domingo, 21 de octubre de 2018

Prisión domiciliaria

                                                                       A Juan Sasturain

He imaginado varias formas de contarlo, pero como no es verdad, todavía (aunque sí verosímil, muy verosímil), prefiero elegir la más directa, la más sencilla.
Lo voy a matar. Aún no sé cómo. Por mi condición, no puedo disparar ni empuñar un arma blanca (ni de cualquier otro color). Ni hablar de un envenenamiento. Para eso necesitaría sentarme con él a la misma mesa, compartir un café o - se me revuelve el estómago de sólo pensarlo - participar de una comida. Como lo dije alguna vez, con esa gente ni el saludo. Descarto por improcedente y cursi la eventual contratación de un sicario. Son métodos de literatura barata y Juan no me lo perdonaría. Entonces, no sé, pero algo se me va a ocurrir. Eso sí sé.
Quizá disimular un accidente. Citarlo cerca de un puente ferroviario y empujarlo casi como un traspié inevitable. Aunque corro el riesgo de que se considere homicidio culposo y quiero que se note que fue intencional. A diferencia de Wakefield sí sé por qué lo hago. A diferencia de Bartleby prefiero hacerlo. Que Hawthorne y Conrad me perdonen. Y que Juan me ampare.
Aunque no busco ningún predicamento público es muy probable que el caso se viralice, como dice la muchachada. Busco la paz, mí paz, no esa espantosa manía de que pidan hacerme notas, reportajes o interpretaciones "pseudopsi" de mis colegas, hambrientos ellos sí, de fama berreta.
Sabré arreglármelas con el asunto. Mientras leo "El último Hammett" empiezo a "ver" el método. Pero no voy a revelarlo, no tiene importancia. Este no es un cuento policial convencional, si tal cosa existe aún. Es, en todo caso, el relato de un sacrificio patriótico que, además, me ayudará a vivir los años que me quedan como siempre soñé.
Todo crimen es político. No importa la condición de la víctima y tampoco del victimario. Es posible que lo mío sea un gesto de egoísmo, pero también quiero creer que una sensación colectiva de alivio recorrerá el territorio y, sobre todo, los corazones de mujeres y hombres cualquiera sea su condición social, siempre que tengan un arraigado espíritu de justicia.
Me juzgarán, mi abogado defensor cumplirá el rol pactado de conseguir una sentencia equitativa (después de todo le habré quitado la vida a otro ser humano), dura y definitiva. Negociará con el fiscal, el jurado y sus señorías que, teniendo en cuenta mi edad y la condición física crónica de la que padezco (nací sin la pierna y el brazo derechos: soy zurdo por partida triple), accedan a que cumpla la condena en prisión domiciliaria.
Entonces sí, podré dedicar mis días a leer a destajo los libros que ocupan casi todas las paredes de mi hogar y que esperan, me esperan, desde siempre.

Se despertó de manera abrupta (el viento cerró la ventana con un estrépito extraño), levantó las muletas que dormían junto a él, se incorporó con la dificultad de siempre y supuso que ella lo esperaba en la cocina. Los libros alfombraban el pasillo, desquiciados y con sus tapas húmedas de sangre fresca..
Cuando se asomó vio el arma que lo apuntaba y nunca supo si lo mató la mujer flaca o El Minúsculo, el muerto del sueño.

sábado, 13 de octubre de 2018

Desnudo

Era otro país, el nuestro. La querida artista plástica Marcela Furlani me hizo la propuesta y la acepté. No tuve que vencer el prurito judeocristiano bimilenario de mostrar el cuerpo. Marcela me dijo que la fotografía iba a ser tomada, trabajada por Noelia Guzmán a quien yo no conocía.
Llegaron a casa con un recipiente como esos que se ocupan para transportar en los casos de donación de órganos. De él surgió un corazón de vaca o de toro o de buey, no recuerdo. Me desnudaron, me sentaron en el living de casa, me pintaron de rojo las piernas y la zona púbica como remedo de sangre del corazón del animal, éste real, verdadero. Y yo desnudo, sometido de manera voluntaria a la sesión de fotos. Fue una experiencia íntima, respetuosa, artística en el más alto sentido del término.
La muestra con ese y otros desnudos se llamó "Cuerpos con alma" y se vio entre abril y mayo de 2013 en el Espacio Contemporáneo de Arte de Mendoza (antes de que el pirómano Secretario de Cultura, Diego Gareca y su equipo de laderos se haga cargo del cargo).
En esta semana Noelia me preguntó si tenía algún inconveniente de que la foto se exhiba en la Feria del Libro local, organizada por el "dream team" cultural del gobierno del minúsculo Alfredo Cornejo. Tal vez el mejor alumno del expresidente Macri, como le dice Hernán Brienza.
Soy periodista cultural desde hace casi cuarenta años, pero si me preguntan qué soy o prefiero ser me gusta considerarme lector y poco más. Siempre mi hogar ha sido una inmensa y a veces caótica biblioteca. Soy un animal de libros, me dijo una colega hace muchos años.
Pese a eso la runfla que organiza el show anual de libros local me ningunea con método. No me enojo, no me quejo, describo. Vienen y participan del festival amigos de acá y de allá. Y me parece que tienen todo el derecho y no soy quién para juzgarlos.
Pero a Noelia le respondí que sí, tengo inconveniente. No participo, no voy ni iré a la Feria mientras sea organizada por funcionarios de un régimen que produce hambre y censura.
No quiero participar ni en foto. Y menos desnudo.

