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viernes, 25 de noviembre de 2011

El señor no es un chiche

El señor dice no saber qué es el 24 de marzo, qué pasa ese día; el señor dice ser amigo del comisario Luis Patti, torturador y genocida, elegido alguna vez por voto popular intendente de Escobar, en Buenos Aires y condenado a perpetua en juicio justo; el señor fue Secretario de Redacción de una revista cómplice de la dictadura, es decir, el señor y Gente, fueron la dictadura; el señor ha sido reciclado como un periodista inteligente por obra y gracia de cierta lógica comunicacional que cree (y nos intenta hacer creer) que todo, absolutamente todo, se puede frivolizar; hace un año el señor recibió en su programa a la señora Cecilia Pando, quien dijo, muy suelta de cuerpo y muy atada de mente, que defendía "aún a los que habían robado bebés" y al señor no se le movió un pelo, de los pocos que le quedan; sin embargo, el señor condujo hace un tiempo un programa televisivo que se llamó "Memoria" (como se ve, el señor piensa también que todo, absolutamente todo, se puede frivolizar. Hasta la memoria).
El señor recibió en su estudio televisivo, esta semana, a Aleida Guevara March, la hija del Che y Aleida March. Para él y para la lógica del negocio mediático da lo mismo, vende igual, la hija del Che que la apóloga de un genocidio. En un momento del diálogo el señor le pregunta a su invitada por la herencia que, supuestamente, le dejó el padre a la hija. Al escuchar la palabra herencia, la mujer dio, literalmente, un respingo. Inútil sería explicarle al señor que el concepto jurídico de herencia tiene un significado totalmente distinto en una sociedad socialista como la cubana (aunque matizada hoy por esquirlas de mercado). Repuesta de la sorpresa, Aleida empezó a nombrar libros, recuerdos, objetos y anécdotas. Pero lo que el señor quería saber era qué le había dejado "en metálico, propiedades, joyas, esas cosas". Y Aleida, sonriente, con el aplomo y la sencillez que la hacen heredera de ese padre, le dijo: "¡Qué poco conoce usted a mi padre!".
El señor comparte con el padre de Aleida dos cosas: el país natal y la cehache de sus respectivos apodos. Nada más.
Quise entrevistar telefónicamente a la hija del Che. Amablemente, me dijeron que su agenda estaba colapsada. Quiero creer que su paciencia también.

