Silvina Anfuso es la responsable del área de género del gobierno de Mendoza (perdón, tengo una muy saludable dificultad para retener los nombres burocráticos de las oficinas estatales y empresariales). Para explicar por qué no se sumaba a la Marcha contra la violencia que sufren las mujeres en esta sociedad masculinizada argumentó que la protesta estaba muy politizada.
Debería saber, digo, debería tener aprendido aquel principio que las feministas han universalizado ya: "Lo personal es político", que postuló Carol Hanisch y pasó a ser emblema de todas y casi todos.
El país y, por onda expansiva, otros lugares del mundo vieron desfilar, nos vieron marchar, con pancartas, cantos, llantos y dolores compartidos.
Mientras tanto, Anfuso y seis o siete mujeres burocráticas se juntaron a tomar el té con Su Excedencia el señor gobernador, Alfredo Cornejo.
No sé si Cangrejo lleva su Diario personal, como hacían ciertas figuras públicas antaño. Por ejemplo, Luis XVI, el decapitado monarca francés, cuya tumba vi en la Basílica de Saint Denis, donde descansa, ya sin su testa, junto a María Antonieta.
En la entrada de su Diario correspondiente al día 14 de julio de 1789 se lee: "Rien" (Nada).
Siguiendo las huellas de Roberto Arlt tengo el impulso de cumplir con aquello que dijo alguna vez el gran Juan Rulfo: "los seres humanos no se distinguen por ser creyentes o no creyentes, de izquierda o de derecha, blancos o negros. Los seres humanos somos indignos o indignados". Por eso, estos caramelos ácidos. Bienvenidos. Julio Rudman
jueves, 20 de octubre de 2016
martes, 11 de octubre de 2016
Eso no se hace
Un par de amigos dictaba un taller literario en un café del centro mendocino. Carlos Levy, un grandioso poeta urbano, y Emilio Fernández Cordón, el Emilio, tremendo cuentísta que tuvo la pésima idea de irse de este mundo antes de tiempo.
La juntada bohemia se llamaba "El adjetivo asesino". Juguetones los tipos. Es que el término adjetivo es sustantivo y asesino es un adjetivo que no siempre mata. "Cosas así siempre tan tristes", decía el cronopio.
Escribo estos delirios a raíz del discurso que Mempo Giardinelli pronunció en su nombre y en el de nosotros, sus compañeros del Manifiesto Argentino, en el estadio cerrado del club Atlanta para conmemorar los primeros cien años de democracia representativa en el país. En realidad, la excusa fue homenajear a Hipólito Yrigoyen. El gran chaqueño universal hizo un extraordinario uso y abuso de los calificativos. Flechas luminosas contra el blanco, rayos de dignidad dirigidos al corazón y el hígado de esta caterva de malandrines que se subieron al gobierno en diciembre pasado por obra y desgracia de las urnas infectadas.
Por eso, porque Mempo me abrió la puerta para ir a jugar, voy a hacer lo que no se hace. Agregaré un surtido de mi propia cosecha, de mi mejor ira, de lo que me brota desde las vísceras. El autor de "La revolución en bicicleta", "Luna caliente" y "Visitas después de hora", entre algunos de sus novelas emblemáticas, les dijo estafadores, mentirosos, autoritarios y otros piropos catárticos. Sumo y sigo.
Cínicos, hipócritas, xenófobos, discriminadores, soberbios, inútiles, impúdicos, rapaces, caraduras, corsarios, ladinos, taimados, fanáticos, basuras, violentos, patéticos, odiosos, obtusos, avaros, ignorantes, estúpidos, temibles, siniestros, infectocontagiosos, horribles, caretas, falsos, truchos, mojigatos, revanchistas, inhumanos, corruptos, nauseabundos, asquerosos, antipopulares, homofóbicos, delincuentes, mediocres, malparidos, represores. En fin, macris.
Dedico esta descarga ética ("Diatriba por la patria", un Giardinelli que alguna vez le regalé a Volodia Teitelboim, es otro de sus títulos imprescindibles) a todos y cada uno de los funcionarios nacionales, provinciales y municipales, a los legisladores de cualquier jurisdicción, a jueces, fiscales y otros animales de esa fauna y aún a quienes colaboran con el régimen so pretexto de ganarse la vida sin contaminarse, dicen, de la pus neoliberal. Ellos creen que son una isla, un coto blindado al que no le llega la mierda explotadora. Son los judenrath del siglo XXI. Cada nuevo pobre, cada pibe perseguido, cada mujer maltratada, cada plato de comida vacío, cada escuela convertida en merendero, cada andamio mudo, cada comercio cerrado es una cachetada explícita a los militantes del yonofui.
Claro, ya sé, esto no se hace. Por eso lo hago.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Significados
"Que no es lo mismo, pero es igual"
Silvio Rodríguez
Trataré de ser breve. Hay otras urgencias. Por ejemplo, el machismo, la cosificación de las mujeres y la defensa irrestricta de la propiedad privada las están matando a mansalva. Ahí voy.
