no podrá lograrlo, ni en 2017 ni en 2017 años más, que viva así hasta morir de aburrimiento. Y le estoy haciendo precio.
De Juan José Aranguren quiero que sufra un fenómeno antigravitatorio. Que defeque hacia arriba, pero atornillado al inodoro. Y que, en lugar de papel higiénico convencional, consiga sólo papel de lija. De la medida más gruesa posible de encontrar en el mercado, como dicen ellos.
Que María Eugenia Vidal viva en carne propia "Caperucita Roja y el lobo", pero sin el final feliz.
Que Juliana Awada se despierte una mañana y encuentre a Antonia abrazando una foto de Cristina. Y que no se recupere jamás del colapso.
Que cientos de sanguijuelas le salten a la cara a Alfonso de Prat Gay y le dejen los ojos secos para siempre.
Que Elisa Carrió se intoxique con cianuro ante las cámaras de televisión.
Que Miguel Ángel Pichetto sea sodomizado en público por un inmigrante fronterizo distinto cada día de la semana incluidos domingos y feriados.
Que a Enrique Pescarmona le diagnostiquen un cáncer de pene y le hagan un enema de líquido cloacal.
Que Gerardo Morales sea condenado a afeitarse cada diez minutos frente a un espejo obsequiado por la Tupac y que sólo se vea en él miles de mujeres parecidas a Milagro Sala, felices bailando un carnavalito.
Que todo el gabinete de ministros mendocinos tenga un ataque simultáneo de diarrea provocado por la ingesta de mariscos chilenos traídos de contrabando por Baby Echecopar, también él participando de la cagadera.
Que Patricia Bullrich, Gabriela Michetti, Jorge Triaca y Laura Alonso sean multados por conducir borrachos en la punta del Obelisco.
Diego Bossio morirá en plena sesión de la Cámara de Diputados atragantado con un sándwich de pepinos y ají putaparió.
Que Alejandro Rozitchner y Juan José Campanella tengan hijos. Y si ya los tienen que sean militantes de La Cámpora.
Hago extensivo cada uno de mis pedidos a todos los miembros de las familias de los nombrados. Con la excepción de Alejandro Awada porque es un buen tipo y gran actor.
Por último que, como dice mi nieto que sea verdad, de una vez por todas que"El amor vence al odio" y "La patria es el otro".
Uf, ya me siento mejor.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El nombre del hombre

                                    Especial para "La Barraca"

"Después, muchos años después, entenderá que lo más insoportable de los muertos es que están en todas partes"
                                                                    Martín Caparrós

Una pequeña explicación inicial. Fui amigo del autor de la frase con que encabezo este textículo. Ya no. Cosas de la grieta, quizás. Pero sigo leyendo algunas de sus obras. La cita está extraída de "Echeverría" (pág. 180, Anagrama, 2016), su novela histórica más reciente. Martín es un cronista formidable, de los mejores en nuestro idioma, un novelista desparejo tirando a mediocre, pero sobre todo, es historiador dice su curriculum. Y aquí se le nota. La construcción del protagonista suena, a veces, como un intento de alter ego. Ni unitario ni federal sino todo lo contrario, diría Ubaldini. Algo así se pretende, me parece yo que lo conozco, quien hoy mira desde España estos avatares de la historia nuestra. También suya. Pero dejemos tranquilo a Caparrós, el caparrosista.
Cuando supe que Fidel se había muerto y vi y leí las notas periodísticas recordé un viejo artículo mío en el que hacía referencia a los nombres propios.
Hagamos un ejercicio de imaginación ucrónica. Vamos a suponer que se muere el actual presidente de Brasil, Michel Temer. El desafío es "ver" un titular que diga "Murió Michel". No parece verosímil, ni siquiera entre los dieciséis partidarios que le queden a esa altura de la soireé. O "Falleció Donald" si es que a Trump le da un patatús cardíaco en plena orgía financiera.
Y aquí viene mi apuesta más local, más fuerte. Mauricio Macri se presenta a rendir Mamarracho III y aprueba. De la alegría, casi diría mejor, de la sorpresa le da un bobazo y, de inmediato, se ponen en marcha las instrucciones de "Conducta en los velorios", de Cortázar. "Vamos porque hay que ir..." y lo que sigue. Pese al grado alto de popularidad de que goza entre sus primos, colegas y demás mediáticos y judiciales favorecidos no me puedo acomodar los anteojos para leer una necrológica que se titule "Dejó de existir Mauricio". En fin, quede claro que lo mío es apenas un ejercicio de imaginación, un intento de reflexión inocente y no, como supone cierto lector o lectora cómplice, unas expresiones de deseo. Sigo.
Si digo Evo, si digo Pepe en Uruguay, si digo Cristina o Néstor, si digo Che, si digo Rafael en Ecuador, si digo Diego, si digo Evita, si digo Comandante en Venezuela o Nicolás, si digo General en nuestro país, si digo Lula o Dilma, si digo Chicho en Chile ¿hace falta que diga algo más?.
Eso, ese síntoma, marca las diferencias. Hay colegas que parecen ponerse guantes para escribir o decir Fidel Castro. Y se les nota. Cómo se les nota.
En el caso de Fidel, su universalidad se multiplica desde el viernes 25 de noviembre de 2016. Para algunos, para los poderosos en dinero y propiedades se hará insoportable, como dice la cita inicial, su figura enraizada en los corazones populares.
Nosotros seguimos andando "y en nosotros nuestros muertos pa'que nadie quede atrás", como nos enseñó Don Ata. Otro que no necesita agregados.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Encontraron su calle

"Es el grado máximo de algo" dice el diccionario, pero no es de eso que quiero contarte. Alguna vez Alfredo fue un niño y no es muy loco suponer que sus compañeros de escuela o los vecinos con los que jugaba a las figuritas o a la pelota lo sometían a burlas y cargadas. Esas actitudes crueles de que somos capaces a esa edad. Es que Alfredo soportaba estoicamente, imagino, llevar ese apellido: Colmo.
No supe de su existencia hasta hace unos días. Porque es bueno que sepas que no estoy inventando un personaje producto de mi imaginación. Alfredo Colmo existió.
El tío Google y la tía Wikipedia (ese matrimonio moderno y virtual siempre dispuesto a darnos una mano) dicen que nació en 1868 y vivió hasta 1934. Fue un jurista especializado en Derecho Civil y profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. No mucho más. Pero resulta que una calle de esa ciudad lleva su nombre. Hasta aquí nada especial.
Colmo es un apellido de origen italiano. Inclusive hay un lugar que así se llama en Bérgamo, bellísimo. Tano, dije, como Pichetto, Macri, Illia o Massa, Zannini y Parrili.
Al gobierno que supimos conseguir hace ya un año, un fucking año, se le ocurrió lanzar la idea de crear, construir o edificar una cárcel para inmigrantes que delincan. Algo así como una Ley de Residencia, versión remixada. Otra iniciativa, una más, que bien podría ser incluida en la categoría de Colmo. ¿Y dónde se te ocurre que proyecta hacerla? Sí, adivinaste, en la calle Alfredo Colmo. O sea, los ancestros de los nombrados, por ejemplo, podrían haber ido a dar con sus huesos a esa prisión de haber vivido bajo un gobierno así, tan perverso, tan Durán Barba. Esta ucronía mía no te debe distraer, por favor. Lo que quiero decir es que tanto cinismo creativo parece no tener techo.
Mirá, en esos mismos días se conoció la designación de un nuevo Director de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos del Servicio Penitenciario Bonaerense. Quizás el nombre te suene, te haga ruido. El tipo se llama Guillermo von Wernich. Sí, es pariente, el sobrino, del capellán de la Policía de Camps y que está condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos por él y su banda durante la dictadura cívico militar. La gobernadora Vidal, tan Heidi cachavacha, parece ser una buena alumna del monje publicitario ecuatoriano.
Los argentinos tenemos una bien ganada fama de creativos. Desde el dulce de leche y el revuelto gramajo hasta las huellas dactilares y la birome pasando por Maradona y Messi, en ese orden, hemos brindado al mundo nuestro bagaje en ese sentido.
Ahora agregamos un aporte más en el ámbito del lenguaje. Provocación y colmo pasan a ser sinónimos desde diciembre de 2015. Aunque la Real Academia demore varios siglos en admitirlo.
Mientras tanto, los farsantes que nos gobiernan por mandato de las urnas no encuentran el camino del desarrollo equitativo. Pero ya encontraron su calle.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Eso

      "El viejo mundo está muriendo y el nuevo aún lucha por nacer: ha llegado la hora de los monstruos" Antonio Gramsci


