jueves, 22 de diciembre de 2011

Portación de apellido

No sé quién lo traía a casa. Ni la frecuencia con que lo leía. Pero sí sé que me hice adicto a sus páginas y tal vez sea uno de los tres o cuatro "culpables" de que yo sea periodista y esté fatigándolos también con estos textículos.
Recuerdo su formato sábana, sus ocho páginas, su logo verde milico y, sobre todo, la pluma mordaz, incisiva y bien fundada de su director. El periódico se llamaba "Propósitos" y era una bandera de debates y polémicas cuya distribución oscilaba entre la venta legal en los kioscos de revistas y la militancia clandestina, según los humores del prepotente de turno. Su inspirador, director y redactor principal, Leónidas Barletta, era un francotirador de izquierda. De lo que entonces se conocía como "compañero de ruta o aliado" del comunismo. Hoy le diríamos comunista inorgánico.
Dotado de un riquísimo uso del lenguaje, Don Leónidas no dejaba títere con cabeza. Tenía pergaminos suficientes para salir al cruce de todo tipo de iniquidades, desde los casos de censura explícita o disimulada hasta las denuncias públicas cuando el sistema capitalista mostraba sus garras contra los desposeídos. Es decir, mostraba su esencia.
En 1930 fundó el Teatro del Pueblo, emblema y refugio gestor del movimiento de teatro independiente en nuestro país. Allí estrenó varias de sus obras Roberto Arlt, entre otros.
Es cierto que en nuestra historia hay casos de apellidos que se repiten, pero no se repite la trayectoria de los poseedores. Me viene a la memoria el apellido Justo. Agustín fue presidente garca de Argentina y su hijo Liborio un pensador anarquista que usaba el apodo Quebracho (nombre de una agrupación de energúmenos contemporáneos que creen que quemar un árbol navideño es revolucionario. Actitud ésta que ejemplifica y da la razón a aquella paráfrasis de "El Principito", ese grafitti virtual que dice: lo esencial es invisible a los troskos) y que dejó páginas atrevidas e inteligentes. Otro Justo, Juan Bautista, fue uno de los ideólogos del socialismo blandito, en épocas de polémicas fecundas.
Entre los Alsogaray hay casi de todo. Desde el padre del neoliberalismo ortodoxo y capitán e ingeniero, el inefable don Álvaro, pasando por la hijita de los tapados de visón, los incendios patagónicos, los arrumacos ideológicos con el riojano más perverso, María Julia, hasta un comandante Montonero asesinado por quienes fueron el brazo armado de su propia clase social. Por estos días conocí el caso de Magdalena Roca, sobrina bisnieta del genocida Julio Asesino Roca, ferviente defensora de los derechos de los pueblos originarios. Ella misma reconoce la sublime influencia de nuestro Osvaldo Bayer. Recientemente, se nos murió León Rozitchner, uno de los pensadores más sólidos que dio la filosofía nacional. Su hijo Alejandro forma parte del equipo de discriminadores, elitistas y grondónicos de lo peor de la llamada inteligencia de derechas.
Me vino el recuerdo de Leónidas Barletta cuando el flamante presidente de lo que queda del radicalismo vernáculo, Mario Barletta, llamó a reintegrarse al Partido a Ricardo López Murphy y Elisa Carrió. No sé si Mario es o no descendiente de Leónidas, pero la portación de apellido no garantiza, ni mucho menos si nos atenemos a los ejemplos mencionados, la portación ideológica. Los declamados aires de renovación que, presuntamente, traería la designación del ex intendente de Santa Fe se fueron al diablo. Llamar a dos retrógrados para gestar progresismo me recuerda al título de uno de los libros liminares del Barletta histórico. En 1957 apareció "Cuentos del hombre que daba de comer a su sombra".
No otra cosa parece estar haciendo el radicalismo argentino.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Una despedida

Lo conocí al fragor del desamparo político que dejó el cataclismo de 2001. Precisamente, las masas en la calle (eso que llamamos pueblo, sin avergonzarnos) nos amparaban los sueños, golpeados por pesadillas. El coro biclasista que pedía que no quede ni uno solo. Y la guita acorralada.
Fue uno de los primeros en reaccionar bien. Si la debacle era general debíamos pensar las causas y los diagnósticos colectivamente. Publicó un libro en el que convocaba al desahogo inteligente de políticos de fugaz predicamento, sindicalistas no corrompidos todavía por el hambre de poder kiosquero, militantes sociales e intelectuales con relativo prestigio. Pero la figura central, el gurú convocante, el que hacía las preguntas y moderaba el debate era él. Presentó ese libro coral aquí, en Mendoza, y nació una relación de afecto que, con el correr de sus libros y mis lecturas, se transformó en amistad. Hasta tuvimos, mi familia y yo, el honor de figurar en lo que él mismo llamó un cameo en su libro de crónicas de viaje por el interior del país. Desde enero o febrero de 2002 yo me había sumado al Manifiesto Argentino por invitación de Mempo Giardinelli.
Martín Caparrós, lo dije y lo sostengo, es uno de los mejores cronistas de nuestra lengua. Y pese a los premios conseguidos no es un gran novelista. Y, mucho menos, un polemista profundo. Es agudo, irónico, sarcástico y hábil para autogestionar esas características, al amparo de organismos internacionales.
Hace un tiempo salí en su defensa cuando, en 6,7,8, en la televisión pública, se lo calificó de canalla. Dije entonces que si él era considerado así, qué quedaba para Magnetto, Morales Solá o Gelblung, por citar unos pocos ejemplos. Me agradeció el gesto por correo electrónico privado. Le contesté que sus críticas al modelo nacido el 25 de mayo de 2003 eran erróneas, según mi punto de vista. Y le enumeré las múltiples medidas de inclusión, justicia y recuperación del Estado como herramiento de cambio, entre otras. Su respuesta fue que le gustaría compartir mi esperanza y mi apoyo, "pero no puedo" me contestó, textualmente. Fin del diálogo y del contacto. Inclusive, dejé de recibir el ejemplar de cada nueva obra suya, dedicado de su puño y letra.
Siempre, hasta hoy, quise distinguir su actitud de la de Jorge Lanata. Éste, miente. Caparrós opina. No es lo mismo. Escribe para el diario El País, de España. Está en su derecho, pero cruzó el límite, según mi escala de valores morales.
En una reciente entrevista a Sergio Shoklender, para el mismo periódico, le permite al parricida reincidente, estafador y mitómano, una serie de ofensas a las Madres. Y a la inteligencia de los lectores. El tema no es a quién se entrevista, sino cómo. El tema no es tanto las preguntas que se le hacen al entrevistado sino, sobre todo, lo que se le repregunta.
Durante mi trayectoria laboral he tratado de ser coherente. Lo he conseguido, espero que en más ocasiones de que las que he fracasado. Cuando salió a la luz la maniobra perversa y criminal de Shoklender, dije y lo ratifico, que cualquier crítica opositora, cualquier reclamo ciudadano o cualquier pensamiento, por más absurdo que parezca (por ejemplo, decir que las elecciones presidenciales se iban a dirimir entre una viuda y un huérfano. O la estadística frívola de eventos, instituciones, edificios, escuelas o plazas que pasaron a llamarse Néstor Kirchner. Como se ve, tópicos decisivos para el presente y futuro de la nación), tenía, tiene como límite ético y moral, a las Madres. Aún con sus errores pero, sobre todo, con sus innumerables virtudes cívicas.
De Shoklender ya no sorprende nada. Lo de Martín obliga al asco, el desprecio y el repudio.
Lo digo desde el dolor, desde mi trabajo en Radio Nacional Mendoza, medio de comunicación de este cambio de época. A él que dicta cátedra desde uno de los instrumentos mediáticos de la maltrecha socialdemocracia europea.
He cosechado amistades invalorables a lo largo de mi trayectoria laboral. Mempo encabeza una lista de seres maravillosos que incluye, entre otros, a Liliana Herrero, Liliana Heker, Felipe Pigna, Eduardo Galeano, Elsa Drucaroff, Luisa Valenzuela, León Gieco, Daniel Viglietti, María Rosa Lojo, Rodolfo Braceli, José Pablo Feinmann, Miguel Repiso, Osvaldo Bayer, Reynaldo Sietecase, Eduardo Aliverti, Víctor Ego Ducrot, Patricia Verdugo, Mónica González. Martín era parte de este racimo nutriente, humanista y querible. Ya no.
Es durísimo, angustiante, perder un amigo por propia decisión. Pero tomo ese camino y lo hago público, con la misma convicción con que un día lo defendí por la misma vía. Me defraudó. Aunque seguramente seguiré leyendo sus crónicas fascinado y como agradecido lector.
Ya no hay diferencias. Ahora Caparrós y Lanata son Caparrata.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Parte médico

Paradójicamente, el síntoma era claro: veía turbio, oscuro. Y el diagnóstico, conocido: nada especial en esta época de ascenso a la categoría de maravilla natural del mundo. Más modestamente, me sometí por segunda vez a las manos expertas del Doctor Osvaldo Guzmán. El resultado, aunque altamente satisfactorio, me permite reflexionar acerca de la felicidad de tener sólo dos ojos. Hace dos años, exactamente, se trató del derecho. Ahora, el izquierdo, claro, si no hay más. Polifemo hubo uno solo, dicen. Esta vez la catarata era, apenas, una cascadita precordillerana.
Pero no importa tanto mi vicisitud quirúrgica como los efectos que pueda producirme al enfrentar el día a día. Veo más y mejor. Pero, sobre todo, más.
Por ejemplo, a Hugo Moyano lo veo más gordo; a Mirtha Legrand la veo más decrépita; a Jorge Lanata lo veo más parecido a Luis Majul, tanto que me los confundo y los llamo Jorge Manata o Luis Lajul; a las curvas de las muchachas las veo más apetecibles; a ciertas flores las veo más femeninas; a los amigos los veo más cercanos y tiernos, incluídos aquellos que no veo hace tiempo; a Barack Obama lo veo más pálido, menos negro y más hipócrita ("es más fácil empezar una guerra que terminarla", dijo el Premio Nobel de la Paz); a los líderes europeos los veo más bancarizados y menos bancados; a la Argentina y Latinoamérica las veo más lúcidas; no veo a algunas amigas hace mucho tiempo, más de lo tolerable; no veo más a Julio Cobos y a Elisa Carrió, pero eso no es mérito de ningún cirujano sino de la voluntad colectiva; a mis compañeras y compañeros humillados por los genocidas los veo más reivindicados, ¿no es cierto, Silvia?; a mis nietos los veo más luminosos; a mis montañas las veo más azules; a mis libros los veo más.
No habrá más partes, por ahora. Me espera la mesa de café de los sábados, la batalla cotidiana contra los burócratas de diversas jurisdicciones, mis compañeros de la radio, la militancia por mejor ciudadanía y los placeres mundanos.
Vuelvo a leer, la Tierra gira sobre su eje.