Cuando la escuela primaria me recibió, a los seis años de edad, mi madre y mi hermana se esmeraban en proteger cuadernos, libros y carpetas con esos papeles verdes o azules, con dibujos y guardas que semejaban arañitas. A mí nunca me gustó tapar los libros. El colorido de sus tapas y lomos eran, y son, un regalo para mis ojos. Los veo como un arco iris, reflejo de lo múltiple y lo diverso que encierra su interior. Pero los cuadernos y carpetas sólo tienen la marca comercial al aire y eso siempre me importó un bledo.
Cuando entré en la pubertad y la adolescencia, es decir, cuando perdí la inocencia y gané el placer de sentir placer por el roce de los cuerpos, por las caricias cómplices, la búsqueda gozosa de las humedades sexuales compartidas aprendí, me enseñaron, a cuidarme de contagios peligrosos. Llegó la época del sida, pero también el riesgo de un embarazo no querido y la responsabilidad irresponsable de traer un bebé a este mundo sin estar preparados, ella y yo, para esa maravilla. Entonces había que aprender a utilizar ese látex, ese capuchón que nos preservaba de esos riesgos y nos permitía disfrutar de los cuerpos. Terminada la fiesta había que retirar el globito impregnado de esa "gelatina de sexo pegajoso", como escribió Armando Tejada Gómez.
Hace unos días el presidente argentino que supimos conseguir viajó en transporte público de pasajeros como uno más. Sonriendo (él con la dentadura blanca y completa, ellas y ellos no), tomado del pasamanos y en pleno diálogo con sus compañeros de viaje. Eso pareció. La cuestión es que todo fue mentira. Ni los pasajeros eran pasajeros, incluido él, ni el viaje era un viaje. Montaron la escena para difusión. Un acting, le dicen los chetos. En agosto pasado sucedió algo similar durante su visita, la visita de él como dicen los mexicanos, a Mendoza. Pidió permiso para ir al baño en una casa de Luján de Cuyo. También mintió. Los dueños de casa confesaron que sabían desde el día anterior que la vejiga presidencial iba a protagonizar esa performance. Estrategias de comunicación.
El senador bonaerense del PRO, Juan Pablo Allan, dijo ante la evidencia que era "nueva forma de comunicar". Lo dijo en televisión sin que se le mueva ni un pelo ni un músculo. También eso es falaz. Durán Barba, el estratega del asunto, es un buen alumno de un tal Goebbels. Nada nuevo.
De usted, lectora de mis amores, depende encadenar los relatos etarios del concepto que nos ocupa. Una misma palabra, pero significados distintos. La riqueza de nuestro idioma lo permite.
Silvio Rodríguez
Trataré de ser breve. Hay otras urgencias. Por ejemplo, el machismo, la cosificación de las mujeres y la defensa irrestricta de la propiedad privada las están matando a mansalva. Ahí voy.
Cuando la escuela primaria me recibió, a los seis años de edad, mi madre y mi hermana se esmeraban en proteger cuadernos, libros y carpetas con esos papeles verdes o azules, con dibujos y guardas que semejaban arañitas. A mí nunca me gustó tapar los libros. El colorido de sus tapas y lomos eran, y son, un regalo para mis ojos. Los veo como un arco iris, reflejo de lo múltiple y lo diverso que encierra su interior. Pero los cuadernos y carpetas sólo tienen la marca comercial al aire y eso siempre me importó un bledo.
Cuando entré en la pubertad y la adolescencia, es decir, cuando perdí la inocencia y gané el placer de sentir placer por el roce de los cuerpos, por las caricias cómplices, la búsqueda gozosa de las humedades sexuales compartidas aprendí, me enseñaron, a cuidarme de contagios peligrosos. Llegó la época del sida, pero también el riesgo de un embarazo no querido y la responsabilidad irresponsable de traer un bebé a este mundo sin estar preparados, ella y yo, para esa maravilla. Entonces había que aprender a utilizar ese látex, ese capuchón que nos preservaba de esos riesgos y nos permitía disfrutar de los cuerpos. Terminada la fiesta había que retirar el globito impregnado de esa "gelatina de sexo pegajoso", como escribió Armando Tejada Gómez.
Hace unos días el presidente argentino que supimos conseguir viajó en transporte público de pasajeros como uno más. Sonriendo (él con la dentadura blanca y completa, ellas y ellos no), tomado del pasamanos y en pleno diálogo con sus compañeros de viaje. Eso pareció. La cuestión es que todo fue mentira. Ni los pasajeros eran pasajeros, incluido él, ni el viaje era un viaje. Montaron la escena para difusión. Un acting, le dicen los chetos. En agosto pasado sucedió algo similar durante su visita, la visita de él como dicen los mexicanos, a Mendoza. Pidió permiso para ir al baño en una casa de Luján de Cuyo. También mintió. Los dueños de casa confesaron que sabían desde el día anterior que la vejiga presidencial iba a protagonizar esa performance. Estrategias de comunicación.