La novela se publicó en 1986. "It", del bueno de Stephen King fue llevada al cine en 1990 bajo la dirección de Tommy Lee Wallace y se convirtió en un clásico del género terror. El tío Google me cuenta que para 2017 se anuncia una nueva versión, esta vez dirigida por Andy Muschietti. Los yanquis son así, tanto en el espectáculo y el cine como en la política. La simbiosis entre industria cultural y manipulación política no es una novedad. Hay bibliotecas que lo confirman.
It quiere decir "Eso" en inglés. Entonces, podemos conjeturar que un Eso ganó las elecciones en Estados Unidos. En realidad, no ganó, pero ganó. Cosas del supuesto paradigma de la mayor democracia occidental. El carácter monstruoso de su personalidad parece que está fuera de discusión.
He leído, visto y escuchado explicaciones varias. No es para menos. El Eso yanqui tiene desde ahora un peso específico digno de tener en cuenta por el resto de los mortales. Es sintomático quizá que el subtítulo de aquel film de los noventas sea "El payaso asesino". Otra vez el arte como herramienta anticipatoria de la realidad por venir.
Desde el temprano artículo de Michael Moore, el muy inteligente razonamiento de Rafael Correa, los textos de Atilio Borón e Ignacio Ramonet y el flamante retorno del mejor Horacio González (felizmente superado su problema de salud para regocijo del pensamiento latinoamericano y la alegría de nosotros, sus amigos), cada uno con su estilo tratan de explicarnos el fenómeno. Pero explicar no es justificar, saludar o aplaudir el advenimiento de personajes dantescos que, con suficiente poder, son capaces de terminar con la vida tal como la conocemos.
Digo, porque también he visto, leído y escuchado alabanzas al Eso rubio yanqui porque le hizo pito catalán a los medios, a los encuestadores y a la madre que los parió. ¿Era mejor la señora Hillary?  La pregunta, contrafáctica a esta altura del vermú, encierra una trampa.
La mina es parte del aparato timbero internacional, tuvo participación activa en varias masacres perpetradas por el complejo militar e industrial de su país. Pero es prolijita, se peina lindo y perdonó a Bill aquella pornográfica lección de fellatio con la pasante Lewinsky.
Si trabajadores, inmigrantes y mujeres humilladas por Sucundún Sucundún Trump votaron a Eso allá ellos, pero yo no puedo sumarme al festejo del Ku Klux Klan ni al acomodamiento farandulesco de nuestro propio Eso.
No me jodan, Trump no es un personaje antisistema. Es, si quieren, un modelo casi caricaturesco de un sistema que hace aguas, pútridas y malolientes, pero uno más en un surtido que incluye a Peña Nieto en el México "lindo y querido", Rajoy en la España envejecida, Temer en el Brasil de Chico y Ellis arrasado por los crápulas y, para escarnio de nuestra dignidad como sociedad, este zángano mafioso e ignorante que compró buena parte de compatriotas enfermos de odio y ceguera cultural.
Donaldo se nota más porque  se trata de uno de los jefes del mundo y es capaz de hacernos papilla con solo apretar el botón equivocado, pero a no confundirse por sus alabanzas al líder de Corea del Norte, o a su desprecio al Tratado Transpacífico o matoneos así. Son estrategias de un grupo mafioso de los tantos que ocupan los resortes estatales en tantos países.
Como bien lo explica el marxista italiano, un muestrario patético de monstruos. Una colección de Esos depredadores.

martes, 8 de noviembre de 2016

La teoría del kiosco

                                                                               A Sergio Bonelli

Tienen algo en común. Se declaran antimacristas. Es más, en un caso me consta que no votó por el "catador profesional de garrapiñadas". En los otros no sé, no me juego.
Tuve un kiosco y lo cuidamos como un refugio. Había en él más música, camaradería y jolgorio que comercio. Así me fue. Pero eso es historia, experiencia vital enriquecedora y experiencia mercantil empobrecedora. Sin embargo, de a ratos recuerdo esa etapa de nuestras vidas con cariño, con una sonrisa. Estaba, y está todavía, en zona céntrica, rodeado de oficinas, departamentos, hoteles, bancos e iglesias. Cuando la crisis económica y social, una de las tantas, arrasó con todo el kiosco se derrumbó. No el local, pero sí el negocio. Siempre tuve claro que era el kiosco y sus circunstancias, parafraseando a Ortega y Gasset.
El Senado provincial avaló la designación de José Valerio, abogado y juez propuesto por el gobernador Alfredo Cornejo, para ocupar un cargo vacante en la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
Valerio es misógino y homofóbico. Varios de sus fallos así lo demuestran. Un botón:: Alejo Hunau, entrañable amigo, fue asesinado por un hombre que lo mató y lo robó. Valerio exculpó al asesino con el argumento de que la víctima tenía "una conducta sexual desviada". Sólo la firmeza de Silvia Ontivero, la mamá de Alejo y una mujer ejemplar, más el compromiso de Alfredo Mellado, su patrocinante legal, lograron revertir el exabrupto de quien hoy asciende al más alto tribunal con el sólido respaldo de hombres y ¡mujeres! del oficialismo y, oh sorpresa, de algún sector del peronismo vernáculo. El peornismo, como le llama Verbitsky.
Las personas que menciono al comienzo son funcionarios del actual gobierno. Colaboran con el régimen. Sí, aunque suene fuerte.
Alguno en el ámbito cultural, otra en el equipo de gestión educativa. Y, el colmo, hay quien fue víctima de torturas, secuestro y otros vejámenes durante la dictadura y es hoy la responsable provincial en el área de ¡derechos humanos! Pero hay más. Es una mujer que se dice progresista la responsable del área de género.
El gobierno para el que brindan su esfuerzo, su sabiduría y su experiencia nombra al tope del aparato judicial a un juez cínico, discriminador y mediocre moral, pero ellos argumentan que trabajan para la gente. Parecen llevar sobre su cabeza el "Cono del Silencio" que usaba Maxwell Smart en el "Superagente 86".
La única manera de entenderlos, pero no justificarlos, es aplicarles la teoría del kiosco. Ese que se les va a derrumbar cuando esa misma gente para la que dicen trabajar ya no pueda comprar libros, ni ir a la escuela a aprender sino a comer y las mujeres no encuentren reparo ante un nuevo femicidio o maltrato porque están desprotegidas por una pestilente lacra judicial.
Ya será tarde. Habrán dilapidado el único valor que nos permite a los humanos mirar a los ojos a los humillados, la dignidad.

jueves, 20 de octubre de 2016

Nada

Silvina Anfuso es la responsable del área de género del gobierno de Mendoza (perdón, tengo una muy saludable dificultad para retener los nombres burocráticos de las oficinas estatales y empresariales). Para explicar por qué no se sumaba a la Marcha contra la violencia que sufren las mujeres en esta sociedad masculinizada argumentó que la protesta estaba muy politizada.
Debería saber, digo, debería tener aprendido aquel principio que las feministas han universalizado ya: "Lo personal es político", que postuló Carol Hanisch y pasó a ser emblema de todas y casi todos.
El país y, por onda expansiva, otros lugares del mundo vieron desfilar, nos vieron marchar, con pancartas, cantos, llantos y dolores compartidos.
Mientras tanto, Anfuso y seis o siete mujeres burocráticas se juntaron a tomar el té con Su Excedencia el señor gobernador, Alfredo Cornejo.
No sé si Cangrejo lleva su Diario personal, como hacían ciertas figuras públicas antaño. Por ejemplo, Luis XVI, el decapitado monarca francés, cuya tumba vi en la Basílica de Saint Denis, donde descansa, ya sin su testa, junto a María Antonieta.
En la entrada de su Diario correspondiente al día 14 de julio de 1789 se lee: "Rien" (Nada).

martes, 11 de octubre de 2016

Eso no se hace

Un par de amigos dictaba un taller literario en un café del centro mendocino. Carlos Levy, un grandioso poeta urbano, y Emilio Fernández Cordón, el Emilio, tremendo cuentísta que tuvo la pésima idea de irse de este mundo antes de tiempo.
La juntada bohemia se llamaba "El adjetivo asesino". Juguetones los tipos. Es que el término adjetivo es sustantivo y asesino es un adjetivo que no siempre mata. "Cosas así siempre tan tristes", decía el cronopio.
Escribo estos delirios a raíz del discurso que Mempo Giardinelli pronunció en su nombre y en el de nosotros, sus compañeros del Manifiesto Argentino, en el estadio cerrado del club Atlanta para conmemorar los primeros cien años de democracia representativa en el país. En realidad, la excusa fue homenajear a Hipólito Yrigoyen. El gran chaqueño universal hizo un extraordinario uso y abuso de los calificativos. Flechas luminosas contra el blanco, rayos de dignidad dirigidos al corazón y el hígado de esta caterva de malandrines que se subieron al gobierno en diciembre pasado por obra y desgracia de las urnas infectadas.
Por eso, porque Mempo me abrió la puerta para ir a jugar, voy a hacer lo que no se hace. Agregaré un surtido de mi propia cosecha, de mi mejor ira, de lo que me brota desde las vísceras. El autor de "La revolución en bicicleta", "Luna caliente" y "Visitas después de hora", entre algunos de sus novelas emblemáticas, les dijo estafadores, mentirosos, autoritarios y otros piropos catárticos. Sumo y sigo.
Cínicos, hipócritas, xenófobos, discriminadores, soberbios, inútiles, impúdicos, rapaces, caraduras, corsarios, ladinos, taimados, fanáticos, basuras, violentos, patéticos, odiosos, obtusos, avaros, ignorantes, estúpidos, temibles, siniestros, infectocontagiosos, horribles, caretas, falsos, truchos, mojigatos, revanchistas, inhumanos, corruptos, nauseabundos, asquerosos, antipopulares, homofóbicos, delincuentes, mediocres, malparidos, represores. En fin, macris.
Dedico esta descarga ética ("Diatriba por la patria", un Giardinelli que alguna vez le regalé a Volodia Teitelboim, es otro de sus títulos imprescindibles) a todos y cada uno de los funcionarios nacionales, provinciales y municipales, a los legisladores de cualquier jurisdicción, a jueces, fiscales y otros animales de esa fauna y aún a quienes colaboran con el régimen so pretexto de ganarse la vida sin contaminarse, dicen, de la pus neoliberal. Ellos creen que son una isla, un coto blindado al que no le llega la mierda explotadora. Son los judenrath del siglo XXI. Cada nuevo pobre, cada pibe perseguido, cada mujer maltratada, cada plato de comida vacío, cada escuela convertida en merendero, cada andamio mudo, cada comercio cerrado es una cachetada explícita a los militantes del yonofui.
Claro, ya sé, esto no se hace. Por eso lo hago.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Significados

                                       "Que no es lo mismo, pero es igual"
                                                                              Silvio Rodríguez