martes, 6 de diciembre de 2011

Una de animalitos

Ella se llamaba Norma Guimil. Como se había casado con un señor de apellido Plá, se la conocía como Norma Plá. Costumbre machista esa de abandonar su propia identidad para asumir la del patermarido. La Gorodischer, la Bodoc, la Kirchner, son ejemplos en ámbitos públicos. En algunos casos por decisión personal y por razones artísticas, digamos. En otros, por iniciativa colectiva.
Norma era jubilada cuando, en 1991 ó 92, enfrentó al entonces Ministro de Economía y lo hizo llorar. O eso pareció. Domingo Cavallo (haga cuernitos vecina) dijo que su papá también era jubilado y, puchero mediante, se le piantó un lagrimón. No mucho más. También reconoció que las diez lucas de su sueldo (para esa fecha el equivalente a verdelincoln o jefferson o washington o custer o algún otro prócer de la democracia trucha del norte), a veces, no le alcanzaban para mantener su ritmo de gastos. Mintió, bah, como de costumbre. "No llore ministro", le pidió Norma ante las cámaras de televisión y se fue a acampar en la Plaza del Congreso Nacional, como reclamo y repudio por el congelamiento de los haberes jubilatorios para poder cumplir con los organismos multilaterales de crédito, según consignaba la excusa de los regalapatria.
Norma murió unos años después, tan pobre y digna como había vivido y protestado. Domingo sigue dando conferencias, tan rico e indigno como siempre. Ya no llora, al menos en público. Pero ya no jode, al menos al público.
En estos días euromortuorios hemos visto llorar a Elsa. Elsa es Elsa Fornero, Ministra de Trabajo del gobierno de lo que queda de Italia y que preside don Monti. Banqueros, ambos. Fornero es su apellido de soltera, al menos eso dice el tío Google. Estaba por anunciar, ante las Cámaras y las cámaras, el desbarajuste del ajuste a sus compatriotas cuando estalló en llanto. No pudo seguir. Pero tranquilícese vecina (no deshaga los cuernitos todavía), el guadañazo lo van a aplicar igual, con o sin pañuelos descartables para Elsa.
Los cocodrilos son animalitos de la clase reptilia, poco amigables, acuáticos pero también terrenales, con mandíbulas tenebrosas, dientes que no necesitan colgate ni sensodyne y con una cola escamosa tan poco amigable como el resto. No son domesticables, aunque la National Geographic quiera convencerte de lo contrario.
Cuando salen del agua, sus ojos producen una sustancia parecida a las lágrimas para conservar la humedad perdida. De ahí la alusión a las lágrimas de cocodrilo, para destacar la falsedad, el truchaje de una tristeza fingida. O, al menos, que no compromete a nada.
Los horneros no lloran. Los caballos tampoco. Ni en castellano ni en italiano. Los cocodrilos, parece pero no, tampoco.
No les crea y no se les acerque. Ya se lo dije, no son amigbles.

martes, 29 de noviembre de 2011

Los nenes

No se trata de una cuestión generacional. Se sabe que, para cierto sector de la sociedad, la juventud es un producto comercial, un estereotipo y, a la vez, los jovenes son sujetos de consumo. Alguna vez fue "la juventud maravillosa" y pocos años después, cuando buscaban su lugar en la construcción de un mundo mejor, "imberbes y estúpidos". Siempre que se trate de la gestión pública el asunto es ideológico, político.
Por estos días se viene argumentando que la conducción de algunos organismos estatales está en manos inexpertas, jóvenes, demasiado jóvenes. Es el caso de Aerolíneas Argentinas, la empresa aérea de bandera, rescatada por el gobierno nacional de las garras de Antonio Mata, personero de la española Marsans y socio capitalista de Jorge Lanata en la estafa a sus colegas periodistas, conocida como diario "Crítica de la Argentina". El dirigente gremial de guante blanco, Ricardo Cirielli, acusó a Mariano Recalde y Axel Kicillof, presidente y vice de Aerolíneas respectivamente, de ser "los nenes", doble alusión a su edad y la pertenencia de ambos a la agrupación La Cámpora.
Reitero. Lo generacional es un ingrediente, importante si se lo analiza desde el punto de vista ideológico, pero sólo un ingrediente. Quiero decir que Martín Redrado, ese golden boy neoliberal es un hombre joven también. O Patricia Bullrich lo fue alguna vez. Tanto, que algunos todavía le dicen "la Piba".
Sin embargo, no está demás repasar algunos nombres que dejaron su huella en la Historia. La enumeración no es taxativa, por supuesto, apenas un muestrario de nenes. Una especie de nursery de la memoria. Veamos.
El 25 de mayo de 1810 Mariano Moreno tenía 31 años. Había nacido el 23 de setiembre de 1778.
Manuel Belgrano andaba por los 39. El intelectual más brillante y honesto de la Revolución, el que hizo algo más que crear la bandera nacional, había nacido el 3 de junio de 1770.
Fidel Castro entró en La Habana el 1 de enero de 1959 con sus 32 años, sus guerrilleros y el amor y la esperanza de un pueblo que lo acompañó jubiloso. Fidel había nacido el 13 de agosto de 1926. Sigue siendo joven. Aunque, como dice nuestro Norberto Galasso de sí mismo, lo es desde hace mucho.
El Che ganó el combate de Santa Clara, con el que se selló el triunfo final de ese acontecer luminoso conocido como la Revolución Cubana, con su asma, su título de médico y su paso por nuestra América, y sus 30 años de edad. Nació en Rosario un 14 de junio de 1928.
Cuando se publicó "Facundo", en 1845, obra maestra con la que nace la literatura argentina moderna, su autor, Domingo Faustino Sarmiento, tenía 34 años. Se sabe que había llegado a su San Juan, parido por Paula Albarracín el 15 de febrero de 1811.
Karl Marx nació en Tréveris, Prusia, un 5 de mayo de 1818. El Manifiesto Comunista, aquél del fantasma que recorría Europa, vio la luz el 21 de febrero de 1848. Marx tenía, entonces, 30 años. Un nene, aunque su imagen más conocida lo muestre con profusa barba entrecana.
Cuando José de San Martín llegó a nuestras playas imbuído de las ideas independentistas americanas, en 1812, tenía 34 años. Hasta mi nieto mayor, el Manu, para quien el Libertador es un superhéroe, sabe que nació en Yapeyú, Corrientes, el 25 de febrero de 1778.
Albert Einstein nació en Ulm un 14 de marzo de 1879. En 1905 dio a conocer su Teoría de la Relatividad. El cachorro de genio tenía 26 años.
Sigo, ya falta poco y termino, morocha. Después de tanta fecha y tanto dato nos tomamos un café con masas secas (me las prometiste, ¿te acordás?) y miramos pasar a nenas y nenes que algún día engrosarán estas listas, imaginemos.
Armando Tejada Gómez, el poeta nuestroamericano, nació en este país de arenas, Mendoza, el 21 de abril de 1929. Cuando suscribió, y se supone que redactó, el Manifiesto del Nuevo Cancionero, junto a Tito Francia, Oscar Matus y Mercedes Sosa, entre otros, un 11 de febrero de 1963, tenía 34 años.
Orson Welles estrenó "Citizen Kane" en 1941. Como dicen que su madre lo parió el 6 de mayo de 1915 y si las cuentas no me traicionan, tenía 26 años.
Por último, para no fatigarte y para evitar que me llames Sr. Efemérides, que suena horrible, te recuerdo que Serguéi Eisenstein tenía 27 cuando se estrenó "El acorazado Potemkin", en 1925. Lo deduje porque don Google me dijo al oído que el tipo había nacido en Letonia un frío 23 de enero de 1898.
Como se puede apreciar tanto dato no significaría nada si cada uno de estos nenes no hubiese dejado su impronta creativa, rotunda y definitiva en los lugares y los tiempos en los que les tocó vivir.
No sé (sí sé) si te acordás qué edad tenía Evita cuando se convirtió en inmortal. O un tal Cristo, por ejemplo.
La irrupción de la juventud en la vida política argentina se visibilizó explícitamente el 27 de octubre de 2010, en la despedida de Néstor, pero no fue un exabrupto emocional. Se venía cocinando a fuego lento y colectivo luego de tantos años de desasosiego, despojo y humillaciones.

viernes, 25 de noviembre de 2011

El señor no es un chiche

El señor dice no saber qué es el 24 de marzo, qué pasa ese día; el señor dice ser amigo del comisario Luis Patti, torturador y genocida, elegido alguna vez por voto popular intendente de Escobar, en Buenos Aires y condenado a perpetua en juicio justo; el señor fue Secretario de Redacción de una revista cómplice de la dictadura, es decir, el señor y Gente, fueron la dictadura; el señor ha sido reciclado como un periodista inteligente por obra y gracia de cierta lógica comunicacional que cree (y nos intenta hacer creer) que todo, absolutamente todo, se puede frivolizar; hace un año el señor recibió en su programa a la señora Cecilia Pando, quien dijo, muy suelta de cuerpo y muy atada de mente, que defendía "aún a los que habían robado bebés" y al señor no se le movió un pelo, de los pocos que le quedan; sin embargo, el señor condujo hace un tiempo un programa televisivo que se llamó "Memoria" (como se ve, el señor piensa también que todo, absolutamente todo, se puede frivolizar. Hasta la memoria).
El señor recibió en su estudio televisivo, esta semana, a Aleida Guevara March, la hija del Che y Aleida March. Para él y para la lógica del negocio mediático da lo mismo, vende igual, la hija del Che que la apóloga de un genocidio. En un momento del diálogo el señor le pregunta a su invitada por la herencia que, supuestamente, le dejó el padre a la hija. Al escuchar la palabra herencia, la mujer dio, literalmente, un respingo. Inútil sería explicarle al señor que el concepto jurídico de herencia tiene un significado totalmente distinto en una sociedad socialista como la cubana (aunque matizada hoy por esquirlas de mercado). Repuesta de la sorpresa, Aleida empezó a nombrar libros, recuerdos, objetos y anécdotas. Pero lo que el señor quería saber era qué le había dejado "en metálico, propiedades, joyas, esas cosas". Y Aleida, sonriente, con el aplomo y la sencillez que la hacen heredera de ese padre, le dijo: "¡Qué poco conoce usted a mi padre!".
El señor comparte con el padre de Aleida dos cosas: el país natal y la cehache de sus respectivos apodos. Nada más.
Quise entrevistar telefónicamente a la hija del Che. Amablemente, me dijeron que su agenda estaba colapsada. Quiero creer que su paciencia también.

