miércoles, 23 de diciembre de 2015

Triste, solidario y final

Anoche soñé que manejaba un auto. Iba por una ruta costera y el vehículo se deslizaba con la placidez que dan los buenos momentos, los buenos sueños. Como saben los que me conocen mi discapacidad motriz me impide conducir un coche, un camión, un ómnibus, un tanque, una lancha y un avión, entre otras cosas. Pero soñé y quién me quita lo soñado y la cara de feliz cumpleaños que me inundaba. Iba acompañado por un amigo muy querido, de los de la categoría de los eternos.
Hoy, miércoles 23 de diciembre, termina el ciclo 2015 de "El Candil", programa de radio que en noviembre pasado cumplió 20 años consecutivos en el aire. Desde febrero de 2011 su hogar fue Radio Nacional Mendoza, bajo la dirección de Ernesto Espeche (no habrá ninguno igual, no habrá ninguno). Y si digo fue y no es se debe a que algo pasó en nuestra patria el 10 de diciembre de 2015. Pero enseguida sigo con eso.
A los festejos por el aniversario vinieron, antes del cataclismo electoral, Liliana Herrero y sus músicos, Víctor Hugo Morales, Eduardo Aliverti y Nora Veiras, todos y cada uno cosecha de amigos, compañeros y colegas (en ese orden) de tantos años.
Después vino lo que vino, el aluvión de los negocios amparados en la legitimidad del voto popular. Por muy poquita diferencia, pero diferencia al fin. Juan Carlos Villegas, trabajador de la empresa avícola "Cresta Roja", reprimido por Gendarmería según las instrucciones del delincuente que nos gobierna, dijo que él y sus 5 hijos lo habían votado porque querían un cambio. Y el muy procesado cumplió. Algo cambió. Jamás lo habían reprimido a él o a sus compañeros laburantes durante estos 12 años. Cambió, ahora los apalean, les pegan, los hieren, los desamparan y cuando están hechos mierda van y negocian unos mangos, pero con la promesa firme de que van a volver a apalearlos, pegarles, herirlos y desampararlos las veces que haga falta para que los sojeros y los formadores de precios sigan rapiñando tranquilos. Axel Kicillof, nuestro mejor Ministro de Economía, dijo que, a diferencia de otras épocas, no necesitan privatizar las empresas estatales porque las han asaltado, las tomaron para ellos Monsanto, Techint, Clarín, HSBC, Shell y siguen las firmas.
En fin, nadie sabe decirme si en febrero volveremos a juntarnos, a abrazarnos a través de los micrófonos de la Radio Pública. Mientras escribo estas líneas de despedida están anunciando la intervención de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, AFSCA, organismo creado por la ley más y mejor trabajada por la sociedad civil argentina y sancionada por amplísima mayoría legislativa. Es decir, no soplan buenos vientos.
Sin embargo, si soñé lo imposible me pregunto y les pregunto ¿cómo harán los buitres nacionales que supimos conseguir para impedirnos soñar? ¿qué decreto me va a prohibir comunicar mis sueños y mis pesadillas?
Esta despedida es triste, no lo puedo negar, no sé si será final, insisto, pero a diferencia del título de la obra del gran Soriano y según lo vivido en estos días por el equipo que me acompaña y por mí, no será un final solitario. El amor de los y las oyentes convierten a esta despedida en un abrazo solidario. Abrazo aprendido en esta docena de años, los mejores de mi vida.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Conejos

"Se acerca un tiempo de conejos"
Silvio Rodríguez


"¿Qué hay de nuevo, viejo?". Mientras roe una zanahoria, la misma zanahoria de siempre, el conejo Buggs Bunny aparece en las pantallas de la televisión mundial desde el 27 de julio de 1940. Es decir, es más viejo que yo. No mucho, pero 6 años a esta altura de la vida es una diferencia más que interesante.

Sos, desde entonces conejo viejo, una herramienta de lo que algunos politólogos, sociólogos y demás "ólogos" llaman penetración cultural. Nuestro país fue también víctima, en estos días, de esa infección ideológica. Y ahora que el Gerente General y sus secuaces se proponen "desideologizarnos" hasta los saludos no está demás, entonces, repasar si hay algo de nuevo o no, viejo.
Y no, me parece que no, viejo. Si inclusive en algunos casos son los mismos conejos de antes o sus crías de idéntico apellido. Veamos. Federico Sturzenegger es el mismo. Alfonso Prat Gay y Carlos Melconian, también, viejo. Pero Horacio Liendo es el hijo de Horacio Liendo, el ministro del Interior o algo así del infierno genocida. O Nicolás Massot, sobrino del tío Vicente, el dueño del diario nazi de Bahía Blanca "La Nueva Provincia". Procesado el tío viejo, viejo, por la desaparición forzada de dos trabajadores de su medio durante la dictadura. O Luis Blaquier, también sobrino, pero de Carlos, el viejo, viejo, dueño del Ingenio Ledesma y responsable de la "Noche del Apagón", que nos debe la vida de muchos jujeños en esa época del miedo. O Santiago de Estrada, el octogenario y prejurásico responsable de la Secretaría de Cultos (en el sentido religioso del término, casi un oxímoron), también desempolvado de la lista de cómplices civiles del terrorismo de Estado.
Donde antes se leía Michel Camdessus o Teresa Ter Minassian hoy se lee Thomas Griesa, Cristine Lagarde o Daniel Pollack. Donde antes se leía ajuste hoy léase sinceramiento. Pero nada nuevo, viejo. Son las careteadas en la gala del Colón y los escotes frívolos de las minas de los CEOS, las groserías farandulescas en los balcones históricos y los atropellos y amenazas de los que vuelven, viejo, rejuvenecidos de revancha.
El Deutsche Bank, Citibank, JP Morgan (conozco gente de otra JP un poquitín más solidaria, viejo), HSBC, Monsanto, Shell (con su traducción al castellano y la puteada respectiva), el innoble Magnetto, los agropecuarios Mitre, sus vacas y sus campos robados a punta de pistola, sus escribanos y sus jueces, todos ellos te van a dejar sin zanahoria y sin tus hermosas paletas frontales, viejo Buggs. Van a sobreimprimir la imagen de Laura Alonso a la tuya con la voz de Marcelo Bonelli diciendo "Que la inocencia les valga" y durante los próximos cuatro años, por lo menos, todos los días será 28 de diciembre. Así es, viejo. Nada nuevo.
Salvo que aparezcan los otros conejos. El necio que canta Silvio, el que se va con Alicia al otro lado del espejo o ese que, asombrado, sale de la galera del trabajador cuando cada atardecer, al regresar al hogar, el hijo, conejo él también, corre a su encuentro con la sonrisa desplegada.

lunes, 30 de noviembre de 2015

ANAL.

Como casi todas las buenas cosas la idea nació alrededor de la mesa del café de los sábados. Las otras buenas cosas se generan de a dos y en una cama. Estábamos los de siempre, pero ese sábado se sumó a la tertulia un médico pederasta (perdón, pediatra), el doctor Caín Cansino. Se presentó y dijo ser portador de una iniciativa interesante.
El doctor Caín nos traía su propuesta y un distintivo muy colorido que sólo mostraba una brillante letra M. Ante nuestra sorpresa Caín nos prometió explicar primero la idea y luego, si nos sumábamos, el significado del prendedor. Pidió su tecito con una medialuna sólo para chuparla, le dijo a Raúl, el mozo. Fue otra sorpresa.
Los veo muy intrigados, agregó.
Llovía con ganas. Cuando uno piensa o dice que llueve con ganas surge alguno de nosotros y plantea la duda, ¿con ganas de qué? En esas nubes andaba yo cuando, como un eco, escuché a Caín ¿Andan con ganas? En los treinta y pico de años que ponemos el culo en las sillas del café hemos recibido personajes de distinto pelaje, pero éste nos desconcertó.
Alfredo de Rosas, es el más viejo de nosotros (hace quince que tiene ochenta y nueve años. Dice que ahí paró para no volver a la década de los noventa, que ya estuvo y le fue como el orto. Él lo dice así, jamás lo diría yo, un profesor de Lengua, un experto en su buen uso). Alfredo, que se jacta de ser descendiente del Restaurador de las Leyes, es un experto en detectar especímenes raros. Anarcocomunistas, guevaristas tardíos, troskistas dolarizados, socialistas póstumos, ecologistas fumados, ninguno escapa a su ojo clínico. Por eso me guiñó el izquierdo (el otro lo tiene en stand by) como aviso de que la cosa venía bien.
Caín nos contó parte de su historia. Dijo que tenía un hermano mellizo que, por supuesto, se llamaba Abel (Hay que ver la maldad de ciertos padres para marcar in aeternum el destino de sus cachorros) y que, también por supuesto, era médico. Pero ginecólogo.
Como en el best seller global los hermanos se llevaban muy mal. Abel era prejurásico en su modo de ver la vida. Tenía un concepto cavernario respecto del cuerpo humano y su uso. Y no te digo si ese cuerpo tenía curvas, tetas prominentes, culo apetecible y piernas bien torneadas, contó Caín mientras lamía con fruición la medialuna.
Notamos que su cara iba tomando un color rosado subido de tono, pero lo instamos a continuar. No quiso abundar en detalles. Sólo agregó que planeaba constituir una agrupación, una cooperativa, un club o una unión vecinal (entre sus alternativas no mencionó la unidad básica) o algo por el estilo, para contrarrestar, dijo, la pésima influencia en la conciencia colectiva de la sociedad de un tipo tan retrógrado como Abel, su hermano.
En nosotros fue creciendo el interés. Se sabe, o debería saberse, que somos unos viejitos inofensivos, pero audaces en lo teórico. La praxis amatoria nos fue abandonando al ritmo infalible de la biología, pero mantenemos nuestra memoria viva, erecta sería más preciso, para la seducción y la rebeldía ante las mujeres bellas o los fanáticos de lo puro, según corresponda.
El asunto es que Caín hizo la propuesta concreta, terminó de lamer su factura, pagó y dio por concluida la misión. Nosotros invocamos el recuerdo del querido Egidio González Condón, uno de nuestros muertos amados, con la certeza de que su apellido materno había atraído a Caín, y aceptamos el convite.
El doctor Cansino comenzó a alejarse con paso ídem hacia la puerta del bar. A los gritos le reclamamos la explicación prometida respecto del distintivo y la letra M.
Ah, es cierto, nos dijo. La letra M significa Manuela y al color violeta del fondo se le llama obispo, creo.
Así nació ANAL (Asociación Nacional de Autosatisfactores Libertarios).