El senador bonaerense del PRO, Juan Pablo Allan, dijo ante la evidencia que era "nueva forma de comunicar". Lo dijo en televisión sin que se le mueva ni un pelo ni un músculo. También eso es falaz. Durán Barba, el estratega del asunto, es un buen alumno de un tal Goebbels. Nada nuevo.
De usted, lectora de mis amores, depende encadenar los relatos etarios del concepto que nos ocupa. Una misma palabra, pero significados distintos. La riqueza de nuestro idioma lo permite.
lunes, 19 de septiembre de 2016
Desnaturalizar es la tarea
Se llama Miguel Ponce y dice ser radical. Radical, el término, viene de raíz, pero en este caso se refiere al partido político que tiene su origen en Leandro Nicéforo Alem y su secuencia histórica en Hipólito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear, Arturo Illia, Ricardo Balbín, Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y en esta absurda muestra de vasallaje neoliberal que tiene en su muestrario destacado a Ernesto Sanz y Luis Brandoni con sus "tres empanadas".
Ponce se reivindica como militante de los '70. Hace gala de haber pertenecido a la generación de los soñadores por un mundo más justo, los revolucionarios, los "hombres nuevos". Es casi un panelista de las tardes domingueras de C5N. A veces parece un hombre sensato, equilibrado. Suele criticar al gobierno nacional por no acceder a las propuestas "sociales" de su Partido. Algo así como esas amantes clandestinas que le reprochan a su macho alfa que no le pongan el departamento prometido. Despecho, que le dicen.
Cuando se refiere a los gobiernos de Néstor y Cristina Miguel se transforma. Parece brotarle espuma por la comisura de los labios y uno tiene la impresión de que se le va a romper la camisa, le van a empezar a crecer pelos en la espalda y las manos, los ojos se le van a salir de las órbitas y la piel se le pintará de verde hasta remedar la imagen del Increíble Hulk. en versión porteña. Toda la mesura, racionalidad y equilibrio se le van al carajo. El hombre, ya transformado en un personaje de Lovecraft, colapsa. Su Yo, su Ello y su Superyó se retuercen en una danza diabólica que hace las delicias de Freud, que fuma su pipa con sonrisa socarrona desde su tumba - diván.
Doy un ejemplo reciente.
Se debatía el tema de la seguridad cotidiana. Alguien dijo que hay una relación directa, pero no única, entre la desigualdad creciente y los casos, también crecientes, de inseguridad. Don Miguel aprovechó la volada para volcar todo su odio simiesco hacia el gobierno anterior. Que se habían robado todo (¿le suena?), un PBI y medio, dijo. Y remató con el sonsonete de que los 12 años anteriores habían sido de los gobiernos más corruptos de la historia argentina. El conductor del programa, Nicolás Magaldi, que a veces hasta parece un periodista, le preguntó de inmediato si el gobierno actual era o no corrupto. Ponce, rápido de reflejos, respondió que habrá que investigarlo. Como al anterior, a los dos, dijo.
O sea, un segundo antes afirmó, muy suelto de bigotes, que era el más corrupto, pero que había que investigarlo.
Nadie le hizo notar la contradicción. Síntoma elocuente de que se ha incorporado al inconsciente colectivo la versión Bonadio del pasado reciente. Total, ya está naturalizado el chisme del robo del PBI, a imagen y semejanza de los bolsos de guita sobrevolando a las monjitas del convento.
Todo se naturaliza así, sin anestesia. Que las tarifas de los servicios públicos había que actualizarlas y eliminar los subsidios. ¿Por qué? Porque las empresas concesionarias no tenían rentabilidad. Que Macri y los suyos no necesitan robar porque eran ricos desde antes de llegar al gobierno. Aunque también se naturaliza no preguntar cómo se hicieron ricos. Que la vicepresidenta Michetti es honesta porque vive en silla de ruedas. Como si la historia de la humanidad no desbordara de ejemplos de discapacitados corruptos. Papas, monarcas, empresarios y dirigentes políticos, por ejemplo. Que matar a quien te roba es natural, como síntoma inhumano de la preeminencia de la defensa de la propiedad privada por sobre la vida. La naturalización de la venganza que ignora que nadie nace chorro, así como ninguna mujer nace puta.
Una flamante publicidad del Banco Hipotecario promueve las ventajas de depositar nuestros dineros bajo la modalidad de plazo fijo. En una anécdota proselitista a tal fin se ve a una señora retirar su plata de debajo de la cama mientras la voz en off la asusta respecto de los peligros de robos y esas travesuras capitalistas. O sea, promueve un afano para evitar otro. Si la vista no me engaña la actriz en cuestión se parece bastante a Michetti, pero no se observan ni la silla de ruedas ni al generoso novio empresario protagonizando la escena. En fin, coincidencias tal vez. Ya se sabe, el mundo del marketing tiene estas preciosuras.