Trataré de ser breve. Hay otras urgencias. Por ejemplo, el machismo, la cosificación de las mujeres y la defensa irrestricta de la propiedad privada las están matando a mansalva. Ahí voy.
Cuando la escuela primaria me recibió, a los seis años de edad, mi madre y mi hermana se esmeraban en proteger cuadernos, libros y carpetas con esos papeles verdes o azules, con dibujos y guardas que semejaban arañitas. A mí nunca me gustó tapar los libros. El colorido de sus tapas y lomos eran, y son, un regalo para mis ojos. Los veo como un arco iris, reflejo de lo múltiple y lo diverso que encierra su interior. Pero los cuadernos y carpetas sólo tienen la marca comercial al aire y eso siempre me importó un bledo.
Cuando entré en la pubertad y la adolescencia, es decir, cuando perdí la inocencia y gané el placer de sentir placer por el roce de los cuerpos, por las caricias cómplices, la búsqueda gozosa de las humedades sexuales compartidas aprendí, me enseñaron, a cuidarme de contagios peligrosos. Llegó la época del sida, pero también el riesgo de un embarazo no querido y la responsabilidad irresponsable de traer un bebé a este mundo sin estar preparados, ella y yo, para esa maravilla. Entonces había que aprender a utilizar ese látex, ese capuchón que nos preservaba de esos riesgos y nos permitía disfrutar de los cuerpos. Terminada la fiesta había que retirar el globito impregnado de esa "gelatina de sexo pegajoso", como escribió Armando Tejada Gómez.
Hace unos días el presidente argentino que supimos conseguir viajó en transporte público de pasajeros como uno más. Sonriendo (él con la dentadura blanca y completa, ellas y ellos no), tomado del pasamanos y en pleno diálogo con sus compañeros de viaje. Eso pareció. La cuestión es que todo fue mentira. Ni los pasajeros eran pasajeros, incluido él, ni el viaje era un viaje. Montaron la escena para difusión. Un acting, le dicen los chetos. En agosto pasado sucedió algo similar durante su visita, la visita de él como dicen los mexicanos, a Mendoza. Pidió permiso para ir al baño en una casa de Luján de Cuyo. También mintió. Los dueños de casa confesaron que sabían desde el día anterior que la vejiga presidencial iba a protagonizar esa performance. Estrategias de comunicación.
El senador bonaerense del PRO, Juan Pablo Allan, dijo ante la evidencia que era "nueva forma de comunicar". Lo dijo en televisión sin que se le mueva ni un pelo ni un músculo. También eso es falaz. Durán Barba, el estratega del asunto, es un buen alumno de un tal Goebbels. Nada nuevo.
De usted, lectora de mis amores, depende encadenar los relatos etarios del concepto que nos ocupa. Una misma palabra, pero significados distintos. La riqueza de nuestro idioma lo permite.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Desnaturalizar es la tarea

Se llama Miguel Ponce y dice ser radical. Radical, el término, viene de raíz, pero en este caso se refiere al partido político que tiene su origen en Leandro Nicéforo Alem y su secuencia histórica en Hipólito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear, Arturo Illia, Ricardo Balbín, Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y en esta absurda muestra de vasallaje neoliberal que tiene en su muestrario destacado a Ernesto Sanz y Luis Brandoni con sus "tres empanadas".
Ponce se reivindica como militante de los '70. Hace gala de haber pertenecido a la generación de los soñadores por un mundo más justo, los revolucionarios, los "hombres nuevos". Es casi un panelista de las tardes domingueras de C5N. A veces parece un hombre sensato, equilibrado. Suele criticar al gobierno nacional por no acceder a las propuestas "sociales" de su Partido. Algo así como esas amantes clandestinas que le reprochan a su macho alfa que no le pongan el departamento prometido. Despecho, que le dicen.
Cuando se refiere a los gobiernos de Néstor y Cristina Miguel se transforma. Parece brotarle espuma por la comisura de los labios y uno tiene la impresión de que se le va a romper la camisa, le van a empezar a crecer pelos en la espalda y las manos, los ojos se le van a salir de las órbitas y la piel se le pintará de verde hasta remedar la imagen del Increíble Hulk. en versión porteña. Toda la mesura, racionalidad y equilibrio se le van al carajo. El hombre, ya transformado en un personaje de Lovecraft, colapsa. Su Yo, su Ello y su Superyó se retuercen en una danza diabólica que hace las delicias de Freud, que fuma su pipa con sonrisa socarrona desde su tumba - diván.
Doy un ejemplo reciente.
Se debatía el tema de la seguridad cotidiana. Alguien dijo que hay una relación directa, pero no única, entre la desigualdad creciente y los casos, también crecientes, de inseguridad. Don Miguel aprovechó la volada para volcar todo su odio simiesco hacia el gobierno anterior. Que se habían robado todo (¿le suena?), un PBI y medio, dijo. Y remató con el sonsonete de que los 12 años anteriores habían sido de los gobiernos más corruptos de la historia argentina. El conductor del programa, Nicolás Magaldi, que a veces hasta parece un periodista, le preguntó de inmediato si el gobierno actual era o no corrupto. Ponce, rápido de reflejos, respondió que habrá que investigarlo. Como al anterior, a los dos, dijo.
O sea, un segundo antes afirmó, muy suelto de bigotes, que era el más corrupto, pero que había que investigarlo.
Nadie le hizo notar la contradicción. Síntoma elocuente de que se ha incorporado al inconsciente colectivo la versión Bonadio del pasado reciente. Total, ya está naturalizado el chisme del robo del PBI, a imagen y semejanza de los bolsos de guita sobrevolando a las monjitas del convento.
Todo se naturaliza así, sin anestesia. Que las tarifas de los servicios públicos había que actualizarlas y eliminar los subsidios. ¿Por qué? Porque las empresas concesionarias no tenían rentabilidad. Que Macri y los suyos no necesitan robar porque eran ricos desde antes de llegar al gobierno. Aunque también se naturaliza no preguntar cómo se hicieron ricos. Que la vicepresidenta Michetti es honesta porque vive en silla de ruedas. Como si la historia de la humanidad no desbordara de ejemplos de discapacitados corruptos. Papas, monarcas, empresarios y dirigentes políticos, por ejemplo. Que matar a quien te roba es natural, como síntoma inhumano de la preeminencia de la defensa de la propiedad privada por sobre la vida. La naturalización de la venganza que ignora que nadie nace chorro, así como ninguna mujer nace puta.
Una flamante publicidad del Banco Hipotecario promueve las ventajas de depositar nuestros dineros bajo la modalidad de plazo fijo. En una anécdota proselitista a tal fin se ve a una señora retirar su plata de debajo de la cama mientras la voz en off la asusta respecto de los peligros de robos y esas travesuras capitalistas. O sea, promueve un afano para evitar otro. Si la vista no me engaña la actriz en cuestión se parece bastante a Michetti, pero no se observan ni la silla de ruedas ni al generoso novio empresario protagonizando la escena. En fin, coincidencias tal vez. Ya se sabe, el mundo del marketing tiene estas preciosuras.
Desnaturalizar tantas mentiras nos llevará la vida, supongo. Para cuando mis nietos desenmascaren las bravuconadas de los Ponce de entonces no habrá sillas de ruedas que amparen a ningún Ministro de Trabajo que ponga a disposición de los empresarios lo que fue creado para defensa de los trabajadores, ponele. Espero.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Han vuelto a matar

                                                                                    A Raúl Fitipaldi



A las 13,35 de hoy, miércoles 31 de agosto de 2016
han vuelto a matar.
Sesenta y un crápulas, rencorosos y corruptos
han vuelto a matar.
A Luiz Carlos Prestes y su Columna libertaria
a Jorge Amado y los subterráneos de la libertad.
a Gabriela, a Doña Flor y sus dos maridos,
a Francisco Juliao, el maestro rural.
A Paulo Freire, abrazado a sus discípulos.
A Guimaraes Rosa y a su sertón.
A Portinari, el cándido de las telas rojas.
A Drummond de Andrade y a su rosa del pueblo.
Han vuelto a matar Antonio Carlos Jobim.
Han matado también al obrero  albañil de Chico Buarque,
han destrozado el andamio de su poesía.
Hoy, a esa hora, murió otra vez Elis Regina.
Mataron a Monteiro Lobato nuevamente
en su rancho del pájaro amarillo.
Mataron a Vinicius, enamorando a la garota en las arenas
de Ipanema..
Han oisoteado a Oscar Niemeyer, el arquitecto comunista
y u utopía urbanística.
Han asesinado en vida a Nélida Piñón
y a su corazón andariego.
José Mauro de Vasconcelos volvió a morir
al pie de su planta de naranja lima.
Gilberto Gil llora su propia muerte.
Caetano muere su propio llanto y
María Bethania acaricia un pentagrama mutilado.
Naná Vasconcelos los espera para soñar juntos
que esta pesadilla pasará.
Y que Joao Ribeiro vuelvá a escribir
Viva o povo brasileiro.

viernes, 26 de agosto de 2016

Que se sepa

                                                           "Creer o reventar. Pues entonces reventar"
                                                                                                          Isidoro Blaisten

No hubiese querido escribir este textículo, pero debo hacerlo.
Como algunos y algunas saben presenté mi nuevo libro ("Escritos de pie", Bruma, 2016). Alrededor de seiscientas personas rebalsaron el salón en la tarde del sábado 13 de agosto pasado. Claro, también presentaba el suyo el enorme periodista Víctor Hugo Morales. Su cátedra profesional y ética en tiempos de "Mentir a diario" (Colihue, 2016), como se titula la obra, explican el fervor y los abrazos de esa jornada. Hubo música, intercambio de inteligencias con el público y, sobre todo, esa mezcla necesaria de respeto y esperanzas.
Lo digo para poder intentar explicar el papelón que sigue.
Entre el 9 y el 25 de setiembre se va a desarrollar una nueva edición de la Feria del Libro de Mendoza. En esta oportunidad dedicada, con justicia, a Rodolfo Braceli, ese mendocino imprescindible y ya universal.
El coordinador del asunto es Alejandro "Canito" Frías, responsable del Área Letras de la Secretaría de Cultura provincial, llama por teléfono a los editores de mi libro, Carolina Suárez y Jorge Córdoba, para que les envíen la lista de autores y obras que proponen para asignarles una fecha en el programa de actividades. Son, somos, siete.
Cuando los brumarios se reúnen con Frías para tomar nota del asunto sólo reciben seis fechas. ¿Adivinen cuál falta? Corrrrecto, graznaría Susana Giménez. Mi nombre está prohibido, censurado, en un claro ejercicio de lo que, con el cinismo made in Lombardi de moda, se llama la presencia de "todas las voces".
Ante el estupor de Carolina y Jorge, el Coordinador Frías argumenta cierto temor de que se arme "quilombo" que pondría en riesgo su puesto de trabajo. Y, además, que pido la renuncia del equipo de Cultura todos los días.
Ambas acusaciones son falaces. La primera, porque no hubo ningún quilombo el 13 de agosto, al contrario. Que en la presentación de un libro se cante "Vamos a volver", ponele, no es quilombo ni amenaza. Augurio, tal vez. Y la segunda, porque no soy tan poderoso ni tan soberbio como para solicitar tamaña decisión. En realidad, me duele ver a gente que quiere colaborar con la gestión de un gobierno local inmoral, discriminatorio y censor, pero cada uno sabe dónde le aprieta el zapato o cómo se le ven las enaguas, como decía mi vieja. Allá ellos y ellas.
Están anunciadas las presencias de varios de mis amigos, cosecha de más de treinta años de lecturas y difusión literaria. Vienen Vicente Battista, Juan Sasturain, el mismo Braceli y Miguel Repiso, Rep. También viene Ricardo Bochini, ya de pantalones largos y bien empilchado, supongo. Y, para la náusea sartreana de quien les escribe, el nazisionista escritor cordobés y radical  Marcos Aguinis.
Creo conocer (o creía) a Canito y quiero creer que el julepe al quilombo y a perder su laburo viene de la mano de su jefe, Diego Gareca, Secretario de Cultura de la provincia. Gareca hizo su carrera política en el municipio de Godoy Cruz. Mientras el supuesto gobierno nacional y popular peornista (Verbitsky dixit) deambulaba en el limbo cultural Gareca traía a Godoy Cruz a Juan Gelman, Daniel Viglietti, Liliana Herrero y Teresa Parodi, por ejemplo, y se vestía de guerrillero cubano. Puro espejismo. Hoy aprieta a los actores y bailarines de la Fiesta de la Vendimia, censura a Ernesto Espeche, académico y periodista marxista y, finalmente, se desenmascara cada día un poco más.
En síntesis, Frías es Gareca. Gareca es Cornejo y Cornejo es Macri. Hasta el año pasado el portavoz de la censura me agradecía de manera pública mis aportes a la literatura mendocina y, es más, ya adquirió el ejemplar del libro que le mandaron a censurar. Una pena, un dolor y una nueva desilusión.
Y Macri no quiere quilombo. Pero lo tendrá, tarde o temprano.