martes, 24 de noviembre de 2015

El cepillo que habla

¿De dónde salió ese asunto de que el pueblo nunca se equivoca? Los que me conocen saben que lo sagrado y yo nos llevamos a las patadas. ¿Acaso el pueblo tucumano no eligió gobernador por voto popular al genocida Antonio Domingo Bussi en 1995? ¿O al comisario torturador Luis Abelardo Patti, intendente de Escobar, Buenos Aires, en el mismo año con el 73% de los votos? El pasado 25 de octubre la Perla del Atlántico, Mar del Plata, coronó por sufragios a Carlos Arroyo, un nazi confeso, como alcalde. Con perlas así quién necesita joyas.
El pueblo argentino no es culpable de haber entronizado a un ignorante y corrupto en la Casa Rosada, pero sí de haber equivocado el rumbo. Al menos una parte de importante. Es simple, un pueblo es la suma de seres humanos que tienen identidades comunes. Y, por definición, los seres humanos somos falibles. Incluido el Papa, mal que les pese a mis vecinas de misa semanal.
Tengo más bronca que tristeza. Más preocupación que desasosiego. Es que el gerente electo y sus secuaces avisaron. Esta vez, a diferencia del riojano innombrable, hubo preaviso. Le dijeron que las paritarias eran un instrumento fascista. Que los subsidios al transporte y demás servicios públicos iban a caer. Que las tarifas de gas y luz, por ejemplo, van a incrementarse entre 250 y 500%. Que las Malvinas son un gasto presupuestario innecesario (A propósito, la primera carta de felicitación extranjera que recibió Macri la enviaron los kelpers). Que iban a hacer pelota el plan Precios Cuidados. Que el dólar costaría 15 mangos. Que se podría importar chupetines de Zimbabwe y sillitas de Burubdi. Que el salario es un costo y había que bajar los costos. Que no servía crear tantas universidades, públicas, se entiende. Que iban a reprivatizar YPF, Aerolíneas, el fútbol, los aportes jubilatorios. Pero "redepente", como decía Niní Marshall, dieron vuelta el discurso y se desdijeron. Me hizo acordar a aquel dirigente sindical cervecero que, sin espuma en los bigotes (porque no usaba), declaraba: "No somos ni yanquis ni marxistas sino todo lo contrario". Algo así hizo Capriles en Venezuela hace algún tiempo, pero perdió con todo éxito. En cambio, nuestro Macriles ganó.
El asunto es que ya está. El candidato que fue vendido como un cepillo de dientes ("Use cepillos PRO, señora. PRO le deja la sonrisa como la de Susana Giménez, le da aliento por más horas, lo puede llevar en la cartera y sus cerdas acarician las encías como una mano maternal. Con PRO usted se sentirá una lady de Hollywood. PRO, un embrujo para siempre") y la mitad de la ciudadanía que tiene dientes, propios o no, compró.
Empieza a sentirse el olor nauseabundo del odio, el ataque a las Madres y Abuelas, el pliego de condiciones para reivindicar a los genocidas. Empieza a despertarse, por eso, el músculo de la resistencia. Ese que nos enseñaron en el 55 y que nos permitió sobrevivir desde el 76 al 83 al amparo de la dignidad envuelta en pañales y pañuelos.
Los que nos enamoramos de la inclusión humana jamás nos resignaremos a la pestilencia del odio. Y mucho menos si viene de la mano, la boca y las entrañas de un cepillo de dientes que habla.

lunes, 26 de octubre de 2015

Soy un tarado

Según el Manual de Política Moderna de la Correct University de Tranquilandia esto que voy a hacer no se hace, pero no me importa. En primer lugar, seré autorreferencial y además meteré la cuchara en el trillado y espinoso asunto de que si el pueblo se equivoca o no. Hasta donde sé eso que se conoce como pueblo está compuesto por seres humanos, llamados electores para la ocasión. Entonces, falibles por definición. Y más si se cuentan de a muchos. Pero se lo sacraliza y ya se sabe que lo sagrado y quien escribe no se llevan bien.
Cuentan que mi abuelo Manuel encaneció en una sola noche, la noche en que murió un hijo suyo. Sucedió mucho antes de que yo naciera. Lo conocí así, con su pelo blanco y finito, hilos de nieve en ese hombre robusto y tierno. Anoche cuando me acosté a no dormir me acordé de ese episodio. No fue mi caso, mis hijos y mis nietos están bien, tristes y golpeados por dentro, pero con la rebeldía en pie. Soy yo el que se siente un reverendo tarado. Si no sonara soberbio diría que anoche me licencié en tarado cum laude.
¿Cómo no me di cuenta de que dos satélites celestes y blancos surcando el espacio no cuentan ante la telenovela de las 19? Sólo un tarado mayúsculo al que se le llenan los ojos de agua cada vez que las Abuelas recuperan un nieto puede creer que ese momento vale más que la cotización del dólar blue. Hay que ser un estúpido visceral para ilusionarse con cada universidad pública mientras la señora que almuerza en televisión sigue formateando los comedores argentinos.
¡Cómo no entendí que un viaje a Europa o al Caribe pesa millones de veces más que el reconocimiento a las trabajadoras del servicio doméstico! Este tarado que soy vio crecer la casa propia de mi hija y su familia y a las señoras y señores de la clase media mirar con recelo cómo los ladrillos se elevaban sin su permiso.
Tengo 69 años. 12 de ellos, los últimos, fui cursando la carrera de tarado. Casi el 20% de mi vida, no es poco. Fui un alumno optimista y desprendido. En esos años me jubilé y cobro la mínima. Trabajo en Radio Nacional y de la magra remuneración que recibo dejo casi la mitad en taxis y remises porque mi discapacidad motriz no me deja subir a colectivos. Es decir, soy lo más parecido a lo que mis colegas hegemónicos llaman un periodista militonto. O militaradotonto, si se me permite el trabalenguas.
Ganó el candidato que voté, pero el de los globos amarillos quedó mejor parado. Veremos, pero como soy un tarado coherente volveré a votar igual. Es que ratifico en mi soberbia taradez que no estamos aislados del mundo. Festejaron Merkel, el FMI, Rajoy, Cameron y el amigo Donald Trump. Ayer la preciosa Mar del Plata consagró a un nazi como alcalde. Ayer el ecuatoriano que le da letra a Macri ratificó su admiración por Hitler y le fue bien. Pero este tarado, el que anoche no pudo dormir y envejeció como nunca antes, es además de tarado tozudo.
En el muro de una ciudad, creo que Rosario, alguien pide que lo abracen hasta que vuelva Cristina. Paulina pide que la despierten en 2019. Yo necesito lo mismo que el rosarino, pero despierto. De puro tarado que soy.

lunes, 12 de octubre de 2015

El vacío

Lo primero que me aparece cuando busco la definición de la palabra "vacío" es: "Que no contiene nada". Y no me llena. La definición, digo. Porque si no contiene nada quiere decir que hay un continente sin contenido. Sí, ya sé, parezco Sztajnszraiber, pero sin libreto adecuado. Entonces sigo investigando y el asunto se me complica un poco más. O un mucho. A esta altura ni Darío (ni en curda vuelvo a escribir ese apellido endemoniado) me ayuda. Es que hay tantos vacíos que sus estudios pueden llenar varios estantes de mi biblioteca. El que quiero encontrar, sin embargo, no está. Pero existe, lo intuyo, casi lo sé. Veamos. Busquemos qué nos ofrece el mercado, diría Melconian.
El vacío al que se refiere la definición con que se inicia este textículo necesita un recipiente. Eso que llamé continente, pero no el geográfico. No, no me sirve para satisfacer mi curiosidad.
Si estamos en un lugar, abierto o cerrado, aludimos a la falta de individuos. Pueden ser humanos o animales. Una presentación artística y el teatro sin público. La jaula de los gorilas sin gorilas. Este último ejemplo es también, lo confieso, una expresión de deseos ideológica.
En el plano sentimental a veces se confunde con el desánimo. Cuando la mina te dejó por un rubio camel o, al revés, el vacío que siente ella si el tipo se chifló con las minifaldas de la vecina y las minifaldas ganaron por goleada.
Arrojar o arrojarse al vacío, se suele escuchar. Una piedra, en el mirador del Lago Traful. O el paso en falso ante el precipicio, imagen que me lleva a la pesadilla individual o colectiva.
Alguien filmó una película (digresión: me sublevan las comentaristas e istos que dicen peli, info, promo, pochoclera y demás mutilaciones del lenguaje) que se titula "El nido vacío" (Daniel Burman, 2008). Un matrimonio entra en crisis cuando sus dos hijos crecen y levantan vuelo. Se piantan de su hogar. Dicen que no estuvo mal. La película, claro. No la vi, pero los jóvenes hacen eso y está muy bien. A nosotros, a mi compañera y a este servidor, no les pasó. Es más, nos vino de perlas que desplieguen alas.
A un espacio que no contiene aire, que está hueco, también se lo encasilla como vacío, pobrecito. Él quiere que lo llenen, pero nadie se compadece.
La desesperanza, la depresión y el horizonte en contramano a veces te dejan vacío. Creo que los especialistas en estas situaciones le pusieron el mote de vacío existencial cuando, en realidad, quien lo padece no piensa más que en acabar con el vacío, con la existencia y el oscuro devenir. Pero, en fin, supongamos que después de las pastillas y el masaje al Eros del padeciente el tipo o la tipa salen del encierro tanático y aceptan que un buen asado con los amigos bien valió la pena tanta guita invertida y tantas horas en el diván.
Esa carne de vaca que está entre el costillar y el cuarto trasero, crocante, tierna y sabrosa, como lo preparan algunos expertos, es el mejor vacío que nuestra cultura culinaria le ofrece al mundo. Crepita en la parrilla de Guido, en la de Leandro o en la de Patico y cualquier pesar le da paso al brindis. Alguna vez el gran Juan Sasturain se explayó al respecto cuando le pidieron colaborar para un dossier cuyo tema era la carne. Claro que los solicitantes apuntaban para el lado del sexo y esas linduras, pero el Juan es así. Impredecible, creativo y maravilloso.
La Argentina que, ahora que lo pienso es como Juan, ha aportado a la cultura del mundo mucho más de lo que creemos. Ya se sabe, Borges, Gelman, Cortázar, Quino, el dulce de leche, la birome, el trágico concepto de desaparecidos y las inscripciones al frente y a la cola de camiones y ómnibus, por dar algunos pocos ejemplos. En estos días proselitistas mi país agrega a esa lista una nueva especie de vacío.
El vacío argentino mediático es un aporte de quien asume su condición de clase, pero con nada de clase. Entiéndase a la primera como colectivo social. Y a la segunda como estilo, modo de ser y convivir. Ahora que lo pienso, una y otra son complementarias, funcionales entre sí. Bien, la cuestión es que ese vacío argentino al que aludo nos llena los ojos y los oídos con burbujas de la nada, con frases evanescentes, con discursos retóricos. Que habrá pobreza cero, que juntos podemos, que los sueños, que nos merecemos vivir mejor, que todos somos buenos y tomamos la sopa, que mejor cambiemos, que vamos a hacer un millón de casas porque somos un millón de amigos de Roberto Carlos y de María Eugenia, que nadie nos va a perseguir por pensar, que podremos empapelar nuestro hogar con billetes verdes y colgar globos amarillos en la cuna de los bebés, que van a matar a los malos como en las películas de Hollywood, que la patria es el campo y la empresa privada es un orgasmo económico, que en los países serios la educación es de mejor calidad siempre que sobrevivas a la matanza semanal en sus aulas, que la Justicia debe ser independiente para que no se lleve puesto a los estafadores de lujo, pero no deje en paz al pibe adicto, que la amistad se cotiza en las buenas, aun con errores de carga.
Un vacío raro, con pus.

jueves, 1 de octubre de 2015

Me convidan con vida

"Me vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda"
 Silvio Rodríguez



Soy inconforme de nacimiento. Tal vez mi malformación articular congénita, más tanto libro leído y por leer, tanta poesía gelmaniana, tanto Saramago, tanto Cortázar, tanto galeanismo, tanto perfume de la revolución cubana, tantas amistades, tanto amor célico, tanto hijo e hija luminosos, tantos nietos al sol, tanto fracaso personal, tanta derrota colectiva y tanto Gramsci me fueron alimentando la insatisfacción optimista. No sé si se entiende. Quiero decir que a medida de que vamos subiendo la cuesta se me aparecen nuevos desafíos. Se nos aparecen, digo. Y así debe ser. Ningún conforme ayudó a cambiar la historia.
A esta altura del partido cuatro años se cotizan alto. Puede ser por un viaje importante o el reencuentro con alguien muy querido, un período presidencial o la partida final de un amigo (aunque tenga razón Marx por aquello de que la muerte es "esa revancha de la especie sobre el individuo"), pero cuatro años se convierten entonces en decisivos.
Y me acordé del cuento "Alí Babá y los 40 ladrones", que forma parte de "Las mil y una noches". Un clásico tan clásico que, adaptado a épocas de nuevas tecnologías, de guerras preventivas y pontífices americanos "de la vereda de acá", parece una alegoría escrita en la mesa de madera de un bar de Buenos Aires. Mientras tanto encuentro el concepto de "bancarrota moral" del que habla Ricardo Piglia en "Los diarios de Emilio Renzi" (Anagrama, 2015) y calza justo en el panorama de opciones para empezar a vivir el cuatrienio futuro.
Me vienen a convidar con las 19 vacunas obligatorias y gratuitas o a la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones.
Me vienen a convidar con las 1.900 escuelas públicas nuevas o a la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones.
Me vienen a convidar a darle la bienvenida a los científicos argentinos repatriados, ya más de mil, o a la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones.