lunes, 14 de noviembre de 2011

El asesor italiano

"La verdad de unos pocos es casi una mentira"
  Juan Sasturain

Me llamó a casa la colega Astrid Pikielny, del diario La Nación, para invitarme a responder algunas preguntas. Estaba confeccionando, dijo, un artículo para la sección "Enfoques" que, finalmente fue publicada el domingo 13 de noviembre, o sea ayer, bajo el título "Periodistas vs. periodistas"(www.lanacion.com.ar/1422420-periodistas-vs-periodistas). Allí son consultados además, Ruiz Guiñazú, Tenenbaum, Russo, Brienza, Wainfeld y, del interior (como le llaman, graciosamente, quienes habitan el ombligo del Obelisco), Suppo, de la Voz del Idem, y Miller, de Río Negro.
La nota empieza mal, con trampa. Se habla allí del ataque que sufrieron Lanata y Ruiz Guiñazú, quienes fueron atacados a piedrazos en los jardines de la Universidad de Palermo, por un par de energúmenos. Pongámonos de acuerdo, ninguna agresión física o verbal es justificable. En el ámbito periodístico o en cualquier otro. De ahí a calificar a Lanata, Ruiz Guiñazú y asociados como "independientes" parece un chiste de mal gusto. La nota arranca así, preguntándose el por qué de este ataque. Y se omiten los insultos de Majul y el mismo Lanata hacia los panelistas de "6, 7, 8" (se los trató de "boluditos, cagones y forros", respectivamente), aunque hace mención a las agresiones sufridas por Russo y Wainfeld, con cero repercusión en los diarios, radios y canales dominantes. Es que, como me acota el escritor mendocino Pablo Gullo, se termina el paradigma del periodismo objetivo o, su equivalente, el independiente. Ninguno lo somos. Todos, pero todos, dependemos. De la empresa que nos paga, del Estado, de los anunciantes, de nuestra propia historia y de la Historia, de nuestras convicciones y nuestra formación. De ahí que es bueno no descarrilar.
No estoy tratando de averiguar si primero fue el huevo o la gallina. Digo que si se nos "acusa" de ser oficialistas es porque hay otros que son opositores. Y ninguno objetivo ni independiente.
Planteado eso, sigamos. El otro item acerca del cual fui consultado es el de la bendita pauta oficial. Nadie dice qué porcentaje ocupa esa pauta en los medios llamados oficiales y en los opositores. Pero no son producto de la pauta oficial, como bien señala la colega mendocina Ana María Vega, la Asignación Universal por Hijo y Embarazada, ni el aumento, por ley, dos veces por año del haber jubilatorio, ni los juicios a los genocidas, ni el respeto internacional, ni la recuperación de la educación técnica, ni el retorno de los científicos emigrados, ni el Fútbol para Todos, ni la producción cinematográfica, ni los cinco millones de puestos de trabajo recuperados, ni los doce millones de votos, ni las más de mil escuelas construídas, ni las universidades abiertas, ni la recuperación de la línea aérea de bandera, ni el matrimonio igualitario, ni la Ley de Medios y así podría seguir hasta cansarte, pequeña. En todo caso, es al revés. Son estas medidas las que deberían ser promocionadas por propios y extraños porque benefician a las mayorías y respetan e incluyen a las minorías. Pero no, sólo se promueven, desde el empresariado mediático dominante, las dificultades, las zancadillas y los casos, evidentes o no tanto, de corrupción enquistados en el aparato estatal. Se comportan como con los piquetes. Si los producen los trabajadores, entorpecen la libre circulación. Cuando los patrones ruralistas derramaban cuatro millones de litros de leche diarios para evitar un impuesto sobre su renta extraordinaria, eran los salvadores de la patria.
Claramente, el tema no es la pauta oficial ni la absurda y perversa acusación de listas negras. El tema es que están desnudos, como dice mi amigo el Cholo, y en lugar de agarrarles pudor, les da odio. Y como "la moral hay que buscarla del lado de lo real, especialmente en política", según enseña Jacques Lacan, no sirve ocultar que algunos de esos colegas desnudos fueron cómplices activos o pasivos del genocidio, formando parte de la campaña mediática exterminadora cuando presentaban un campo clandestino de detención como centro de reeducación de subversivos, o mentían descaradamente acerca de la identidad de una niña cuyos padres estaban desaparecidos, o formaban parte del equipo de propaganda de Martínez de Hoz, el genocida civil. Esos no son profesionales, como se pretende clasificarlos desde la usina de La Nación. Es una categoría que, hasta semánticamente, es una burrada. Se supone que profesionales somos todos los que vivimos de ésto. Así que, como aclara muy bien Brienza en la misma nota, esa categoría tiraniza y no echa luz sobre el asunto. Esos son, entonces, simplemente cómplices reciclados.
Sin máscaras, desnudos, desorientados y confundidos, no hacen más que plantear dilemas falsos. Por ejemplo, Tenenbaum dice en la nota que fue el periodismo privado el que descubrió casos de corrupción, como la estafa de Schoklender a nuestras Madres, el asunto Antonini Wilson y una supuesta connivencia (nunca probada) entre el gobierno nacional y el Ingenio Ledesma, de Jujuy, en la represión contra pobladores originarios. El planteo es falso porque nadie pretende ni imagina la desaparición del periodismo privado ni la supremacía del público u oficial sobre él. Se trata del viejo juego entre la verdad y la mentira. Ni más ni menos. Y ambas, la verdad y la mentira, se construyen. Por unos pocos, para muchos. O por muchos, para muchos, como sugiere el maestro Sasturain.
En el fondo, la realidad los ha puesto en manos de un asesor temible, del que no se conoce que nadie haya podido recuperarse. Es italiano y reparte su influencia no sólo entre periodistas y afines. También tiene en su carpeta de clientes a dirigentes políticos, empresarios urbanos y rurales, figuras de la farándula e intelectuales famosos.
Se trata del Lic.Franco Deterioro.

jueves, 10 de noviembre de 2011

La patronal

Se apellida Kasner pero, como ciertas escritoras argentinas, usa el de su primer marido, Merkel. Nació en la otrora Alemania del socialismo irreal y es la primera mujer en ser Jefa de Gobierno con ese origen, luego de la reunificación. En sus años mozos (porque, aunque no lo parezca, los tuvo) militó en las juventudes comunistas. Cuando le hicieron caso a Pink Floyd y derribaron el muro comenzó su carrera meteórica hacia el poder. Compitió con hombres de fuste y, después de haber sido un alfil de Helmuth Köhl, aprovechó un escándalo político de esos que, de tanto en tanto, nos brindan ciertos apetitos, renegó públicamente de él y dio el zarpazo.
Es física, pese a su físico, que la ilustra más como jefa de enfermería de un hospital de campaña.
Sin embargo, aunque Ángela tiene poder, tambien tiene patrón.

Se apellida Sarkozy pero, como ciertos hijos de otras épocas, es apenas un apócope del verdadero, más largo, húngaro y judío, con resabios nobiliarios (es copríncipe de Andorra. Esa no la conocía, eso de ser copríncipe. ¿Yo podría ser coperiodista, por ejemplo?). Pero Nicolás es francés, católico e innoble. Se recibió de abogado y quiso seguir Ciencias Políticas pero no llegó a recibirse por su inglés rudimentario. Un defecto que aprendió de su colega argentino Carlos Menem, se dice. Tiene hijos varios, con su primera esposa, con su amante periodística y, actualmente, una hija con la bellísima cantante italiana Carla Bruni.
Es, que duda cabe, un típico producto político derechista de esta época de deterioro europeo.
Sin embargo, aunque Nicolás tiene poder, también tiene patrón.

Berlusconi es su verdadero apellido. Se recibió de abogado cum laude. Fue militante socialista, altri tempi, en las huestes de Bettino Craxi. Luego de los procesos de "tangentopolis" y "mani pulite", esos parteaguas de la política italiana, se fue convirtiendo en lo que es hoy, el dueño. Del club de fútbol Milan, de la multimedia Mondadori, de la televisión de su país y de culos y tetas a su disposición.
El parecido físico y su peinado achatado, nos recuerdan a Mussolini. Pero no sólo esos parecidos.
Sin embargo, aunque Silvio tiene muchísimo poder, también tiene patrón.

Tienen algo en común. Son conversos. Ángela y Silvio, ideológicos. Nicolás, religioso. De ahí su fanatismo.
Y así podría seguir. Con los Papasgriegos, como si con el de Roma no alcanzara y sobrara a veces, con los cinco millones de desocupados españoles (paradójicamente, casi la misma cantidad de puestos de trabajo recuperados en los últimos años en Argentina), con portugueses e irlandeses sometidos al mismo patrón.
Cuando yo era pibe (más pibe que hoy) iba con mi viejo al Mercado Central. Una fiesta de colores eran las frutas y verduras. Un derroche de fragancias los quesos y los pescados. Mi viaje sensual terminaba con dos porciones de pizza inolvidables, pese a que el negocio se llamaba "Un rincón de la Boca". Era una delicia que yo vivía como una trasgresión a mi pasión riverplatense. El negocio no sé si sigue ahí. Mi pasión, igual que mi recuerdo de aquel sabor, intactos.
No imaginaba entonces, y me duele hoy, que el mismo término, mercado, mutara conceptualmente hasta convertirse en esta perversión criminal que arrasa con la civilización occidental y promete llevarse puestos los valores culturales milenarios.
Las sociedades europeas, colonizadoras e imperiales antes, van quedándose sin respuestas ante la voracidad de los patrones. Con la excepción de unos pocos que enarbolan la única bandera que los globaliza en positivo, la dignidad. Pero vienen de la falsa opulencia, del consumismo a ultranza, de la soberbia cultural. Y caen desde esa escalera a la letrina política e ideológica. Al fondo a la derecha. A las fauces de los bancos.
A veces pienso que ciertos dirigentes europeos están sobrevaluados. O, como sucede con los radicales argentinos, ya no son lo que eran.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Isabel, la católica

 A Fanny Edelman, in memoriam

A veces pasa. Es que pasa que uno pasa tanto tiempo en el lugar de trabajo que empieza por acostumbrarse, por encariñarse y termina confundiéndose. Guarda efectos personales en los cajones del escritorio, esconde cartas comprometedoras en el armario de la oficina y cosas así. Conozco una colega que tiene su taza preferida para tomar café, en la radio. Dice que, aunque el café sea el mismo que el de su hogar, tiene mejor gusto en esa taza.
Algo así le debe haber ocurrido, eso prefiero creer, a Isabel Cittadini, la encargada del Área de Comunicación del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), un organismo estatal.
Envió un correo electrónico, desde la casilla institucional, manifestándose en contra del derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Justo el día en que la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados de la Nación (que a veces parece honorable de verdad) emitía dictamen favorable a un proyecto de ley para despenalizar el aborto. Apenas un primer paso, pero histórico.
Pero Isabel, la católica, no es como aquella reina de Castilla que nació en un lugar de nombre musical, Madrigal de las Altas Torres, pero que nos envió al navegante don Cristóbal, y a su hijo Cristobalito, para comenzar el despojo y el etnocidio, tan dramáticos y tan poco poéticos. No sé en que ciudad nació, pero por aquí las comarcas suenan distinto, sin madrigales. Nuestra Isabel confundió sus roles. Cometió un desatino por fanatismo explícito. Debió, me parece, emitir opinión desde su correo personal.
Imaginemos, por un momento, la situación inversa. Supongamos que Cittadini, exorcizada por el espíritu de Karl Marx, hubiese mandado su apoyo a la legalización del aborto desde el sitio oficial del CONICET, con logo incluído. Desde las más altas cumbres vaticanas, desde las arquidiócesis terrenales del continente americano, desde el portavoz arzobispal de monseñor Bergoglio y su cara de yonofui, desde todas las secretarías de redacción de la prensa dominante, hubiese estallado el escándalo.
En nuestro país el aborto es ilegal, inseguro y oneroso. Pero se practica a mansalva y (otra vez Marx) el resultado final de una operación tan dolorosa depende de la clase social a la que pertenezca la mujer. La hipocresía domina este tema, como tantos otros en la Argentina.
No se trata, como dice la cúpula crápula de la Iglesia católica, de que nosotros estamos contra la vida. Al contrario. No conozco ninguna mujer que vaya feliz a hacerse un aborto. Nadie se maquilla, se pinta y se produce para tomar una decisión así. Precisamente porque estamos a favor de la vida es que, mujeres y hombres, denunciamos las miles de muertes de nuestras mujeres pobres por falta de asepsia, por falta de recursos y por falta de prevención.
Históricamente se nos vaticinó el derrumbe civilizatorio cuando se instituyó el matrimonio civil, el divorcio vincular, el reconocimiento de los hijos extramatrimoniales, el uso del preservativo, el matrimonio igualitario. Y, sin embargo, ese derrumbe llegó a su climax con la santa pedofilia, la complicidad con las torturas, las despariciones y el robo de criaturas. Total, dentro de cuatrocientos años pedirán perdón, cuando von Wernich, Grassi y Storni, entre otros, sean recuerdo de gusanos.
Inevitable y felizmente, se abre en la Argentina un debate necesario. Nadie que yo conozca está a favor del aborto. Estamos a favor del derecho de cada mujer a decidir si quiere seguir con un embarazo o no. Que no es lo mismo. Nadie que yo conozca está a favor de obligar a una mujer a abortar, ni a divorciarse, ni a casarse con una persona de su mismo sexo, ni a casarse, ni a usar preservativos. Pero militamos para que una secta, por mayoritaria que sea, no convierta en criminal a una mujer porque se siente soberana de su cuerpo y practica esa soberanía.
Para la Iglesia católica la mujer, hasta el año 585, no tenía alma, salvo María, por una cuestión de jerarquía, ¿vio?. Recién en 1215, en el Concilio de Letrán, se introduce el celibato obligatorio en curas y monjas y en España, en el siglo XVI, todavía era permitido el aborto y hasta el infanticidio, si el recién nacido no era bautizado (http://www.cuerposfeministaslaicos.wordpress.com/).
Cittadini, en clara posición adelantada (referencia futbolera identitaria) debería llevarse sus bártulos a casita y, desde allí, opinar lo que le de la gana. Que para eso son los debates.
Estamos dispuestos, en un gesto de apertura mental democrática, a soportar dislates. Pero, parafraseando a Sarlo, la clarineta, con las instituciones no, Isabel.