lunes, 14 de noviembre de 2011

El asesor italiano

"La verdad de unos pocos es casi una mentira"
  Juan Sasturain

Me llamó a casa la colega Astrid Pikielny, del diario La Nación, para invitarme a responder algunas preguntas. Estaba confeccionando, dijo, un artículo para la sección "Enfoques" que, finalmente fue publicada el domingo 13 de noviembre, o sea ayer, bajo el título "Periodistas vs. periodistas"(www.lanacion.com.ar/1422420-periodistas-vs-periodistas). Allí son consultados además, Ruiz Guiñazú, Tenenbaum, Russo, Brienza, Wainfeld y, del interior (como le llaman, graciosamente, quienes habitan el ombligo del Obelisco), Suppo, de la Voz del Idem, y Miller, de Río Negro.
La nota empieza mal, con trampa. Se habla allí del ataque que sufrieron Lanata y Ruiz Guiñazú, quienes fueron atacados a piedrazos en los jardines de la Universidad de Palermo, por un par de energúmenos. Pongámonos de acuerdo, ninguna agresión física o verbal es justificable. En el ámbito periodístico o en cualquier otro. De ahí a calificar a Lanata, Ruiz Guiñazú y asociados como "independientes" parece un chiste de mal gusto. La nota arranca así, preguntándose el por qué de este ataque. Y se omiten los insultos de Majul y el mismo Lanata hacia los panelistas de "6, 7, 8" (se los trató de "boluditos, cagones y forros", respectivamente), aunque hace mención a las agresiones sufridas por Russo y Wainfeld, con cero repercusión en los diarios, radios y canales dominantes. Es que, como me acota el escritor mendocino Pablo Gullo, se termina el paradigma del periodismo objetivo o, su equivalente, el independiente. Ninguno lo somos. Todos, pero todos, dependemos. De la empresa que nos paga, del Estado, de los anunciantes, de nuestra propia historia y de la Historia, de nuestras convicciones y nuestra formación. De ahí que es bueno no descarrilar.
No estoy tratando de averiguar si primero fue el huevo o la gallina. Digo que si se nos "acusa" de ser oficialistas es porque hay otros que son opositores. Y ninguno objetivo ni independiente.
Planteado eso, sigamos. El otro item acerca del cual fui consultado es el de la bendita pauta oficial. Nadie dice qué porcentaje ocupa esa pauta en los medios llamados oficiales y en los opositores. Pero no son producto de la pauta oficial, como bien señala la colega mendocina Ana María Vega, la Asignación Universal por Hijo y Embarazada, ni el aumento, por ley, dos veces por año del haber jubilatorio, ni los juicios a los genocidas, ni el respeto internacional, ni la recuperación de la educación técnica, ni el retorno de los científicos emigrados, ni el Fútbol para Todos, ni la producción cinematográfica, ni los cinco millones de puestos de trabajo recuperados, ni los doce millones de votos, ni las más de mil escuelas construídas, ni las universidades abiertas, ni la recuperación de la línea aérea de bandera, ni el matrimonio igualitario, ni la Ley de Medios y así podría seguir hasta cansarte, pequeña. En todo caso, es al revés. Son estas medidas las que deberían ser promocionadas por propios y extraños porque benefician a las mayorías y respetan e incluyen a las minorías. Pero no, sólo se promueven, desde el empresariado mediático dominante, las dificultades, las zancadillas y los casos, evidentes o no tanto, de corrupción enquistados en el aparato estatal. Se comportan como con los piquetes. Si los producen los trabajadores, entorpecen la libre circulación. Cuando los patrones ruralistas derramaban cuatro millones de litros de leche diarios para evitar un impuesto sobre su renta extraordinaria, eran los salvadores de la patria.
Claramente, el tema no es la pauta oficial ni la absurda y perversa acusación de listas negras. El tema es que están desnudos, como dice mi amigo el Cholo, y en lugar de agarrarles pudor, les da odio. Y como "la moral hay que buscarla del lado de lo real, especialmente en política", según enseña Jacques Lacan, no sirve ocultar que algunos de esos colegas desnudos fueron cómplices activos o pasivos del genocidio, formando parte de la campaña mediática exterminadora cuando presentaban un campo clandestino de detención como centro de reeducación de subversivos, o mentían descaradamente acerca de la identidad de una niña cuyos padres estaban desaparecidos, o formaban parte del equipo de propaganda de Martínez de Hoz, el genocida civil. Esos no son profesionales, como se pretende clasificarlos desde la usina de La Nación. Es una categoría que, hasta semánticamente, es una burrada. Se supone que profesionales somos todos los que vivimos de ésto. Así que, como aclara muy bien Brienza en la misma nota, esa categoría tiraniza y no echa luz sobre el asunto. Esos son, entonces, simplemente cómplices reciclados.
Sin máscaras, desnudos, desorientados y confundidos, no hacen más que plantear dilemas falsos. Por ejemplo, Tenenbaum dice en la nota que fue el periodismo privado el que descubrió casos de corrupción, como la estafa de Schoklender a nuestras Madres, el asunto Antonini Wilson y una supuesta connivencia (nunca probada) entre el gobierno nacional y el Ingenio Ledesma, de Jujuy, en la represión contra pobladores originarios. El planteo es falso porque nadie pretende ni imagina la desaparición del periodismo privado ni la supremacía del público u oficial sobre él. Se trata del viejo juego entre la verdad y la mentira. Ni más ni menos. Y ambas, la verdad y la mentira, se construyen. Por unos pocos, para muchos. O por muchos, para muchos, como sugiere el maestro Sasturain.
En el fondo, la realidad los ha puesto en manos de un asesor temible, del que no se conoce que nadie haya podido recuperarse. Es italiano y reparte su influencia no sólo entre periodistas y afines. También tiene en su carpeta de clientes a dirigentes políticos, empresarios urbanos y rurales, figuras de la farándula e intelectuales famosos.
Se trata del Lic.Franco Deterioro.

jueves, 10 de noviembre de 2011

La patronal

Se apellida Kasner pero, como ciertas escritoras argentinas, usa el de su primer marido, Merkel. Nació en la otrora Alemania del socialismo irreal y es la primera mujer en ser Jefa de Gobierno con ese origen, luego de la reunificación. En sus años mozos (porque, aunque no lo parezca, los tuvo) militó en las juventudes comunistas. Cuando le hicieron caso a Pink Floyd y derribaron el muro comenzó su carrera meteórica hacia el poder. Compitió con hombres de fuste y, después de haber sido un alfil de Helmuth Köhl, aprovechó un escándalo político de esos que, de tanto en tanto, nos brindan ciertos apetitos, renegó públicamente de él y dio el zarpazo.
Es física, pese a su físico, que la ilustra más como jefa de enfermería de un hospital de campaña.
Sin embargo, aunque Ángela tiene poder, tambien tiene patrón.

Se apellida Sarkozy pero, como ciertos hijos de otras épocas, es apenas un apócope del verdadero, más largo, húngaro y judío, con resabios nobiliarios (es copríncipe de Andorra. Esa no la conocía, eso de ser copríncipe. ¿Yo podría ser coperiodista, por ejemplo?). Pero Nicolás es francés, católico e innoble. Se recibió de abogado y quiso seguir Ciencias Políticas pero no llegó a recibirse por su inglés rudimentario. Un defecto que aprendió de su colega argentino Carlos Menem, se dice. Tiene hijos varios, con su primera esposa, con su amante periodística y, actualmente, una hija con la bellísima cantante italiana Carla Bruni.
Es, que duda cabe, un típico producto político derechista de esta época de deterioro europeo.
Sin embargo, aunque Nicolás tiene poder, también tiene patrón.