lunes, 1 de agosto de 2016

El precio de la angustia

                                                    A Ernesto Espeche


La pieza estaba casi en penumbras. No sé por qué. Era en ese horario en que ya empieza a anochecer, pero aún no encendemos las luces. La charla hacía juego con el ambiente. Lenta, profunda, gris y atrapante. Como la penumbra casi siempre.
Alejandro sostenía el grabador mientras él y yo conversábamos. Él era, es, Christian Ferrer, filósofo y escritor (Me permito recomendarles la lectura de "La amargura metódica", Sudamericana, 2014, una potente biografía de Ezequiel Martínez Estrada con un título que lo pinta más al autor que al biografiado, me parece.). Alejandro era, es, Alejandro Crimi, amigazo, editor y compinche de pensares y sentires libertarios. Yo era, soy, yo.
Ferrer había llegado a Mendoza para participar de un ciclo de charlas que Alejandro organizaba. Una de sus tantas travesuras culturales. Cómo olvidar que, además, bebimos también de la sabiduría luminosa de León Rozitchner. Pero eso es para otro momento.
Atravesábamos el calvario de la segunda mitad del menemato (el copyright del término le pertenece a Mempo Giardinelli) y no sé, no recuerdo cómo, llegamos al tema de la angustia. Aunque puedo imaginarlo. Le pregunté al filósofo por ese verso de Silvio Rodríguez que dice que "La angustia es el precio de ser uno mismo". Me miró, creo que me miró (ya estaba muy oscuro. Él, la tarde y el mundo), pensó un segundo que me pareció interminable y dijo: "No me gusta Silvio Rodríguez y creo que la angustia es el precio de no ser uno mismo". Fin del recuerdo.
De ése, porque él me llevó a mi recuerdo de la la lectura de "Historia del cerco de Lisboa" (Alfaguara, 1989), la novela en la que Saramago hace que el "no" como concepto disruptivo y revolucionario sea el gran protagonista dialéctico de la historia (la del libro y la de la humanidad toda), más allá de las figuras humanas que lo padecen y, después, lo aprovechan.
Doy todas estas vueltas para llegar a Macri. Y pido disculpas por mezclar a un filósofo de la envergadura de Ferrer y un humanista y escritor de la talla de Saramago con el estafador político de moda.
En su discurso en Tucumán el 9 de julio pasado el coso hizo mención a la angustia. Mientras le rendía pleitesía amorosa a Juan Carlos de Borbón, el emérito monarca español, especialista en matar elefantes, le atribuyó a los patriotas de 1816 ese "estado de intranquilidad o inquietud muy intensa causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro" (Copio textual, como se ve, la definición de la Real Academia, la gendarmería del lenguaje castellano). Desagradable y desgracia  Así habría sido aquella militancia (no se lo cuenten a Prat Gay), desagradable y desgraciado independizarse de España.
Pocos días después Cristina (¿cómo cuál Cristina, hay otra?) interpretó que Mauricio (¿cómo cuál Mauricio, hay otro?) hacía catarsis. Nacido y criado en cuna de oro y hogar de nuevos ricos (usted ya sabe, francamente, cómo se hicieron ricos los Macri. No abundaré en detalles siniestros), pensó la Morocha, se había encontrado, a partir del 10 de diciembre pasado, ante la inquietud desagradable de tener que trabajar. Y, para colmo, de cara a la gente, como gustan llamar los de su clase al pueblo. En síntesis, según la Presidenta Mandato Cumplido, era su propia angustia de él (según me decía don Crescencio Granados Silva, mi cuate, en Xochimilco) la que relataba esa mañana.
No sé si la interpretación es o no "psicologista" como ella misma se atajó, pero sí sé que son los más humildes los que saben del precio de las angustias a las que se ven sometidos por los desaguisados perversos del neoliberalismo plus con que la globalización timbera practica en nuestros países.
En fin, que como me enseñó Ferrer aquel atardecer inolvidable en Radio Nihuil, la angustia de Mauricio parece ser la de un tipo que no es él mismo sino la representación titiritesca de una clase social parasitaria, cavernícola e insaciable.

jueves, 30 de junio de 2016

Por qué me voy

                    "Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia"
                                                                         Aldous Huxley

Fui protagonista de un equipo que vino a poner de pie a Radio Nacional Mendoza  Desde febrero de 2011 me sumé a la apertura de los micrófonos que se llenaron de contenidos inclusivos. Bajo la dirección de mi querido amigo y camarada Ernesto Espeche ocuparon su lugar, el que por derecho les pertenece, los y las artistas, las y los trabajadores de las organizaciones sociales, los de la diversidad de género, los investigadores científicos, historiadores, deportistas. En fin, todos los que presentaron alguna iniciativa enriquecedora.
Fui partícipe enamorado de un Proyecto Nacional que impulsamos también desde acá en el ámbito comunicacional. Hice periodismo comprometido con las mayorías populares, postergadas durante años, el mismo que hago desde siempre.
La llegada de Gabriela Figueroa como nueva directora nos planteó desafíos. Con un estilo que mezcla las actitudes de su padrino político, Ernesto Sanz, y las de su jefe nacional, Hernán Lombardi, pasó del elogio y reconocimiento de nuestra trayectoria a la prepotencia y los insultos a los trabajadores de la radio (hay pruebas testimoniales y documentales a disposición). Las mentiras respecto de la situación edilicia de la emisora y las responsabilidades atribuidas a Ernesto son el caballito de batalla que se usan para ocultar el autoritarismo y la absoluta falta de criterio profesional, como no sea el de confundir un Manual de Estilo con censura solapada.
Cuando Roberto Arlt hablaba de "prepotencia de trabajo" alguien parece haber leído "trabajo prepotente". Programas con más de 20 años de trayectoria en el aire, como "El Candil" y "La Libroteca"y profesionales de la comunicación con nivel académico sufrimos el maltrato, el destrato y el ninguneo bajo la careta hipócrita del "Ceder la palabra" o la "pluralidad de voces". Y, lo que es más grave y ofensivo, la sospecha acerca de la conducta moral sobre uno de nosotros, sospecha que nos salpica a todos los que transitamos estos años de trabajo al servicio de un periodismo inclusivo, amplio, decente y democrático. No pongo las manos en el fuego por la transparencia ética de Ernesto. Pongo todo el cuerpo.
Un país gobernado por una "famiglia" de burócratas del hambre bajo la fachada de "pobreza cero" necesita, es obvio, de burócratas de la infamia bajo la fachada de "todas las voces".
Voy a resignar ingresos económicos, pero jamás dignidad y convicciones. Somos hijos y nietos de nuestras Madres y Abuelas, somos hermanos de los organismos de derechos humanos, parafraseando a Néstor. Y eso no tiene precio.
Se nos ha acusado en declaraciones periodísticas no desmentidas, de haber causado daño a la radio por nuestra actitud militante. Lo que para Figueroa es una acusación para mí es un orgullo, un emblema que llevo impregnado en mi ADN ideológico. Además, el reproche es también militante, pero del lado Lombardi, Macri, Magnetto y buitre de la vida. La grieta, que le dicen.
Los oyentes que supe conseguir así me lo han hecho saber. Y con eso me alcanza.
Dejo a queridos compañeros en la emisora. Ellos sabrán defender la honra de cada uno de nosotros y la suya propia. Los otros, los de una nueva decepción, tendrán su conciencia en paz o no, allá ellos.
No quiero ni puedo formar parte de un organismo que tiene directivos que espían nuestros perfiles en las redes sociales (también hay pruebas de confesión) o que lamentan que Juan Cabandié haya quedado vivo. Me repugna.
Nacional Mendoza ya no es mi casa. Tengo mucho por hacer, por construir y reconstruir, estoy lleno de proyectos y, sobre todo, lleno de amor por los humildes de la patria, por los humillados de cualquier índole.
He pasado momentos maravillosos en estos años y ese combustible me impulsa.
Gracias por el aguante y la comprensión. No abandono, busco nuevos territorios culturales. Allí nos encontraremos.