domingo, 7 de octubre de 2018

Armas

Mi amigo Rafael Bielsa fue a visitar a Julio De Vido, preso político argentino, al Penal de Marcos Paz, Buenos Aires.
Para no ir con las manos vacías y porque él también pasó por el calvario de una prisión ilegal y tortuosa durante la dictadura genocida y es un maestro en solidaridades, decidió llevarle de regalo un libro. Fue minucioso en la elección, me contó. Eligió un precioso ejemplar que reúne las cartas de Fernando Pessoa a Ofélia Queiroz, el único amor, se dice, del poeta y escritor portugués. Con ilustraciones de Antonio Seguí, con litografías de los originales de las misivas, con una impresión que despide esa fragancia que sólo el desasosiego profundo del sentimiento apasionado y no consumado produce.
Y en una edición de tapas duras.
No pudo ver a su amigo. Cuando llegó ya se había cubierto el cupo de tres personas no familiares directos que pueden visitarlo cada semana. Quiso, entonces, dejarle el regalo. Le indicaron que tenía que dirigirse a la Oficina de Objetos. Allá fue Rafael, libro en mano. La empleada que lo atendió le explicó que no podía recibirle el "objeto" porque era de tapas duras. Puede ser un arma, le dijo.
Imagino los ojos de asombro del Rafa, su incredulidad. La misma que tenía mientras nos contaba el episodio. Solicitó hablar con un personal superior del Servicio Penitenciario Federal, pero de la Oficina de Objetos. Una joven mujer uniformada le reiteró la objeción al objeto.
Y se volvió con el libro, dedicado con cariño, a su hogar. Allí esperará que Julio y los demás (Milagro Sala y sus compañeras de Alto Comedero en Jujuy, Amado Boudou, Cristóbal López, Fabián de Sousa y tantas y tantos más) salgan de las mazmorras del régimen.
Y que las armas de tapas duras liberen. Los libros suelen tener esa virtud.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Una biblioteca

Perdí una biblioteca. Fue durante la dictadura. Las fuerzas de ocupación hacían razzias por cuadrículas y en mi casa materna había un arsenal de libros.
De los que me acuerdo, los cincuenta y dos tomos de las Obras Completas de Lenin, publicadas por Editorial Progreso de la entonces Unión Soviética; el Manual de marxismo-leninismo, del finlandés Otto Kuusinen; Deshielo, la novela posestalinista de Ilya Ehrenburg; un libro del francés Auguste Cornu (que a mí me sonaba a cornudo); los veinte tomos de Juan Cristóbal, de Romain Rolland; algún libro del todavía marxista Roger Garaudy, quien luego viró de manera lamentable hacia la más rancia derecha (una especie de Vargas Llosa europeo); algo de Evgueni Evtushenko, Vladimir Maiacovski y Bandera sobre las torres, de Antón Makarenko;  El Don apacible, de Mijaíl Shólojov; muchos libros sobre  Fidel, Cuba, China y Vietnam, mucho material del Partido, su Historia en edición rústica, entre varias obras casi imposibles de digerir hoy.
Se nos hizo difícil sostener esa literatura a la vista. Era una incitación al buchoneo. Por esa casa circulaba mucha gente por cuestiones comerciales.
Un amigo de mi viejo, Alberto Stordeur, eminente médico radiólogo, el introductor de la primera bomba de cobalto en la provincia, un exquisito ser humano reconocido en el mundo por su tarea científica, perseguido por la corporación médica local y a quien Mendoza le debe un reconocimiento, se ofreció a resguardar el tesoro en una de sus tres fincas en el este mendocino. O repartido entre todas.
No recuerdo si fueron dos o tres cajones, supongo que bien acondicionados, los que alguien enterró en medio de alguno de esos campos. Y a esperar a que termine el horror.
Poco, muy poco después Alberto se autodiagnosticó un cáncer de garganta. En realidad, el retorno de esa enfermedad luego de varios años. Y, conocedor como ninguno, de lo irreversible se suicidó.
En síntesis, nunca supe el destino de mis libros. Nadie en su familia tenía noción alguna del secreto. Bien guardado, claro, por nuestro amigo.
Hoy necesitaría una buena retroexcavadora adecuada, pero la tiene un juez en el sur buscando evidencias absurdas y jugando al far west para la tribuna.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Así llegamos