viernes, 28 de octubre de 2011

Un gorila circunciso

Abro el paraguas antes de que llueva. Aunque acá no llueve, el cielo salpica apenas unas gotas miserables. A veces. Mi paraguas dice que también soy judío, claro que sin haber pasado por la ceremonia de la circuncisión. Es que mis viejos fueron ateos y me legaron esa formación. Es decir, estoy enterito. Pero en este caso el asunto no tiene nada que ver con el tema y el personaje en cuestión. Lo aclaro para que no se me distraiga, niña en flor, en detalles étnicos ni se me acuse de racista o cosa parecida.
Es que Don Pepe, de él se trata, anduvo por acá desparramando frases ingeniosas. Llegó invitado por los chicos y chicas de Franja Morada de la Facultad de Derecho, de la UNCuyo. La excusa: presentar su libro "Los hombres del Juicio", una reivindicación de la iniciativa de Alfonsín, Raúl, con la intención oportunista de darle un poco de combustible a Alfonsín, Ricardo, en las elecciones recientes. Objetivo no cumplido, siga participando.
Pero bueno, a veces pasa. Es como hacerme correr un maratón. Misión imposible. Cuando falta materia prima se suspende la producción. O, lo que es lo mismo, el que nace pito nunca llega a corneta, dice el refrán.
La cuestión es que Don Pepe, apenas aterrizó en el medanal cuyano, dijo que "gobierna el mismo movimiento que indultó a los militares que condena". Así, textualito. Lo escupió un día después de las condenas a Astiz, Acosta y los otros secuaces de la ESMA, y el día del primer aniversario de la muerte de Néstor. Un exabrupto extemporáneo.
Apenas lo leí me sedujeron dos opciones. El tipo es un boludo prestigioso o es un provocador decadente. La primera no me cierra. Por ninguna de las acepciones. Y me queda la segunda, que paso a analizar, morocha en fuga.
Un colega (ése sí con prestigio vigente) me hizo ver que comparar a Menem con los Kirchner, en este rubro y en tantos otros, es como identificar a Galtieri con los soldaditos que dejaron su cuerpo en Malvinas. O como decían muchos judíos a la salida de la Segunda Guerra, que todos los alemanes eran devotos hijos de Hitler, mancillando a Einstein, Mann, Luxemburgo y tantos otros dignos.
La segunda opción es más interesante. Aunque "toda la Historia es Historia contemporánea", como bien dice Benedetto Crocce (¿no es cierto, Felipe?), la aparición del libro atrasa. Mucho se ha escrito al respecto y, en todo caso, la sana proliferación de juicios y condenas de estos días a los genocidas es parte de un hilo conductor que arranca con aquel proceso inicial. La misma línea histórica. Claro que estas sentencias no son pronunciadas por el "movimiento que gobierna", según el léxico con tufillo simiesco de Don Pepe, sino por los jueces de la nación.
Es que Eliaschev, el gorila circunciso, parece seguir el derrotero (término nunca mejor empleado) de su candidato derrotado. Es un caso más de una especie en vías de extinción. Aunque nunca faltan los ambientalistas que comenzarán una campaña para intentar conservarlos. En este caso serían conservadores, no conservacionistas.
Tengo una tercera opción. Vamos a tomarnos un helado. Vos con el flequillo al viento y yo con el paraguas de tu sonrisa.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Cambio de dieta

Fue la cara visible de un tiempo de angustias. Llorosa y visible. En 2001 dos trenes corrían en direcciones enfrentadas y por la misma vía. En uno viajaban los especuladores del hambre, los truhanes de la verdad y sus esbirros. Iban jugándose las vidas, las nuestras, con naipes marcados. Quedará para el análisis del porvenir si fallaron o buscaban a conciencia estrellarse contra el otro tren. En ése íbamos quienes nos levantamos cada mañana, desde hace siglos, para llevar el pan a los hijos y los ladrillos al futuro. El choque fue inevitable, purificador, sangriento y emblemático. Los muertos nos miran hoy con su sonrisa de espectros, quizá sabiendo que lo que hoy pasa lleva su marca.
En su Tucumán natal, Bárbara Flores, entonces Barbarita, fue entrevistada por la periodista María Julia Oliván para el programa televisivo "Detrás de las noticias", creado y conducido por Jorge Lanata.
Lloró ante las cámaras, como lloran los niños que tienen hambre. Sin maquillaje, a moco suelto. Las imágenes se globalizaron y el mundo supo (o se hizo el que supo) que aquí, en Argentina, morían por desnutrición los que deberían estar nutriéndose el cuerpo y el pensamiento.
La técnica comunicacional no nació con ese episodio. Tal vez haya sido Pinky, la inefable conductora devenida en política macrista, quien haya inaugurado en los sesentas ese maldito método de conmover el morbo del televidente. Fue, creo recordar, en Santa Fe o alguna otra zona del Litoral. Una inundación más había dejado el tendal de pobres desparramados y al amparo (o desamparo) de la caridad cristiana y el tardío y escaso auxilio estatal. Hasta que no hizo llorar a un hombre rudo físicamente pero quebrado en su autoestima, no paró. Después fue Piero el que cantó "La inundación número no sé cuánto", para pedir "que se vaya la televisión", con ritmo de chamamé.
Pero la televisión no se fue nunca más de donde corre sangre o donde la desgracia sienta su culo infernal. La televisión vende. Lo demás es lo de menos, inclusive la dignidad.
Perdón, cierta televisión. No toda.
Vuelvo a Barbarita. Hoy ya es Bárbara. Hace muy poco, la otra televisión, la pública, la fue a ver. Estudia, sigue tímida y ya no llora en cámara. Recibió una netbook, como cualquiera de los chicos y pibas de las escuelas estatales del país. Su papá tiene trabajo genuino y tampoco brindó un show de desgracias para alimentar el rating.
Mientras escribo este textículo me informan que Jorge Lanata fue internado, grave, en el Hospital Británico de Buenos Aires. Junto con el sincero deseo de que vuelva a provocarnos con sus delirios decadentes, se me ocurre pensar en ciertas paradojas paradigmáticas. Hoy, Bárbara Flores (por favor,ya no más ese Barbarita minusvalente) está mejor que su "descubridor". Y no me refiero al peso corporal. O no sólo a eso.
Es que hemos cambiado la dieta. Hasta no hace mucho, era ingrediente de la entrada, el plato principal y el postre. Hasta en el mate, el café e infusiones varias, había una fuerte presencia de él. Pero, está comprobado, los argentinos ya no comemos vidrio.

martes, 25 de octubre de 2011

El rocío

"La ideología no es algo críptico ni una clave de sectas: es la noción básica que cada uno tiene sobre la mierda y el rocío"
Orlando Barone

Pude conocerlo y faltó a la cita. Iba a venir a Mendoza el 20 de noviembre de 2010. Estaba invitado a la degustación anual que la Bodega Familia Zuccardi hace para celebrar los vinos nuevos y el trabajo fecundo sobre una tierra sufrida y amada. Íbamos a compartir con él, con Felipe Pigna, Luciano Galende, la Negra Vernacci y miles de mendocinos, el asado, los frutos y la solidaridad. No vino. Se murió un 27 de octubre, dicen que como daño colateral de las balas que mataron al estudiante troskista Mariano Ferreyra una semana antes.
Me hubiera gustado decirle que le devolvió a este tipo sesentón el honor de ser ciudadano del Sur, que lo impulsó a renovar su ímpetu y su curiosidad por las nuevas maneras de buscar al prójimo, le aclaró su lugar en el mundo, junto a los marginados, los grasitas, los más. Pero no pudo ser. Ese día Felipe y yo presentamos su "Libertadores de América" entre toneles y el cariño de la gente.
Ese día nos hizo falta. También el domingo 23 a la noche, cuando la Historia (la señora que mi amigo Galeano pide acompañar, no empujar) dio el paso que la época necesita.
Néstor Kirchner y su camino hacia el poder creció "desde el pie", como sigue cantando Alfredo Zitarrosa. Con apenas el 22% de apoyo ciudadano en 2003, entró a la Casa de Gobierno nacional sin complejos y con la convicción necesaria para sacar a la Matria del infierno al que la llevaron varios de los postulantes de la oposición actual. Más de uno, seguro.
Comienzo por él porque fue el primer actor de una obra que hoy suma a millones.
Un padre, una madre y un bebé en su cochecito. El periodista le pregunta por qué está en la Plaza. Y el pibe, porque el padre es un joven que no llega a 30, le cuenta que en diciembre de 2001 estuvo "laucheando", un porteñismo eufemístico que significa saqueando. Entraba en supermercados junto con otros como él y arrasaban con lo que podían. Preferentemente, comida y electrodomésticos. Hoy puede elegir laburos, dijo.
Otra. Tiene barba, negra y tupida. Lleva sobre sus hombros al hijo. Dice que no es ni fue militante, esa categoría tan demonizada por Don Mediático, el censor de voluntades colectivas. Se le humedecen los ojos. Es su propio rocío.
Otra. Un cartel hecho con fibras azules, casero y con la inspiración de los que saben de dónde vienen y adónde van. Se nota que ella, porque es una mina, ve televisión. A lo mejor así conoció a Grecia, Portugal y España. La pancarta dice: "No soy una indignada. Soy feliz".
Se me dirá que retrato casos individuales. Es cierto. Pero con un detalle. ¿Cómo llamar a un fenómeno que abarca a once millones seiscientos mil casos individuales? Un filósofo caracúlico le llamó fascismo. Allá él. La sonrisa de aquel pibe que saqueaba para comer no tiene el rictus de odio que caracteriza a los fachos, precisamente. Ahora que lo pienso, el mismo rictus de odio con que el filósofo en cuestión dictaminó su sentencia.
Acerca de la figura, personalidad y proyección de Cristina ya escribieron Mario Goloboff, José Pablo Feinmann, Sandra Russo, Mempo Giardinelli. También Marta Dillon dijo lo suyo respecto del tobogán ético y político de Elisa Carrió. Con el valor agregado de que Marta es la autora de "Santa Lilita" (2002), una fenomenal biografía de la otrora esperanza blanca del neoprogresismo nacional.
Como venimos de allí, de un país con mal olor, saqueado, laucheado, con abulia, con anomia y anemia, enmierdado por los poderosos defecantes ; como sospecho que, cada vez que la miro hablarnos y la escucho mirarnos, se me humedecen los ojos pero no se me enturbia la mirada, es que creo que estamos aprendiendo, lenta pero sólidamente, que somos capaces de producir rocío. Ese fresco perfume de los amaneceres.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Guatemala y Guatepeor