sábado, 25 de junio de 2016

López y Planes

Horrible. La situación es horrible. La venganza es feroz. Viene cabalgando en el tríptico que montaron hace tiempo.
Los planes y sus planos, desde el amanecer turbio de cada jornada, pasando por cada timbrazo en el hogar que presagia un nuevo pibe que pide comida o la madre con su bebé en brazos arropado contra el invierno impiadoso. O las facturas de los servicios públicos que parecen confeccionadas por los servicios de inteligencia. O las convocatorias a reuniones en el trabajo para soportar directivas de tiranuelas y tiranuelos ineficaces, semibrutos y soberbios. Las citas de Borges que no son de Borges como una exhibición obscena de presumidos culturales.
Los planes para pagar las pasantías de gestores privados en la gestión estatal mientras dicen asistir a un curso acelerado de despilfarro público y engorde de sus tripas bancarias.
Los planes para callarnos, pero con la consigna cínica de que abren el juego. Y juegan a ser Blancanieves y esclavizan a sus trabajadores enanizándolos.
Los planes para hacer empanadas todos juntos y que se las coman ellos, los farsantes del repulgue.
Los planes de las fechas patrias sin el pueblo de la patria para que no moleste al príncipe de las tinieblas del ombligo de la patria.
Cada plan para dinamitarnos el orgullo "de haber sido" y el dolor de ya no ser.
El plan de pedir perdón a quienes rapiñaron el suelo, el subsuelo y el aire.
Esos planes con que sueñan despiertos, esos que ponen a cuidar las joyas de la abuela a los ladrones de joyas.
Así me hablaba Blas sentado a la pianola mientras el pentagrama le devolvía las estrofas que invitaban a los mortales a oír el grito sagrado.
Dos kilómetros más allá López revoleaba bolsos infectados, malolientes.
Así no hay himno que aguante, me dijo Blas.

lunes, 30 de mayo de 2016

Lo normal

                           "Hacer escudo a los murmuradores que ninguna cosa perdonan"
                                              Miguel de Cervantes Saavedra


Quizás usted no se acuerde o es muy joven y nadie se lo contó. Hubo un tiempo en el que hasta se neologizó un verbo. Y todo porque el tipo recibía gente en su domicilio, que era algo así como la sede central de cuanta conspiración se preparaba. El general Rosendo Fraga, de él se trata, tuvo el triste honor de imponer en el lenguaje, primero periodístico y luego cotidiano (o al revés, vaya uno a saber), el término "fragote" y su derivación verbal "fragotear".
Lo padeció Arturo Frondizi a quien los milicos le entraban por todos lados hasta que lo mandaron de vacaciones forzadas a Martín García. Lo padeció también don Arturo Illia, distraído en atajar penales de las multinacionales de los medicamentos y los aprietes del Rockefeller de turno y su Chase Manhattan Bank, mientras el peronismo seguía proscripto y los medios agitaban palomas y tortugas sobre su imagen bucólica de médico cordobés de Cruz del Eje.
La cuestión es que la historia argentina siempre le dio su lugarcito a un Fraga. En el siglo XIX, Rosendo María que, además de militar fue estanciero, como corresponde a la estirpe de los terratenientes genocidas y ladrones. En el XX, el conspirador de marras que, de paso, enriqueció el lunfardo. Y en este que vamos transitando a caballo de la timba internacional y sus virreyes vernáculos, dos. Un Fraga dizque politólogo, opinólogo y con mentón prominente cuasi similar al de César Pueyrredón, el cantante muy banana. Y otro, Fraga por parte de la madre que lo parió, un simple Javier González que agregó el apellido ilustrísimo para darse prosapia y poder así cometer procacidades conceptuales y pragmáticas. De estas últimas es famoso el récord de ser un argentino que llevó a la bancarrota a una fábrica de dulce de leche. No cualquiera ornamenta su Curriculum Vitae con un logro así. De las conceptuales vivimos estos días.
"Le hicieron creer a un empleado medio con un salario medio que podía comprar un auto, un plasma, un celular, viajar y que eso era normal", declaró. Por supuesto, estamos esperando que diga que lo sacaron de contexto, latiguillo siempre a mano del hipócrita aludido. Así son, desde tiempos remotos, los dueños de la Argentina. Además de considerar normal la mal llamada Conquista del Desierto y la genuflexión ante el mandamás de turno y la violación de los cuerpos femeninos hasta matarlos y la renta por sobre la vida y la explotación y la servidumbre y el derecho de pernada y la plusvalía y el trabajo infantil y la evasión impositiva y la censura previa, concomitante y posterior y tantas obscenidades más, además ahora tienen el descaro de imponernos el canon de la normalidad.
Pero lo dramático, lo que provoca esa mezcla de indignación y perplejidad, es que nosotros naturalicemos ese canon como lo normal. Que nos resbale o que, en el mejor de los casos, nos insubordine la retórica y vamos a una tanda y volvemos con el siguiente tema.
La historia de las luchas populares nos cuenta que, por mucho menos, los adoquines y las piedras en manos callosas eran flores revolucionarias e incendiaban el cielo. Es que ya casi no se escucha cantar aquello de "que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda" como entonaban los derrotados milicianos españoles. Tal vez por eso.

martes, 3 de mayo de 2016

La lógica

"Si el consumidor considera que este nivel de precios es alto, deja de consumir". Quien expresó este pensamiento no es un monje budista ni un ermitaño desértico y barbudo ni un fakir ni un gurú zen. Se llama Juan José Aranguren, fue CEO de Shell Argentina durante más de treinta años y en la actualidad ostenta el cargo de Ministro de Energía y Minería de la nación. Como detalle de color, gris oscuro o amarillo, se puede agregar que sigue siendo accionista de la casa central de la empresa petrolera trasnacional sin ponerse colorado.
Los dichos con que se inicia este viaje periodístico literario fueron emitidos a propósito de la cuarta suba en el precio de los combustibles desde enero a la fecha. O sea, bajate del auto, caminá.
La lógica del ceoministro es perfecta. No hace falta recurrir a manuales de economía y finanzas, no es necesario buscar elementos de historia de las ideas políticas ni hacer encuestas o entrevistas. Basta con expandir sus conceptos para organizar nuestra vida futura. Veamos.
Si el precio de la leche es muy alto no alimente a sus niños.
Si el precio del agua es muy alto no tenga sed.
Si el precio del vino es muy alto no brinde.
Si el precio de los libros es muy alto no lea.
Si el precio de los pañuelos es muy alto no llore.
Si el precio de la almohada es muy alto no duerma.
Si el precio de la carne es muy alto coma verduras, pero si el precio del tomate y la lechuga es muy alto no se ensalade.
Si el precio de la manzana es muy alto no peque, pero si el precio de los profilácticos es muy alto no tenga sexo.
Si el precio de los medicamentos es muy alto no se enferme.
Si el precio de decir lo que piensa es muy alto no opine.
Si el precio del servicio fúnebre es muy alto no se muera.
Si el precio de las flores es muy alto no seduzca.
Si el precio de los bombones es muy alto no engorde.
Si el precio del aire es muy alto no respire.
Si el precio de un abrazo es muy alto no tenga amigas y amigos.
Si el precio de un cuaderno es muy alto no estudie.
Si el precio de un lápiz es muy alto no escriba.
Si el precio de vivir es muy alto no viva.
Pero si el precio de doblegarse es muy alto "empínese en la honra de la patria que amamos", como dijo Armando y sea ilógico.

jueves, 28 de abril de 2016

Telefantes

No es un chiste. Es un almacén, fiambrería, verdulería y kiosco. Se llama El Che y venden un pan casero rebanado que hace un excelente maridaje con el dulce de cerezas negras que trajimos de San Martín de los Andes. Reponemos stock una vez por semana para que el desayuno diario sea promisorio.
Lo del chiste o no chiste viene a cuento porque, te cuento, la dueña y su empleado son estereotipos. Señora que tiene un televisor en el negocio y que, por supuesto, está fijo en TN. Ella y el chico miran embobados, día a día, la novela judicial de bóvedas, túneles, bolsos, secretarias y amantes, testaferros y personajes de la noche. Todos y todas en una ruta que desemboca, de manera inexorable, en el sur argentino y en la letra del abecedario que está después de la jota y antes de la ele (no la nombro para evitar una posible citación a indagatoria en el juzgado federal de turno. Se entiende, creo).
El miércoles fuimos a por el pan, como dicen en Madrid. Contra toda lógica el local estaba desierto. Quiero decir, nosotros, ella y nadie más. El pibe, dijo la doña mirando la tele, fue a hacer unos trámites.
¿Y el resto de los clientes?, dijimos nosotros al unísono y a capella. Siempre teníamos que esperar un rato para ser atendidos, comentamos. ¿Vió?, le dice la teneadicta a mi compañera como si yo estuviera dibujado en el cajón de zanahorias. Es que la gente no tiene plata, comprueba con ese énfasis de vecina atribulada que aprendió de la Tota y la Porota. Sin solución de continuidad, mientras nos envolvía, cobraba y daba el vuelto del caserito, dice, señalando con el mentón hacia el televisor: "Siguen descubriéndole propiedades a Lázaro Báez". De los ojos le salía la frase qué barbaridad, no sé qué esperan para meterla presa (Nótese que dice meterla y presa en clarísimo cambio de género respecto de Lázaro quien, hasta donde sé no es homosexual ni travesti). Mi compañera, como quien no quiere la cosa, le cuenta que existe un país que se llama Panamá, que fue inventado para poder justificar el negocio de la construcción de un canal y, de paso cañazo, se transformó en un paraíso para guardar guita mal habida y producto de algunas ternuras patrióticas de los muy ricos que supimos conseguir.
Pero la doña sigue buscando contenedores con dinero, bóvedas con oro y alhajas, bolsas con monedas como las del tío Patilludo. O sea, sigue adicta a la tele.
En ese momento, ya resignados y con el pan bajo el brazo, nos empezamos a retirar. La puerta del local está bloqueada. Una manada de elefantes, sí como lo oye o lo lee, ocupa todo el espacio, la vereda, la acequia y la calle. Cada uno de los paquidermos lleva una o dos alforjas con la leyenda "Retenciones móviles", "Apertura de importaciones", "Tarifazo", "Despidos" "Off shore", "Bicicleta financiera", "Ceder la palabra", "Manual del cínico argentino" y cosas así, siempre tan tristes, diría el Cronopio.
La doña ni se enteró de la situación exótica. Y no se enteró porque no salió en TN que, mientras tanto, seguía buscando y buscando bajo la atenta mirada del fiscal Meryjohn.
No sé por qué el negocio se llama El Che. No me animo a preguntarle. Quiero creer que lo compró y ya venía con el nombre puesto. Hace mucho nos regalaron un cachorro de setter irlandés de nueve meses de edad que respondía al nombre de Cocker y no hubo caso de cambiarle el nombre. Quizás a la doña, que sigue mirando tele mientras escribo esto, le pasó lo mismo.

