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jueves, 13 de octubre de 2011

La pastilla equivocada

"...es un cielo azul que viaja"
 Aníbal Sampayo

A cierta edad es normal que ocurra. Uno se despierta más temprano, lee el diario para alimentar su vocación por la rebeldía (vestigio de los ardores sociales juveniles), desayuna su cotidiano café con leche (más café que leche), sus tostadas con queso untable, preferentemente diet, su mermelada casera y cuando el ritual está por finalizar, avanza la batería de químicos artificiales. Una pastilla rosada para los dolores articulares, otra verde para los calambres nocturnos, una dorada como antioxidante. Ésas, fijas e insustituíbles. Alternativa y supletoriamente, una aspirina para el dolor de cabeza, un hepatoprotector por la comilona de anoche con amigos, otra para la acidez por las dudas. Entonces es lógico que uno, a veces, se confunda. Después de todo, los años no vienen solos y como dice mi amigo Osvaldo, si luego de cumplir 50 no te duele nada es porque estás muerto.
Tomás la verde cuando te tocaba la rosada y pasa lo que pasa.
Algo de esto les debe haber sucedido a dos conspicuos dirigentes de ambas orillas del río Uruguay. Prefiero pensarlo así y no creer que desbarrancaron exprofeso. Amanecí magnánimo hoy y no me parece haber errado en la ingesta de químicos del día.
Empecemos por casa.
Javier González Fraga es economista neoliberal y candidato a vicepresidente por lo que queda del radicalismo nacional. Declaró en estos días que sugiere y propone que nuestra matria vuelva a ser monitoreada por el Fondo Monetario Internacional. O sea, sigue practicando con éxito el ejercicio de escupir para arriba. Algún encuestador creativo, si es que tal cosa existe, debería medir la cantidad de votos por minuto que pierden con estos exabruptos atemporales.
Como dije, prefiero pensar que en lugar del comprimido antioxidante se dio con un estimulante cerebral que le correspondía a su compañero de fórmula.  La flamante jefa del FMI todavía está averiguando si las declaraciones de don Javier no son un chiste de la revista Barcelona. Como decía el célebre Ratón Ayala: "En Europa no se consigue", aunque no sé. Cierro esta primera parte extendiendo un manto de piedad sobre el paciente con el deseo sincero de una pronta mejoría.
Cruzando el "cielo azul que viaja" sucedió lo inesperado. Necesito antes contar una pequeña historia.
Nació en 1940 y papá Héctor y mamá Elena le pusieron un nombre mítico. El del coprotagonista del poema nacional uruguayo, surgido de la inspiración de Juan Zorrilla de San Martín (sí, el pariente de la gran China) y publicado en 1888. Tabaré, el indio charrúa, se enamora de Blanca que es, precisamente, blanca. Pero el de carne y hueso se enamoró de María Auxiliadora Delgado, se casaron, fueron felices y tuvieron descendencia. Él se recibió de médico y dirigente de un club de fútbol. Como fue exitoso en ambas tareas, de allí a la política, un paso. Y lo dio. Primero como intendente de Montevideo y luego, presi. Solidario con los pobres, fue ungido por el Frente Amplio (cualquier similitud con el de acá es puramente semántica).
Como el diablo mete la cola cuando menos se lo necesita, apareció disfrazado de finlandés y sin consultar con sus vecinos instaló una pastera a orillas del río binacional. Gran quilombo. Los ambientalistas vernáculos de aquí cortaron el puente carretero y terminamos en la Corte de La Haya. Se la hago corta para ir a lo que nos convoca. Hubo fallo, más o menos salomónico. Un poquito para nosotros y un muchito para ellos.
En estos días se lo vio y escuchó al Tabaré disertar ante estudiantes orientales de un colegio del Opus Dei (seguramente con el beneplácito de la muy católica María Auxiliadora). Allí confesó que tomó como posibilidad cierta un conflicto bélico con Argentina por Botnia. Imagino que esa mañana, mientras desayunaba, manoteó la pastilla contra la hipotensión y por eso elucubró ese plan surrealista. Pero dos comprimidos equivocados el mismo día ya es para preocuparse. Le fue a pedir ayuda y consejos a Condoleeza Rice y George W. Bush, los entonces mandamases del terrorismo global.
Cuál fue el error de medicamento en este segundo caso, es muy difícil inferirlo. Lo cierto es que cabe recordar que el paciente se dice socialista, progresista, que vetó una ley a favor de la despenalización del aborto promovida por su propio partido (otra vez con el beneplácito de su querida esposa), amante de la paz, la amistad entre los pueblos y declaraciones así.
Mientras tanto, el río fluye, azul como la pastilla que debió tomar equivocadamente el Dr. Vázquez.