 "Yo los conozco"
  León Gieco


  A Fabián Galdi, maestro

No se trata del país. Los mayas, los que sobrevivieron a los genocidios, dejaron una cultura riquísima que los turistas se llevan en forma de vasijas y telares para adornar sus hogares y cubrir sus anatomías. Pero dejémoslos tranquilos y regresemos a nuestras canchas (término que, de paso, también tiene origen indígena de estas comarcas).
Uno se ha entronizado desde tiempos dictatoriales y va a gobernar las pelotas, los penales, los pases (ambos, las transferencias y los de jugador a jugador), las selecciones, las elecciones, las hinchadas, las entradas y las salidas, los premios y los castigos, los campeonatos y los descensos. Todo, bajo el sacrosanto mantel del negocio. Tuvo socios con los que curró y después se enojó. Como a tantas cosas en nuestra Matria, lo salvó este gobierno porque puso el ojo y el oído en las mayorías y transó con el señor que tenía en sus manos el llavero de todas las puertas del edificio. Don Guatemala no se hizo mejor tipo por el Fútbol para Todos. Todos nos hicimos más y mejores ciudadanos pero, por eso mismo, no nos olvidamos del Mundial 78, ni de los años de connivencia con la otra mafia. La que nos obligaba a pagar para ver porque "es más democrático" o tratar de descubrir algún amigo o familiar entre las hinchadas televisadas (una vez descubrí a Martín Caparrós entre la hinchada de Boca, obvio. Sus bigotazos subían o bajaban según Román jugara para adelante o para atrás. Esa tarde, al menos, lo vi triste. O habrá sido mi alegría, no sé).
Como buen pragmático y rosquero, el vicepresidente de Fifalandia, se aferró a las polleras de la Morocha y ahora mi cuñado, que es fana de Atlanta y yo, que soy gallina, podemos igualar derechos. Pero no es una concesión graciosa de don Guatemala. Es un gesto más de inclusión de un modelo, molesto para poderosos y generoso para mayorías. Así de simple y complejo a la vez.
Guatepeor es dueño de mi provincia. Tiene el gas, el petróleo, la electricidad, se supone que le afanó terrenos a la UNCuyo, hasta hace poco era el dueño del agua, hasta que secó a la empresa y se la devolvió al Estado, el tonto de la película. Saca y pone ministros, candidatos y funcionarios menores. Ahora le dio por adueñarse de un club popularísimo para usarlo como escalera al éxito político. Alguna vez nos amenazó con postularse para gobernador. Como no se le movió la aguja de las encuestas, ataca por el lado de las negociaciones espúreas que lo acerquen al poder en serio. Siempre es más fácil transar con pocos que convencer a un pueblo en marcha. Sus medios son enteros aunque no valen ni medio (no confundir valor y precio, dice Serrat). Se asoció con el Señor Moneda, como le llama mi amigo Villalba, y con el ex ministro frutal, Verbitsky dixit. Es, acá se sabe, un emblema de la escoria.
Salir de uno para entrar en otro es como darle un misil a Unabomber. El fútbol debe buscar parecerse a lo que viene, no a lo que fue. Pero tampoco vamos a dejarlos sin laburo. Seamos generosos, una vez más.
Para don Guatemala sugiero un destino pacífico y amable, después de haber cumplido 80 años y 9 nueve períodos en la letrinatrono de la AFA. Debería ser nombrado cónsul en Fukushima, con un buen sueldo, equipado con barbijos metálicos y un sueldo acorde con sus necesidades. O sea, cargo honorario.
A don Guatepeor podríamos enviarlo a Groenlandia a fundar el IFC (Iglú Football Club, así, en inglés es más pituco) y que, ya que estamos, se lleve en la mochilita a varios relatores y comentaristas locales. No sólo de fútbol.
Y, por último y por ahora, que de la verdadera Guatemala nos presten a Rigoberta Menchú para que dirija la entidad madre de este deporte bello y apasionante, como una mujer bella y apasionada. Después de todo, se entenderían mejor, de mujer a mujer.

martes, 18 de octubre de 2011

Conciencia de clase

Cuando éramos jóvenes soñábamos con construír. Algunos, pocos, se hicieron arquitectos o ingenieros. Los más, seguimos itinerarios distintos pero convencidos de que amor y lucha eran, son, pájaros de un mismo cielo. Por eso tus muslos fueron los pilares de un edificio maravillosamente sentido y pensado.
Luego llegó aquel profundo texto de Chico Buarque, hecho canción, que redime el martirio del trabajador de los ladrillos. Canción que aún nos emociona y que nunca pudimos aprender de memoria por la fenomenal complejidad de su estructura literaria.
En el cine, Elio Petri nos contó que "La clase obrera se va al Paraíso", de la mano de Gian María Volonté, pero en 1971 ya sabíamos que el Paraíso es otro invento más de un best seller que lleva más de dos mil años de vigencia. Entonces nos llegó la muerte, la tragedia genocida y los trabajadores resistieron como pudieron, pero resistieron.
Te cuento estos pareceres porque el sol (hoy opacado por cenizas volcánicas) ha dejado de ser una metáfora de luz, aunque varios muestren la hilacha, como dicen las viejas.
El pasado 2 de octubre, el diario Los Andes, nuestro clarinete prehuárpido y zanjonero, publicó una nota, firmada por Miguel Ángel Flores, con un título enigmático: "Cortes de cintas complican obra privada". Tanto alarde literario me llamó la atención y sucumbí al relato.
El colega florido afirma que los trabajadores de la construcción, son alrededor de 16.000 en Mendoza. Unos 9.000 de ellos laburan en obras públicas (las inauguraciones enmascaran ese "corte de cintas" neoborgiano). Pero el efecto colateral es que esos 9.000 ganan un 25% más que los que están conchabados por empresas privadas.
O sea, lo que molesta a estas últimas es que la clase obrera no quiere ir al Paraíso, sino mejorar su nivel de ingresos. Y, claro, eso es contagioso y los pobres patroncitos no consiguen convencer a laburantes que quieran ganar unos mangos menos. Siempre desagradecidos los cabecitas, siempre buscando las comodidades, siempre holgazaneando y tratando de entorpecer al patriótico empresariado nacional (el exceso de gerundios es un homenaje explícito a mi querido Oscar D'Ángelo).
En lugar de equiparar hacia arriba los tipos muestran una acabada conciencia de clase. Perversa, pútrida, egoísta. Un asco, como dijo Fito.

lunes, 17 de octubre de 2011

Fascistas, indignos y berretas

Según el filósofo Tomás Abraham vivimos bajo un regimen fascista. Resulta que quienes adherimos al rumbo que nuestra sociedad inició en 2003 somos fachos. En la lista de personajes intolerantes, discriminadores, secuestradores y desaparecedores, ladrones de pibes, asesinos y genocidas, podríamos incluír a, por ejemplo, León Gieco, Estela de Carlotto, Mempo Giardinelli, Vicente Battista, Liliana Herrero, José Pablo Feinmann, Gustavo Santaolalla, Andrea del Boca, Florencia Peña, Juan José Campanella, Horacio González, María Pía López, Rodolfo Braceli, Sandra Russo, Orlando Barone, Carlos Barragán, Gabriel Mariotto, Leonardo Favio, Mario Goloboff, Eduardo Aliverti, Ricardo Forster, Felipe Pigna y no sigo porque desconozco el nombre y apellido de los más de diez millones de votantes de reconocida estirpe fascista que se vieron obligados a votar por el regimen.
Destacan como paladines de la democracia Beatriz Sarlo, Joaquín Morales Solá, Héctor Magnetto, José Claudio Escribano, Marcos Aguinis, Mariano Grondona, Ernesto Tenenbaum, Jorge Fernández Díaz, Jorge Lanata, Pepe Eliaschev, Chiche Gelblung, Nelson Castro y siguen las firmas, pocas. Todos escoltas del abanderado del pensamiento tolerante y magnánimo: Tomás Abraham, la versión caracúlica de Jorge Asís.
Como el filósofo adhiere, con el fervor demostrado, a la candidatura de Hermes Binner, el líder del FAP (Frente Angosto Progresista), sería interesante saber si comparte la definición. Hasta ahora don Hermes permanece hermético.

Dos maneras, dos estilos, dos éticas y dos morales. A Mike Amigorena, actor mendocino de relevancia nacional, le ofrecieron interpretar el papel del CEO de Clarín, Héctor Magnetto, para una miniserie televisiva. Cuando ya había grabado ocho de los trece capítulos que completan el ciclo, se dio cuenta, dice, de que no sabía quién era el personaje real y entonces, argumentó, sintió que no estaba a la altura de las circunstancias. Parece que lo apretaron. Entre otras cosas, porque el programa se emitiría en Canal 13 que es, precisamente, del Grupo Clarín.
El argumento de Amigorena es, para decirlo sin eufemismos, el de un cagón. Gran actor, dicen, pero humanamente cagón. No es época para quedarse sin laburo por un apriete político y empresarial. Eso podía ocurrir en dictadura y entonces era lógico que cada uno se cuide el cuero y acepte presiones para poder subsistir. Hoy están dadas las condiciones para que nos empinemos en nuestra dignidad y, probablemente, después de un gesto de honestidad tengamos mayores y mejores posibilidades laborales.
No es un detalle menor. Amigorena ya había jugado el rol del genocida Alfredo Astiz en otro proyecto. De manera que caben dos posibilidades. O mintió, por miedo, en el caso Magnetto, o vive en un tubo y no sabe para donde queda el oeste.
Que hay otra ética lo demostró el periodista Claudio Minghetti. Después de 16 años como crítico cinematográfico del diario La Nación (o La Nazión, como prefiera) fue eyectado de su trabajo por haber saludado favorablemente la película "Juan y Eva", dirigida por Paula de Luque. Con tanta mala suerte para él, que su comentario coincidió con el de Cristina Fernández, quien públicamente recomendó en un acto ver la historia de amor entre Evita y Perón, antes de 1945.
Pero Minghetti, a diferencia de Amigorena, salió a decir lo que sentía y pensaba. Así de sencillo. Y, seguramente, tendrá trabajo. Y, seguramente, mirará a los ojos.

Es un terrateniente, dicen que actor presuntamente cómico, profesor de educación física de baja estatura. Fue incorporado a la actividad política por los peores ismos sociales: el duhaldismo, el macrismo, el reutemanismo, en fin, las formas más perversas de nuestro capitalismo de cabotaje.
Miguel Del Sel acaba de cometer una bestialidad ética. Dijo que la vigencia de la Asignación Universal por Hijo promovió el aumento de los embarazos en adolescentes para cobrar el subsidio. Llegó a decir que menores de doce años tienen hijos con ese fin. De dónde sacó el dato es un misterio que sólo José de Zer podría develar, pero ya espichó hace rato.
Ya estamos completos. Primero fue la derecheta, en boca del senador nacional por Mendoza Ernesto Sanz, quien culpó a esa iniciativa de Cristina por un supuesto aumento del juego clandestino y la droga, sin dar cifras ni fuentes de ese exabrupto. Ahora le tocó al representante de la dererreta, la berreta, insultar a casi tres millones de conmatriotas que, gracias a la asignación, mejoraron su calidad de vida. Y al resto de los argentinos, a quienes nos trata de pelotudos, como él.