Desnaturalizar tantas mentiras nos llevará la vida, supongo. Para cuando mis nietos desenmascaren las bravuconadas de los Ponce de entonces no habrá sillas de ruedas que amparen a ningún Ministro de Trabajo que ponga a disposición de los empresarios lo que fue creado para defensa de los trabajadores, ponele. Espero.
Ponce se reivindica como militante de los '70. Hace gala de haber pertenecido a la generación de los soñadores por un mundo más justo, los revolucionarios, los "hombres nuevos". Es casi un panelista de las tardes domingueras de C5N. A veces parece un hombre sensato, equilibrado. Suele criticar al gobierno nacional por no acceder a las propuestas "sociales" de su Partido. Algo así como esas amantes clandestinas que le reprochan a su macho alfa que no le pongan el departamento prometido. Despecho, que le dicen.
Cuando se refiere a los gobiernos de Néstor y Cristina Miguel se transforma. Parece brotarle espuma por la comisura de los labios y uno tiene la impresión de que se le va a romper la camisa, le van a empezar a crecer pelos en la espalda y las manos, los ojos se le van a salir de las órbitas y la piel se le pintará de verde hasta remedar la imagen del Increíble Hulk. en versión porteña. Toda la mesura, racionalidad y equilibrio se le van al carajo. El hombre, ya transformado en un personaje de Lovecraft, colapsa. Su Yo, su Ello y su Superyó se retuercen en una danza diabólica que hace las delicias de Freud, que fuma su pipa con sonrisa socarrona desde su tumba - diván.
Doy un ejemplo reciente.
Se debatía el tema de la seguridad cotidiana. Alguien dijo que hay una relación directa, pero no única, entre la desigualdad creciente y los casos, también crecientes, de inseguridad. Don Miguel aprovechó la volada para volcar todo su odio simiesco hacia el gobierno anterior. Que se habían robado todo (¿le suena?), un PBI y medio, dijo. Y remató con el sonsonete de que los 12 años anteriores habían sido de los gobiernos más corruptos de la historia argentina. El conductor del programa, Nicolás Magaldi, que a veces hasta parece un periodista, le preguntó de inmediato si el gobierno actual era o no corrupto. Ponce, rápido de reflejos, respondió que habrá que investigarlo. Como al anterior, a los dos, dijo.
O sea, un segundo antes afirmó, muy suelto de bigotes, que era el más corrupto, pero que había que investigarlo.
Nadie le hizo notar la contradicción. Síntoma elocuente de que se ha incorporado al inconsciente colectivo la versión Bonadio del pasado reciente. Total, ya está naturalizado el chisme del robo del PBI, a imagen y semejanza de los bolsos de guita sobrevolando a las monjitas del convento.
Todo se naturaliza así, sin anestesia. Que las tarifas de los servicios públicos había que actualizarlas y eliminar los subsidios. ¿Por qué? Porque las empresas concesionarias no tenían rentabilidad. Que Macri y los suyos no necesitan robar porque eran ricos desde antes de llegar al gobierno. Aunque también se naturaliza no preguntar cómo se hicieron ricos. Que la vicepresidenta Michetti es honesta porque vive en silla de ruedas. Como si la historia de la humanidad no desbordara de ejemplos de discapacitados corruptos. Papas, monarcas, empresarios y dirigentes políticos, por ejemplo. Que matar a quien te roba es natural, como síntoma inhumano de la preeminencia de la defensa de la propiedad privada por sobre la vida. La naturalización de la venganza que ignora que nadie nace chorro, así como ninguna mujer nace puta.
Una flamante publicidad del Banco Hipotecario promueve las ventajas de depositar nuestros dineros bajo la modalidad de plazo fijo. En una anécdota proselitista a tal fin se ve a una señora retirar su plata de debajo de la cama mientras la voz en off la asusta respecto de los peligros de robos y esas travesuras capitalistas. O sea, promueve un afano para evitar otro. Si la vista no me engaña la actriz en cuestión se parece bastante a Michetti, pero no se observan ni la silla de ruedas ni al generoso novio empresario protagonizando la escena. En fin, coincidencias tal vez. Ya se sabe, el mundo del marketing tiene estas preciosuras.
Desnaturalizar tantas mentiras nos llevará la vida, supongo. Para cuando mis nietos desenmascaren las bravuconadas de los Ponce de entonces no habrá sillas de ruedas que amparen a ningún Ministro de Trabajo que ponga a disposición de los empresarios lo que fue creado para defensa de los trabajadores, ponele. Espero.
miércoles, 31 de agosto de 2016
Han vuelto a matar
A Raúl Fitipaldi
A las 13,35 de hoy, miércoles 31 de agosto de 2016
han vuelto a matar.