jueves, 21 de abril de 2016

Mi nuevo libro - Novedades


Inicio el camino hacia la publicación de mi nuevo libro. Para cumplir el sueño convoco a los cómplices de mis delirios periodísticos y literarios a adquirirlo en modalidad de preventa y al precio que figura en la imagen, apenas 150 mangos.
Ya tengo las manos solidarias de MEMPO GIARDINELLI en la Contratapa y EDUARDO ALIVERTI para el Prólogo.
Se pueden comunicar conmigo a través de juliorudman@gmail.com , en mi muro de facebook o a Bruma Ediciones brumaediciones76@gmail.com .
Espero parir ESCRITOS DE PIE a fines de julio de 2016, antes de que el neoliberalismo nos arrincone la vida.
Gracias anticipadas por el apoyo, el mismo que siento cada día en la radio y en cada abrazo.

martes, 12 de abril de 2016

No, cualquiera no

                                   Para "La Tecl@ Eñe"

Vamos a suponer que se llama Susana. Susana lleva varios años de trabajo. Se reúne con sus amigas cada quince días a tomar el té en casa de una de ellas, de manera rotativa. El segundo sábado del mes su jardín recibe chismes, comentarios tinellizados y canapés para cumplir con el ritual. Susana adquirió un auto nuevo en 2014, uno propio, para ella. El de Arturo, su marido, es más nuevo, del 2015. Es que Arturo es propietario de un bar en el centro de la ciudad y pudo renovar su vehículo casi sin dificultad. Susana compró, además, una esmeralda, ese carbón antiguo y profundo, el sueño de su vida, gracias a los ahorros de los últimos años.
Susana, la que suponemos que se llama Susana, me dijo que si ella fuese empresaria también abriría una cuenta o formaría una sociedad en algún paraíso fiscal (el intercambio de opiniones surgió a raíz del descubrimiento de sociedades así que ostentan el nombre de nuestro inmaculado señor presidente). Susana no es empresaria. Es docente. No sé si de nivel primario, secundario o superior, pero no creo que eso tenga mucha importancia.
Le pregunté si tenía idea, aunque sea remota, que de dónde salía el dinero que cada fin de mes se le acreditaba en su cuenta bancaria en carácter de salario o sueldo. Lo pensó unos minutos y me pidió disculpas. Las acepté, por supuesto, pero sospecho que todavía sueña con un chapuzón, sin la esmeralda puesta, en las aguas verdes de una playa de Bahamas mientras Arturo hace trámites en la cueva correspondiente. Ella, supongo, sigue su vida de telenovela diaria y peluquería semanal. La imagino bronceada chateando con sus amigas al amparo de la sombrilla y la arena blanca del Caribe con un trago fresco para amenizar el sacrificio.
"Cualquiera elegiría radicar una empresa donde pague menos impuestos". Con un lenguaje más administrativo, burocrático y refinado quien se expresó casi como la supuesta Susana es un funcionario público. Se llama, y no lo supongo, es, Juan Manuel Urtubey, gobernador de la provincia de Salta, la linda le dicen. En estos últimos meses ha aparecido con inusitada frecuencia en las revistas de frivolidades a cara descubierta, las revistas, las que te dicen hola desde la tapa o las que dicen ser la gente. Es que Juan Manuel reparte sus días entre los arrumacos con su nueva conquista amorosa, siempre con un fotógrafo dispuesto cerca, y sus otros arrumacos, los políticos con el ejecutivo off shore que supimos conseguir el 22 de noviembre pasado.
Para los mencionados, apenas dos ejemplares de la fauna bípeda de este país gerenciado, evadir impuestos es como una travesura naturalizada desde hace mucho. Que una maestra le enseñe, con su deseo y su ejemplo, a cometer delitos a sus discípulos es grave, pero resulta comprensible porque lo ve a diario (y a televisión y radio también) en el supermercado y otras empresas que el sistema nos vende con cada respiración vital.
Pero que un funcionario elegido por voto popular entienda lo mismo es obsceno. Se me aparece la imagen de Urtubey escupiendo hacia arriba y la náusea sartreana cobra otra dimensión.
La inmensa mayoría de quienes habitamos este mapa desvalorizado que se llama todavía Argentina no fugamos dinero. Porque no tenemos el suficiente para pensar en hacerlo y, sobre todo, porque de manera consciente o inconsciente el pudor, esa forma virtuosa de la ética cotidiana, nos lo impide. El pueblo sabe, intuitivamente o por educación, lo que está bien y lo que está mal. Aunque a veces la estafa venga presentada en un paquete amarillo como el que le vendieron a fines del año pasado.
En síntesis, no cualquiera elude su compromiso cívico de vivir en sociedad. Ni Milagro Sala, presa por ocupar el espacio público junto a sus pares, ni Hebe de Bonafini, ni Estela, ni Evo, ni Correa, ni Fidel, ni Chávez, ni Maduro, ni Néstor y Cristina, ni Pepe aparecen en estas lides. No cualquiera, no.
Sólo los que se sienten más seguros entre las sombras y enmarañados en redes turbias y pestilentes. Aunque se disfracen de ganadores y nos prometan la luz.

viernes, 1 de abril de 2016

Mientras tanto

                         "Que la tierra es nuestra, tuya y de aquél.
                          De Pedro, María, de Juan y José"
                                                                    Daniel Viglietti

Pensó que no era posible. No tanto. Pero salió de su casa como cada día laboral. Pasó a buscar a Juan, su vecino, como cada día laboral. Caminaron hasta la parada del colectivo y se intercambiaron las novedades hogareñas. Y un cigarrillo de Pedro a Juan. Y fuego de Juan a Pedro.
Durante el desayuno, café negro con pan casero y ese dulce de peras insuperable que hacía María, escucharon la radio. El aumento de la tarifa de la luz lo dejó un poco más liviano. Se sintió raro porque lo habitual era que con cada comida la pesadez lo acompañaba un rato largo. Es más, el síntoma lo tenía anotado para comentárselo a Marcelo, el médico de la repartición y su amigo de la infancia. Esa sensación de liviandad, como si perdiera peso con cada noticia que recibían en los últimos días, se profundizó al subir al colectivo. Pagaron el doble que la semana pasada.
Cuando se bajaron, en la misma esquina de siempre, un brazo se le levantó solo transgrediendo la ley de gravedad. Se sonrió para disimular la sorpresa. Se sintió torpe. Miró a su amigo, pero Juan no percibió su incredulidad, esa situación incómoda y nueva.
Al llegar a la puerta del edificio en el que estaba la oficina que lo recibía desde hacía dieciocho años notó mucha más gente de lo habitual. Vio, al ir acercándose, a Clarisa con su panza de siete meses de embarazo llorar desconsolada en brazos de Mariela. Su otro brazo empezó a elevarse sin que lo pudiese evitar. Mariela le explicó. Clarisa estaba en la lista. ¿Qué lista?, dijeron a la vez Pedro y Juan. Éste más pálido. Pedro más liviano, casi levitando.
Se arrimaron, tímidos, preocupados, recelosos. Personal de seguridad de una empresa privada, uniformados y burocráticos, buscaron sus nombres y apellidos en la lista. Figuraban. Así, sin agregado alguno, sin una explicación, sin anestesia.
Pedro comenzó a elevarse. Veía los techos de los edificios, primero los más bajos, pero después empezó a reconocer los lugares típicos, los de su ciudad. Y sintió un estremecimiento único, intransferible e inexplicable, una ráfaga de viento, un rayo de luz imposible. Como en aquel libro de Kafka que le prestó Juan y que leyó en voz alta a María, Pedro se convirtió en otro ser. Ya no en una cucaracha o en ese animal ignoto de aquella lectura.
Se miró las alas, se descubrió los colores y aleteó. Probó volar y pudo. Allá contra el piso de la plaza le pareció ver un grupo humano, pero no podía distinguirlo. Si mujeres, si hombres, si ambos. Se impulsó hacia abajo y vio.
Eran una viejas, canosas, con bastones y otras en sillas de ruedas. Todas tenían un pañuelo anudado en su cabeza. Aleteó feliz hacia ellas y se posó en la cabeza de la más arrugada, la más anciana, la que eligió por intuición como la más dolida.

Esto se lo contó el nieto mayor al escritor que, desde el ataúd, creyó entender que el tal Pedro, mariposa ya, sobrevivió así al descalabro.