jueves, 13 de octubre de 2011

La pastilla equivocada

"...es un cielo azul que viaja"
 Aníbal Sampayo

A cierta edad es normal que ocurra. Uno se despierta más temprano, lee el diario para alimentar su vocación por la rebeldía (vestigio de los ardores sociales juveniles), desayuna su cotidiano café con leche (más café que leche), sus tostadas con queso untable, preferentemente diet, su mermelada casera y cuando el ritual está por finalizar, avanza la batería de químicos artificiales. Una pastilla rosada para los dolores articulares, otra verde para los calambres nocturnos, una dorada como antioxidante. Ésas, fijas e insustituíbles. Alternativa y supletoriamente, una aspirina para el dolor de cabeza, un hepatoprotector por la comilona de anoche con amigos, otra para la acidez por las dudas. Entonces es lógico que uno, a veces, se confunda. Después de todo, los años no vienen solos y como dice mi amigo Osvaldo, si luego de cumplir 50 no te duele nada es porque estás muerto.
Tomás la verde cuando te tocaba la rosada y pasa lo que pasa.
Algo de esto les debe haber sucedido a dos conspicuos dirigentes de ambas orillas del río Uruguay. Prefiero pensarlo así y no creer que desbarrancaron exprofeso. Amanecí magnánimo hoy y no me parece haber errado en la ingesta de químicos del día.
Empecemos por casa.
Javier González Fraga es economista neoliberal y candidato a vicepresidente por lo que queda del radicalismo nacional. Declaró en estos días que sugiere y propone que nuestra matria vuelva a ser monitoreada por el Fondo Monetario Internacional. O sea, sigue practicando con éxito el ejercicio de escupir para arriba. Algún encuestador creativo, si es que tal cosa existe, debería medir la cantidad de votos por minuto que pierden con estos exabruptos atemporales.
Como dije, prefiero pensar que en lugar del comprimido antioxidante se dio con un estimulante cerebral que le correspondía a su compañero de fórmula.  La flamante jefa del FMI todavía está averiguando si las declaraciones de don Javier no son un chiste de la revista Barcelona. Como decía el célebre Ratón Ayala: "En Europa no se consigue", aunque no sé. Cierro esta primera parte extendiendo un manto de piedad sobre el paciente con el deseo sincero de una pronta mejoría.
Cruzando el "cielo azul que viaja" sucedió lo inesperado. Necesito antes contar una pequeña historia.
Nació en 1940 y papá Héctor y mamá Elena le pusieron un nombre mítico. El del coprotagonista del poema nacional uruguayo, surgido de la inspiración de Juan Zorrilla de San Martín (sí, el pariente de la gran China) y publicado en 1888. Tabaré, el indio charrúa, se enamora de Blanca que es, precisamente, blanca. Pero el de carne y hueso se enamoró de María Auxiliadora Delgado, se casaron, fueron felices y tuvieron descendencia. Él se recibió de médico y dirigente de un club de fútbol. Como fue exitoso en ambas tareas, de allí a la política, un paso. Y lo dio. Primero como intendente de Montevideo y luego, presi. Solidario con los pobres, fue ungido por el Frente Amplio (cualquier similitud con el de acá es puramente semántica).
Como el diablo mete la cola cuando menos se lo necesita, apareció disfrazado de finlandés y sin consultar con sus vecinos instaló una pastera a orillas del río binacional. Gran quilombo. Los ambientalistas vernáculos de aquí cortaron el puente carretero y terminamos en la Corte de La Haya. Se la hago corta para ir a lo que nos convoca. Hubo fallo, más o menos salomónico. Un poquito para nosotros y un muchito para ellos.
En estos días se lo vio y escuchó al Tabaré disertar ante estudiantes orientales de un colegio del Opus Dei (seguramente con el beneplácito de la muy católica María Auxiliadora). Allí confesó que tomó como posibilidad cierta un conflicto bélico con Argentina por Botnia. Imagino que esa mañana, mientras desayunaba, manoteó la pastilla contra la hipotensión y por eso elucubró ese plan surrealista. Pero dos comprimidos equivocados el mismo día ya es para preocuparse. Le fue a pedir ayuda y consejos a Condoleeza Rice y George W. Bush, los entonces mandamases del terrorismo global.
Cuál fue el error de medicamento en este segundo caso, es muy difícil inferirlo. Lo cierto es que cabe recordar que el paciente se dice socialista, progresista, que vetó una ley a favor de la despenalización del aborto promovida por su propio partido (otra vez con el beneplácito de su querida esposa), amante de la paz, la amistad entre los pueblos y declaraciones así.
Mientras tanto, el río fluye, azul como la pastilla que debió tomar equivocadamente el Dr. Vázquez.

sábado, 8 de octubre de 2011

En la caramelera

La Justicia condenó a prisión perpetua a los asesinos del enorme poeta Paco Urondo. Pasarán el resto de sus días en cárcel común, como debe ser. Sin embargo, para un diario local, El Sol, en su versión digital, Paco se convirtió ese día en "trending topics". Parece que eso quiere decir que estuvo muy citado en Twitter. Para alguien que escribió, póstumamente, "tengo curiosidad de saber qué cosas dirán de mí", enterarse de que un día fue trending topics es como sentir que le están cacheteando la militancia. La de él y la de sus compañeros, nosotros.

La muerte de Steve Jobs ha disparado la monstruosa maquinaria mercantil del capitalismo. Sin ruborizarse "ni un tantico así", como dicen Fidel y Chávez, con el cadáver todavía caliente del creativo yanqui ya está listo el libro con su biografía (se anuncia su aparición mundial simultánea para fines de octubre), avanza el proyecto de una película y la venta de smartphones batió todas las marcas predecibles, si es que el mismo sistema no se autoengaña, con fines publicitarios. Es decir, ejercita el músculo de darse manija, mordiéndose la cola.
Es que, me parece, la crisis mayúscula de los truhanes financieros globales necesita reflotar el self made man, esa marca que se impuso desde la industria del espectáculo, cuando USA la usó, sobre todo, en mitad del siglo pasado. La infancia desvalida del héroe de turno, la superación a costa del sacrificio individual, en fin, Superman, esta vez, manejando el mundo desde un aparatito.
Claro que, según algunos Steve no era un buen tipo. Lo que me lleva a pensar que un cáncer de páncreas no hace necesariamente mejor a una persona. Aunque suele producir unos negocios de la hostia, como dice monseñor.
Definitivamente, el capitalismo se alimenta de carroña.

Se llama Tomas Tranströmer, es poeta, sueco. La Academia de su país le ha otorgado el Nobel de Literatura. Las malas lenguas, entre ellas la mía, sospechan que su apellido quiere significar ombligo en su idioma natal.

¿En qué se parecen el Chavo del 8 y Elisa Carrió? Cuando Quico viene morfando un sandwich de jamón y queso (los mexicanos le dicen torta y los hispanohablantes en Yanquilandia, emparedado) al pobre Chavito, hambriento crónico, se le activan las glándulas salivales. Entonces, el muy burguesito del barrio le ofrece un mordisco. Y cuando Chavo, ojos iluminados, va a aceptar, sádico como buen burgués, Quico le retira el ofrecimiento y el bocado. La reacción del humillado es sublime. Dice "al cabo que ni quería", aunque el mundo sabe que muere por un bocado.
Ví a Carrió, postulante decorativa al cargo presidencial, decir que no quiere gobernar a un pueblo que, según ella, no ama la libertad, la justicia y la república. Claro, lo dijo después de haber sido repudiada por el 97% del electorado en las primarias de agosto pasado.
El sandwich de jamón y queso tiene más dignidad que algunos comensales.

viernes, 7 de octubre de 2011

Cielo

Cielo es bellísima. Joven, estilizada y rubia. Pero no me gustan las rubias. Claro, hago excepciones. Marylin, Graciela y ahora, Cielo.
Entró y parecía que irradiaba luz. Inmediatamente pensé, fue como una inspiración o una fantasía (suelen ser lo mismo), que traía la solución al desastre ambiental que padecemos.
Que una rubia, por más angelical que sea, produzca el alivio que todos esperamos es un delirio. Pero a mí me pareció que, agotadas las instancias científicas, las místicas, las cabalísticas y las supersticiosas, bien podía suceder que una rubia y su perfil perfecto lo lograran. Además, y verán que no es un detalle, se llama Cielo.
Hace más de seis meses que no llueve. Es Odnocam, Macondo al revés. Tenemos las mucosas secas, los ojos infectados. Los ríos de la provincia son culebras sedientas, las plantas rezan plegarias inútiles y, lo peor, el cutis de las muchachas comienza a agrietarse perceptiblemente.
Los meteorólogos son las vedettes mediáticas y cada poblador espera sus diagnósticos climáticos con más avidez que el llamado de una novia o un novio. Son también comparados con los políticos veteranos por el incumplimiento ostensible de sus pronósticos de lluvia inminente. Me contaron que algunos ya no salen de sus casas por temor a las represalias de los intolerantes que nunca descansan. Otros se asoman a la vereda con la secreta esperanza de recibir aunque sea un baldazo de agua que les alivie el sopor y les moje la esperanza.
El jardín de mi casa parece un paisaje lunar. Si esto sigue así pondré un cartel en la puerta anunciando un Ischigualasto privado y en miniatura. Tal vez lo recaudado me ayude a sobornar a los empleados municipales que venden bidones de agua marrón a precios de mercado internacional. Como se trata, obviamente, de un bien escaso no falta un economista neoliberal que justifica el negociado con el argumento de que sin ellos el drama sería peor.
En fin, tengo sed y la ilusión que me produjo la aparición de Cielo en mi vida se diluye como agua entre los dedos, si me permiten la añoranza.
Como les dije, Cielo es bellísima. Pero Cielo no llueve, ni llorando.

domingo, 2 de octubre de 2011

Se hicieron marxistas

La Argentina, país sorprendente, sigue marcando rumbos. Un fantasma la recorre. No ya aquél anunciado por el filósofo de Tréveris el 21 de febrero 1848. A no asustarse, ciudadanos y anas patriotas y matriotas.
De cara a las elecciones presidenciales del 23 de octubre, en las que se dirime quién saldrá segundo, he empezado a notar la aparición de un fenómeno que, una vez más, nos confirma como sociedad singular. Nada mejor que algunos ejemplos para aclararte, muchacha de ojos verdes, lo que descubro día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo.
El candidato radical a la gobernación de mi provincia, Mendoza, se dio cuenta de que su natural candidato a presidente no va a ganar. Por más que se empeñe en parecerse a su papi, mueva los brazos como aspas de molino, use sus trajes, su bigote y su sillón, sabe que, como canta el tango, va "cuesta abajo en su rodada". Entonces, Roberto Iglesias, el aspirante provincial, no quiere que voten para presi al que debería votar él, Ricardo Alfonsín, alias Little Richard o Alfonsinín. Así de confuso es el asunto. Hasta le pidió a la Justicia Electoral que le permita sacarlo de su boleta, aunque fracasó con todo éxito. Sin embargo (él es un tipo de principios) hace campaña pidiendo a la ciudadanía que haga lo que la justicia le niega.
Pero no es el único tipo o tipa de principios (así, en plural). Graciela Ocaña fue funcionaria del gobierno nacional en el área de salud. Le dicen, desde antes de dedicarse a la política, "Hormiguita". Ahora, de la mano del derechista pelirrojo De Narváez, promete terminar con todas las plagas si la eligen gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Si no entendí mal promete terminar con ella misma, con lo que se transformaría en la primera candidata que tiene como objetivo autofagocitarse. Todo un record.
Su jefe actual (vaya uno a saber quien será después de octubre) creía en Alfonsinín hace apenas dos meses. Y Ricardito en él. Así lo proclamaban en el spot de campaña para las primarias del pasado 14 de agosto. Como dos meses es, apenas, un pestañeo de la Historia, al abrir los ojos ya no estaba el clon trucho del mal llamado "padre de la democracia". Ahora aparecía la figura sonriente de un señor feudal, modelo siglo XXI, enfundado en traje blanco y mostrando una sonrisa de dentífrico publicitario. Entonces, el Alberto (de la tribu de los Rodríguez Saá, los propietarios de San Luis, reino mussoliniano enclavado en Cuyo) le guiñó un ojo, el derecho, obvio, y le propuso que no crea más en el otro, un perdedor nato, y se concubine con él, que viene ganando a chicote alzado las elecciones en su chacra desde hace cien mil años. Y el Colorado, que es un as para los números, se dejó seducir por la sonrisa, la promesa de wi-fi para todos, los espejitos de colores y le dio la espalda a su novio anterior y se fue para soñar con un honroso segundo puesto.
El Alberto a su vez tuvo que ceder algunos principios que, trabajosamente, había elaborado con Eduardo Duhalde, el amigo de Cecilia Pando, esa magnánima señora que reivindica el robo de bebés durante la dictadura genocida. Un voto es un voto y cotiza más que años de militancia en conjunto.
También en el oficialismo se abren las puertas para recibir a hijos pródigos que habían emigrado en busca de principios más prometedores. Cuando la desilusión les ganó el pecho y les vació las urnas volvieron al redil. Alguien le llamó sincericidio, otros un "palenque ande ir a rascarse". El palenque lo tiene Cristina, el que volvió para rascarse se llama Felipe Solá.
Pero me quedan, por ahora, sólo por ahora, dos ejemplos paradigmáticos. Federico Pinedo, diputado nacional de la derecha cheta (la derecheta, la mencionada más arriba es derecherreta, muy berreta), ha declarado que es posible que vote por Altamira (que no se llama así, pero es un detalle identitario nomás), el candidato presidencial del trotskismo y brindador preferido de Chiche Gelblung. Una obra maestra de la coherencia.
Y por último (insisto, por ahora), la precursora, la licenciada mayor en el arte del saltito de vereda, la magister en negociar principios, el ejemplo casi inalcanzable al que aspiran todos los arriba mencionados. Ella, la patricia que fue plebeya, la piba que se avejentó a golpes de timón, el numen ético de la política nacional: Patricia Bullrich.
Todos y todas se hicieron marxistas. "Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros", dijo Groucho.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Jorge y José

