martes, 18 de enero de 2011

Castaño oscuro

He cometido muchas estupideces en mi vida. Voté a la Alianza, por ejemplo. Hasta voté a Carrió. Y el dosaje alcohólico, en ambas ocasiones, dio no positivo. Tal vez ésta sea otra estupidez. Tal vez gaste pólvora dialéctica en chimangos. Tal vez debería reservarla para otros pajarracos.
Es que hemos encontrado en el sur de nuestra provincia un yacimiento geológico de notable importancia para la ciencia. Y con ramificaciones que pueden llegar a poner en cuestión la teoría del pithecantropus erectus (con perdón del Arzobispo).
Si me animo a seguir con el tema de Malargüe es porque leí dos noticias. Una, cómica; la otra, si no fuera trágica, también sería cómica.
Vamos por partes, Jack querido. El Obispado de San Rafael, de quien depende el célebre Pato Criollo, declama que el pithecantropus no cometió censura, aunque el mismo paleoindividuo reconociese que sí (Le veo a usted lectora el primer esbozo de sonrisa. No sea ansiosa, espere, hay mucho más).
El vocero del Arzobispado de Mendoza, Marcelo De Benedectis, dice que como no estuvo in situ no puede asegurar que Patito haya hecho bien o mal. Consultado acerca de si había visto el video en cuestión, respondió: "Afirmativo" (es que el tipo, oh casualidad, es capellán de la Policía provincial, la del D2, el caso Bordón, caso Guardatti y siguen las firmas), pero aún así no está en condiciones de jugarse, dice. Cuando yo era pibe hacíamos partidos de futbol en la canchita del barrio. Con una pelota de goma, obvio (el latex lo usamos, años más tarde, para menesteres gozosos y profilácticos, lectorcita). El gordito de la cuadra, generalmente el dueño de la pelota, arrugaba cada vez que el equipo del barrio vecino, compuesto por sudorosos morochos malhablados (los cabecitas negras de entonces), se venía en patota contra nuestro arco. El gordo era defensor y los marcaba de espaldas. Nunca más le dijimos gordo. Empezamos a decirle cagón. Cualquier interpretación metafórica con el párrafo anterior corre por su cuenta, lectora.
Ya apareció el político que intenta pasar por ventanilla a cobrar. El diputado cobista Humberto Montenegro le echa la culpa al Intendente Agulles, al Gobernador Jaque y hasta al verdulero de su barrio, allá en Malargüe. Tarde piaste, viejo. Si sos de esas comarcas ¿no sabías cómo funcionan las transas entre el poder político municipal y el eclesiástico? ¿Nunca te enteraste lo de "Taki Ongoy", lo de "El Código Da Vinci", las declaraciones del Pato en Canal 6, justificando el genocidio de la conquista?
Por suerte, no todos son iguales. Tengo la impresión de que la inmensa mayoría de los católicos se avergüenza de ser hermano en la fe de estos cavernícolas. Los mensajes recibidos a propósito de mis reflexiones anteriores así me lo sugieren. Se va la segunda.
Lo que me movió a volver a fatigarlos con mis textículos es esta imperdible declaración del Pato en cuestión: dijo, textualmente, "es diez mil veces peor lo que hicieron los chicos de Lutherieces que el abuso de menores". Lo dijo en los micrófonos de Radio Nihuil.
¿Habrá algún fiscal que haga la denuncia de oficio o tendremos que esperar que el INADI actúe?
Este asunto sucede a miles de kilómetros de la Capital Federal (que, usted sabe lectora, es donde atiende Dios). Por eso, tal vez, la prensa, aún la progresista, ya dio vuelta la página y se ocupa de cosas culturalmente más importantes: el pronóstico para las próximas horas en los balnearios de la costa, la batalla por la taquilla de los espectáculos en Carlos Paz, la gira de los políticos en ojotas por la Rambla marplatense, el bronceado de Carrió y cosas así, fundamentales para el desarrollo nacional.
Lecturas y películas recomendadas. "El Evangelio según Jesucristo", de José Saramago; "La puta de Babilonia", de Fernando Vallejo; "Tratado de ateología", de Michel Onfray; "Yo te saludo, María", de Jean Luc Goddard y todo Pier Paolo Pasolini, católico y marxista (¡vade retro!).

2 comentarios:

  1. Afirmativo, Rudman! No quisiera saber cuántos otros errores cometió en su vida!

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  2. Sólo reconozco los errores públicos, pero de a dos por vez, para evitar náuseas o tendencias agresivas.
    No te voy a dar el gusto, Jorgito. ¿Vos sos impoluto?

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