Es un nombre precioso. Marina. Y podría ser un orgullo de pago chico porque la mina llegó lejos, juega en las grandes ligas del periodismo mundial y se formó (o deformó) acá, en la Universidad Nacional de Cuyo.
Marina Walker es vicepresidenta del Consorcio Internacional de Periodistas que dio a luz el asunto de los Panamá Papers en 2016. Sí, ese que sirvió para eyectar de su cargo a varios presidentes, primeros ministros y demás figurones de la política mundial. Y también para que el actual presidente argentino ganara las elecciones a fines de 2015.
Usted, morocha de pañuelo verde, dirá que estoy delirando. Cómo, si se publicó el informe en 2016, le sirvió a Miauricio para ganar en 2015. Déjeme que le explique. No me doy con ninguna sustancia tóxica. Sólo dulce de leche de alta gama para lubricar mi vida y endulzar estos tiempos de aire fétido.
Marina Walker estuvo en Mendoza el 28 de junio de 2016. Como gesto de agradecimiento a la academia que la parió famosa dio una clase gratuita para alumnos, docentes y espectadores varios que querían estar cerca de la rockstar del periodismo global.
Dijo entonces que los datos que ensuciaban (un poco más si es posible) la trayectoria de nuestro gerente general se conocían desde varios meses antes de las elecciones presidenciales, pero que no se hicieron públicos en ese momento para no interferir en el proceso electoral. Sí, así como lo escucha. Perdón, lo lee. Quizá lo más absurdo es que nadie, nadie (los llamados periodistas independientes, por ejemplo), le repreguntó a la señora vicepresidenta del Consorcio si no pensaba que ese silencio interfería, precisamente, a favor del propietario de empresas, acciones y otras participaciones offshore y, de esa manera, le facilitaron su camino hacia el balcón de la Casa Rosada y desde ese minuto nos empezara a atropellar la existencia.
En una nota a Marina publicada en VíaMendoza el 8-8-18 dice que "No esperábamos plazas repletas de personas protestando y pidiendo la renuncia de primeros ministros". Sorprendida la mina. ¿Qué esperaba? ¿Que los sponsorearan los productores de "House of cards"? ¿Que la investigación ocupara un suelto en la página 55 de Clarín? Si hoy le preguntás al Tío Google cuál es el presidente más corrupto del mundo no aparece el nombre de Putin ni el de Xi Jinping ni el de Tanzania, que no sé cómo se llama. Dice Macri. ¿Te suena, Marinita?
El Gato maligno ganó (ponele) las elecciones de 2015 por 678.774 votos de diferencia. El 2,68%, según el escrutinio definitivo. Sobre más de 12 millones de electores. No es la única razón, pero así llegamos hasta acá.
Ella ganó el Premio Pulitzer 2017 y sigue siendo vice.
Él ganó las elecciones y sigue al frente del Ejecutivo nacional.
El periodismo perdió por milonga. En ambos casos.

lunes, 6 de agosto de 2018

Principio de inocencia

En octubre de 2010 estuvimos en Cartagena de Indias. Pocos días antes de que acá se muriera Néstor. Se nos muriera.
Frente a la Plaza Bolívar está el Museo de la Inquisición. Entramos. La guía nos cuenta que llegaron en 1610 y recogieron sus petates recién en 1811. Pero antes recogieron todo el oro y las riquezas que pudieron, se las afanaron y dejaron un pueblo diezmado. Es que tenían que pagarle a los banqueros judíos de Europa los créditos necesarios para que aquella globalización fuese exitosa. Para ellos, se entiende. Para Isabel, Fernando, la Corte, los señores, las señoras y los banqueros, of course.
Apenas entramos nos muestran una báscula. Allí ponían, nos dice la guía, a las mujeres denunciadas ante el Santo Oficio de estos pagos. Si pesaba menos de 60 kilos significaba que podía volar. Y si podía volar era bruja. Asunto resuelto y que pase la que sigue.
Respecto de los créditos, los bancos, la globalización y los afanos se parece bastante a la actualidad.
Respecto al principio de inocencia también.
Cristina pesa más de 60 kilos, creo. Pero no importa.