Sesenta y un crápulas, rencorosos y corruptos
han vuelto a matar.
A Luiz Carlos Prestes y su Columna libertaria
a Jorge Amado y los subterráneos de la libertad.
a Gabriela, a Doña Flor y sus dos maridos,
a Francisco Juliao, el maestro rural.
A Paulo Freire, abrazado a sus discípulos.
A Guimaraes Rosa y a su sertón.
A Portinari, el cándido de las telas rojas.
A Drummond de Andrade y a su rosa del pueblo.
Han vuelto a matar Antonio Carlos Jobim.
Han matado también al obrero albañil de Chico Buarque,
han destrozado el andamio de su poesía.
Hoy, a esa hora, murió otra vez Elis Regina.
Mataron a Monteiro Lobato nuevamente
en su rancho del pájaro amarillo.
Mataron a Vinicius, enamorando a la garota en las arenas
de Ipanema..
Han oisoteado a Oscar Niemeyer, el arquitecto comunista
y u utopía urbanística.
Han asesinado en vida a Nélida Piñón
y a su corazón andariego.
José Mauro de Vasconcelos volvió a morir
al pie de su planta de naranja lima.
Gilberto Gil llora su propia muerte.
Caetano muere su propio llanto y
María Bethania acaricia un pentagrama mutilado.
Naná Vasconcelos los espera para soñar juntos
que esta pesadilla pasará.
Y que Joao Ribeiro vuelvá a escribir
Viva o povo brasileiro.
A las 13,35 de hoy, miércoles 31 de agosto de 2016
han vuelto a matar.
Sesenta y un crápulas, rencorosos y corruptos
han vuelto a matar.
A Luiz Carlos Prestes y su Columna libertaria
a Jorge Amado y los subterráneos de la libertad.
a Gabriela, a Doña Flor y sus dos maridos,
a Francisco Juliao, el maestro rural.
A Paulo Freire, abrazado a sus discípulos.
A Guimaraes Rosa y a su sertón.
A Portinari, el cándido de las telas rojas.
A Drummond de Andrade y a su rosa del pueblo.
Han vuelto a matar Antonio Carlos Jobim.
Han matado también al obrero albañil de Chico Buarque,
han destrozado el andamio de su poesía.
Hoy, a esa hora, murió otra vez Elis Regina.
Mataron a Monteiro Lobato nuevamente
en su rancho del pájaro amarillo.
Mataron a Vinicius, enamorando a la garota en las arenas
de Ipanema..
Han oisoteado a Oscar Niemeyer, el arquitecto comunista
y u utopía urbanística.
Han asesinado en vida a Nélida Piñón
y a su corazón andariego.
José Mauro de Vasconcelos volvió a morir
al pie de su planta de naranja lima.
Gilberto Gil llora su propia muerte.
Caetano muere su propio llanto y
María Bethania acaricia un pentagrama mutilado.
Naná Vasconcelos los espera para soñar juntos
que esta pesadilla pasará.
Y que Joao Ribeiro vuelvá a escribir
Viva o povo brasileiro.
viernes, 26 de agosto de 2016
Que se sepa
"Creer o reventar. Pues entonces reventar"
Isidoro Blaisten
No hubiese querido escribir este textículo, pero debo hacerlo.
Como algunos y algunas saben presenté mi nuevo libro ("Escritos de pie", Bruma, 2016). Alrededor de seiscientas personas rebalsaron el salón en la tarde del sábado 13 de agosto pasado. Claro, también presentaba el suyo el enorme periodista Víctor Hugo Morales. Su cátedra profesional y ética en tiempos de "Mentir a diario" (Colihue, 2016), como se titula la obra, explican el fervor y los abrazos de esa jornada. Hubo música, intercambio de inteligencias con el público y, sobre todo, esa mezcla necesaria de respeto y esperanzas.
Lo digo para poder intentar explicar el papelón que sigue.
Entre el 9 y el 25 de setiembre se va a desarrollar una nueva edición de la Feria del Libro de Mendoza. En esta oportunidad dedicada, con justicia, a Rodolfo Braceli, ese mendocino imprescindible y ya universal.
El coordinador del asunto es Alejandro "Canito" Frías, responsable del Área Letras de la Secretaría de Cultura provincial, llama por teléfono a los editores de mi libro, Carolina Suárez y Jorge Córdoba, para que les envíen la lista de autores y obras que proponen para asignarles una fecha en el programa de actividades. Son, somos, siete.
Cuando los brumarios se reúnen con Frías para tomar nota del asunto sólo reciben seis fechas. ¿Adivinen cuál falta? Corrrrecto, graznaría Susana Giménez. Mi nombre está prohibido, censurado, en un claro ejercicio de lo que, con el cinismo made in Lombardi de moda, se llama la presencia de "todas las voces".