domingo, 27 de marzo de 2016

Golpe a golpe


No, no fue Antonio Machado. Ni Joan Manuel Serrat.
La orden verbal la dio Marcelo Marino, Subgerente Periodístico de LRA1 Radio Nacional, con sede en Maipú 555, C.A.B.A. (Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Dijo ser el portavoz de una decisión emanada de Fernando Subirats, el Gerente Periodístico de la emisora. El destinatario se llama Carlos Saglul, en ese momento a cargo del Informativo de rutina.
Según Saglul, miembro del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA) y exdetenido desaparecido durante la dictadura cívico - militar - eclesiástica que asoló la Argentina entre 1976 y 1983, Marino ingresó al Estudio y le informó que, a partir de ese momento, no se podía nombrar a ese período histórico del país así, sino solamente como "dictadura militar".
Como corresponde a un ser humano con la dignidad en pie el colega denunció el asunto al sindicato y la organización gremial emitió un comunicado en repudio del intento de censura.
Entiendo que, hasta el momento de escribir este textículo, el episodio no ha sido desmentido ni aclarado por Subirats que, además de periodista es psicólogo social, según figura en su perfil en las redes sociales.
Martínez de Hoz, Cavallo, Melconian, Blaquier, Massot, Mercedes Benz, Macri, Ford, Clarín, Morales Solá, Gómez Fuentes, José María Muñoz, La Nación, Bonamín, Plaza, Tortolo, la Sociedad Rural Argentina, Pío Laghi, Quarracino, Primatesta y siguen las firmas son, según creo, personas y empresas que no utilizaron ni utilizan uniformes militares. Algunos usaron hábitos, habitualmente conocidos como sotanas, otro uniforme. Es decir, ya ni hace falta argumentar demasiado para decir que estos tipos y empresas protagonizaron, de una u otra manera, los asesinatos, torturas, robos de criaturas y desmantelamiento del Estado durante esa época oscura. Algunos murieron, otros están siendo juzgados y hay quien, aún hoy, está ejerciendo cargos en el mismo gobierno de los señores Marino y Subirats. Las empresas mencionadas, bien gracias, gozan de todas las prebendas del mismo sistema perverso que recurrió a los cuarteles y hoy festeja el resultado electoral de noviembre de 2015.
Lo dicho, la orden fue verbal y en la sede central de la Radio Pública. Quien esto escribe es periodista de LRA6 Radio Nacional Mendoza y adhiere al repudio sindical. Pero (ahora sigo en primera persona) no pienso que haya sido sólo un exabrupto del señor gerente, provocado por una indigestión hepática, un conflicto amoroso o una resaca alcohólica. El clima de revancha derechista facilita estos desatinos. Si el ministro nacional del área económica habla de "grasa militante" para referirse a trabajadores estatales y dice que están "acomodando la basura" cuando hace mención a la herencia recibida de la gestión anterior. Si el mismo tipo teme que, alguna vez, llegue a la presidencia de la república un argentino nacido en Santiago del Estero. Si el intendente de Quilmes, el cocinero Martiniano Molina, confunde el centro clandestino de detención "Pozo de Quilmes" con un bache vial. Si se ataca a balazos y se rompen locales partidarios de la oposición y hay robos y destrucción de viviendas de periodistas, como el caso de Marcelo Padilla en Mendoza y si, por una parte desfilan personalidades en los medios públicos instando a "ceder la palabra" y por la otra se prohíbe la mención a la complicidad y aprovechamiento civil, empresarial y religioso durante el genocidio, es que llegamos a esta situación.
Seguiré nombrando al golpe de Estado del 76 y a su consecuencia directa e indirecta como siempre.
Me lo ratificaron ellas, "pequeñitas, revoltosas", las miles de mariposas que sobrevolaron la multitud en Plaza de Mayo el 24 de marzo pasado y se posaron en los pañuelos blancos, en brazos y hombros, en el pecho de Osvaldo Bayer, en el cochecito de cada bebé caminante, en el cabello al viento de las muchachas florecidas.
Si el señor Gerente se anima, que me haga llegar por escrito su decisión. Sabré qué hacer.

viernes, 11 de marzo de 2016

Cruces y figuritas

"A veces la conexión está ahí, a la vista, y sólo hay que hacer el recorrido en sentido inverso, buscando"
Angélica Gorodischer ("Las nenas". Emecé, 2016)


Mi casa materna fue un imán. A la tarde, cuando la siesta ya era pasado y al futuro lo imaginábamos cálido y perfumado los amigos caían con los restos de la chocolatada sobre el labio superior anticipando los bigotes juveniles, y la camisa mitad adentro y mitad al viento. Era la época en que nuestras viejas todavía nos vestían con camisa para ir a la escuela.
Las figuritas me apasionaban. Venía el Luis y había que entretenerlo para distraerle la tristeza. Había perdido a su padre y nos abrumaban sus ojos claros, llenos de agua y, a su vez, con sed de cariño. Gabriel y el Lechita (le decíamos así porque era un voraz bebedor de cualquier marca u origen), Mario y Alberto, el vecino vecino, el que vivía dos casas más allá, casi a mitad de cuadra. Las figuritas, entonces. Pura adrenalina, horas de discusiones, que si la mía tapó o no a la del Flaco (apuesto a que hoy, ya casi a los setenta, Gabriel sigue flaco, flaquísimo disimuando asados, cervezas, wiskis y andropausias).
Pero el mayor placer, ese que me inició en la obsesión por el orden en mi biblioteca, por ejemplo, era solitario. Cuando todos se iban y después de la tarea para la escuela me dedicaba al álbum. Siempre incompleto, siempre con la ilusión de que mañana, ese impostergable mañana, mi vieja metiera su mano regordeta y dulce en el bolsillo del delantal de cocina y sacara esos billetes de ya no recuerdo qué moneda de curso legal en esta patria pisoteada desde la economía hasta la dignidad. Era muy chico y el paquete de figuritas escondía la difícil, la imposible, la que me permitiría ir al kiosco a ostentar mi álbum rugoso, pero completo y volver a casa con la pelota de goma a rayas rojas y blancas, finitas y brillantes. Hasta el primer partido en la canchita. O hasta el pinchazo y a bañarse. La utopía redonda de un pibe de clase media que empezaba a escuchar a sus mayores hablar de otras utopías más contundentes, pero tan maravillosas como las que aún hoy me llevan día a día a compartirlas frente a un micrófono de radio, con mis compañeros y los oyentes cómplices.
Nunca completé un álbum, así como nunca alcanzaré las utopías. Para seguir buscando, como nos enseñó Eduardo.
¿Y las cruces?, me dirá usted, ¿qué tienen que ver con las figuritas, el álbum y los amigos de entonces? No, no son las de las grandes catedrales ni las de capillas modestas. Ninguna relación con el Gauchito Gil o la Difunta Correa y sus religiosidades populares en las rutas argentinas.
Cruces es Juan José, un señor que estudió en la Washington University y en Yale University y hoy es catedrático en la Escuela de Negocios en la Universidad Torcuato Di Tella, privada, privadísima. Juan José Cruces debe haber coleccionado figuritas en su infancia, como yo. Por una cuestión gerenacional las mías con la imagen de Amadeo Carrizo, el Beto Márcico y Roberto Perfumo (hoy, justo hoy, conmovido por su adiós). Él, no sé, quizás Fillol o Messi y el gordo Ronaldo.
Digo, porque quiso explicar, ante las cámaras televisivas, la entrega de la soberanía argentina a Paul Singer y sus carroñeros por obra y desgracia de carroña interna. Y el argumento giró alrededor de las figuritas y el álbum. Más o menos así. Según Cruces la Argentina pegó 93 figuritas de un total de 100. Las que compraría ahora, las 7 que faltarían, son carísimas. Casi tanto como todas las anteriores juntas y todo, por supuesto, por culpa de la Señora que se encaprichó en no acatar la razonable oferta de los pájaros perversos financieros. O sea, si las figuritas son usurarias, si nos muestran los jugadores más perversos y monstruosos del mundo, si no conseguiste ni una pelota como no sea la que nos hizo ídem, si esas 7 se parecen más a un cuento de Lovecraft que a un poema de Prévert, todo eso no le importa a don Cruces.
Para los Cruces la frustración personal de un pibe ante su álbum incompleto es comparable a la entrega del patrimonio de una sociedad. Lo dijo así, sin ponerse colorado y con esa impostura que ostentan los poderosos que se creen sabios.
Me quedé con ese sabor amargo en la boca mientras pienso que el tipo no sólo justifica la hipoteca de la vida presente y futura de mis hijos y mis nietos sino que, de yapa, me jode la infancia.

lunes, 29 de febrero de 2016

Roedores

Son ecuménicos y globales. Se reproducen según un código genético milenario. Hay especies o subespecies benignas y malignas. La lucha por su supervivencia es inagotable y, por ahora, van logrando zafar de la extinción. Aunque nunca se sabe, como dice mi amigo Luis cuando le pregunto si terminó de escribir su libro de poesía ya publicado.
Para infiltrarse en los hogares no piden audiencia y una vez que toman posesión de su hábitat comienza una lucha sin cuartel para defender la ocupación. No hay tregua ni protocolo válido que reglamente la batalla. Es a muerte. El último episodio que me tuvo de protagonista beligerante duró, vaya coincidencia, 22 minutos exactos. Ellos huyeron y, por lo tanto, mi victoria fue incompleta. No pude matarlos ni demostrarle al mundo, a mí mundo, que estábamos ya libres del peligro de sus contagios, sus mugres, sus infecciones y su asco. Por eso, mientras el combate estaba en su momento más frenético, no hubo sonrisas y si un fotógrafo, digamos un buen fotógrafo como el Coco o Sergio o Juan Pablo, hubiesen dejado testimonio gráfico de la tarea, mi rostro aparecería como si el día anterior la fiebre me hubiese dejado frente a frente con Durán Barba.
Me ocupo de investigar. Con sorpresa descubro que se incluyen algunos que no imaginaba. Las ardillas, por ejemplo, o los puercoespines. Animalitos mansos parece, salvo que uno los amenace o los ataque. Roedores simpáticos, personajes de documentales y dibujos animados. Recuerdo un grupo musical, "Las Ardillitas", que cantaban para que niños y niñas sufran con sus voces agudas, distorsionadas y ridículas y su fonética incomprensible. Pero supe de ratones, ratas, tamias, castores, hámsteres, jerbos, conejillos de Indias (y tan identificado que me sentí varias veces en la vida), lirones, marmotas, tuzas, ratas canguro (ideales para jugar a la rayuela, Cronopio querido) y ardillas voladoras africanas. En fin, estos animalitos de Dios, como dirían los creyentes y los Franciscos (el de Asís y el de Macrilandia), se volvieron bípedos en estos tiempos y en estos mapas en los que cohabitamos como si no pasara nada.
Y las ratas y ratones, los roedores de traje y glamour, tomaron el Poder por voluntad y elección de marmotas y ratas canguro, de lirones acunados por el canto mentiroso de predadores maquillados para brillar en cámara. Y, para nosotros, las potenciales víctimas de fiebre hemorrágica o leptospirosis por su culpa, el asunto es jodido, muy jodido.
Ante los hechos consumados sólo queda desratizar, pero cómo es la pregunta. Si yo desratizo mi hogar y siguen pululando en las casas vecinas, si cuando cruzo la calle en pleno centro de mi ciudad una de ellas pasa entre mis piernas sin inmutarse, si en los pasillos y los baños de las Casas de Gobierno se animan a confabular decretos y cesantías, si viajan a sedes santas y non sanctas y a reuniones bursátiles en aviones oficiales, si convocan a la prensa para justificar a sus tías, sus hijos y a las madres que los parió, entonces la campaña de fumigación no puede ser individual. Porque entonces ya no soy yo. O, más claro aún, yo soy nosotros o no soy nada.