domingo, 22 de julio de 2018

Irrumpieron en casa

Ya no usan uniformes ni se presentan con un arma en la mano. De golpe, mientras afuera la realidad parecía la de un día más, llegaba la dama del rostro como pico de buitre y un penacho de plumas blancas en su cabeza, las redes sociales abusaban de los festejos mercantiles de la amistad y el sol trataba de vencer a las nubes tóxicas de la hegemonía mediática; mientras nos preparábamos para vivir un fin de semana entre abrazos nutritivos llegó el Fondo Monetario Internacional a nuestra familia.
El cartero dejó la carta documento, esperó la firma de él y partió. Misión cumplida.
Después de diecisiete años de trabajo fecundo, honesto, intachable mi yerno fue despedido sin causa por la empresa. No, sin causa no. Por causa de los millones de irresponsables que decidieron que una cadena nacional en televisión era más importante que un puesto de trabajo. Que los desaciertos de gestión tenían más peso que el bienestar de mi hija y mis nietos. Que cada bolso de López debía aplastar el techo del hogar de Leandro, Laura, Manuel, Alejo, Lula y Paspartú construido gracias al esfuerzo de un Estado que les permitió concretar el sueño de la casa propia a través de esa maravilla sustantiva que se llamó Pro,Cre.Ar.
Simios les llamó el arquitecto de la inmoralidad a los votantes argentinos. Pero puedo entender el tropezón de origen, el de 2015, aunque ya me costó digerir la imbecilidad de octubre de 2017. Ahora, que hoy alguien (vecino, colega, pariente o cualquier trabajador o trabajadora, jubilado o en actividad) siga justificando ésto ya me supera. Y ojo, no es catarsis lo mío. Estuve dudando si escribir y hacer público mi sentir y pensar. Porque Leandro saldrá de la coyuntura. Es, además, un fenomenal escultor, dibujante y hacedor de muebles, fuerte, física y moralmente, pero el deterioro general, las humillaciones cotidianas, las mentiras descaradas y el estado en que quedará nuestra sociedad, aun aquellos que son hoy responsables del descalabro, nos marcará la vida para siempre.
Hasta ayer me negué al odio. Tengo, tenemos, impregnada la consigna de que el amor lo vence.
La irrupción de la carta documento que dejó sin trabajo a Leandro me convenció de que necesito odiarlos para recuperar el amor por las víctimas.

jueves, 12 de julio de 2018

Cuerpo

El cuerpo de la mujer es sagrado
dicen ciertas escrituras milenarias,
las señoras con sus dedos meñiques apuntando
al oeste y señores impuros que
desayunan cada mañana
la cotización de las hostias.
El cuerpo de esa mujer,
tu cuerpo.

Entonces, déjenlo bailar.
Déjenlo crecer, déjenlo brillar,
déjenlo oler, tocar y cantar.
Déjenlo embellecer, envejecer,
salir y entrar.
Déjenlo imaginar, viajar,
partir y volver.
Déjenlo amanecer, déjenlo descansar.
Déjenlo actuar, pintar y escribir.
Déjenlo protestar, rebelarse y
dirigir. Déjenlo empuñar, empujar
y correr.
Déjenlo coger, gozar.
¡Déjenlo gozar, carajo!
Déjenlo beber, agua o savia de la vid.
Déjenlo parir y
déjenlo abortar.
Déjenlo escribir, en las paredes y
en el cielo.
Déjenlo abrazar y cultivar,
déjenlo leer y amamantar.
Déjenlo ser y acontecer.
Déjenlo comer.
Déjenlo aparecer y esconderse.
Déjenlo rezar y blasfemar.
Déjenlo toser, estornudar
y escupir.
Déjenlo ser pétalo, pájaro y luciérnaga.

Si ella quiere.

martes, 10 de julio de 2018

Bolardos

Fue por accidente. Sí, un accidente vial de poca monta me informó que un auto había roto varios de esos supositorios urbanos que el gobernador Cornejo repartió a mansalva por calles, plazas y demás paseos públicos mendocinos.
Así me enteré que esos cosos (sustantivo que se ha hecho de uso oficial desde que el radical asumió el Ejecutivo provincial manejado desde afuera por la ballena de Exaltación de la Cruz), que esos cosos, decía, se llaman bolardos.
Y entendí todo. Se me alinearon los planetas, como quien dice. Es un homenaje de la Unión Cínica Radical y afines diestros a sus votantes. O mejor aún, a sus sostenedores actuales, a quienes siguen pensando que está todo, o casi, muy bonito, muy prolijito, muy pintadito, muy fiesta de la vendimia, muy máscara de Dalí, muy Gareca y títeres para chicos.
Así que ya saben, en Mendoza Serguei Eisenstein habría filmado "La conspiración de los bolardos".