Ante el estupor de Carolina y Jorge, el Coordinador Frías argumenta cierto temor de que se arme "quilombo" que pondría en riesgo su puesto de trabajo. Y, además, que pido la renuncia del equipo de Cultura todos los días.
Ambas acusaciones son falaces. La primera, porque no hubo ningún quilombo el 13 de agosto, al contrario. Que en la presentación de un libro se cante "Vamos a volver", ponele, no es quilombo ni amenaza. Augurio, tal vez. Y la segunda, porque no soy tan poderoso ni tan soberbio como para solicitar tamaña decisión. En realidad, me duele ver a gente que quiere colaborar con la gestión de un gobierno local inmoral, discriminatorio y censor, pero cada uno sabe dónde le aprieta el zapato o cómo se le ven las enaguas, como decía mi vieja. Allá ellos y ellas.
Están anunciadas las presencias de varios de mis amigos, cosecha de más de treinta años de lecturas y difusión literaria. Vienen Vicente Battista, Juan Sasturain, el mismo Braceli y Miguel Repiso, Rep. También viene Ricardo Bochini, ya de pantalones largos y bien empilchado, supongo. Y, para la náusea sartreana de quien les escribe, el nazisionista escritor cordobés y radical Marcos Aguinis.
Creo conocer (o creía) a Canito y quiero creer que el julepe al quilombo y a perder su laburo viene de la mano de su jefe, Diego Gareca, Secretario de Cultura de la provincia. Gareca hizo su carrera política en el municipio de Godoy Cruz. Mientras el supuesto gobierno nacional y popular peornista (Verbitsky dixit) deambulaba en el limbo cultural Gareca traía a Godoy Cruz a Juan Gelman, Daniel Viglietti, Liliana Herrero y Teresa Parodi, por ejemplo, y se vestía de guerrillero cubano. Puro espejismo. Hoy aprieta a los actores y bailarines de la Fiesta de la Vendimia, censura a Ernesto Espeche, académico y periodista marxista y, finalmente, se desenmascara cada día un poco más.
En síntesis, Frías es Gareca. Gareca es Cornejo y Cornejo es Macri. Hasta el año pasado el portavoz de la censura me agradecía de manera pública mis aportes a la literatura mendocina y, es más, ya adquirió el ejemplar del libro que le mandaron a censurar. Una pena, un dolor y una nueva desilusión.
Y Macri no quiere quilombo. Pero lo tendrá, tarde o temprano.
Isidoro Blaisten
No hubiese querido escribir este textículo, pero debo hacerlo.
Como algunos y algunas saben presenté mi nuevo libro ("Escritos de pie", Bruma, 2016). Alrededor de seiscientas personas rebalsaron el salón en la tarde del sábado 13 de agosto pasado. Claro, también presentaba el suyo el enorme periodista Víctor Hugo Morales. Su cátedra profesional y ética en tiempos de "Mentir a diario" (Colihue, 2016), como se titula la obra, explican el fervor y los abrazos de esa jornada. Hubo música, intercambio de inteligencias con el público y, sobre todo, esa mezcla necesaria de respeto y esperanzas.
Lo digo para poder intentar explicar el papelón que sigue.
Entre el 9 y el 25 de setiembre se va a desarrollar una nueva edición de la Feria del Libro de Mendoza. En esta oportunidad dedicada, con justicia, a Rodolfo Braceli, ese mendocino imprescindible y ya universal.
El coordinador del asunto es Alejandro "Canito" Frías, responsable del Área Letras de la Secretaría de Cultura provincial, llama por teléfono a los editores de mi libro, Carolina Suárez y Jorge Córdoba, para que les envíen la lista de autores y obras que proponen para asignarles una fecha en el programa de actividades. Son, somos, siete.
Cuando los brumarios se reúnen con Frías para tomar nota del asunto sólo reciben seis fechas. ¿Adivinen cuál falta? Corrrrecto, graznaría Susana Giménez. Mi nombre está prohibido, censurado, en un claro ejercicio de lo que, con el cinismo made in Lombardi de moda, se llama la presencia de "todas las voces".
Ante el estupor de Carolina y Jorge, el Coordinador Frías argumenta cierto temor de que se arme "quilombo" que pondría en riesgo su puesto de trabajo. Y, además, que pido la renuncia del equipo de Cultura todos los días.
Ambas acusaciones son falaces. La primera, porque no hubo ningún quilombo el 13 de agosto, al contrario. Que en la presentación de un libro se cante "Vamos a volver", ponele, no es quilombo ni amenaza. Augurio, tal vez. Y la segunda, porque no soy tan poderoso ni tan soberbio como para solicitar tamaña decisión. En realidad, me duele ver a gente que quiere colaborar con la gestión de un gobierno local inmoral, discriminatorio y censor, pero cada uno sabe dónde le aprieta el zapato o cómo se le ven las enaguas, como decía mi vieja. Allá ellos y ellas.