(Pequeña digresión antropohistórica: que uno de los administradores de la guita de Alí Babá, es decir uno de los 40, se apellide Macchiavelli se puede leer como una afrenta al gran Nicolás o como una ironía cósmica. Cósmica dije, no cómica).

Un exhumorista mendocino, un exdirigente peronista con apodo maderil, un actual abogado de asuntos electorales y Alí Babá y los 40 bla bla opinan que hay pueblos enteros que no están en condiciones vitales de saber elegir. Ellos creen, en verdad lo creen, que un bolsón de comida y un par de zapatillas vulneran la soberanía de las personas humildes. Ellos creen que los otros son como ellos, como Alí Babá y los 40 ladrones contratistas del Estado bobo.
Me vinieron a convidar un lugar en la plaza sin rejas, un espacio en los tribunales donde se juzga a los genocidas de uniforme, de sotana o de saco, corbata y guante blanco. Me dejé convidar agua del manantial que brotó del hueco que dejó el cuadro del infame, descolgado por las manos sabias del que nos dejó antes de tiempo.
Me vinieron a convidar 117 veces, por ahora, ciertas abuelas al reencuentro con los pañales blancos, la calesita de la plaza, las muñecas de trapo y la pelota de cuero del potrero. Y acepté ese convite como acepto los abrazos de mis amigos y los postres que preparan mis amigas cada vez que hay fiesta en los patios. A esa fiesta no fueron, no van y no irán jamás Alí Babá y los 40 "espantapájaros del yo".
Me sumo jubiloso y jubilado a las fechas de cobro, a las vacaciones, al trabajo solidario, a las abejas y sus mieles, al roce de las manos callosas de los obreros. Se me instala en la cara la sonrisa de la Tere, nuestra trabajadora doméstica, cuando se entera de que su paritaria la protege por primera vez en la historia argentina. A ella, que es peruana, connacional americana del sur.
Pero, como dije, no me alcanza, no nos alcanza. Todavía hay mujeres que no pueden decidir sobre su cuerpo, hay extorsiones internas, hay mucho garca sentado a la mesa de la fiesta, faltan guardaparques y guardabosques, hay demasiada mugre mineral y sobran terratenientes sojetes. Todavía hay pobres que matan a pobres por defender la sacrosanta propiedad privada de un celular imbécil,. Ayer nomás, en Ugarteche, Luján de Cuyo, Mendoza, la prédica mediática de la "tolerancia cero", de que esto es mío y sólo mío hizo encender el fuego asesino y calcinó la vida de un pibe de 16. Con la impunidad que los caracteriza, los incomunicadores de siempre se regodearon en el morbo de una falsa "justicia por mano propia". Cuando en verdad hubo antes años, decenas de años de tinta roja, micrófonos sucios y cámaras obscenas enseñando que el otro es el enemigo. También allí juega su juego Alí Babá.
Resumo para no aburrirte, resumo para seguir. Cuando me convidan a la vida, celebro y voy. Pero cuando Alí Babá y sus 40 me convidan con el veneno de sus balances mentirosos, con sus cirugías oxidadas, sus cuentas en guaridas externas, con sus joyas truchas y sus ostentaciones de plástico. Cuando de su cueva sale ese olor putrefacto, cuando sus excrementos emergen de los micrófonos, las cámaras y los muros virtuales. En fin, cuando la mierda de clase trabaja su fétida plegaria, ya sé qué hacer en octubre, mes de revoluciones amanecidas.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los alguien

"Los espantapájaros se zambullen en la niebla.
Con la cabeza rellena de sentido común
aplauden sus prejuicios, sus lugares comunes
y comienzan todas sus frases con la palabra yo."

Luis Alfredo Villalba


A las 19,30 de un día con el viento Zonda dueño de todas nuestras sensibilidades sonó el teléfono. Atendí. Se presenta una voz masculina, joven y amable. "Buenas tardes, soy del equipo de Prensa de Mauricio Macri", me dice. Primera sorpresa, no es una grabación, es un ser humano. "¿Es usted Julio Rudman?" Sí, claro, ese que nombra soy yo, pienso, pero le digo que sí, sólo eso. "Queremos hacerle algunas preguntas, ¿puede responder ahora?". Con mucho gusto, y empecé a relamerme, a poner en funcionamiento el costado más ponzoñoso de mi hemisferio derecho. Pero nunca imaginé que la estocada venía por donde venía.
El joven toma impulso y comienza la compulsa (de ideas porque para la de precios tienen la organización armada en Obeliscolandia). "¿Qué necesitaría usted para ser feliz?", me escupe el tipo por el tubo. En ese instante pensé en las multitudes manipuladas por algún pastor trucho en esos templos brasileños y me sentí uno de ellos (de los manipulados, digo), pero fue un flash, sólo un instante. Me rearmé, puse la voz lo más parecida a la de Eduardo Aliverti (mi vocación por el ridículo sigue intacta) y respondí: "Necesito que el 25 de octubre próximo gane la fórmula del Frente para la Victoria, necesito que Scioli y Zannini profundicen lo hecho desde 2003, necesito que Macri confiese que no puede o no quiere ser presidente." "Je", fue la reacción del joven pro. Tragó saliva y se recompuso. Más o menos, porque de inmediato me agradeció la atención y cortó. Con la satisfacción del deber cumplido volví al televisor. En ese momento recordé que me había prometido, el muchacho, preguntas, así, en plural. Se ve que con mi perorata quedó satisfecho, pipón, como yo cuando mis queridas amigas me festejan con sus postres.
Mientras el noticiero mostraba el enésimo naufragio mediterráneo y su contracara, la señora Merkel distribuyendo entre sus pares los pobres que ellos mismos fabricaron y ahora no saben dónde poner, mientras salía pus de los contratos entre amigos del gerente de la Ciudad Autista de Buenos Aires, recordé una conversación con Lucrecia (supongamos que se llama así). Ella revolvía su pocillo de café cuando ya se lo había tomado. Estaba asustada, preocupada por la posibilidad de que todo se fuese al carajo. Traté de calmarla, le pedí otro café. Por lo menos para que no revuelva al pedo y me lancé a desplegar mis argumentos tranquilizadores. Los comparto con ustedes.
Todavía no sé si la derecha nativa no quiere ganar las elecciones porque no puede. O viceversa.
Un partido político que critica el sistema electoral del que participa juega con fuego. Porque si gana (toco madera) gana manchado por su propia sospecha. Ergo, si bate el parche con el argumento del fraude es que sabe que no gana. Un partido político que admite, en la voz de su eventual ministro de Economía, que va a devaluar la moneda un 60% es porque sabe que no llegará al Poder, al menos por la vía electoral (vuelvo a tocar madera). Un partido político que promete terminar con la pobreza, el narcotráfico y unir a los argentinos en 4 años sin explicar cómo sabe que es marketing, sólo eso, y que es más fácil vender un chocolate a un niño que asumir el Poder (tráiganme más madera). Un partido político que tiene un candidato a presidente abonado a las indagatorias judiciales desde que era así de chiquitito y cada vez y desde siempre va a esas audiencias con paraguas mediático a prueba de almanaques. Un partido político que recibe el aplauso militante de un sentenciado por violación (Héctor Ruiz, exintendente de La Banda, Santiago del Estero. A propósito, hay que ser macrista y haber sido alcalde de un lugar que se llame así).
¿"Tu argumento supone que hay que seguir tomando café hasta que el 25 de octubre a la noche nos encuentre festejando junto a los compañeros en la plaza?", me miró Lucrecia mientras revolvía su tercer cortado.
No, de ninguna manera, porque de este comicio deben surgir funcionarios legitimados por los votos populares, pero no sólo. Deberán sustentarse en el piso alcanzado, en los ladrillos consolidados y con los cantos, los colores y el perfume que reparten "los nadies" de los que habla Galeano, "los ningunos, los ninguneados". Los que empiezan a ser "los alguien", los visibles, los que pueden acceder a bienes y servicios que eran de exclusiva propiedad de los espantapájaros del yo, los que se hacen visibles por "prepotencia de trabajo".
No sé si convencí a Lucrecia, pero el beso de despedida en la puerta del bar me dejó ese sabor a fruta primaveral en la comisura izquierda de mis labios.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Cultos

A Graciela Alaniz, amiga de buena madera


Algo se veía venir. El escritor Ilya Ehrenburg había escrito en 1954 "Deshielo", novela emblemática desde el título, aparecida el mismo año de la muerte de Stalin. Después, en febrero de 1956, el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética desnudó las perversiones de un sistema que nació para liberar al ser humano de la explotación y desbarrancó hacia las purgas, matanzas y otras ternuras así. Nikita Jruschov, el histriónico y rechoncho líder del deshielo, describió la conducta de dirigentes y burócratas varios que se inclinaban sumisos ante la presencia, a veces simbólica, del padrecito georgiano. A eso se le denominó "culto a la personalidad". Y el ejemplo se viralizó, como dicen los posmodernos hoy.
El primer peronismo al compás de los avances libertarios a favor de trabajadores y capas medias también produjo ese fenómeno. La figura y las frases del general ocuparon la cartelería pública, los libros, las películas y las efemérides y el país se hizo casi monocolor. Tal vez haya sido una característica de época. Lo cierto es que en la Unión Soviética y en nuestra patria hubo motivos que pueden explicar el fenómeno. Explicar, no justificar.
Allá, la conducción estratégica de la guerra y su secuela de millones de víctimas y destrucción de medio país. Acá, el Estatuto del Peón rural, la sensación de dignidad para la clase obrera, su participación protagónica en la construcción de una nueva sociedad, su constitución, aunque precaria, como sujeto político emergente. Los años demostraron, allá y acá, que no era tanto ni tan poco, pero es fácil leerlo en el diario del día siguiente.
Pero parece innegable que Argentina tiene características suficientes como para escribir páginas llenas de épica en distintos ámbitos. Nadie nos va a discutir el mérito de haber inventado el dulce de leche, el revuelto gramajo y la costumbre de pintar el frente y el trasero de los camiones con frases y dichos populares. O la birome. Y para qué hablar de las dos gloriosas M del fútbol mundial: Maradona y Messi. Y el tango, claro, el tango. Y las villas miseria y los desaparecidos y tantas tragedias más industria nacional marca registrada.
La cuestión es que no nos cansamos de ser los primeros en instalar novedades, quizá globales, vaya uno a saber. Cuando veo a señoritas, señoritos, viejas y viejos musicalizando su fervor idiota con la bijouterie y las casacas de moda, respectivamente. Cuando lo veo a él bailar sobre el escenario como un canguro epiléptico, cuando escucho su escaso vocabulario, para colmo dictado al oído o escrito por su coach o leido en una pantalla mal disimulada, en fin, cuando el festejo por alguna de sus arengas vacías y abstractas se viste de globos amarillos. Cuando la impostura los hace vociferar "Se siente, se siente, Mauricio presidente" me pasan dos cosas. En lugar de presidente mis oídos escuchan prescindente. Y, sobre todo, sospecho que Argentina ha inventado el "inculto a la personalidad".