sábado, 8 de octubre de 2011

En la caramelera

La Justicia condenó a prisión perpetua a los asesinos del enorme poeta Paco Urondo. Pasarán el resto de sus días en cárcel común, como debe ser. Sin embargo, para un diario local, El Sol, en su versión digital, Paco se convirtió ese día en "trending topics". Parece que eso quiere decir que estuvo muy citado en Twitter. Para alguien que escribió, póstumamente, "tengo curiosidad de saber qué cosas dirán de mí", enterarse de que un día fue trending topics es como sentir que le están cacheteando la militancia. La de él y la de sus compañeros, nosotros.

La muerte de Steve Jobs ha disparado la monstruosa maquinaria mercantil del capitalismo. Sin ruborizarse "ni un tantico así", como dicen Fidel y Chávez, con el cadáver todavía caliente del creativo yanqui ya está listo el libro con su biografía (se anuncia su aparición mundial simultánea para fines de octubre), avanza el proyecto de una película y la venta de smartphones batió todas las marcas predecibles, si es que el mismo sistema no se autoengaña, con fines publicitarios. Es decir, ejercita el músculo de darse manija, mordiéndose la cola.
Es que, me parece, la crisis mayúscula de los truhanes financieros globales necesita reflotar el self made man, esa marca que se impuso desde la industria del espectáculo, cuando USA la usó, sobre todo, en mitad del siglo pasado. La infancia desvalida del héroe de turno, la superación a costa del sacrificio individual, en fin, Superman, esta vez, manejando el mundo desde un aparatito.
Claro que, según algunos Steve no era un buen tipo. Lo que me lleva a pensar que un cáncer de páncreas no hace necesariamente mejor a una persona. Aunque suele producir unos negocios de la hostia, como dice monseñor.
Definitivamente, el capitalismo se alimenta de carroña.

Se llama Tomas Tranströmer, es poeta, sueco. La Academia de su país le ha otorgado el Nobel de Literatura. Las malas lenguas, entre ellas la mía, sospechan que su apellido quiere significar ombligo en su idioma natal.

¿En qué se parecen el Chavo del 8 y Elisa Carrió? Cuando Quico viene morfando un sandwich de jamón y queso (los mexicanos le dicen torta y los hispanohablantes en Yanquilandia, emparedado) al pobre Chavito, hambriento crónico, se le activan las glándulas salivales. Entonces, el muy burguesito del barrio le ofrece un mordisco. Y cuando Chavo, ojos iluminados, va a aceptar, sádico como buen burgués, Quico le retira el ofrecimiento y el bocado. La reacción del humillado es sublime. Dice "al cabo que ni quería", aunque el mundo sabe que muere por un bocado.
Ví a Carrió, postulante decorativa al cargo presidencial, decir que no quiere gobernar a un pueblo que, según ella, no ama la libertad, la justicia y la república. Claro, lo dijo después de haber sido repudiada por el 97% del electorado en las primarias de agosto pasado.
El sandwich de jamón y queso tiene más dignidad que algunos comensales.