viernes, 29 de junio de 2018

Paso lista

Amigos, amigas y amigues (será mi única concesión en este caso): en muy pocos días, el 7 de julio, cumpliré mis primeros 72 añitos. Si es que, como decía el querido Emilio Fernández Cordón. Y me encanta recibir regalos. Costumbre pequeñoburguesa dirán ustedes. Puede ser, pero ¿a quién no le gusta un mimo, más en épocas de desasosiegos a mansalva?
Por un prejuicio comprensible casi nadie me regala libros. Es que, como resultado de tantos años de trabajo alrededor de la literatura, saben que recibo ejemplares de cortesía de buena parte de las editoriales porteñas y aledaños. Pero "pasaron cosas", según la célebre declaración del degenerado presidencial que supimos conseguir. Uno de los grupos editoriales más concentrados cambió la modalidad de relacionarse con la prensa especializada, si es que tal categoría existe. Permítanme una pequeña, pero importante digresión: de esa empresa viene Pablo Avelluto, el Ministro de Cultura del fachomacrismo.
Ya no envían libros tal como los conocemos desde Gutenberg hasta nuestros días. Me notifican que a partir de ahora remitirán por correo electrónico un resumen del contenido y, si es de mi agrado, el libro completo en formato e-book.
Mi casa no tiene bibliotecas. Mi casa es una gran biblioteca. Sólo la cocina, el baño y el garaje (por ahora) no tienen estantes con libros. Me fascina ver la diversidad cromática en cada habitación porque anticipa la misma multiplicación de colores y sabores de los contenidos y es, por supuesto, la materia prima insustituible de mi laburo de casi cuarenta años.
Entonces, por edad y por raigambre cultural, me aferro al objeto libro.
Acá les paso una lista de títulos de ese oligopolio editorial y si quieren y pueden me darían un alegrón en tiempos aciagos. Eso sí, en el caso de que no puedan o no quieran y prefieran los abrazos, los saludos, las caricias y los besos sepan que mi corazón los cotizará en alza.
Si al finalizar la lectura ustedes piensan y sienten que este asunto es ínfimo comparado con el hambre, la miseria, las persecuciones políticas, los despidos masivos, los asesinatos de Maldonado, Nahuel y los 44 del mar, la represión, el endeudamiento, el cinismo de Lombardi y los suyos, el cierre de pymes, las importaciones masivas y otras calamidades no naturales, tienen razón. Sin embargo, ahí va.
- La ilusión de los mamíferos, de López.
- Ensenada, de Brizuela.
- Quiroga, de Ortiz y Nine.
- Que nadie duerma, de Millás.
- El puente, de Talese.
- Amberes, de Bolaño.
- La oficina de estanques y jardines, de Decoin.
- El otro, el mismo, de Borges.
- Declaración, de Sontag.
- Vernon, de Despentes.
- El libro del anhelo, de Cohen.
- El amor molesto, de Ferrante.
- 42 flores dl mal, de Baudelaire.
- Soñando en la mar amarga, de García Lorca.
- Ecos de mi pluma, de de la Cruz.
- Cuentos esenciales, de Maupassant.
- Ángele con caras sucia, de Wilson.
- Ya tú sabes, de Esquivada.
- Perder la cabeza, de Rosenzvaig.
- El hijo judío, de Guebel.
- El Tercer Reich, de Bolaño.
- Moronga, de Castellanos Moya.
- Los revolucionarios lo intentan de nuevo, de Cárdenas.
- Devoción, de Smith.
- Tipos singulares, de Hanks.
- Los días del abandono, de Ferrante.
- La señora Osmond, de Banville.

No tengo preferencia por ninguno.
Los quiero a todxs, ustedes.

martes, 24 de abril de 2018

Propuesta a Don Alfredo

                                                                  Especial para "La Tecl@ Eñe"


        "Pollo criado con mierda cuando ve maíz se asusta"
                                                          (Sabiduría popular)