lunes, 31 de agosto de 2015

El barro, la burra, la mugre

Especial para "La Tecl@ Eñe"



Nieva en la cordillera mendocina. Y está bien, muy bien. Nuestra provincia es un desierto de arenas y piedras, cerros y mujeres hermosas. El agua se necesita como el agua, "como el aire que exigimos trece veces por minuto", dice el poeta. Es tan benéfica la lluvia en estos pagos que la sabiduría popular dio vuelta el dicho. Acá se dice "Siempre que paró, llovió" y Macondo es, apenas, una utopía literaria,. Sin embargo, la simiesca prensa local, bajo el influjo de la madre que la parió, no tuvo idea más brillante que titular: "La peor nevada de los últimos 10 años". Desde El Candil, el programa que se emite por Nacional Mendoza de lunes a viernes entre las 16 y las 18, consultamos al responsable de Gestión Hídrica del Departamento General de Irrigación, Juan Andrés Pina, que nos dijo exactamente lo contrario. Es la mejor nevada de los últimos años y servirá, si continúa, para superar la crisis que padecemos todos los veranos desde la década pasada.
El paradigma mediático es joder, meter miedo, desanimar, preocupar e instalar el clima social de que todo está mal y, con suerte y viento a favor (de ellos), puede estar peor. Descubierta la patraña borraron de sus portales digitales eso de "la peor" y hoy se lee "la mayor". En fin, travesuras dañinas y cotidianas.
El tema es el agua. Como en nuestro país no se fabrican dólares, al menos de manera legal, estoy pensando en regalarle a mis nietos botas de goma para que jueguen y chapoteen con sus amigos en los charcos que se forman cada vez que llueve en su barrio. Su familia estrenó casa propia hace poco gracias al PRO.CRE.AR, ese plan maravilloso que el Estado puso a disposición de miles de personas de nuestra patria.
Una publicidad televisiva de agua mineral profetiza que donde hay agua hay vida. Sí, es cierto, pero andá a contárselo a las 7 víctimas fatales que dejó la "inundación número nosecuánto" que invadió pueblos y campos de la provincia de Buenos Aires. Que la culpa la tenemos todos (o sea nadie) por contribuir al cambio climático con aerosoles y gases tóxicos varios; que las obras hídricas no se hicieron o son insuficientes; que la sojización de los campos "pavimenta" el suelo e impide el drenaje de los líquidos; que la avaricia de los terratenientes y sus canales clandestinos deriva las aguas hacia cauces que se ven colapsados. Quizá sea un poco de cada cosa, pero la responsabilidad mayor es de "Ella", por supuesto. Sobre todo cuando la perspectiva electoral tiene nubes de tormenta para los monos mediáticos y sus subalternos políticos.
Cuando las "aguas bajan turbias" queda el barro. Allí están, con pechera o sin ella, los muchachos y muchachas para ir a iluminar al Otro. Como ya se ha hecho habitual ante cada desgracia natural o no. La Plata y Rosario, respectivamente, son sólo dos ejemplos.
Del barro se sale, se vuelve del dolor de ver la corriente impiadosa llevarse recuerdos, muebles, mascotas, flores, documentos, fotos o mercadería si el hogar es, además, negocio que sustenta el vivir diario.
El barro, greda ancestral, materia prima que del dolor muta hacia la solidaridad.

El Papa Francisco, de nacionalidad argentino y con apellido Bergoglio, muestra un afiche que le obsequiaron un grupo de compatriotas. El cartel insta al diálogo entre el Reino Unido y nuestro país por la disputa por la soberanía sobre las Malvinas. Es que se cumplieron 50 años de que la Organización de Naciones Unidas emitiera esa orden, la del diálogo como única forma pacífica de resolver un conflicto.
Francisco ostenta el cartón para que los fotógrafos hagan su trabajo. La imagen da la vuelta al mundo. Como era previsible los kelpers y sus ovejitas isleñas balan su protesta y un legislador british patalea su berrinche en la Cámara de los Comunes en Londres. Pero lo que no era previsible es que una dama argentina, diputada nacional del macrismo, Laura Alonso, nos vomite en el pecho. Según este personaje que parece surgido de la imaginación de H. P. Lovecraft, el Pontífice cayó en una trampa que, se supone, le tendieron un par de sanguijuelas kirchneristas. O sea, Francisco es un pánfilo y nosotros unos reverendos estúpidos.
La muy burra no ha sido desmentida ni desautorizada por ningún correligionario, ni abordada por el ejército de periodistas genuflexos para que explique por qué es que no le han crecido las orejas, como manda el estereotipo biológico para seres de su estirpe.
Mientras es improbable que eso suceda la legisladora hace mutis y corcovea en algún solar a sus anchas, "custodiada por expertos", como aquél vino berreta de mi infancia.
El oficialismo le agradece los patrióticos servicios electorales ante un tema tan sensible para la sociedad toda.

En Diario Uno, de Mendoza, del 10 de agosto, un día después de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias entrevistan al diputado del FIT (Frente de Izquierda y de los Trabajadores), Nicolás Del Caño, ganador de esa interna ante Jorge Altamira, el más liberal de los troskistas, según confesó en Harvard. El matutino del Grupo Vila-Manzano titula: "Del Caño confía en que la oposición triunfe en las elecciones generales" Y me acordé de dos publicidades que paso a describir a continuación.
En una de telefonía celular 4G, un señor que atiende una ferretería recibe pedidos de clientes desesperados. El primero en aparecer le pide "el cosito del caño", pero el ferretero le dice que no tiene.
La otra es de ropa interior para adultos con incontinencia. La marca se autoproclama excelente, como corresponde a la lógica publicitaria, porque dice que está producida con "Tecnología FIT".
Metáforas a su disposición, respetables lectoras y lectores.
Que el Jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, fue el autor ideológico del triple crimen mafioso por tráfico de efedrina en General Rodríguez, Buenos Aires, hace unos años. Que Cristina Fernández de Kirchner mandó a matar al fiscal Alberto Nisman para ocultar un negocio energético con Irán. Que Máximo Kirchner y Nilda Garré tienen una cuenta secreta en dólares en un Banco norteamericano. Que el Ministro de Economía, Axel Kicillof, cobra un sueldo mensual de 400.000 pesos como director de Y.P.F. Que el vicepresidente Amado Boudou viajó con dos bolsos llenos de guita a Carmelo, Uruguay. Que la familia Kirchner tiene bóvedas secretas para guardar dinero en su casa patagónica. Que la presidenta depositó millones en una supuesta escala en las Islas Seychelles. Que la Asignación Universal por Hijo "se va por la canaleta del juego y la droga". Que las jóvenes humildes se embarazan para poder cobrar planes sociales. Y así con la muerte de Jorge Velázquez, el muchacho jujeño muerto en la puerta de su casa en un presunto intento de robo y que la agónica Unión Cínica Radical pretende utilizar como crimen político. Hay más, mucho más, pero prefiero que lo lean en el libro de Víctor Hugo Morales, "Mentime que me gusta" (Aguilar, 2015).

Está visto que conviene no confundir el barro con el lodo o el fango. Sólo del primero se puede volver.
La condición de burro o asno no es buena ni mala. Es. Habrá que resignarse a convivir con ellos, pero con la salvedad de saber para qué están pisando la tierra.
Soy un apasionado de la opinión. El debate, la polémica, la discusión argumentada me interpelan, me desafían, me hacen trabajar el bocho y, sobre todo, me ayudan a dudar, esa materia prima del crecimiento vital.
La mentira, en cambio, es mugre. Pura mugre.

martes, 4 de agosto de 2015

No es un pato cualquiera

"No esperar que los hombres
actúen de modo diferente
a como han procedido tantas veces."
Juan Martín Suriani ("A esa voz", Botella al Mar, 2015)

Despejemos dudas. No se trata del ave acuática ni del deporte homónimo que practica a caballo la oligarquía vacuna y "sojete" para regocijo de lánguidas niñas teñidas bajo el sol en las estancias de papá. No me refiero al dibujo que hicieron famoso Walt Disney, Armand Mattelart y Ariel Dorfman, pero por razones ideológicas antagónicas, ni de aquel artista que cantaba sucundum sucundum. No se trata de cierta acepción del término para designar a una persona sin recursos económicos suficientes (sí, ya sé, acaba usted de descubrir mi pertenencia a la generación del ábaco, la regla de cálculos, los sabañones, el Diccionario Enciclopédico Sopena y la tabla de logaritmos. No me importa, me la banco).
Donald Trump es la versión brutal, primitiva y rudimentaria del político millonario e ignorante que, fracasado el modelo nazi original, lo repite como un loro e intenta asumir la primera magistratura del país más poderoso del planeta, al menos desde el punto de vista militar. Odia a los inmigrantes y se jacta de ese odio. Sobre todo si son mexicanos o de los pueblos del sur del Río Bravo. Ha prometido expulsarlos si es elegido presidente y, para impedir su ingreso ilegal al ombligo del "paraíso" capitalista mundial, construir un muro como el que el Estado genocida de Israel tiene para tratar de contener la militancia palestina en pos de la recuperación de los territorios usurpados por los zarpazos sionistas.
Lo insólito, o no tan, es que California, Texas, Colorado, San Francisco y más, muchos territorios más de los que promete expulsar a los mexicanos fueron de México hasta que la voracidad imperial sumó esos lugares a los Estados Unidos a través de las armas. Es decir, mexicanos expulsados de su antiguo terruño por la avaricia conquistadora, bajo el pretexto de incorporarlos al modo capitalista de la división internacional del trabajo.
Pero Donald, como cualquier ser humano, tiene amigos. Es imposible imaginar la vida sin amigos. Se los dice alguien que "es" los amigos. Aun aquellos que nos parecen ejemplares despreciables deben compartir sus miserias morales con alguien. Y Donald los tiene. Repartidos por el mundo y, claro, Argentina forma parte del planeta mal que les pese a los agoreros de moda. O sea que Trump puede venir a nuestro país y tomarse unos tragos con sus compinches vernáculos mientras, por ejemplo, contempla un juego de pato en la misma estancia de las rubias lánguidas.
Pequeña digresión preelectoral. El apellido de Donald se pronuncia Tramp. ¿Y si le agregamos una letra más, la a, por ejemplo y hacemos campaña por alguno de sus amigos locales? Quedaría más o menos así: "Vote +a, vote tramp a". Usted, compañera, dirá que me faltan kilómetros para ser un "coach" de campaña como Durán Barba. Tiene razón y a mí me llena de orgullo. Fin de la pequeña digresión.
Un periodista argentino se encontró de casualidad con el señor Trump en USA. Cuando Donald supo que era de estos pagos estalló en elogios enfáticos a su amigo (amigo de él, como dicen sus odiados mexicanos) Mauricio Macri. Entre los piropos destacaba el consejo a los ciudadanos nacionales para que lo entronicen presidente. Amigos son los amigos, decía un lema televisivo antiguo y perogrullesco. Después supimos que Trump y Macri juegan al tenis cada vez que se juntan y, sobre todo, supimos (¿supimos?) de sus negocios compartidos.
Paradojas de la etimología, según estuve buscando y encontré, Mauricio es un nombre de origen latino que significa "Moreno". Sí, como los habitantes originarios del sur del Río Bravo, esos que el amigo Donald busca expulsar de su territorio si es el elegido.
En fin, que este Donald no es un pato, pero nuestro Mauricio es, algunos lo sabemos desde siempre, un pato criollo.