viernes, 7 de octubre de 2011

Cielo

Cielo es bellísima. Joven, estilizada y rubia. Pero no me gustan las rubias. Claro, hago excepciones. Marylin, Graciela y ahora, Cielo.
Entró y parecía que irradiaba luz. Inmediatamente pensé, fue como una inspiración o una fantasía (suelen ser lo mismo), que traía la solución al desastre ambiental que padecemos.
Que una rubia, por más angelical que sea, produzca el alivio que todos esperamos es un delirio. Pero a mí me pareció que, agotadas las instancias científicas, las místicas, las cabalísticas y las supersticiosas, bien podía suceder que una rubia y su perfil perfecto lo lograran. Además, y verán que no es un detalle, se llama Cielo.
Hace más de seis meses que no llueve. Es Odnocam, Macondo al revés. Tenemos las mucosas secas, los ojos infectados. Los ríos de la provincia son culebras sedientas, las plantas rezan plegarias inútiles y, lo peor, el cutis de las muchachas comienza a agrietarse perceptiblemente.
Los meteorólogos son las vedettes mediáticas y cada poblador espera sus diagnósticos climáticos con más avidez que el llamado de una novia o un novio. Son también comparados con los políticos veteranos por el incumplimiento ostensible de sus pronósticos de lluvia inminente. Me contaron que algunos ya no salen de sus casas por temor a las represalias de los intolerantes que nunca descansan. Otros se asoman a la vereda con la secreta esperanza de recibir aunque sea un baldazo de agua que les alivie el sopor y les moje la esperanza.
El jardín de mi casa parece un paisaje lunar. Si esto sigue así pondré un cartel en la puerta anunciando un Ischigualasto privado y en miniatura. Tal vez lo recaudado me ayude a sobornar a los empleados municipales que venden bidones de agua marrón a precios de mercado internacional. Como se trata, obviamente, de un bien escaso no falta un economista neoliberal que justifica el negociado con el argumento de que sin ellos el drama sería peor.
En fin, tengo sed y la ilusión que me produjo la aparición de Cielo en mi vida se diluye como agua entre los dedos, si me permiten la añoranza.
Como les dije, Cielo es bellísima. Pero Cielo no llueve, ni llorando.

domingo, 2 de octubre de 2011

Se hicieron marxistas

La Argentina, país sorprendente, sigue marcando rumbos. Un fantasma la recorre. No ya aquél anunciado por el filósofo de Tréveris el 21 de febrero 1848. A no asustarse, ciudadanos y anas patriotas y matriotas.
De cara a las elecciones presidenciales del 23 de octubre, en las que se dirime quién saldrá segundo, he empezado a notar la aparición de un fenómeno que, una vez más, nos confirma como sociedad singular. Nada mejor que algunos ejemplos para aclararte, muchacha de ojos verdes, lo que descubro día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo.
El candidato radical a la gobernación de mi provincia, Mendoza, se dio cuenta de que su natural candidato a presidente no va a ganar. Por más que se empeñe en parecerse a su papi, mueva los brazos como aspas de molino, use sus trajes, su bigote y su sillón, sabe que, como canta el tango, va "cuesta abajo en su rodada". Entonces, Roberto Iglesias, el aspirante provincial, no quiere que voten para presi al que debería votar él, Ricardo Alfonsín, alias Little Richard o Alfonsinín. Así de confuso es el asunto. Hasta le pidió a la Justicia Electoral que le permita sacarlo de su boleta, aunque fracasó con todo éxito. Sin embargo (él es un tipo de principios) hace campaña pidiendo a la ciudadanía que haga lo que la justicia le niega.
Pero no es el único tipo o tipa de principios (así, en plural). Graciela Ocaña fue funcionaria del gobierno nacional en el área de salud. Le dicen, desde antes de dedicarse a la política, "Hormiguita". Ahora, de la mano del derechista pelirrojo De Narváez, promete terminar con todas las plagas si la eligen gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Si no entendí mal promete terminar con ella misma, con lo que se transformaría en la primera candidata que tiene como objetivo autofagocitarse. Todo un record.
Su jefe actual (vaya uno a saber quien será después de octubre) creía en Alfonsinín hace apenas dos meses. Y Ricardito en él. Así lo proclamaban en el spot de campaña para las primarias del pasado 14 de agosto. Como dos meses es, apenas, un pestañeo de la Historia, al abrir los ojos ya no estaba el clon trucho del mal llamado "padre de la democracia". Ahora aparecía la figura sonriente de un señor feudal, modelo siglo XXI, enfundado en traje blanco y mostrando una sonrisa de dentífrico publicitario. Entonces, el Alberto (de la tribu de los Rodríguez Saá, los propietarios de San Luis, reino mussoliniano enclavado en Cuyo) le guiñó un ojo, el derecho, obvio, y le propuso que no crea más en el otro, un perdedor nato, y se concubine con él, que viene ganando a chicote alzado las elecciones en su chacra desde hace cien mil años. Y el Colorado, que es un as para los números, se dejó seducir por la sonrisa, la promesa de wi-fi para todos, los espejitos de colores y le dio la espalda a su novio anterior y se fue para soñar con un honroso segundo puesto.
El Alberto a su vez tuvo que ceder algunos principios que, trabajosamente, había elaborado con Eduardo Duhalde, el amigo de Cecilia Pando, esa magnánima señora que reivindica el robo de bebés durante la dictadura genocida. Un voto es un voto y cotiza más que años de militancia en conjunto.
También en el oficialismo se abren las puertas para recibir a hijos pródigos que habían emigrado en busca de principios más prometedores. Cuando la desilusión les ganó el pecho y les vació las urnas volvieron al redil. Alguien le llamó sincericidio, otros un "palenque ande ir a rascarse". El palenque lo tiene Cristina, el que volvió para rascarse se llama Felipe Solá.
Pero me quedan, por ahora, sólo por ahora, dos ejemplos paradigmáticos. Federico Pinedo, diputado nacional de la derecha cheta (la derecheta, la mencionada más arriba es derecherreta, muy berreta), ha declarado que es posible que vote por Altamira (que no se llama así, pero es un detalle identitario nomás), el candidato presidencial del trotskismo y brindador preferido de Chiche Gelblung. Una obra maestra de la coherencia.
Y por último (insisto, por ahora), la precursora, la licenciada mayor en el arte del saltito de vereda, la magister en negociar principios, el ejemplo casi inalcanzable al que aspiran todos los arriba mencionados. Ella, la patricia que fue plebeya, la piba que se avejentó a golpes de timón, el numen ético de la política nacional: Patricia Bullrich.
Todos y todas se hicieron marxistas. "Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros", dijo Groucho.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Jorge y José