jueves, 4 de febrero de 2016

Una sílaba menos

Desde muy joven se definió como una persona gresista. Creyó en ese asunto de la dictadura del letariado y nunciaba discursos largos y fundos ante auditorios de chicas vocativas, con pechos tuberantes y caderas digiosas. Siempre supo que la defensa irrestricta de la piedad privada era el principal emblema de las puestas de la derecha reaccionaria de nuestra sociedad. Pero no hace mucho empezó a tener estos blemas de nunciación. Era fresor de Literatura, más penso a leer sa que poesía. La ficción se apió de él de pequeño y muy nto la adoptó para ser en el mundo.
Se estaba cepillando los dientes y lo vio. La marca del cepillo y el tubo del dentífrico lo espantaron. Le dujeron una tristeza honda, oscura. Lo comentó con su metida, esa novia cariñosa y tierna con la que yectaba casarse el invierno ximo.
Ante la anomalía ella le puso ir al médico. En su familia tenía varios fesionales del arte de curar. Él descartó de plano ir a lo del doctor Fumo, un ctólogo minente. Argumentó, con acierto, que ya le habían metido el dedo en el culo en diciembre y que, bablemente, ese era el origen de sus blemas. Además, descartó que su stata funcione mal.
Cuando le nombraron a ese doctor que él conocía abó la elección y avechó la ocasión para pedir un nóstico serio, sin eufemismos fesionales. Desvisto de ropa lo revisaron de punta a punta. El nóstico era confuso. El fesional quedó perplejo y confesó que era bable que su blema fuese psicosomático. Como aquel asunto que tuvo a maltraer a Marínez Estrada durante el peronismo. Para él, en cambio, esa sílaba se le clavó como una tesis obiosa. Le confesó que sentía su vida como un obio, como una stituta explotada por su cafiso.
En la interconsulta fesional combaron que el blema no era fundo. Sólo un tipo de rechazo visceral a cierto discurso y la imposibilidad natural de abar despidos, represiones y demás injusticias recientes.
Si todo va bien, si no se agregaban nuevas tuberancias malignas al tejido social usted volverá a nunciar esa sílaba hibida dentro de unos años. Aximadamente en cuatro.
Es que yo extraño el yecto nacional y popular, dijo.
Ese es su blema, contestó el médico, y le puso que se fueran juntos a tomar un cafecito. Una invitación para nada tocolar.

viernes, 29 de enero de 2016

Por ustedes

El argumento esgrimido para dejarnos fuera del aire y sin trabajo era que nuestros legajos mostraban  "inconsistencias". Pues parece que las inconsistencias no eran consistentes. Los trabajadores de Radio Nacional hemos sido recontratados.
El programa "El Candil" debería cambiar de nombre y comenzar su nueva etapa llamándose "Ustedes". Porque fueron ustedes, con su solidaridad y su indignada ética cariñosa los que movieron el amperímetro de las inconsistencias. Mi mensaje, en el que anunciaba la mala noticia, fue compartido casi mil veces en las redes sociales y los posteos de mis compañeros también. Me desbordó tanto correo electrónico enviado desde las más diversas posiciones ideológicas y desde lugares remotos. Es que nuestras convicciones, nuestra pasión por este tipo de periodismo no tiene fisuras. Pero no se le cambia el nombre a un hijo que cumplió 20 años y lo ostenta con el orgullo de tanto respaldo, de tanto cariño popular.
Hace muchos años, el menemato estaba en su apogeo, tuve una charla inolvidable con el inolvidable José María Pasquini Durán (que usaba barba, pero no era ecuatoriano). Ante mi desazón por tanta entrega, frivolidades y friboludeces de entonces (cualquier parecido con estos tiempos es sólo interpetración libre de quien lee este textículo) el mítico columnista político de "Página 12" me dijo que sí, el régimen es injusto, poderoso, perverso, pero no es monolítico. Ese sí tiene fisuras, resquicios dijo. Y hay que entrarle por ahí. A veces se le fisura una costilla y a veces se le fisura una inconsistencia.
Concretando, el lunes 1 de febrero vuelvo a Radio Nacional Mendoza. De lunes a viernes entre las 17 y las 18 conduciré "La Libroteca", hijo cultural que me cumple 20 años como "El Candil", su hermano mayor. Y éste vuelve en marzo los sábados a la tarde, acompañado, para mi felicidad, por Natalia Brite y Ernesto Espeche.
Por AM960, FM97.1 y www.nacionalmendoza.com.ar
A manera de agradecimiento generalizado permítanme compartir el grito de la hora:
¡LIBERTAD YA A MILAGRO SALA! ¡BASTA DE DESPIDOS, BASTA DE ENTREGA, BASTA DE AJUSTE AL HOGAR ARGENTINO!

jueves, 21 de enero de 2016

La culpa no es del chancho

"Volverán las oscuras golondrinas", dice la gelatinosa poesía que nos enseñaban en la escuela primaria. El ministro argentino de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, anunció que volverán los muchachos y las chicas del FMI a indicarnos que este subsidio está mal, que las tarifas de la luz y el gas están atrasadas, que nuestro peso pesa demasiado y que, ya que estamos, nos vienen a ofrecer, damas y caballeros, un crédito super conveniente a tasas increíbles y con unos plazos que no se encuentran en ninguna plaza, con tobogán incluido.
Sólo falta que nos cuenten que el señor ministro usa papel higiénico marca "Soberanía" cada vez que sus intestinos lo incitan a cumplir con el trámite burocrático fecal.
Y si de incitaciones se trata, esta sucede en Davos, Suiza, durante el Forro o Foro Económico Mundial, esa agradable reunión del capitalismo sin caretas que junta canapés con entrega de bienes de países pobres a domicilio. Allí ocurre un espectáculo pocas veces visto. Hay una larga fila frente a un cuarto cerrado. Ejecutivos, políticos y curiosos vip quieren conocer al émulo de Calígula, el emperador romano un poquito pasado de rosca que en el siglo II nombró senador a Incitatus, su caballo. El primer mandatario de un país sudamericano, justo el nuestro, ha sentado a su perro en el sillón presidencial poco antes de viajar a tan magno estropicio financiero global. La curiosidad despertada estuvo cerca de malograr la ronda de negocios por la que se confirmó que, para las nuevas autoridades vernáculas, las Islas Malvinas seguirán llamándose Falkland porque así lo manda el pragmatismo y además, ya lo dijo Mauricio, el dueño del can presidencial, son muy caras. Pero, por suerte para la salud del mundo occidental y cristiano, todo está en orden.
Eso sí, Calígula nunca tuvo el privilegio de estrecharle la mano a David Cameron en Davos.
De Suiza te llevo directo a Senillosa, Neuquén. ¿Qué te puedo cobrar? Apenas unos párrafos más de atención.
En la edición papel del 20 de enero de 2016 del diario "Río Negro", una publicación amarillosa, viscosa y asquerosa, alguien, quizás un redactor irreverente, filtró en tapa, abajo a la derecha, un titular que decía que allí, en esa localidad neuquina, la carne de cerdo importada de Dinamarca se vendía más barata que la carne de cerdo producida en Senillosa. Resta saber cuántos productores de carne porcina de Senillosa votaron por el amo del perro más famoso de Davos.
En este caso bien vale el refrán popular con que titulo el delirio de hoy. Y me parece que en los otros también.

miércoles, 13 de enero de 2016

El argumento de Píter

"Ser periodista es menos que ser nada si la profesión no sirve para mejorar a la gente" *
Víctor Hugo Morales


En los patios en los que se mueven estas lacras se llaman no por sus nombres verdaderos sino por esa mezcla de diminutivo extranjerizante que suena más fashion, más cool. Lo voy a escribir en fonética por el sencillo placer, quizás ingenuo, de verlo incorrecto.
Por ejemplo, Juan es Yon o Yoni, María es Mery, Graciela será Greis, Mauricio, Mau o Morís (en fin, me salió así), Marcos suena mejor Mark, Juliana será Yuli o Yulian y Pedro será, por supuesto, Píter.
Pedro Robledo, el Píter en cuestión, es un novel político que fue designado al frente del organismo nacional que atiende (o desatiende) los temas de la juventud. Puesto allí por esta especie de gobierno nazimacrista que supimos conseguir. Cada cierto tiempo a buena parte de nuestra sociedad le da por practicar la coprofagia electoral y así nos va. Menem por dos veces (y no fueron tres de milagro), De la Rua y ahora Mau, como le dice Su, son los ejemplos más cercanos, pero no los únicos. A esta altura de mi vida ya no sé si esa coprofagia es patología o identidad.
Piter parece haber cursado, además, una Maestría en Chicanas y Provocaciones en medios de comunicación. Lo vi en estos días en "Minuto Uno", el programa que conduce Gustavo Sylvestre en C5N. 
Se desarrollaba el tema de los despidos y cesantías a mansalva de trabajadores estatales perpetrados por funcionarios nacionales, provinciales y municipales de esto que, cínicamente, se llama "Cambiemos". Casi siempre, y ante los reclamos pertinentes, con el acompañamiento de balas de goma y ternuras varias, Píter, obvio, defendía los despidos con un argumento extraordinario. Para él los desahuciados no eran laburantes sino "personas que hacían política con el dinero de todos", dijo.
¿Pero él no hace política también con el dinero de todos desde el sillón donde deposita su traste cada vez que la burocracia le requiere su firma? ¿Acaso no será que el tipo de política del despedido o despedida es una molestia para el tipo de política para la que fue designado Píter? Puede ser una pregunta pueril, casi retórica, pero anida en ella el concepto que se tenga de la militancia. Peyorativo para los garcas o vital y necesario para nosotros, los peatones sin coprofagia.

*NOTA AL PIE: Como se puede advertir la cita no tiene correlato con el textículo. Es, simplemente, un homenaje al colega, amigo y referente ético en desagravio por la censura de que ha sido víctima. Y con él muchos de nosotros.
Como dice mi compañera donde dice "periodista" puede leerse oftalmólogo, escribano, peluquero, poeta o lo que usted, querida lectora, prefiera.