viernes, 10 de julio de 2015

La impotencia de llamarse Ernesto

"Silencio porque una palabra muda
es más que una palabra hueca"
Jorge Fandermole


El Senado de la Nación trataba el proyecto de ley del Ejecutivo que establece la movilidad de las Asignaciones Familiares, Universal por Hijo y por Embarazo. Como había escuchado y leído que se aprobaría por unanimidad o casi (tuvo, en efecto, sólo la insólita abstención de la pintoresca cordobesa Norma Morandini) le propuse a Mario Ávila, el productor del programa, que contacte al senador Ernesto Sanz para conocer su opinión al respecto. El diálogo fue el que sigue:
-Mario Ávila: Senador, buenas tardes. Le llamo desde Radio Nacional Mendoza para conocer su opinión y la del radicalismo respecto del proyecto que están tratando en este momento.
-Ernesto Sanz: Como no, con mucho gusto.
-M.A.: Gracias, lo dejo en línea. Va a hablar con el periodista Julio Rudman.
-E.S.: Ah no, con Julio Rudman no hablo.
Y cortó.
Varias sensaciones. Primero, estupor. Después, indignación. Y por último, pena, por él, los oyentes y las instituciones democráticas. No conozco personalmente al senador nacional por Mendoza, pero es mi representante, uno de ellos, aunque no lo haya votado, porque, a diferencia de los diputados, cuya banca es partidaria, los miembros de la llamada Cámara Alta son delegados de las respectivas provincias. Además de Sanz, también Adolfo Bermejo y Laura Montero son los mendocinos allí. Sanz y Montero son dirigentes de la Unión Cívica Radical (la señora es flamante vicegobernadora electa de la provincia cuyana) y Bermejo pertenece a las filas del Frente para la Victoria y viene de perder las elecciones ante Montero y el radical macrista Alfredo Cornejo (¡Qué feo suena!).
En mayo de 2012 Sanz cometió aquel exabrupto que aún hoy nos revuelve el estómago. Declaró que "en el conurbano bonaerense la Asignación Universal por Hijo se va por la canaleta del juego y la droga". A los pocos días, a raíz de la reacción de buena parte de la sociedad, don Ernesto pidió disculpas, pero ya era tarde, quedó su provocación clasista impregnada en la historia. Escribí, por entonces, mi modesta diatriba ante el sincericidio del sanrafaelino. Comparé ese insulto a los pobres de la patria con el pérfido "¡Viva el cáncer!" pintado en los muros del odio durante la agonía de Evita. Nada más. Si esa es la razón de su reacción actual más de la mitad de la población estaría impedido de debatir con él, pero no, no creo. Por eso no entiendo la negativa del legislador. Sobre todo teniendo en cuenta que él es precandidato presidencial y se supone que del diálogo y el debate se alimenta un político si quiere dirigir los destinos del país. Por ahora sólo conduce los destinos de un Partido centenario, popular y democrático que, bajo su batuta le ha alquilado la estructura a los pérfidos herederos del menemato.
Fracasada esa gestión, de inmediato llamamos a la senadora Montero y el diálogo fue normal. Le pregunté, me respondió con simpleza, civilizadamente, y punto. El programa continuó y seguimos haciendo lo de siempre, periodismo.
Ojalá se entienda que no es una cuestión personal. Él, y cualquiera, puede elegir con quién hablar o no, pero Ernesto Sanz es, como ya dije, un político presidenciable y me duele imaginarlo en la cúspide del poder. Sí, ya sé, él se dedica al negocio inmobiliario. Acaba de alquilar el partido que dirige a la empresa del inquilino de la Ciudad Autista de Buenos Aires (C.A.B.A.), el gerente Mauricio Macri y asociados.
Ernesto es, para mí, un nombre potente y con historia. El Che se llamó Ernesto antes, mucho antes de ser el Che para siempre. Hemingway, escritor a pura potencia, se llama así. Uno de mis más sólidos y queridos amigos lleva el nombre como estandarte. Laclau, faro filosófico de estos días. El Flaco Suárez, actor y maestro de la cultura artística mendocina. Si hasta se me ocurre que para hacer una síntesis de época podría ponerle a una mascota o a un sobrino, Ernéstor. En fin, potencia y afectos que me disparó la actitud del senador abyecto.
En 1895 Oscar Wilde escribió la última de sus comedias. Retrata a la sociedad victoriana y decadente de Inglaterra. Se la conoce como "La importancia de llamarse Ernesto", pero su título original se puede traducir como "La importancia de ser serio" (es el juego de palabras entre Ernest y earnest en inglés). En serio, Sanz es más potente como destructor de trayectorias políticas que como hombre de la democracia. Es, me parece, un claro ejemplo de impotente ideológico. Y de paso, pobre, se llama Ernesto y me recuerda a su homónimo de la comedia de Wilde. Aquel Ernesto era falso, ficticio, apenas un hermano imaginario de John, el protagonista de la obra.
Ah, por supuesto la negativa del senador nacional a dialogar conmigo ya fue incorporada a mi Curriculum Vitae. No todos los días uno recibe tan magnifico espaldarazo a su trabajo.

martes, 30 de junio de 2015

Un tipo en estéreo

Al tipo le midieron la densidad de su osamenta porque parece que anda flojo de calcio. Después le ecografiaron las partes blandas (se solicita con humildad abstenerse de hacer comentarios graciosos o escatológicos porque no se trata de esas partes blandas) para tener un panorama más completo de su estado de párvulo de la ancianidad. También, el tipo, anda haciendo morisquetas con su mandíbula inferior por motivos que no quiere revelar, pero lo mantienen muy ocupado, dice, antes de que se conviertan en preocupante. En fin, el tipo comenzó a darle bolilla a su cuerpo desde que éste le hizo saber que ya era hora, pobrecito.
Cuando se cayó, a las diez y media de la mañana de ese jueves de miércoles y vino la ambulancia y de varios surtidores le brotaba su sangre en estéreo y lo llevaron al hospital y la tomografía dictaminó que no tenía nada en la cabeza (enfáticamente se renueva el pedido de guardar respetuoso silencio y no sacar conclusiones apresuradas y maliciosas) el tipo se dijo, en silencio y para adentro, que tal vez había llegado el momento adecuado para crecer de golpe. En fin, tomen esto último como una concesión fácil al chiste barato. Sigo.
Se dio cuenta, el tipo, que casi todo viene en estéreo. Los hemisferios cerebrales, los riñones, los pulmones, los ovarios, los testículos, las manos y las piernas, los ojos, los oídos y el Winco. Si hasta el corazón, que es único de cada cual, viene con dos partes más o menos simétricas. Zonceras que se puso a pensar gracias al reposo obligatorio. Y entonces descubrió que la vida toda le vino en estéreo. Tuvo dos hermanos, una mujer y un hombre, repitió la fórmula con sus hijos, dos perros amados, sólo dos veces votó a ganadores y así.
Vive con pocas certezas y muchas dudas, pero siempre que duda, duda en estéreo. Cuando se encuentra con obstinados personajes que se la saben todas saca de su disco rígido aquellos versos de Jorge Marziali: "Los dueños de la soberbia tenían siempre razón/ el no equivocarse nunca era su equivocación".
En el café, mientras Mauricio le servía su cortado mediano de siempre, escuchó una conversación ajena que venía de la mesa de al lado, la tercera de la derecha contando desde la escalera. Un tipo le decía a una mujer que él estaba convencido de que Angélica, la empleada (el tipo dijo sirvienta) se había embarazado para cobrar el plan, dijo. Que por eso no venía más a trabajar.Y que así se fomentaba la vagancia y que él quería que se terminen los privilegios para esos negros de mierda y que él se rompía el lomo (el tipo dijo culo) desde que era pendejo y que con los militares esto no pasaba y que la corrupción del gobierno era insoportable y que a él, en el negocio, lo perseguían los inspectores y que antes nadie le pedía comprobantes y el país era mejor, el granero del mundo, y hasta las mujeres quieren ser dueñas de su cuerpo y que ya no ponen en la radio ese bolero tan bonito que dice "Te vas porque yo quiero que te vayas/ a la hora que yo quiero te detengo/ yo sé que mi cariño te hace falta/ porque, quieras o no, yo soy tu dueño" que cantaba Eydié Gormé con el trío Los Panchos.
 Por eso, ante situaciones importantes y en las que olfatea quese juega el bienestar de los que siempre fueron convidados de piedra de nuestra sociedad él prefiere ser un tipo en estéreo que un estereotipo.

lunes, 22 de junio de 2015

Mediocres

No fui, no soy ni seré peronista. Fui, soy y seré comunista. En mi juventud y un poco más estuve afiliado a la Fede y al PC. Hoy me considero un comunista hormonal, según la definición del gran Saramago. Abrevo en Mariátegui, en Gramsci y en Luxemburgo, pero con los pies, la cabeza y el corazón en este tiempo y en nuestra casa latinoamericana. La diputada nacional oficialista Mara Brawer dice que "El kirchnerismo peroniza". En mi caso eso significa que pasé de gorila de izquierda a enamorado de "la paloma del vuelo popular" (esto se lo afané a Guillén), que empezó su viaje cuando, para mí, Néstor bajó los cuadros genocidas y se confirmó cuando Cristina enfrentó a los buitres, ponele. Dicho lo dicho paso a lo no dicho.
El peornismo (Verbitsky dixit) de las acequias y el malbec lo hizo. Esta derecha implícita le otorgó el voto popular a la derecha explícita del radicalismo pro. ¿Qué cómo lo hizo? Aquí empiezan las preguntas.
¿Cómo llegaron Paco Pérez y Carlos Ciurca a ser gobernador y vice de Mendoza, respectivamente? En un acuerdo de cúpulas encerrados en un hotel concheto, en reuniones en las que, tengo derecho a sospechar, hubo cópulas y zancadillas simbólicas, claro. Pero igual, después de confeccionar las listas fueron agraciados por una boleta electoral que encabezaba Cristina hace miles de años, en octubre de 2011. ¿Qué elector conocía al abogado prominero Pérez como para ungirlo gobernador? Llegaron, ellos y los intendentes, colgados del aluvión Cristina y el 54%. Y se van derrotados y nos arrastran en su derrota por descolgarse de ella. No hay demasiado misterio en el resultado electoral mendocino. Los dirigentes del PJ se comieron el amague del fin de ciclo. Algunos coquetearon con Sergio Massa cuando éste era la gran esperanza blanca del Grupo mafioso. Duró lo que dura un globo cuando mi perro le pone un diente. Después creyeron que Daniel Scioli ocuparía ese sitio y se apuraron en desdoblar las elecciones para conservar su quintita, pero el ubicuo gobernador los dejó en orsai y, más allá de sus especulaciones y las mías, está a un suspiro de ser el sucesor. Cuando Pérez, Ciurca y el candidato Bermejo, el gris, quisieron recular ya tenían las chancletas gastadas y era muy tarde para creerles.
También es justo decirlo. Ellos no son los mariscales de la derrota. El título les queda muy grande. Apenas si llegan a cabos. Pusilánimes, taimados y superficiales los capos del justicialismo local prefirieron las maniobras de Juan Carlos Mazzón, el Rasputín peronista, eyectado de su cargo en la Rosada después de la desobediencia temeraria de las directivas de su superior, precisamente por su actuación por estos pagos. Hicieron ostentación de su mentalidad municipal (esta definición es Mempo puro) y así les fue. Nos fue.
La gestión que se va resulta casi indefendible. En salud, en educación, en cultura se acumulan los papelones. Algunas figuras bordean el protofascismo. Por ejemplo, Antonio Cassia, un Carlos Ruckauf calvo o Guillermo Amstutz, el titular de la empresa estatal del agua, ultracatólico y antediluviano como Adolfo Bermejo, el aspirante a gobernador, que declaró que hoy votaría en contra del memorandum con Irán por el caso AMIA y se jacta de no haber acompañado como diputado nacional la Ley de Matrimonio Igualitario. Estos personajes con menos brillo que una estrella al mediodía deberían proceder a irse a laburar en algún oficio útil y dejar el espacio para la militancia, aquellos que entienden que el perfume de los nuevos vientos es juvenil, alegre y audaz. Para eso hace falta dignidad y el primer gesto no es muy auspicioso que digamos. El gobernador electo, Alfredo Cornejo, invitó al gobernador vigente, Paco Pérez, a desayunar en la casa de aquél. Aceptó sin chistar. La soberbia de uno encaja con la falta de dignidad del otro.
En fin, la sociedad mendocina cambió sí, pero de mediocres.l

martes, 16 de junio de 2015

En planta baja

Especial para "La Tecl@ Eñe"
                                                                                      A Marita Perceval, su generosa amistad