Jorge dice que José no se enamoró nunca. El padre de ambos, porque Jorge y José son hermanos, era oficial de policía. María, la otra hija del milico, tampoco se casó nunca, aunque Jorge no aclara si alguna vez se enamoró.
Imaginemos la vida de esa familia. Todos con rostros adustos, imposibilitados del goce de los cuerpos, viendo en el prójimo apenas un otro insensible, soñando con desnudeces atormentables, comiendo en silencio, estudiando anatomía con vergüenza propia.
¿Qué serían los ojos de las muchachas para José? La cintura de su vecina, los pechos de la maestra, el cuello de la verdulerita del barrio, ¿cómo afectarían sus noches? Ya había cine cuando José iniciaba su escuela secundaria. ¿Vería sólo películas bélicas, con protagónicos masculinos exclusivamente? ¿Los músculos del sheriff de algún western inicial habrán despertado las cosquillas en la entrepierna de José? Porque dice Jorge que él y José pecaron alguna vez en la vida, aunque no nos cuenta cómo, cuándo y dónde fue que cayeron en falta.
Como, por definición, soy un mal pensado y un irrespestuoso de las vacas sagradas, me gusta imaginar que José acudió a los servicios sexuales de una matrona campesina durante una siesta estival, urgido por aquellos llamados imperiosos del cuerpo. Pero, también imagino que no hubo amor. Sólo descarga seminal y culpa, pudor y arrepentimiento inmediato. Episodio que, sigo imaginando, Jorge y José ocultaron al oficial de policía y padre, en un gesto de solidaridad cómplice que aún los acompaña.
No sé y no me animo a imaginar (conozco algunos de mis límites) si lo que Jorge dijo de José es un elogio o una demostración subliminal de que, al fin y al cabo, se trata de un ser humano como vos, muchacha voluptuosa, y como yo, sujeto irreverente. Es que José mutó de nombre un 19 de abril de 2005 y, abruptamente, se convirtió en Benedicto XVI. Esa mutación lo convirtió en infalible, delegado supremo de un dios sobre estas comarcas, dirigente político de élite y soldado vigilante de nuestros pensamientos y nuestros actos. Algunos de sus gestos le han granjeado reacciones públicas insospechadas hace unas décadas. Será por eso que mi amiga Elsa le llama Maledicto XVI.
Pero me da mucha pena que Jorge revele esa falencia de José. Casi me parece imposible que alguien, hombre o mujer, pase por esta vida sin el amor en su mochila. Ya no importa si correspondido o no, si desdichado, turbulento o manantial de paz y goce corporal. Tal vez no sea verdad. Prefiero creer que es una impostura más de una secta en retroceso, que atrasa años luz pero que sigue erigiéndose en gendarme moral y ético de buena parte de esta humanidad castigada por hipocresías globales.
La noticia apareció en un suelto del Diario Los Andes, de Mendoza, hoy 22 de setiembre de 2011, cuando la primavera del sur ondula las caderas de las muchachas y los bíceps de los pibes y yo me enamoro cada día más de vos y de tantas más.
Pero también me da por creer que Jorge, el hermano mayor de Maledicto, no miente, que es cierto que el Infalible no se enamoró nunca. Con demasiada frecuencia se le nota.