Jorge dice que José no se enamoró nunca. El padre de ambos, porque Jorge y José son hermanos, era oficial de policía. María, la otra hija del milico, tampoco se casó nunca, aunque Jorge no aclara si alguna vez se enamoró.
Imaginemos la vida de esa familia. Todos con rostros adustos, imposibilitados del goce de los cuerpos, viendo en el prójimo apenas un otro insensible, soñando con desnudeces atormentables, comiendo en silencio, estudiando anatomía con vergüenza propia.
¿Qué serían los ojos de las muchachas para José? La cintura de su vecina, los pechos de la maestra, el cuello de la verdulerita del barrio, ¿cómo afectarían sus noches? Ya había cine cuando José iniciaba su escuela secundaria. ¿Vería sólo películas bélicas, con protagónicos masculinos exclusivamente? ¿Los músculos del sheriff de algún western inicial habrán despertado las cosquillas en la entrepierna de José? Porque dice Jorge que él y José pecaron alguna vez en la vida, aunque no nos cuenta cómo, cuándo y dónde fue que cayeron en falta.
Como, por definición, soy un mal pensado y un irrespestuoso de las vacas sagradas, me gusta imaginar que José acudió a los servicios sexuales de una matrona campesina durante una siesta estival, urgido por aquellos llamados imperiosos del cuerpo. Pero, también imagino que no hubo amor. Sólo descarga seminal y culpa, pudor y arrepentimiento inmediato. Episodio que, sigo imaginando, Jorge y José ocultaron al oficial de policía y padre, en un gesto de solidaridad cómplice que aún los acompaña.
No sé y no me animo a imaginar (conozco algunos de mis límites) si lo que Jorge dijo de José es un elogio o una demostración subliminal de que, al fin y al cabo, se trata de un ser humano como vos, muchacha voluptuosa, y como yo, sujeto irreverente. Es que José mutó de nombre un 19 de abril de 2005 y, abruptamente, se convirtió en Benedicto XVI. Esa mutación lo convirtió en infalible, delegado supremo de un dios sobre estas comarcas, dirigente político de élite y soldado vigilante de nuestros pensamientos y nuestros actos. Algunos de sus gestos le han granjeado reacciones públicas insospechadas hace unas décadas. Será por eso que mi amiga Elsa le llama Maledicto XVI.
Pero me da mucha pena que Jorge revele esa falencia de José. Casi me parece imposible que alguien, hombre o mujer, pase por esta vida sin el amor en su mochila. Ya no importa si correspondido o no, si desdichado, turbulento o manantial de paz y goce corporal. Tal vez no sea verdad. Prefiero creer que es una impostura más de una secta en retroceso, que atrasa años luz pero que sigue erigiéndose en gendarme moral y ético de buena parte de esta humanidad castigada por hipocresías globales.
La noticia apareció en un suelto del Diario Los Andes, de Mendoza, hoy 22 de setiembre de 2011, cuando la primavera del sur ondula las caderas de las muchachas y los bíceps de los pibes y yo me enamoro cada día más de vos y de tantas más.
Pero también me da por creer que Jorge, el hermano mayor de Maledicto, no miente, que es cierto que el Infalible no se enamoró nunca. Con demasiada frecuencia se le nota.

sábado, 17 de septiembre de 2011

107 carajos

El suspendido juez mendocino Otilio Romano ha declarado en Chile, país al que se fugó con la complicidad de otro ex juez, Luis Leiva, confeso amigo íntimo del sátrapa (¿usted sería amigo de Camps, por ejemplo, y lo andaría enarbolando como bandera?), que no sabe "de qué carajo" se lo acusa.
Habrá que recordarle que ese eufemismo usado groseramente por quien se supone un hombre de ley, esconde su verdadero significado: se lo acusa de haber participado, por acción u omisión de 107 delitos de lesa humanidad durante la dictadura cívico-militar que asoló nuestro país entre 1976 y 1983. O sea, 107 carajos.
Uno de esos carajos, hay ciento seis más, es el caso de Alfredo Manrique, estudiante avanzado de Ciencias Económicas, de 23 años y Laura Terrera, maestra, de 21 años, quienes fueron secuestrados en la Terminal de Ómnibus de Mendoza el 25 de julio de 1977, cuando regresaban de visitar a la familia de ella, desde San Juan. En el procedimiento el Grupo de Tareas se llevó también a la hija de ambos, Rebeca Celina, de 8 meses de edad. Sus padres eran militantes de Montoneros del aparato de Prensa y Propaganda. Al momento de escribir estas letras, Laura y Alfredo son parte de los treinta mil desaparecidos argentinos, una marca identitaria del país del que venimos.
Merced al trabajo incesante del Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos (MEDH) de Mendoza, de sus abogados, Viviana Beigel y Pablo Salinas, y de la búsqueda interminable de su familia, Rebeca Celina conoció su verdadera identidad al someterse voluntariamente a pruebas de ADN en 2007 y hoy es la nieta recuperada N° 87.
30.000, 107, 87. Números del fango de la Historia convertidos en río de dignidad y vida.
Durante la búsqueda de la niña el hoy prófugo obstruyó y, finalmente archivó la investigación de su paradero. Gracias a las malditas leyes de Obediencia Debida y Punto Final, promovidas por el papá de Little Richard, la causa durmió lo que parecía ser un sueño eterno. Pero un viento nuevo, del sur, alumbró el camino.
El apuro del Consejo de la Magistratura, que trata de marchar al compás de los tiempos de cambio aunque lleva más de un año de impostura ética, determinó ya que Otilio, el cobarde, deje de percibir su sueldo mensual de más de 40 lucas, que se le designe defensor oficial, cargo que recayó en la abogada Fabiana León, y que sea encanado cuando se pueda. Es decir, si lo pescan y no se vuelve a escapar de Piñeralandia.
Evitemos más eufemismos. Otilio Ireneo Roque Romano no es cómplice de la dictadura. Es la dictadura.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua de la madre patria que nos parió dice que se trata de una "persona de muchas pretensiones y poco mérito". Así define a un carcamán, definición que le queda chica al señor que nos debe justicia por, al menos, 107 carajos.

martes, 13 de septiembre de 2011

No fue la mejor Feria

Entre el viernes 2 y el domingo 11 de setiembre vivimos la Feria del Libro de Mendoza. El lema: "La inclusión: un logro cultural necesario, en marcha". Nos visitaron Pedro Lemebel y Arturo Volantines, de Chile, Mario Goloboff, Elsa Drucaroff, José Pablo Feinmann, Osvaldo Bazán, Adolfo Colombres, Sandra Russo, Angélica Gorodischer, Liliana Bodoc. Alrededor de ochenta autores locales participaron como panelistas o presentando su obra.
Doy estos datos iniciales para trasmitir a quienes no tuvieron la oportunidad de venir a este oeste del sur a palpitar la emoción de encontrarse con su filósofo, su periodista, su poeta, su novelista, en fin, su escritor preferido.
Adivinó, la prensa hegemónica calificó como "oficialista" el menú de nombres que integraron la grilla. Es que los organizadores, entre los que me encuentro, miraron el panorama y vieron que, por ejemplo, Marcos Aguinis sigue charlando con los taxistas porteños, Jorge Asís divaga y hace mucho que no publica nada, Mariano Grondona nihil obstat y Luis Majul sueña con Víctor Hugo Morales. Entonces, descartados esos ejemplares, buscamos por el lado explícitamente político y ¿sabe qué?, Hugo Biolcat no dice ni mu, Mauricio Macri estaba planificando un viajecito, Alfonsinín juega en el tobogán y Eduardo Duhalde cree que los libros son perniciosos. Y tiene razón.
Pero hay más. Hubo actos con temática de género, con la problemática de los pueblos originarios, con la fuerza creativa de los escritores jóvenes. Y aquí me detengo un ratito, morocha, y nos tomamos otro café, el mío con azúcar de tu sonrisa.
Claramente fue un error. En simultáneo con la Feria se inauguró (está abierta hasta el 2 de noviembre) la muestra de homenaje a Héctor Oesterheld y su Eternauta, con la presencia de Elsa Sánchez y Juan Sasturain. Para eso hubo que disponer de todo el Espacio Contemporáneo de Arte, edificio que tradicionalmente alberga el denominado Espacio Joven y que este año se llamó Feria de Editoriales Autogestivas (FEA). El error fue, precisamente la simultaneidad, la muestra es una maravilla. La falta de coordinación entre distintas áreas de la Secretaría de Cultura provincial produjo esta superposición de dos actividades de similar importancia y calidad.
Como la materia es impenetrable y no se puede poner en el mismo espacio físico dos cosas a la vez hubo que habilitar la Biblioteca Pública Gral. San Martín para los Feos. Y allá fueron, con su desparpajo, su adrenalina y su creatividad. Pero, sobre todo, con su consentimiento. Produjeron y diseñaron una revista de gran calidad (diferente de la oficial de la Feria: mala y de aparición tardía) y participaron de todas las reuniones de organización con empuje y fraternalmente. Por eso suena raro algún comentario quejoso y resentido de un colega pelilargo. Es que, como ocurre con la Fiesta Nacional de la Vendimia, se ha hecho folklórico castigar la Feria, es políticamente correcto y da pátina de rebelde.
Sigamos, que se nos enfría el café, cintura con ojos. Y tibio, no me gusta ni el chocolate.
Párrafo aparte merecen los dos actos en el Teatro Independencia, nuestro Colón (mi remisero preferido dice que el Teatro Colón es el Independencia de Buenos Aires. Unitarios y federales, como antes, como siempre). Durante dos horas y media estuvo José Pablo Feinmann, el viernes 2 a la noche, disertando acerca de su libro "El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner". Y la noche avanzaba y nadie quería que se termine. Es que José Pablo no tiene como hábito de placer viajar y sacaba cuentas para llegar a la conclusión de que hacía más de 30 años que no pisaba la tierra del Malbec y en aquella oportunidad no como filósofo, sino como vendedor de cables eléctricos. En plena noche genocida. Casi mil personas, casi mil fervorosos y agradecidos cuyanos con cara de feliz cumpleaños.
Una semana después se repitió el fervor y la admiración. Sandra Russo les presentó a nuestra gente "La Presidenta. Historia de una vida" (setenta mil ejemplares vendidos. Algo así como el equivalente al 50% de las primarias en el mundo editorial). Fue una tarde de sábado con sol, el fáctico y el metafórico, enmarcado en una nueva jornada de lucha de periodistas mendocinos contra la indignidad de un empresario y la complicidad de un sindicato en manos inescrupulosas. Pero Sandra iluminó la figura de la estadista más sólida de estas comarcas nuestroamericanas.
Performance inolvidable de Lemebel, cátedra de Goloboff sobre Cortázar, brillante novela de Drucaroff, seminario riquísimo de Colombres, una mesa acerca de los cafés de Mendoza y sus fantasmas. Todo eso y mucho más hubo en diez días intensos.
Claro que hubo falencias, cosas a mejorar. El autor local que no participó fue porque se durmió, no quiso o no pudo. O vive en Mozambique y el subte no pasa por aquí.
La prensa reconoció el éxito. A regañadientes y con chicanas, con la excepción de MDZ, diario digital que no hizo más que lo correcto: periodismo. Los otros se ocuparon de los números. Más de veinte mil concurrentes, ventas a mansalva. Del contenido, prefirieron quedarse mudos. Ignoraron las jornadas del Independencia y es lógico, les perturba su siesta.
No me gustan los rankings, me recuerdan la impostura de los disc jockeys y su curro con los sellos multinacionales de la música. Por eso creo que esta no fue la mejor Feria. Fue distinta. Conceptual, coherente, con un fuerte compromiso ideológico y abarcativa, hasta donde dio el presupuesto. Un Feria de cambio de época, como dice Rafael Correa.
La mejor debe ser la próxima.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Excelencia profesional