Al final decidí dirigirme a usted, Don Alfredo así, como Don Alfredo, porque es gobernador de mi provincia, Mendoza, y también labura de presidente en el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical. Entonces no sabía si decirle señor gobernador o señor presidente y usted iba a creer  que le estaba tomando el pelo y que no me ponía a su altura (no, no me refiero a cuánto mide y esas paparruchadas con que lo martirizan los crueles que nunca faltan).
Ni hace falta que le diga que hay ruido en la calle. Por algo viajó usted, Don Alfredo, para hablar con el presidente y regresó con una propuesta que se parece más a una liquidación por cierre o a un sketch de Capusotto. Más los intereses.
Fíjese que dicen las lenguas (las malas y las buenas) que cinco, seis o siete de cada diez bípedos que habitan este páramo desértico con ínfulas de gran ciudad tienen imagen positiva de usted, Don Alfredo, y de su gestión. Suceden cosas raras por acá, no sólo ese asunto del Futre, el jinete sin cabeza.
Acá va mi aporte, entonces, para contribuir a la paz social, el consenso ciudadano y todas esas cosas que se dicen cuando las papas queman.
Usted, Don Alfredo, tendría que convocar al pueblo (o a la gente como dicen ustedes. Es más aséptico), citarlo, por ejemplo, en la explanada de la Casa de Gobierno o en un prado del Barrio Cívico (un pícaro puso Cínico el otro día) para explicarle las medidas nacionales y provinciales que vienen, venimos, soportando desde que asumieron por voluntad popular hace más de dos años ya. ¡Cómo pasa el tiempo, Don Alfredo!
Explíquenos ese asunto del gradualismo porque mil por ciento de aumento en dos años no suena muy gradual. Y ya que está trate de pasar en limpio y de cara a la gente cómo es que entraron setenta y tres millones de litros de vino chileno, nada más y nada menos que a la capital mundial del malbec.
Como supongo que algún maestro o alguna profesora se llevaría el mate y una sillita para escucharlo vea si los convence de que no se agarren una gripe para que no les caiga el Ítem Aula y pierdan el diez por ciento de su salario. Quizá lo aplaudan cuando usted, Don Alfredo, les cuente de las mejoras para la vida cotidiana con el aumento del setenta y ocho por ciento en las boletas del agua. O de esa maravillosa maniobra popular de desfinanciar a las provincias y municipios para que las empresas de servicios no pierdan ni un centavo.
En fin, Don Alfredo, qué le voy a enseñar yo a usted, un líder con oratoria fluida y verba encendida.
Tengo la esperanza de que acepte mi propuesta y la sospecha de que no. Últimamente es así en nuestra patria. La sospecha le viene ganando a la esperanza. Una lástima.
Piénselo.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Extranjeros

Noviembre de 2007. Estado de Zulia, Venezuela. Estamos cubriendo el Tercer Encuentro Internacional de Filosofía "Humanismo, Cristianismo y Revolución". La invitación llegó por la generosidad de Carmen Bohórquez, historiadora y querida compañera bolivariana. Su biografía de Miranda es de una maravillosa lectura. Allí conocimos a Gianni Vatimmo, Martín Almada, Marta Harnecker, Rafael Plá León, Franz Hinkelammert y tantas y tantos pensadores lúcidos y sensibles.
Nos llevan a conocer un Centro de Salud a una hora y media de Maracaibo. Zona rural, ruralísima, casi una ciénaga, con las casas sobre pilotes, población pobre y numerosa. Muy próxima a la frontera con Colombia. Llegamos. El edificio es una maravilla, equipado con lo último y mejor de la infraestructura sanitaria. Internación, Maternidad, Ecografía. En fin, completito e impoluto. Con un anexo para casos de rehabilitación motriz. Fracturados, esguinzados, con discapacidades varias tienen allí un bálsamo de recuperación similar a cualquier instituto del mal llamado primer mundo.
Nos atiende el director, médico cubano, secundado por 25 venezolanas y venezolanos. Se me ocurre preguntarle a qué hora debe venir un paciente para obtener un turno. Le digo que en mi provincia funciona así. Me responde que el Centro está abierto las 24 horas de los 365 días del año. La atención empieza cuando el enfermo llega. Y no termina cuando se va. El seguimiento (el service poscura, si se me permite el exabrupto comercial), así como la consulta, la medicación y el tratamiento es gratis. TODO, absolutamente gratis.
Entonces, le consulto, teniendo en cuenta la proximidad fronteriza (se puede llegar a pie desde el otro lado) ¿si viene una o un colombiano a hacerse tratar se lo recibe igual o tiene que hacer algún trámite especial o cumplir algún requisito o pagar? Con la tranquilidad que da la conciencia humanista el médico me dice, nos dice, que quien llega a pedir auxilio es un ser humano y no importa su nacionalidad ni cualquier otro atributo de cara, sexo, religión o condición social.
Lo recuerdo a raíz del infame proyecto del diputado mendocino Luis Petri (ario, rubio, de ojos celestes, radicaloide) para arancelar la atención médica para extranjeros no residentes en nuestro país.
Su asesor, Joseph Goebbels, debe estar feliz por el cachorro de nazi que perpetúa el horror.

Números vitales

Números vitales.