sábado, 17 de septiembre de 2011

107 carajos

El suspendido juez mendocino Otilio Romano ha declarado en Chile, país al que se fugó con la complicidad de otro ex juez, Luis Leiva, confeso amigo íntimo del sátrapa (¿usted sería amigo de Camps, por ejemplo, y lo andaría enarbolando como bandera?), que no sabe "de qué carajo" se lo acusa.
Habrá que recordarle que ese eufemismo usado groseramente por quien se supone un hombre de ley, esconde su verdadero significado: se lo acusa de haber participado, por acción u omisión de 107 delitos de lesa humanidad durante la dictadura cívico-militar que asoló nuestro país entre 1976 y 1983. O sea, 107 carajos.
Uno de esos carajos, hay ciento seis más, es el caso de Alfredo Manrique, estudiante avanzado de Ciencias Económicas, de 23 años y Laura Terrera, maestra, de 21 años, quienes fueron secuestrados en la Terminal de Ómnibus de Mendoza el 25 de julio de 1977, cuando regresaban de visitar a la familia de ella, desde San Juan. En el procedimiento el Grupo de Tareas se llevó también a la hija de ambos, Rebeca Celina, de 8 meses de edad. Sus padres eran militantes de Montoneros del aparato de Prensa y Propaganda. Al momento de escribir estas letras, Laura y Alfredo son parte de los treinta mil desaparecidos argentinos, una marca identitaria del país del que venimos.
Merced al trabajo incesante del Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos (MEDH) de Mendoza, de sus abogados, Viviana Beigel y Pablo Salinas, y de la búsqueda interminable de su familia, Rebeca Celina conoció su verdadera identidad al someterse voluntariamente a pruebas de ADN en 2007 y hoy es la nieta recuperada N° 87.
30.000, 107, 87. Números del fango de la Historia convertidos en río de dignidad y vida.
Durante la búsqueda de la niña el hoy prófugo obstruyó y, finalmente archivó la investigación de su paradero. Gracias a las malditas leyes de Obediencia Debida y Punto Final, promovidas por el papá de Little Richard, la causa durmió lo que parecía ser un sueño eterno. Pero un viento nuevo, del sur, alumbró el camino.
El apuro del Consejo de la Magistratura, que trata de marchar al compás de los tiempos de cambio aunque lleva más de un año de impostura ética, determinó ya que Otilio, el cobarde, deje de percibir su sueldo mensual de más de 40 lucas, que se le designe defensor oficial, cargo que recayó en la abogada Fabiana León, y que sea encanado cuando se pueda. Es decir, si lo pescan y no se vuelve a escapar de Piñeralandia.
Evitemos más eufemismos. Otilio Ireneo Roque Romano no es cómplice de la dictadura. Es la dictadura.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua de la madre patria que nos parió dice que se trata de una "persona de muchas pretensiones y poco mérito". Así define a un carcamán, definición que le queda chica al señor que nos debe justicia por, al menos, 107 carajos.