Están anunciadas las presencias de varios de mis amigos, cosecha de más de treinta años de lecturas y difusión literaria. Vienen Vicente Battista, Juan Sasturain, el mismo Braceli y Miguel Repiso, Rep. También viene Ricardo Bochini, ya de pantalones largos y bien empilchado, supongo. Y, para la náusea sartreana de quien les escribe, el nazisionista escritor cordobés y radical Marcos Aguinis.
Creo conocer (o creía) a Canito y quiero creer que el julepe al quilombo y a perder su laburo viene de la mano de su jefe, Diego Gareca, Secretario de Cultura de la provincia. Gareca hizo su carrera política en el municipio de Godoy Cruz. Mientras el supuesto gobierno nacional y popular peornista (Verbitsky dixit) deambulaba en el limbo cultural Gareca traía a Godoy Cruz a Juan Gelman, Daniel Viglietti, Liliana Herrero y Teresa Parodi, por ejemplo, y se vestía de guerrillero cubano. Puro espejismo. Hoy aprieta a los actores y bailarines de la Fiesta de la Vendimia, censura a Ernesto Espeche, académico y periodista marxista y, finalmente, se desenmascara cada día un poco más.
En síntesis, Frías es Gareca. Gareca es Cornejo y Cornejo es Macri. Hasta el año pasado el portavoz de la censura me agradecía de manera pública mis aportes a la literatura mendocina y, es más, ya adquirió el ejemplar del libro que le mandaron a censurar. Una pena, un dolor y una nueva desilusión.
Y Macri no quiere quilombo. Pero lo tendrá, tarde o temprano.
lunes, 1 de agosto de 2016
El precio de la angustia
A Ernesto Espeche
La pieza estaba casi en penumbras. No sé por qué. Era en ese horario en que ya empieza a anochecer, pero aún no encendemos las luces. La charla hacía juego con el ambiente. Lenta, profunda, gris y atrapante. Como la penumbra casi siempre.
Alejandro sostenía el grabador mientras él y yo conversábamos. Él era, es, Christian Ferrer, filósofo y escritor (Me permito recomendarles la lectura de "La amargura metódica", Sudamericana, 2014, una potente biografía de Ezequiel Martínez Estrada con un título que lo pinta más al autor que al biografiado, me parece.). Alejandro era, es, Alejandro Crimi, amigazo, editor y compinche de pensares y sentires libertarios. Yo era, soy, yo.
Ferrer había llegado a Mendoza para participar de un ciclo de charlas que Alejandro organizaba. Una de sus tantas travesuras culturales. Cómo olvidar que, además, bebimos también de la sabiduría luminosa de León Rozitchner. Pero eso es para otro momento.
Atravesábamos el calvario de la segunda mitad del menemato (el copyright del término le pertenece a Mempo Giardinelli) y no sé, no recuerdo cómo, llegamos al tema de la angustia. Aunque puedo imaginarlo. Le pregunté al filósofo por ese verso de Silvio Rodríguez que dice que "La angustia es el precio de ser uno mismo". Me miró, creo que me miró (ya estaba muy oscuro. Él, la tarde y el mundo), pensó un segundo que me pareció interminable y dijo: "No me gusta Silvio Rodríguez y creo que la angustia es el precio de no ser uno mismo". Fin del recuerdo.
De ése, porque él me llevó a mi recuerdo de la la lectura de "Historia del cerco de Lisboa" (Alfaguara, 1989), la novela en la que Saramago hace que el "no" como concepto disruptivo y revolucionario sea el gran protagonista dialéctico de la historia (la del libro y la de la humanidad toda), más allá de las figuras humanas que lo padecen y, después, lo aprovechan.
Doy todas estas vueltas para llegar a Macri. Y pido disculpas por mezclar a un filósofo de la envergadura de Ferrer y un humanista y escritor de la talla de Saramago con el estafador político de moda.
En su discurso en Tucumán el 9 de julio pasado el coso hizo mención a la angustia. Mientras le rendía pleitesía amorosa a Juan Carlos de Borbón, el emérito monarca español, especialista en matar elefantes, le atribuyó a los patriotas de 1816 ese "estado de intranquilidad o inquietud muy intensa causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro" (Copio textual, como se ve, la definición de la Real Academia, la gendarmería del lenguaje castellano). Desagradable y desgracia Así habría sido aquella militancia (no se lo cuenten a Prat Gay), desagradable y desgraciado independizarse de España.
Pocos días después Cristina (¿cómo cuál Cristina, hay otra?) interpretó que Mauricio (¿cómo cuál Mauricio, hay otro?) hacía catarsis. Nacido y criado en cuna de oro y hogar de nuevos ricos (usted ya sabe, francamente, cómo se hicieron ricos los Macri. No abundaré en detalles siniestros), pensó la Morocha, se había encontrado, a partir del 10 de diciembre pasado, ante la inquietud desagradable de tener que trabajar. Y, para colmo, de cara a la gente, como gustan llamar los de su clase al pueblo. En síntesis, según la Presidenta Mandato Cumplido, era su propia angustia de él (según me decía don Crescencio Granados Silva, mi cuate, en Xochimilco) la que relataba esa mañana.