  "Lo que se cifra en el nombre"
  Jorge Luis Borges

Sus dificultades comenzaron desde pequeño. En el barrio no sabían cómo llamarlo. Era un pibe amable, cariñoso, lleno de rulos y con lunares, los que le daban un aspecto de vaquita de San Antonio que, como se sabe, siempre despierta ternura y una natural tendencia a la protección. La cuestión es que, ante la dificultad para nombrarlo, le dijeron Cacho.
Pero Cacho no es Cacho. Cuando ingresó a la escuela tuvo su primera dificultad seria. El día de la inscripción a primer grado la gorda Eufemia, administrativa de la Escuela "Rudecindo Aristigueta", se enojó con la tía de Cacho (su madre, avergonzada, se negó siempre a participar de los trámites) porque creyó que le estaba tomando el pelo. La pobre tía Ausencia, así se llama, mostró el certificado de nacimiento y, a regañadientes, el pseudo Cacho ingresó al sistema educativo. Hizo una primaria relativamente normal y en paz. Para eso contó con la solidaridad y comprensión de la directora del establecimiento que, por esas cosas de la vida, también llevaba un nombre y apellido, por ser cautos, originales. Se llamaba Antes Después. Sí, aunque usted piense que soy un fabulador. Le explico. Antes era hija de un marinero caribeño que, como ocurre todavía en esas playas, le ponen nombres insólitos a sus hijos. Y éstos, por inercia o por no malhumorar a sus padres, continúan con la tradición. El marinero en cuestión no sabía, no recordaba, si había engendrado a la futura directora antes o después de una borrachera monumental que terminó en encamada fértil con quien sería su compañera de toda la vida. De ese coito etilizado nació la niña y ante la duda (y para no ponerle Duda, precisamente) le pusieron Antes Después del Vino, que es el apellido del amnésico naval. En fin, volvamos a Cacho, ya entrando en la edad de las espinillas, el burbujeante camino de las hormonas en actividad, el futbol, los bailecitos y las minas.
No pegaba una. Estuvo enamoradísimo de Clotilde, nombre que a él le parecía sublime, pero ella no quiso pasearse del brazo de un pibe, un muchacho ya, que escondiera su DNI por vergüenza. Usted vio, hay mujeres muy detallistas.
Ingresó a la universidad para estudiar periodismo, persuadido de que el rechazo social lo arrinconaría en la soledad y la soledad le permitiría dedicarse a la lectura de los mejores. A propósito, Soledad, ese nombre lo conmovía.
Lo logró. Se recibió, sin honores, en estado de medianía intelectual. Si no pasó inadvertido durante esos años fue por su marca identitaria. Los grupos anarquistas de la Facultad lo acogieron como uno de los suyos. Es que la confusión viene de lejos. Los padres fundadores del movimiento solían ponerle a sus cachorros nombres como Insurrecto, Comunardo, Ácrata y el suyo no desentonaba.
Empezó a laburar en una revista alternativa y allí le decían Línea Punteada. Ahora le cuento, no se impaciente. Resulta que para cualquier trámite (transferir un vehículo o comprar una casa, registrarse en un hotel, sacar un pasaje aéreo, un documento de identidad, cosas así, tan cotidianas) a cualquier persona le hacen poner apellido y nombre, o viceversa, sobre una línea punteada y, aquí revelo la incógnita, el tipo se llama Nombre Apellido.
Imagine solita, para eso no me necesita, las dificultades de todo tipo que tuvo el tipo a lo largo de su vida.
Hasta que un golpe de fortuna, de esos que cualquier ser humano necesita y espera con ansias, lo hizo saltar de revistas y pasquines marginales al pasquín mayor del país.
En la edición del día 30 de agosto de este año, en la Sección Política de Clarín, aparece un artículo dedicado al análisis del triunfo del reelecto gobernador de Tucumán, José Alperovich. La nota está firmada por nuestro héroe, Nombre Apellido. Para ratificar que es él y no un impostor se agrega la dirección de su correo electrónic, a saber napellido@clarin.com .
Como se ve, un caso de excelencia profesional.

lunes, 29 de agosto de 2011

Kirchnerismo, libros y chicanas

"Nos descubrieron, por fin nos descubrieron"
Cantata del adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, de sus hazañas en tierras de Indias, de los singulares acontecimientos en que se vio envuelto y de cómo se desenvolvió (1977)
Les Luthiers


En la edición del diario Los Andes, domingo 28 de agosto de 2011, página 3, sección ¡Política! y bajo el tópico Cultura y Poder, la periodista Gisela Manoni informa, desde el título de la nota, que "Arranca la Feria del Libro con marcada impronta kirchnerista" y agrega en la bajada que "Entre los invitados estelares están Feinmann y Russo, además de otros escritores oficialistas. Para la organización es "inclusiva"."
Antes de avanzar en el desarrollo y análisis del trabajo opinatorio de la colega vale aclararle a los lectores de tierra afuera que el más vetusto de los matutinos menducos es el hijo putativo de Clarín en estas comarcas areníferas. Se cae de maduro que estamos hablando de la Feria del Libro de Mendoza, que va del 2 al 11 de setiembre, inclusive.
Ahora sí, vamos al asuntillo que te demora, morocha enhiesta y perfumada de azahares. Dice la escriba en cuestión que los escritores invitados son incuestionables en lo literario pero que todos acreditan pertenencia o afinidad con el oficialismo nacional. Veamos caso por caso y comparemos este menú con los atragantamientos eclécticos de ediciones anteriores.
Los estelares, entonces. Empecemos por la dama quien, después de todo, se ocupa en su libro de la Morocha que te jedi. El epígrafe de la foto dice "Sandra Russo, de la tele a la Feria". Parece que Manoni descubrió a Sandra en "6,7,8", el programa político-periodístico de la TV Pública. Pero resulta que Doña Russo tiene una larga y sólida trayectoria laboral y libresca. Algunos ejemplos: a los 19 pirulos, paso fugaz por "Expreso Imaginario". Luego, correctora de "Humor" y Prosecretaria de Redacción de "Superhumor". En tele, "Cable a Tierra", con Pepe Eliaschev (para el prontuario, querida). En Radio Belgrano, con Enrique Vázquez, en Splendid, con Mona Moncalvillo. Está en Página 12 desde su fundación en 1987, aunque anduvo por otros lares durante un tiempo y volvió. Laburó con Lalo Mir, con Boy Olmi. En fin, hace un rato que la chica trabaja en el oficio.
Pero fíjese Manoni que, oh sorpresa, tiene seis libros publicados antes del que la trae a estos medanales mediáticos, "La Presidenta". A saber: "No sabés lo que me hizo", "ArqueTipos", "Crónicas del naufragio", "Contratapa", "Perdonen nuestros placeres" y "Jallalla". O sea, no viene de la tele, viene de la coherencia.
Don José Pablo, también tiene su foto y su epígrafe: "José Pablo Feinmann, filósofo K." Dejemos a un lado la minimización descalificadora de encerrar a tan tremendo pensador en el cajoncito ideológico y olvidar o desconocer su trabajo narrativo y periodístico. Describir la trayectoria del Feinmann que escribe libros (no confundir con Eduardo, el que los quema, como decía Castelo) llevaría un tiempo que no me sobra. Tendría que empezar por recordar que quienes encasillan así padecen lo que Mempo Giardinelli llama "mentalidad municipal". Lo insólito es que José Pablo es calificado como "mediático" cuando se sabe que la exposición pública no es el divertimento que lo fascina, precisamente. Es un trabajador cultural que, circunstancialmente, ha desarrollado sus saberes filosóficos de manera magistral en el canal Encuentro.
Según la autora de la nota ambos escritores publicaron versiones "autorizadas" por los Kirchner. Una boludez, dicho académicamente. Que, además, ofende el olfato comercial de las editoriales Sudamericana y Planeta, respectivamente, quienes vieron convertirse en best sellers las obras que los traen a Mendoza. Pero bueno, admitamos que la Feria es kirchnerista. ¿Y qué?.
Tal vez sea un gesto de inteligencia coincidir con más de diez millones de votantes y reflejar, apenas fugazmente, un sentir social, también en el ámbito de los libros y la cultura en general.
De Mario Goloboff se dice que es oficialista porque publica sus columnas en " Página 12" y se omite su biografía, la única hasta ahora, de Julio Cortázar y su magnífica producción en el género del microrrelato. Pero siguiendo ese razonamiento minúsculo, Mempo sería neoliberal y oligarca porque, a veces, publica en "La Nación" y Vicente Battista un inclasificable porque suelen convocarlo desde "Perfil".
Pero el top five del disparate se lo lleva la presentación de Elsa Drucaroff quien, según la colega clarineta, "cometió la audacia de convertir a Rodolfo Walsh en personaje de ficción". Cometió, dice textual. Según el mataburros de la madre patria que nos parió, cometer es, en su primera acepción, "caer, incurrir en una culpa, yerro, falta". Y yo, que la conozco bien, la quiero y la admiro, sé que viene "cometiendo" maravillas similares con Roberto Arlt, Martín Güemes y otras figuras de nuestra historia.
Se dice que Osvaldo Bazán, el autor de la "Historia de la homosexualidad en la Argentina", se acercó al gobierno nacional a raíz de la promulgación y sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario, ya que este logro inclusivo habría favorecido la venta del libro. Otra vez, ¿y qué?. Por otra parte, quien ve y escucha a Bazán sabe qué lejos está de ser un kirchnerista.
Se cita una declaración de un presunto autor local que, dice la colega, se niega a dar su nombre porque no participa de esta edición del encuentro. El escritor presuntamente marginado retoma el argumento madre de la nota. Como fuente es poco profesional. ¿Cómo sabe el lector del pasquín centenario que quien habla no es la misma Giselita, o un tío, o un primo, o el novio? Se intenta, de paso, generar la sensación de miedo por temor a una represalia por opinión no conforme con el canon oficial. Muy sutil pero muy infantil, con perdón de mis nietos que tienen ideas más sensatas.
Hubo años en que la Feria tuvo como estrellas principales a Martiniano Molina, Araceli González y Osvaldo Bayer. Un mamarracho disfrazado de diversidad, organizado por un señor que se jactó de que, no sólo era la primera vez que organizaba una Feria, sino que era la primera vez que iba a una Feria del Libro. Así, con un desparpajo digno de personaje de Capusotto.
Sin ir más atrás, el año pasado estuvimos cerca de recibir al Tata Yofre, aunque usted no lo crea. Este año se buscó el último éxito editorial de Biolcati, Magnetto y Escribano y la búsqueda resultó infructuosa.
Por seguir el léxico del mastodonte clarinista, la organización de la Feria pretende cometer un encuentro sólido, amplio y que le permita a los mendocinos y aledaños tener un cara a cara con los autores que representan lo mejor del momento literario y ensayístico nacional, local e internacional.
Y según dice la realidad, la de la calle y las urnas, es kirchnerista, nomás.