martes, 13 de septiembre de 2011

No fue la mejor Feria

Entre el viernes 2 y el domingo 11 de setiembre vivimos la Feria del Libro de Mendoza. El lema: "La inclusión: un logro cultural necesario, en marcha". Nos visitaron Pedro Lemebel y Arturo Volantines, de Chile, Mario Goloboff, Elsa Drucaroff, José Pablo Feinmann, Osvaldo Bazán, Adolfo Colombres, Sandra Russo, Angélica Gorodischer, Liliana Bodoc. Alrededor de ochenta autores locales participaron como panelistas o presentando su obra.
Doy estos datos iniciales para trasmitir a quienes no tuvieron la oportunidad de venir a este oeste del sur a palpitar la emoción de encontrarse con su filósofo, su periodista, su poeta, su novelista, en fin, su escritor preferido.
Adivinó, la prensa hegemónica calificó como "oficialista" el menú de nombres que integraron la grilla. Es que los organizadores, entre los que me encuentro, miraron el panorama y vieron que, por ejemplo, Marcos Aguinis sigue charlando con los taxistas porteños, Jorge Asís divaga y hace mucho que no publica nada, Mariano Grondona nihil obstat y Luis Majul sueña con Víctor Hugo Morales. Entonces, descartados esos ejemplares, buscamos por el lado explícitamente político y ¿sabe qué?, Hugo Biolcat no dice ni mu, Mauricio Macri estaba planificando un viajecito, Alfonsinín juega en el tobogán y Eduardo Duhalde cree que los libros son perniciosos. Y tiene razón.
Pero hay más. Hubo actos con temática de género, con la problemática de los pueblos originarios, con la fuerza creativa de los escritores jóvenes. Y aquí me detengo un ratito, morocha, y nos tomamos otro café, el mío con azúcar de tu sonrisa.
Claramente fue un error. En simultáneo con la Feria se inauguró (está abierta hasta el 2 de noviembre) la muestra de homenaje a Héctor Oesterheld y su Eternauta, con la presencia de Elsa Sánchez y Juan Sasturain. Para eso hubo que disponer de todo el Espacio Contemporáneo de Arte, edificio que tradicionalmente alberga el denominado Espacio Joven y que este año se llamó Feria de Editoriales Autogestivas (FEA). El error fue, precisamente la simultaneidad, la muestra es una maravilla. La falta de coordinación entre distintas áreas de la Secretaría de Cultura provincial produjo esta superposición de dos actividades de similar importancia y calidad.
Como la materia es impenetrable y no se puede poner en el mismo espacio físico dos cosas a la vez hubo que habilitar la Biblioteca Pública Gral. San Martín para los Feos. Y allá fueron, con su desparpajo, su adrenalina y su creatividad. Pero, sobre todo, con su consentimiento. Produjeron y diseñaron una revista de gran calidad (diferente de la oficial de la Feria: mala y de aparición tardía) y participaron de todas las reuniones de organización con empuje y fraternalmente. Por eso suena raro algún comentario quejoso y resentido de un colega pelilargo. Es que, como ocurre con la Fiesta Nacional de la Vendimia, se ha hecho folklórico castigar la Feria, es políticamente correcto y da pátina de rebelde.
Sigamos, que se nos enfría el café, cintura con ojos. Y tibio, no me gusta ni el chocolate.
Párrafo aparte merecen los dos actos en el Teatro Independencia, nuestro Colón (mi remisero preferido dice que el Teatro Colón es el Independencia de Buenos Aires. Unitarios y federales, como antes, como siempre). Durante dos horas y media estuvo José Pablo Feinmann, el viernes 2 a la noche, disertando acerca de su libro "El Flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner". Y la noche avanzaba y nadie quería que se termine. Es que José Pablo no tiene como hábito de placer viajar y sacaba cuentas para llegar a la conclusión de que hacía más de 30 años que no pisaba la tierra del Malbec y en aquella oportunidad no como filósofo, sino como vendedor de cables eléctricos. En plena noche genocida. Casi mil personas, casi mil fervorosos y agradecidos cuyanos con cara de feliz cumpleaños.
Una semana después se repitió el fervor y la admiración. Sandra Russo les presentó a nuestra gente "La Presidenta. Historia de una vida" (setenta mil ejemplares vendidos. Algo así como el equivalente al 50% de las primarias en el mundo editorial). Fue una tarde de sábado con sol, el fáctico y el metafórico, enmarcado en una nueva jornada de lucha de periodistas mendocinos contra la indignidad de un empresario y la complicidad de un sindicato en manos inescrupulosas. Pero Sandra iluminó la figura de la estadista más sólida de estas comarcas nuestroamericanas.
Performance inolvidable de Lemebel, cátedra de Goloboff sobre Cortázar, brillante novela de Drucaroff, seminario riquísimo de Colombres, una mesa acerca de los cafés de Mendoza y sus fantasmas. Todo eso y mucho más hubo en diez días intensos.
Claro que hubo falencias, cosas a mejorar. El autor local que no participó fue porque se durmió, no quiso o no pudo. O vive en Mozambique y el subte no pasa por aquí.
La prensa reconoció el éxito. A regañadientes y con chicanas, con la excepción de MDZ, diario digital que no hizo más que lo correcto: periodismo. Los otros se ocuparon de los números. Más de veinte mil concurrentes, ventas a mansalva. Del contenido, prefirieron quedarse mudos. Ignoraron las jornadas del Independencia y es lógico, les perturba su siesta.
No me gustan los rankings, me recuerdan la impostura de los disc jockeys y su curro con los sellos multinacionales de la música. Por eso creo que esta no fue la mejor Feria. Fue distinta. Conceptual, coherente, con un fuerte compromiso ideológico y abarcativa, hasta donde dio el presupuesto. Un Feria de cambio de época, como dice Rafael Correa.
La mejor debe ser la próxima.