Tenía tres mil trescientos cincuenta y cuatro días de vida cuando se produjo el golpe de Estado que se llamó de manera perversa Revolución Libertadora. Fue, según los libros de historia, un dieciséis de setiembre de mil novecientos cincuenta y cinco.
Tenía veinticinco mil trescientos treinta y siete días de vida ajetreada, con una esposa, dos hijos, cuatro nietos, tres libros propios (cifra provisoria), amigos vivos y ya no, viajes, arrugas bien y mal ganadas, una biblioteca multicolor, la curiosidad intacta y otros galardones y vergüenzas acumuladas, cuando volvió la Libertadora, esta vez golpeando desde los medios, los tribunales y las urnas. Fue un nueve de diciembre de dos mil quince. Los números de mi vida.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Con pedido de aclaración

Fue el lunes 12 de febrero a las 2 de la mañana. Sonó el teléfono fijo en casa. Atendió Celia, semidormida, como corresponde, y allí comenzó el show. "Hijo de remil putas, tullido de mierda, te vamos a moler a palos" Y de postre agregó "Te la agarrás con una mujer, cabrón" y otras manifestaciones de cariño adyacentes.
La mención de una mujer como víctima de una presunta ofensa mía  me desconcertó y me tuvo dando vueltas en la cama hasta que el sueño le ganó a la pesadilla y me dormí.
Aclaró que el mensaje decía venir de un celular mendocino de la empresa Movistar y que, por lo intempestivo de la hora, no pudimos identificar. Tampoco la voz porque se trató de esos mensajes de textos que una máquina oraliza con garganta profunda de metal, robótica e impersonal.
Comencé el análisis de la situación cuando el sol pintaba las primeros desayunos. Es cierto, soy enamoradizo. Me conmueven las mujeres enamorables y juego con ellas, pero lo mío es sólo romántico, casi decimonónico, puro escarceo retórico e inocente. Tengo, tenemos, una vida de amor que lleva más de 44 años de respeto y sostén mutuos con Celia y ya se sabe que perro que ladra etcétera.
De modo que me pasé al ámbito público. Ustedes me conocen, tengo actividad profesional, cultural y política activas. Y, por supuesto, no oculto mis pareceres.
Hice un inventario. Me dije que, por ejemplo, Mirtha Legrand no podía ser porque no soy paleontólogo. Elisa Carrió tampoco porque no soy psiquiatra. Ni Graciela Ocaña, no se me da la entomología. Margarita Stolbizer ya fue, está en boxes.
Quedan en el podio sólo tres. A saber: Patricia Bullrich,la muy etílica Ministra de Seguridad. Gabriela Michetti, la motorizada visionaria del final del túnel y vicepresidenta de la Nación y María Eugenia Vidal, la tenebrosa muñequita de terror y gobernadora de Buenos Aires, la gran esperanza blanca del mediopelo argentino.
En distintas ocasiones he sido duro, durísimo con ellas. Y si es necesario lo seguiré siendo. Pero jamás por su condición de mujer sino por ser lo que son y por representar lo que representan. Caras visibles de un período histórico detestable, entreguista y corrupto de nuestra historia.
Así que, luego del análisis, necesito que quien fue autor o autora de la amenaza me vuelva a llamar y aclare. Pero, por favor, en un horario más convencional, sin tanta euforia desbocada y, si se anima, con su propia voz. En el caso hipotético de que mi ofensa sea demostrada pediré las disculpas pertinente y tasa tasa cada cual para su casa.

