miércoles, 19 de julio de 2017

Un elogio

No tiene firma, pero no parece anónimo. Es digital, pero parece medieval. Está lleno de condicionales, pero ya se les ha hecho costumbre. Se les habría hecho costumbre.
Dicen, escriben, que el aludido tiene un "problemita" y que sus compañeros y seguidores estarían, otra vez el condicional, infaltable, preocupados. Basta de suspenso.
El afectado es Juan Jofré. Juani es el primer precandidato a diputado nacional mendocino en la lista de Unidad Ciudadana, el Frente que encabeza Cristina en el orden nacional. Y sí, Juani tiene, o tendría, un problema. De todos los competidores que ocupan un lugar similar en las otras listas él es al único que se lo han detectado.
Dice el pasquín digital MDZ que Juani se emociona mucho cada vez que alguien, una mujer sin empleo o un trabajador que muestra sus manos temblorosas con la factura del gas que flamea dolor e impotencia o un pibe que le cuenta que los milicos lo manosean por portación de cara o un jubilado que derrama penurias, entonces el Juani los abraza y llora y sufre con cada uno y les da calor humano y los y las alienta a no bajar los sueños, a seguir caminando por mejores tiempos, por mejores vientos.
Y el problemita para estos alacranes del periodismo es que el Juani no es un político como los de ellos. No se pone a mayor nivel ni a más altura que el prójimo. El Juani y sus compañeras y compañeros no llevan un banquito, no se suben a una tarima para escuchar al Otro y, desde allí, cantarles la precisa.
Entonces, doble elogio. Porque el Juani es distinto a ellos, savia nueva que surge del país profundo, con sensibilidad compañera y, creo que esto se les escapó o el inconsciente les hizo una zancadilla, dicen, reconocen, que es el "candidato de Cristina en Mendoza" y despejan así trampas de marketing de quienes pretenden confundir una foto con las convicciones que trasmiten un abrazo y la emoción sin maquillaje.

sábado, 8 de julio de 2017

Cuando

Cuando encender la luz, abrir una canilla y prender una estufa vuelvan a ser gestos cotidianos y no un viaje hacia el territorio de la incertidumbre.
Cuando la bicicleta sea otra vez un medio de desplazamiento físico y no un sillón para burócratas o el modo de reproducir billetes.
Cuando una carrera científica no termine más en un tacho de basura o en un mullido laboratorio anglosajón.
Cuando una jubilada salga de la farmacia con su medicamento y no con una arruga más en la frente.
Cuando una mujer pobre pueda abortar de manera legal, segura y gratuita en un hospital público y no en la carnicería del barrio, escondida y entre ratas, moscas y avergonzada.
Cuando un decreto vuelva a ser una invitación al festejo y no un misil a la línea de flotación de los humildes.
Cuando ingresar a la escuela pública sea un ascenso y no una caída.
Cuando el trabajo sea un organizador de la vida familiar y no una utopía perdida.
Cuando el ombligo recupere su condición de cicatriz del origen en lugar de jugar a ser cúspide de la montaña de los valores.
Cuando la política sea un cursus honorum y no un gerenciamiento corporativo.
Cuando no sea un milagro la libertad de ella.
Cuando Alí Babá y los 40 ladrones dejen la Casa de Gobierno y regresen al libro que los hizo célebres hace mil y una noches.
Cuando Bullrich sea sólo un patio, lo tomemos y hagamos un parque ecológico con peces rojos y globos aerostáticos multicolores, menos uno.
Cuando digamos Paco y nos venga a la memoria Ibáñez y sus cantos o Porrúa y sus ediciones y deje de ser el mutilador de cerebros de nuestros pibes pobres.
Cuando un banco sea un mueble para apoyar el culo en una plaza mientras nos besamos y no la casa madre de las estafas.
Entonces, cuando nuestros muertos nos manden que cantemos, como dice Mario, cuando empecemos a reconstruir el nido celeste y blanco de este territorio mestizo, cuando ya no quede más tiempo para lamentos y llegue la luz del trabajo consciente y fecundo, nos tomaremos de las manos y antes del primer ladrillo recordaremos los versos mareados de Cadícamo: "Y, sin embargo, ¡ay!, mirá lo que quedó".