No sé si la interpretación es o no "psicologista" como ella misma se atajó, pero sí sé que son los más humildes los que saben del precio de las angustias a las que se ven sometidos por los desaguisados perversos del neoliberalismo plus con que la globalización timbera practica en nuestros países.
En fin, que como me enseñó Ferrer aquel atardecer inolvidable en Radio Nihuil, la angustia de Mauricio parece ser la de un tipo que no es él mismo sino la representación titiritesca de una clase social parasitaria, cavernícola e insaciable.
La pieza estaba casi en penumbras. No sé por qué. Era en ese horario en que ya empieza a anochecer, pero aún no encendemos las luces. La charla hacía juego con el ambiente. Lenta, profunda, gris y atrapante. Como la penumbra casi siempre.
Alejandro sostenía el grabador mientras él y yo conversábamos. Él era, es, Christian Ferrer, filósofo y escritor (Me permito recomendarles la lectura de "La amargura metódica", Sudamericana, 2014, una potente biografía de Ezequiel Martínez Estrada con un título que lo pinta más al autor que al biografiado, me parece.). Alejandro era, es, Alejandro Crimi, amigazo, editor y compinche de pensares y sentires libertarios. Yo era, soy, yo.
Ferrer había llegado a Mendoza para participar de un ciclo de charlas que Alejandro organizaba. Una de sus tantas travesuras culturales. Cómo olvidar que, además, bebimos también de la sabiduría luminosa de León Rozitchner. Pero eso es para otro momento.
Atravesábamos el calvario de la segunda mitad del menemato (el copyright del término le pertenece a Mempo Giardinelli) y no sé, no recuerdo cómo, llegamos al tema de la angustia. Aunque puedo imaginarlo. Le pregunté al filósofo por ese verso de Silvio Rodríguez que dice que "La angustia es el precio de ser uno mismo". Me miró, creo que me miró (ya estaba muy oscuro. Él, la tarde y el mundo), pensó un segundo que me pareció interminable y dijo: "No me gusta Silvio Rodríguez y creo que la angustia es el precio de no ser uno mismo". Fin del recuerdo.
De ése, porque él me llevó a mi recuerdo de la la lectura de "Historia del cerco de Lisboa" (Alfaguara, 1989), la novela en la que Saramago hace que el "no" como concepto disruptivo y revolucionario sea el gran protagonista dialéctico de la historia (la del libro y la de la humanidad toda), más allá de las figuras humanas que lo padecen y, después, lo aprovechan.
Doy todas estas vueltas para llegar a Macri. Y pido disculpas por mezclar a un filósofo de la envergadura de Ferrer y un humanista y escritor de la talla de Saramago con el estafador político de moda.
En su discurso en Tucumán el 9 de julio pasado el coso hizo mención a la angustia. Mientras le rendía pleitesía amorosa a Juan Carlos de Borbón, el emérito monarca español, especialista en matar elefantes, le atribuyó a los patriotas de 1816 ese "estado de intranquilidad o inquietud muy intensa causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro" (Copio textual, como se ve, la definición de la Real Academia, la gendarmería del lenguaje castellano). Desagradable y desgracia Así habría sido aquella militancia (no se lo cuenten a Prat Gay), desagradable y desgraciado independizarse de España.
Pocos días después Cristina (¿cómo cuál Cristina, hay otra?) interpretó que Mauricio (¿cómo cuál Mauricio, hay otro?) hacía catarsis. Nacido y criado en cuna de oro y hogar de nuevos ricos (usted ya sabe, francamente, cómo se hicieron ricos los Macri. No abundaré en detalles siniestros), pensó la Morocha, se había encontrado, a partir del 10 de diciembre pasado, ante la inquietud desagradable de tener que trabajar. Y, para colmo, de cara a la gente, como gustan llamar los de su clase al pueblo. En síntesis, según la Presidenta Mandato Cumplido, era su propia angustia de él (según me decía don Crescencio Granados Silva, mi cuate, en Xochimilco) la que relataba esa mañana.
No sé si la interpretación es o no "psicologista" como ella misma se atajó, pero sí sé que son los más humildes los que saben del precio de las angustias a las que se ven sometidos por los desaguisados perversos del neoliberalismo plus con que la globalización timbera practica en nuestros países.
En fin, que como me enseñó Ferrer aquel atardecer inolvidable en Radio Nihuil, la angustia de Mauricio parece ser la de un tipo que no es él mismo sino la representación titiritesca de una clase social parasitaria, cavernícola e insaciable.
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