sábado, 3 de febrero de 2018

Los residuales

A poco de asumir, y mientras discutía salarios y demás condiciones laborales con trabajadoras y trabajadores de la Fiesta Nacional de la Vendimia, dijo que el problema principal del mundo artístico y cultural de la provincia era que había demasiado "kirchnerismo residual".
Diego Gareca, el responsable de Cultura del gobierno radical macrista de Mendoza, es el autor de la música y letra del exabrupto. El funcionario tiene una nutrida trayectoria en esos asuntos desde que se inició con Alfredo Cornejo, el actual gobernador, cuando éste era intendente de Godoy Cruz, el municipio en el que vivo desde finales de 1974. Tan nutrida como su surtido de remeras zapatistas, guevaristas y de cuanta revolución haya perfumado el planeta. Gareca hizo siempre de "policía bueno" al mismo tiempo que Don Coso ensayaba los primeros pininos de su alianza con lo más retrógrado del oligarcaje empresarial. Eso que el inefable Natanson llama "derecha democrática", "neoliberalismo popular" o algún oxímoron parecido.
La cuestión es que Don Diego está ahora mismito en Cuba, la gloriosa, para participar en la Feria Internacional del Libro que va del 1 al 11 de febrero. Lo acompaña su pequeño saltamontes, Alejandro "Canito" Frías, el responsable del área Letras del organismo estatal.
Pero había que elegir escritoras y escritores que nos representen. Y hete aquí que los agraciados son: la talentosa y querida Liliana Bodoc y el talentoso y querido Andrés Cáceres.
Paradojas de la impostura, ambos han manifestado de manera pública y explícita su repudio a las políticas de los gobiernos mafiosos y un apoyo a los doce años del período que Néstor y Cristina presidieron. Apoyo no partidario, pero sí ideológico. Es decir, para llevar la voz y la obra de nuestra literatura han tenido que ir a buscar al arcón del "kirchnerismo residual". Parece que del otro lado de la grieta nadie le llega ni a los talones a nuestros residuales. Y Gareca y Frías lo saben.
Abrigo la esperanza (digo abrigo y los 35° del verano local y la maldita sensación térmica se hacen un picnic con mis glándulas sudoríparas, pero sigamos) de que Liliana y Andrés, luego o antes de presentar sus magníficas obras, le cuenten al pueblo cubano que estamos bajo el aluvión del neoliberalismo financiero más brutal de nuestra historia, bajo el mandato de un gobierno que respalda a los que matan por la espalda, que encubre a los encubridores, que premia a los negacionistas, que asciende a los asesinos de Maldonado y protege a los de Nahuel, que esconde y ningunea a los responsables de la desaparición de 44 submarinistas y que, como si todo eso no alcanzara, les roba cien mil millones de pesos a jubilados, discapacitados y excombatientes de Malvinas para transferírselos a los sojeros, mineros , banqueros y demás predadores sociales.
Usted me dirá, y con razón, que han sido votados por dos veces ya. Raro asunto ese de la coprofagia colectiva. Ojalá tenga cura antes de que la infección se haga crónica.
En la patria de Martí, Mella, Fidel y el Che conocerán a nuestros "residuales", los que representan no al gobierno que los llevó sino a una larga y prolífica producción literaria que está sostenida en el amor a los humildes, al terruño y a las mujeres y hombres dignos de su historia.

martes, 2 de enero de 2018

Idóneos

Dudé. Confieso que he dudado. Porque mi reflexión podía lastimar y no es mi intención. En todo caso debatir, polemizar, poner sobre la mesa de las ideas un tema que me preocupa desde hace rato. Y me acordé de Piero cantando aquello que, según él, pedía la Negra Sosa: "Hay que sacarlo todo afuera". Entonces, me tiro a la pileta sin protector y sin salvavidas en la panza.
La idoneidad es la justificación, la excusa o, en el más inocente de los casos, la explicación.
En la época más negra del siglo pasado, en el país y en el resto del mundo, se los llamó colaboracionistas. Suena duro, durísimo, lo sé.
Son personas que cumplen algún rol por decisión política del Ejecutivo pese a que tienen una historia personal que se da de patadas con el sesgo ideológico del gobierno. Sin embargo, ahí están, en áreas sensibles para la sociedad, cultura, salud, educación, medios de comunicación, justicia.
Ellos mismos, sus parejas, parientes y amigos se esfuerzan en explicar el lugar que ocupan con el sonsonete de su idoneidad para la gestión. Y es probable que sea verdad, pero ¿alcanza?
¿Acaso no fue idóneo Adolf Eichmann para la llamada Solución Final?
¿Quién puede negar la idónea tarea de Leni Riefenstahl como documentalista preferida de Adolf Hitler?
¿No es un ejemplo casi perfecto de idoneidad Domingo Cavallo? ¿José Alfredo Martínez de Hoz no fue un idóneo ejemplar en destruir el aparato industrial y productivo durante el genocidio del 76 al 83?
Que alguien me discuta la idoneidad de Jaime Durán Barba. O de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz, el veraneante, el ciudadano ilustre de Mar del Plata por obra y desgracia del aparato judicial federal argentino.
¿Fue menos idónea la maniobra entre Bernardino Rivadavia y la Baring Brothers?
Entonces, la idoneidad y la incompetencia son sólo un dato y no el principal si de de ideología se trata. Este gobierno que supimos conseguir tiene ejemplos. Sergio Bergman, Gabriela Michetti y Laura Alonso, para no abundar, son incompetentes de historieta.
Claro que excluyo de estas críticas a quienes llegaron a una cátedra, un micrófono o un puesto de enfermero luego de haber superado el concurso de antecedentes correspondiente. Sólo me pregunto qué pensará el que o la que conduce un ministerio, el área respectiva de otro, la conducción de un instituto estatal a raíz de haber sido tocado por la varita mágica del dedo político.
Ojo, no digo que sean nazis, genocidas o entreguistas a la violeta, pero son colaboracionistas de un regimen que mata por la espalda o por hambre o por incompetencia, precisamente, como parece ser el caso de los submarinistas.
Desde la dirección de un área cultural o un ministerio de salud se puede ser cómplice del asesinato de Santiago Maldonado o del secuestro de Milagro Sala. Aunque uno haya sucedido en Chubut y el otro en Jujuy y la gestión cómplice ocurra en Mendoza.