Que sólo me guste una de sus novelas; que nunca le haya creído su impostura de existencialista escéptico; que le noté siempre esa envidia larvada por la calidad literaria y el humor paradójico de Borges; que sostuve y sostengo que fue sobrevaluado, como escritor y figura pública. Todo eso es problema mío. Y me hago cargo.
A raíz de esa maravillosa demostración de coraje cívico que fueron las concentraciones multitudinarias contra los femicidios y toda forma de violencia de género en nuestro país, Chile y Uruguay bajo la consigna "Ni una menos", actitud masiva que demostró, una vez más, que la conciencia colectiva ha dado un salto de calidad inobjetable desde 2003 a la fecha, se desarchivó un archivo que lo muestra a él, a Ernesto Sábato, ante el conductor televisivo Nicolás Repetto. El autor de "El túnel" (esa es la novela a la que hago mención al comienzo de este textículo) dice: "¿Quién a veces no ha querido tirar a su mujer por la ventana?". De inmediato, y ante la sonrisa entre incrédula y perdonavidas del entrevistador, Sábato confirma: "No, lo digo en serio. Por eso yo vivo en planta baja". Supongo que la escena es contemporánea de aquel asesinato perpetrado por el boxeador Carlos Monzón quien, efectivamente, estranguló y arrojó a su pareja de entonces, Alicia Muñiz, por el balcón de la casa que habitaban, en febrero de 1988. Eso que los periodistas llaman apasionadamente "crimen pasional".
Ese exabrupto discriminador disfrazado de presunto humor corrosivo; el elogio al genocida Jorge Rafael Videla a la salida de aquella reunión junto a Jorge Luis Borges, el sacerdote Leonardo Castellani (el único que en la ocasión pidió por la vida de Haroldo Conti) y Horacio Ratti ("El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente", dijo don Ernesto sin ponerse colorado); su aval a la perversa "teoría de los dos demonios", plasmado en el primer prólogo al libro "Nunca más", salido de su pluma como titular de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). Eso, todo eso y más, ya no es problema sólo mío. Es un reflejo, una cabal demostración de la debilidad moral de ciertos referentes de un sector importante de la clase media nacional, esa clase que necesita tener en quien proyectarse, un ídolo, un espejo en el cual poder mirarse al anochecer de cada día, cuando la jornada apaga las luces y se encienden los televisores en cada hogar. En síntesis, lo que don Arturo Jauretche llamó, con su lucidez habitual, el mediopelo. A nivel global puede ser la monja albanesa, una princesa licenciada en caridad y beneficiencia que, además, tiene la virtud de morir trágicamente, o un santón hindú, pero en nuestras pampas ubérrimas y nuestros barrios privados el tótem suele ser un intelectual apadrinado por Mariano Grondona o un chupacirios similar.
Durante muchos años eso fue Sábato para buena parte  de la burguesía argentina, sostenido por sus años mozos, primero como líder juvenil comunista, luego como surrealista a la francesa y, sobre todo, bajo la marquesina de los premios Cervantes y Príncipe de Asturias. El espaldarazo político se lo dio Raúl Alfonsín al ponerlo a la cabeza de aquella comisión que recibió los testimonios de las víctimas del terrorismo de Estado.
El deterioro moral en el que ha caído el mediopelo actual tiene nombre y apellido. Hoy ese rol, el de su referente, se llama Jorge Lanata. Dos ejemplos tal vez alcancen para ilustrar lo que sostengo.
Para el mascarón de proa mediático del Grupo mafioso las mujeres consiguen lo que quieren abriéndose de gambas (son sus palabras, no las mías). Huelgan los comentarios porque los que se me ocurren tienen sabor amargo. Y no quiero manchar este día de otoño y sus amarillos cantarines.
En su reciente visita a Mendoza Cristina hizo mención a Acequia TV, el canal estatal provincial surgido bajo la luz de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Al día siguiente, en su programa en Radio Mitre, el mercenario militante experiodista se burló (él y sus secuaces) del nombre del medio mendocino. Demostró, una vez más, una sólida ignorancia, un soberbio desprecio por la identidad de las culturas regionales y un centralismo ya crónico de quien es un cabal heredero ideológico de los Rivadavia, los Mitre y los Roca que supimos conseguir.
Brevemente les refresco la memoria, las acequias son las venas líquidas, los cauces de regadío de un desierto que distribuye el agua, ese elixir vital y ancestral, originado en la cultura civilizatoria del pueblo huarpe que, aún hoy, nos define ante el mundo. Pero él cree que esta tierra produce sólo vino tinto , o totín como dijo en la ocasión.
Que la señora de los ruleros que mira en estado de éxtasis los almuerzos bobos, el lector de Paulo Coelho, el votante de un radicalismo en alquiler, el tipo que desprecia al otro por portación de cara, ese minúsculo ser atrapado en las mentiras nuestras de cada día, que haya pasado su idolatría de Sábato a Lanata sin estaciones intermedias es como descender de planta baja al segundo subsuelo en el edificio en construcción de la conciencia ciudadana.
Al menos el escritor de Santos Lugares cargaba en su mochila vital un bagaje cultural y una erudición que el pichón de Magnetto cambió por dinero y nada más.

miércoles, 10 de junio de 2015

Brazo extendido, puño cerrado

"Es el nefasto poder del sectarismo, que transforma a nuestra verdad exclusiva y revelada en la única verdad posible, y que hace que todo aquel que deja de pensar como nosotros pasa a la categoría de traidor, de tránsfuga, de chanta, de hijo de puta, de desertor, etc."
                                                                                                        Envar El Kadri


Un grupo de manifestantes que dicen ser de izquierda, "la" izquierda, quemó un muñeco con la imagen de Hebe Pastor de Bonafini. Fue en el atardecer del 23 de marzo pasado, en la víspera del aniversario del Golpe genocida. Sucedió en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires.
Si esto fuese un poema debería llamarse "Aplausos" y podría leerse así
Se oyen los aplausos de los gusanos
del cadáver de Videla,
festejan con aplausos los gusanos
del cadáver de Martínez de Hoz.
Bailan y aplauden
solidariamente
los gusanos del cadáver de Pinochet.
Mientras esperan su turno
aplauden los gusanos del futuro cadáver
de Cecilia Pando.
Quiere sumar los suyos
el Tata Yofre.
Y el muy patricio
Julio Bárbaro acomoda sus fétidos bichos.
La señora que almuerza en televisión
también aplaude, ella ya agusanada.
Mariano Grondona filosofa en latín con sus
entrañas descompuestas de la risa.
Los que Tejada Gómez catalogó, poéticamente, como que
""confunden la historia con la histeria";
los que Mario Trejo etiquetó
como la izquierda cuando es siniestra,
ellos, los fachos de la revolución impoluta,
acompañaron a uno de sus jefes,
un tal Wermus, de nombre artístico Altamira,
a disertar en Harvard, bajo el paraguas de dólares
de la Fundación Rockefeller.
Son los sabios, los izquierdistas liberales, los neoizquierdistas del neoliberalismo.


Escribí el fragmento anterior iluminado por el fuego "purificador" de aquel acto maldito y cobarde. Después, varios días después, el brazo político de los payasos del fósforo cometió sincericidio. Dijo, en uno de las usinas ideológicas de la globalizada máquina de producir gerentes de las finanzas especulativas, la Universidad de Harvard, que venía a desmentir un mito. Los izquierdistas no son estatistas, afirmó el señor Wermus, alias Altamira. Más bien militan por la desaparición del Estado, para regocijo de las autoridades de la Sociedad Rural Argentina y sus galas con olor a bosta de Hereford, Shortorn o de la más gaucha Holando Argentina.

Y para confirmar su testimonio los congresales del palo (más la diputada Victoria Donda, la que perdonó a su apropiador en un gesto de cristiana sumisión psicoanalítica) tuvieron la distinción de ser los únicos cuatro diputados que se opusieron a la reestatización de Ferrocarriles Argentinos. En rigor de verdad, pretenden que los trenes, esos articuladores sociales de rica historia nacional, sean administrados por los obreros. Pensar que uno de los dirigerentes emblemáticos del gremio se apellida Sobrero, pero no sé si es obrero. O es sobrero, un rubio oxigenado coleccionista de sobres.
Y para que la incongruencia tenga el moñito apropiado el senador nacional Fernando Solanas, que también dice ser la izquierda más pura que se consiga en plaza, votó contra la reestatización del servicio ferroviario argentino.
Lo que más me preocupa (si es que a alguien le preocupa lo que me preocupa) es que desde las páginas, los micrófonos y las cámaras de gente que admiro y siento mis compañeros y compañeras se siga expresando que "la izquierda" cortó tal ruta, los accesos a la ciudad, votó o dejó de votar tal iniciativa. No están los tiempos para andar regalando conceptos, lenguaje y contenidos. La palabra, esa gema cultural que nos constituye, sufre horrores cada vez que la maltratan. Llora lágrimas de ideología y se le estruja el corazón ancestral.
Mientras tanto, Piñón Fijo sigue dando lecciones de izquierdismo infantil y gestual con notable éxito de público.

martes, 19 de mayo de 2015

Me voy

Él me condecoró con su amistad. Y con esa condecoración en el pecho, pero por el lado de adentro, es que participaré como panelista en el acto que, organizado por el Grupo de Amigos del Español de Naciones Unidas, se realizará el próximo 26 de mayo en la sede de la ONU, en Nueva York, bajo el título "La importancia del multilingüismo en la literatura: Conmemoración a la vida y obra de Eduardo Galeano".
La invitación surge de un gesto generoso de Marita Perceval, la embajadora argentina ante el organismo internacional, y me llena de una responsabilidad y orgullo que ojalá sepa corresponder.
Así que allá vamos, Celia y yo, a rendir tributo a nuestro amigo "sentipensante", el uruguayo de todos, cuya obra, parafraseando a Liliana Herrero, nos espera en el futuro.
Al regreso les cuento.

lunes, 11 de mayo de 2015

Dicen

Se conmemoraron los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. El 2 de mayo de 1945 las tropas soviéticas entraron en Berlín, tomaron el Reichstag y marcaron, con ese gesto, las últimas horas de un conflicto que dejó más de 60 millones de muertes, desplazamientos poblacionales y un impresionante reguero de destrucción material y moral. Algunos politólogos, y científicos sociales destacan el uso del fenomenal avance tecnológico al servicio de la mayor perversión histórica hasta ese momento. Entonces, fin de esa guerra, pero no del nazismo, como se comprueba cotidianamente.
Existe una fotografía emblemática que eterniza el día. En el número 605, del 2 de mayo de 2015, Ñ, la Revista de Cultura del Diario Clarín, se reproduce esa imagen. El epígrafe cuenta que el nombre del fotógrafo, Yevgeni Jaldéi, se conoció públicamente recién a la caída de la URSS. Y aquí empiezan los "dicen". Dicen que al soldado que agita la bandera soviética en la cúspide del Parlamento alemán le han borrado varios relojes de sus muñecas, en obvia alusión a un presunto acto de pillaje. Y, para rematar, dicen que el humo de fondo fue agregado para darle más dramaticidad a las imágenes. Dice la revista que dicen.
Dicen, el ADN periodístico del Grupo empresarial, esta vez sólo para joder el festejo. Si hubiese sido el 7° de Caballería y los muchachos de John Wayne los que plantaban la bandera de las estrellas entre las piernas de Marlene Dietrich, no habría ningún dicen. Pero la bandera es roja y se le nota con nitidez la hoz y el martillo.
Ahora, ¿quiénes y en dónde, cuándo dicen? No importa, dicen.

Estoy en Buenos Aires, desayuno con medialunas porteñas y la radio encendida. El dial cae en Radio Mitre, el periodista a cargo se llama Marcelo Longobardi. Opina y está bien, es lo que nos corresponde hacer. Opinar, no mentir. Dice que va a comentar un proyecto de ley de un diputado oficialista de la Provincia de Buenos Aires. Es del ámbito educativo, la iniciativa digo, y noto que el colega, el periodista digo, no menciona el nombre del legislador. Ninguneo, se llama esa actitud en mi barrio. Pero vamos al asunto.
El proyecto del ignoto promueve que, además de la evaluación tradicional que hacen los docentes a los alumnos, puedan invertirse los términos y éstos opinen acerca de la calidad con que reciben las enseñanzas. Gran escándalo, fin de las jerarquías, se cae el sistema de convivencia civilizada, horror, el comunismo redivivo nos acecha, un fantasma recorre las aulas argentinas.
Pero no termina ahí el despropósito de estos igualitarios de morondanga. Se plantea la obligación de que en las aulas bonaerenses se enseñe al menos una lengua de pueblos originarios. Y entonces, con voz circunspecta y el tradicional "con todo respeto", Longobardi aclara que está bien, pero ya es una cuestión más demagógica y retórica que efectiva porque los pueblos originarios ya fueron, son cosas archivadas en el baúl de la historia y, por lo tanto, la propuesta no tiene relevancia.
Con la contundencia de un cachetazo ideológico, clasista y mercantil escucho que ese bloque ha sido auspiciado por "Té Cachamai" que, hasta donde mi poca sabiduría alcanza, no es un término sajón.

miércoles, 15 de abril de 2015

Nunca en el bronce

Al principio no pude. No, fue un día nublado por dentro, con tanto río de lágrimas, con esa necesidad de abrazarse imposible de poner en palabras. Ahora, no sé, pero quiero intentarlo. Ahí va.
En la noche anterior a la muerte de Eduardo Galeano vi y escuché al vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, poner una cuota de poesía en medio de una campaña electoral. A aquella frase ya mítica que Litto Nebbia convirtió en canción y que dice que "La historia la escriben los que ganan", el militante peronista, siempre optimista, un político inteligente y un académico de la comunicación popular, expresó que "La historia la ganan los que escriben".
Y a la mañana siguiente se nos murió Eduardo.  Premonitorio, don Gabriel.
Todos lo tuvimos de compañero, de amigo, de compinche. No, todos no. Los humillados, los desheredados del sistema, los mineros bolivianos, las mujeres maltratadas, los bosques talados, las minorías ninguneadas, los nadies.
Tuve, tengo, el privilegio de saberlo mi amigo. Él me lo dijo y atesoro aquella noche en casa, a Helena cuidándolo y amándolo delante de todos. Llenó nuestro hogar de anécdotas, se emocionó con las que contó y le contamos, se bebió el vino que, a raudales, le fuimos regalando. Pero, sobre todo, nos dio una lección de humildad sin posturas ni gestos de divo, a cara lavada. Había llegado a Mendoza para recibir el Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo a propuesta de Ernesto Espeche, por entonces Director de la carrera de Comunicación Social en la Facultad de Ciencias Políticas. Esa tarde, la del 24 de marzo de 2011, marchó junto a miles detrás de las Madres y los organismos de derechos humanos para recordar a nuestros compañeros y reclamar que la sede del D2 sea lugar de memoria, verdad y justicia. Reclamo aún hoy vigente y promesa incumplida.
Pero, ¿por qué estoy escribiendo estas obviedades, esta crónica que cualquiera puede buscar en los archivos periodísticos de esa fecha? ¿A alguien puede interesarle saber que la única entrevista personal que dio en Mendoza, ante Alejandro Rotta, para el canal de televisión universitario, y ante quien les cuenta el episodio, para Radio Nacional Mendoza, haya sido publicada en el diario Los Andes al día siguiente, con la firma de Mariana Guzzante, sin mención alguna a las fuentes? Es decir, un vulgar afano, al mejor estilo Clarín, cuya sucursal es Los Andes en Mendoza.
Cuando terminen los rituales de la despedida, cuando se apaguen las luces y se vayan sus amigos y el pueblo uruguayo a seguir con sus tareas cotidianas, cuando Helena se despierte y no tenga a quien contarle su sueño de esa noche, cuando suene el teléfono ante mi llamada y la voz de Eduardo ya no me salude, cuando vuelva a Montevideo y el Brasilero se muera de ausencia, entonces, recién entonces habrá que empezar a darse cuenta, tendré que darme cuenta, que mi "siempre amigo" no está más.
Si sus libros acompañaron a los presos como alivio a las torturas (¿no es cierto Silvia?), si aquel guerrillero salvadoreño murió con sus venas abiertas y tus "venas abiertas" cubriéndole el pecho ante la bala asesina, habrá que prometerse, que prometernos, que nunca, por favor nunca jamás pongamos a Galeano en un pedestal, en un monumento, en una lápida, en ningún bronce. ¿Por qué, para qué? Su nombre y sus libros alimentarán las bibliotecas populares, los bares y cafés, los teatros, los colegios y universidades, los hogares de los refugiados, las casas de amparo de las mujeres violentadas, los muros del mundo, el potrero donde los gurises patean su pelota de fútbol.
Como no queremos que se lo inmovilice en bronces vamos por el abrazo a sus libros, por el fuego de su memoria, por los días de nuestros hijos de esta América que tiene, desde ahora y para siempre, a Eduardo Galeano alimentando el caudal de sangre roja en sus venas.

miércoles, 1 de abril de 2015

Defunciones y funciones

                                                     Especial para "La Tecl@ Eñe"


Sucedió en el mismo fin de semana, como un mensaje elocuente, como una metáfora de los tiempos que se van (en definitiva, esa es su lógica) y de los vientos que nos revuelven el cabello y las ideas.
Se murió la actriz, directora, dramaturga, docente y militante social Ana María Giunta. Aunque nacida en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, siempre la consideré mendocina. Será porque fuimos vecinos en nuestros años juveniles, ella en su casa de calle Salta casi Santa Fe, y yo en Santa Fe 262, donde viví desde mis cuatro años hasta finales de 1974. En los últimos tiempos, como consecuencia de la obesidad mórbida que la aquejaba, siguió su itinerario vital con las clases para formar actrices y actores dignos, como ella, su lucha contra todo tipo de discriminación, contra la violencia de género y a favor del matrimonio igualitario, una de las tantas luces inclusivas y de ampliación de derechos en esta década y la yapa.
Nos vimos por última vez hace varios años en los actos por el Día de Mendoza en la Feria del Libro de Buenos Aires. Abrazos, recuerdos y mucho humor del bueno, irónico e impiadoso que tan bien manejó siempre.
Y en el mismo fin de semana se nos murió Antonia Jesús Heredia, vieja catamarqueña querida, mamá de María Cristina Cornou y Víctor Heredia, el juglar ("Gracioso mimbre", le cantó en su bellísima "Ay Catamarca"). El 22 de junio de 1976 la dictadura genocida desapareció a María Cristina, embarazada de cuatro meses, y a Claudio Nicolás Grandi, su pareja y el padre de Yamila, la hija que tuvo que criar Antonia. Buscó infructuosamente al nieto o nieta que, se supone, nació en cautiverio entre noviembre y diciembre de ese año.
Las dos partidas, la de Ana María y Antonia, envueltas en la bandera del trabajo consecuente y, sobre todo, la dignidad.
Y otra vez Entre Ríos. Gualeguaychú, esa ciudad con onomatopeya de estornudo, famosa por su sambódromo y su carnaval, sus mujeres esculturales y sus ancestros inmigratorios, fue escenario de un vaudeville de comité. La Unión Cívica Radical cometió su convención para preparar sus exequias, a manos de la manteca más rancia del menú ideológico residual. Sus dirigentes tenían opciones. Y eligieron el camino de la derecha, la rotonda más vetusta, el puente que los lleva hacia atrás. En realidad, si se mira bien, el GPS político que pusieron a consideración de los delegados chorreaba mediocridad. O iban con quien, finalmente, fueron, el empresario boquense, gerente de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri ("Mi hijo es un pelotudo", sentenció Franco, su padre, en un exabrupto que hace honor a su nombre de pila y me hace pensar que nadie conoce mejor a un hijo que sus progenitores); o se subían al merchandising de Sergio Massa, pseudoperonista dizque renovador, diputado nacional ausente, exintendente de Tigre, el más seguro refugio de cuanto narcotraficante busca sombras reparadoras en Argentina, o se onanizaban en un denominado Frente Amplio, ese angosto espacio en el que cohabitan socialdemócratas oxidados, exkirchneristas criados a puro despecho y pseudozurdos de praliné, encabezados (los radicales de esta fracción, digo) por Julio Cobos, un ser humano indescifrable, un político con c, de cabotaje, aquel que fuera expulsado de su Partido "de por vida" y un año y medio después era poco menos que un rockstar de la oposición vernácula. Hoy riega las plantas de su jardín, pero jamás llegará a ser el personaje de la novela de Kosinski.
Pero no es nada nuevo. Tanto el peronismo como el radicalismo han acumulado episodios de este calibre a lo largo de su existencia. Y si me apuran, algo así se puede rescatar si repasamos el itinerario nacional desde 1810. Saavedra y Moreno, Rivadavia y San Martín, Roca y Arbolito y así siguiendo.
Del centenario partido de la clase media emergente a principios del siglo pasado hay ejemplos. Manuel Carlés y FORJA, Alvear e Yrigoyen, Balbín y Alfonsín, Sanz y Moreau.
En el peronismo, también. López Rega y Walsh, Paladino y Cooke, Chiche Duhalde y Cristina, Menem y Kirchner y paro acá para no abundar.
Por eso no creo que el radicalismo haya muerto entre los ríos de genuflexión y patetismo de la obra de género vaudeville de Entre Ríos. Lo que cruje como barca oxidada en la tempestad es la orgánica, el aparato. En síntesis, la UCR es al radicalismo lo que el PJ al peronismo. Un tumor.
Pero hubo más funciones ese fin de semana. En el Teatro Nacional Cervantes, Buenos Aires, se puso en escena, durante tres días, lo que Víctor Hugo Morales llamó, con el acierto que lo caracteriza, "un festival de las ideas". Liberadoras, agregaría yo. El Foro Internacional "Equidad e Igualdad" reunió a muy destacados pensadores, pensadoras, gestores y gestoras, de las nuevas ramas fructíferas de ese árbol que Hugo Chávez denominó "Socialismo del siglo XXI". Desde Noam Chomsky, Leonardo Boff, Gianni Vattimo, pasando por Piedad Córdoba, Álvaro García Linera, Constanza Moreira, Ignacio Ramonet, Martina Anderson, Ricardo Forster, Horacio González, hasta los jóvenes Iñigo Errejón, Gabriela Rivadeneira, Camila Vallejo y Axel Kicillof entre otros, se propusieron pensar y debatir la teoría y la praxis del cambio de época que, como aquel otro fantasma que recorrió Europa, ahora se ha globalizado para marcar la agonía sin éxtasis de la experiencia letal del neoliberalismo. Como muestra de las moléculas de inteligencia que poblaron el escenario del teatro me animo a mencionar el planteo teórico de "Estado rebelde" a cargo de nuestro ministro de Economía. Varios panelistas comparten su formación política con la gestión. Por eso, cuando pase el tiempo, esas intervenciones servirán como explicación de, entre tantas experiencias inclusivas, los 500 estudiantes de la Universidad de Buenos Aires que viven en lo que el extraordinario Bernardo Verbitsky (sí, el papá de Horacio) llamó "villa miseria"; o los millones de compatriotas que se sumaron al régimen previsional; o los miles que, como mi hija y su familia, llegaron a su casa propia gracias al Estado rebelde; o las 1800 nuevas escuelas públicas construidas y tanto más que marcan la recuperación de las políticas públicas como factor reparador de las desigualdades económicas, sociales y culturales.
En el N° 599 de "Ñ", la revista cultural de Clarín, el primero después de lo sucedido en las funciones del Cervantes, no hay una sola mención de la presencia de estos prestigiosos pensadores y pensadoras contemporáneos. Para los lectores de Clarín no sucedió lo que sucedió.
Una buena manera de confirmar que empieza a prepararse la defunción de una manera de hacer periodismo.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Ojo al piojo

"Casi siempre es cuestión de sombras con las máscaras"
Luisa Valenzuela, "Diario de máscaras" (Capital Intelectual, 2014)

"André Malraux la llamó "capital de un imperio que nunca existió...""
Juan José Sebreli, "Buenos Aires, ciudad en crisis" (Sudamericana, 2003)


Se llama Tomás Acha y cuando tenía cinco o seis años vio nacer una cucaracha. Blanca como la pureza de una golosina de algodón. Fue en un parque en el atardecer primaveral del setiembre mendocino. Lo deslumbró la metamorfosis del pigmento porque le puso en entredicho a los colores convencionales del bicho, esos que había visto en revistas y en vivo y directo y le abrieron los ojos a un mundo fascinante y desconocido.
Es el caso más concreto que conozco de determinismo histórico. O vocación temprana, precoz. Tommy, así le decíamos sus amigos del barrio, hoy es entomólogo, conoce de insectos. Se casó con una prima hermana muy bella. O sea que también conoce de incestos. Se divorció y en la actualidad vive en pareja con Serapio Hoso, hijo de japonés y madre huarpe. En su juventud fue guardaespaldas de un dirigente sindical que hoy posee una flota de camiones, una fábrica de juguetes de plástico y cinco restoranes en centros turísticos. O sea, también conoce de infectos. Pero ya no le llaman Tommy, ahora es Kukar. Maldades de sus compañeros de la universidad. El Kukar Acha. Él me enseñó todo lo poco que sé acerca de la vida y obra de esos animalitos
Son neópteros, me cuenta, no vuelan y se instalan en calidad de parásitos en aves y mamíferos (nosotros, por ejemplo). Los científicos del rubro afirman que existen 3.250 especies, pero mi amigo Kukar ha estudiado una más.
Él descubrió que la que habita gallineros, corrales, casas de cambio, fiscalías federales, juzgados de alta gama, empresas y negocios de importación y exportación, constituye una subespecie muy particular. Estos piojos tienen nariz y ojitos. La especificidad radica en que no ven más allá de sus narices que, por otra parte, suelen ser respingadas, muy cortas. Como no han desarrollado la capacidad de memorizar suelen usar sus seis patas con forma de garfios para recorrer los mismos pasos de ayer y anteayer. Se los encuentra en peluquerías recoletas de señoras y señores, en oficinas con aire acondicionado y vista al río, en los ruleros que hacen cola en supermercados y entre las copas y servilletas de pubs pseudoirlandeses. En definitiva, son insectos muy urbanos.
Pero lo que Kukar descubrió y describió como más significativo y que distingue a estos piojos del resto de las especies hasta ahora conocidas y estudiadas es que los nuestros resucitan. Sí, así como lo leen y lo oyen.
En ciclos de 10 ó 12 años les sucede una catástrofe. Como se creen libélulas y colibríes intentan volar, pero ya dijimos que no tienen alas. Los pisan, los fumigan, los envenenan y nada. Al poco tiempo vuelven, con las mismas ínfulas, con los mismos ruleros y con el mismo sueño rastrero y la renovada intensidad de su daño.

jueves, 19 de febrero de 2015

Supernisman

Si hoy le preguntás a la señora del paraguas azul por quién va a votar en octubre, ella dirá Nisman.
Si hoy le preguntás al señor candidato qué hará con la Asignación Universal por Hijo, él responderá Nisman.
Si le preguntás por Aerolíneas Argentina él insistirá, Nisman.
Si el asunto es la movilidad jubilatoria, Nisman.
Si se te ocurre pedirle precisiones respecto del Fútbol para Todos, el relator será el cuñado de Nisman (con Tinelli, claro).
Cuando quieras saber qué hará con los ferrocarriles, Nisman.
Las relaciones internacionales las manejará el canciller Nisman.
La DAIA y la AMIA cambiarán sus nombres, ahora serán Nisman I y Nisman II.
YPF pasará a llamarse YPN.
El calendario gratuito de vacunas lo manejará Nisman.
La puerta de nuestras embajadas en Israel y Estados Unidos lucirá un busto con la cabeza de Nisman. Para las restantes se propone colocar una placa Nisman y se llamará a Campanella y a Nik para que filmen y dibujen en su homenaje.
Todas las 1800 escuelas que fueron inauguradas en esta década se llamarán Nisman más su número respectivo.
El plan de construcción de viviendas será denominado PROCRENISMAN.
Los científicos repatriados deberán rendir un examen acerca de las virtudes éticas y profesionales de Nisman.
El satélite geoestacionario argentino mutará su nombre de ARSAT I a NISMAN INMORTAL.
La ceremonia ritual de la circuncisión la harán, a partir del 11 de diciembre de 2015, la mamá y las hijas de Nisman.
Las universidades públicas también se llamarán Nisman. Y, ya que estamos, las de curro privado, también.
Cada 5 de diciembre, día de su nacimiento, será feriado nacional. El 18 de enero, fecha de su deceso, no porque es temporada alta y hay que facturar.
Si preguntamos a los candidatos opositores cuál será su prioridad en el caso ficcional de que sean gobernantes, todos, al unísono y con caras conmovidas, responderán Nisman.
El diario Clarín se rebautizará Nismín. La Nación, Nismitre y Perfil, esperará instrucciones de los dos anteriores, pero es muy posible que acepte llamarse Fontenisman.
Eso sí, TN seguirá siendo TN, Todo Nisman.
El sionismo pasará a conocerse como sionisman.
El psicoanálisis dejará de ser lacaniano, jungiano o freudiano. A partir de hoy será sólo nismaniano.
Lo mismo le sucederá al existencialismo sartreano o heideggeriano, será nismaniano o no será. El Dasein será Danisman.
A las plazas, avenidas, calles, teatros y negocios que se llaman San Martín se les agregará "y Nisman" para que parezcan una misma persona. Como López y Planes, Guido y Spano o el futbolista Moreno y Fabianesi.

Ayer por la tarde, 18 de febrero, los trabajadores que están levantando un edificio en la esquina de casa seguían laburando. La construcción avanza, pero la muchachada no afloja.

lunes, 9 de febrero de 2015

Perlita

 "Pero cómo serán mis despertares"
 Chabuca Granda


Tomó posesión del sitio con una naturalidad inquietante. Como si ese hubiese sido su lugar en el mundo desde siempre. Envuelta en una especie de tul granizado que la protegía de cualquier peligro comenzó a bailar sin importarle mi existencia y sus alrededores. Con el correr de los días empecé a entenderla. O eso creí. Su comportamiento errático y caprichoso planteó los primeros conflictos entre nosotros. Cuando me veía con un libro se interponía entre las letras y mi visión. Danzaba alocadamente y ensuciaba cualquier posibilidad de que  pudiese concentrarme en la lectura. Si la vejiga me despertaba en la madrugada ella protestaba por haber perturbado su descanso nocturno y no me era fácil cumplir con mi necesidad. Al rato, ya dormíamos juntos otra vez, abrazados a la noche, cada uno soñando cosas distintas. Yo, imaginando  el milagro de despertar y no verla más. Ella no sé, pero si me dejo llevar por lo que sucede en cada amanecer debo creer que ocupa su sueños en planificar nuevos modos de mortificarme.
Hace ostentación de su poderío, ocupa todo el espacio posible, demuestra una vitalidad envidiable para alguien como yo que apenas tiene fuerzas para encarar la ducha matinal, el desayuno de siempre y cuando voy a buscar el libro mío de cada día caigo en su trampa. Porque ya es suficiente con la mugre de los buitres globales, los periodistas mendaces, los funcionarios judiciales encubridores, los políticos mediocres y sus operaciones de cabotaje, los empresarios del ombligo fácil y los policías corruptos como para tener que ver sucia la vida gracias a su perversa manera de apoderarse de mí.
Quiero ser claro. Tan claro como esa mañana de lunes en la que el Lácar mostraba sus mejores brillos y, de a poco, una arañita y millones de puntitos negros fueron invadiendo mi único ojo útil, el izquierdo (como ves, querida lectora, la anatomía y la ideología se confabulan para guiarme en la vida una vez más). Pensé que era pasajero, pero la pasajera se fue transformando en inquilina y tuve que tomarla en serio.
En nuestro país el tema de la identidad es un asunto serio. Así que le puse un nombre ya que mis amigos del café, los cómplices de indignaciones varias, esperanzas renovadas y literaturas vitales dicen que no puedo compartir mis días con alguien sin nombre. Le llamo Perlita porque cuando se presentó estaba leyendo "Letargo"(Edhasa, 2014), la muy buena novela de la cordobesa Perla Suez.
Perlita es hincha del Globo, de Huracán de Parque Patricios, porque dice que si ella vive en un globo, el ocular, le parece lógico que aliente a su congénere. Es razonable. Quizá lo único razonable de esta historia.
En fin y para no cansarte, lectora preciosa, que Perlita me tiene podrido. Quiero, necesito volver a zambullirme en mi biblioteca, perfumar mis ojos con las bellezas de las muchachas estivales y tener bien abiertos los ojos ante tanto garca que intenta, sin respiro, someter nuestro futuro.