Berlusconi es su verdadero apellido. Se recibió de abogado cum laude. Fue militante socialista, altri tempi, en las huestes de Bettino Craxi. Luego de los procesos de "tangentopolis" y "mani pulite", esos parteaguas de la política italiana, se fue convirtiendo en lo que es hoy, el dueño. Del club de fútbol Milan, de la multimedia Mondadori, de la televisión de su país y de culos y tetas a su disposición.
El parecido físico y su peinado achatado, nos recuerdan a Mussolini. Pero no sólo esos parecidos.
Sin embargo, aunque Silvio tiene muchísimo poder, también tiene patrón.

Tienen algo en común. Son conversos. Ángela y Silvio, ideológicos. Nicolás, religioso. De ahí su fanatismo.
Y así podría seguir. Con los Papasgriegos, como si con el de Roma no alcanzara y sobrara a veces, con los cinco millones de desocupados españoles (paradójicamente, casi la misma cantidad de puestos de trabajo recuperados en los últimos años en Argentina), con portugueses e irlandeses sometidos al mismo patrón.
Cuando yo era pibe (más pibe que hoy) iba con mi viejo al Mercado Central. Una fiesta de colores eran las frutas y verduras. Un derroche de fragancias los quesos y los pescados. Mi viaje sensual terminaba con dos porciones de pizza inolvidables, pese a que el negocio se llamaba "Un rincón de la Boca". Era una delicia que yo vivía como una trasgresión a mi pasión riverplatense. El negocio no sé si sigue ahí. Mi pasión, igual que mi recuerdo de aquel sabor, intactos.
No imaginaba entonces, y me duele hoy, que el mismo término, mercado, mutara conceptualmente hasta convertirse en esta perversión criminal que arrasa con la civilización occidental y promete llevarse puestos los valores culturales milenarios.
Las sociedades europeas, colonizadoras e imperiales antes, van quedándose sin respuestas ante la voracidad de los patrones. Con la excepción de unos pocos que enarbolan la única bandera que los globaliza en positivo, la dignidad. Pero vienen de la falsa opulencia, del consumismo a ultranza, de la soberbia cultural. Y caen desde esa escalera a la letrina política e ideológica. Al fondo a la derecha. A las fauces de los bancos.
A veces pienso que ciertos dirigentes europeos están sobrevaluados. O, como sucede con los radicales argentinos, ya no son lo que eran.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Isabel, la católica

 A Fanny Edelman, in memoriam

A veces pasa. Es que pasa que uno pasa tanto tiempo en el lugar de trabajo que empieza por acostumbrarse, por encariñarse y termina confundiéndose. Guarda efectos personales en los cajones del escritorio, esconde cartas comprometedoras en el armario de la oficina y cosas así. Conozco una colega que tiene su taza preferida para tomar café, en la radio. Dice que, aunque el café sea el mismo que el de su hogar, tiene mejor gusto en esa taza.
Algo así le debe haber ocurrido, eso prefiero creer, a Isabel Cittadini, la encargada del Área de Comunicación del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), un organismo estatal.
Envió un correo electrónico, desde la casilla institucional, manifestándose en contra del derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Justo el día en que la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados de la Nación (que a veces parece honorable de verdad) emitía dictamen favorable a un proyecto de ley para despenalizar el aborto. Apenas un primer paso, pero histórico.
Pero Isabel, la católica, no es como aquella reina de Castilla que nació en un lugar de nombre musical, Madrigal de las Altas Torres, pero que nos envió al navegante don Cristóbal, y a su hijo Cristobalito, para comenzar el despojo y el etnocidio, tan dramáticos y tan poco poéticos. No sé en que ciudad nació, pero por aquí las comarcas suenan distinto, sin madrigales. Nuestra Isabel confundió sus roles. Cometió un desatino por fanatismo explícito. Debió, me parece, emitir opinión desde su correo personal.
Imaginemos, por un momento, la situación inversa. Supongamos que Cittadini, exorcizada por el espíritu de Karl Marx, hubiese mandado su apoyo a la legalización del aborto desde el sitio oficial del CONICET, con logo incluído. Desde las más altas cumbres vaticanas, desde las arquidiócesis terrenales del continente americano, desde el portavoz arzobispal de monseñor Bergoglio y su cara de yonofui, desde todas las secretarías de redacción de la prensa dominante, hubiese estallado el escándalo.
En nuestro país el aborto es ilegal, inseguro y oneroso. Pero se practica a mansalva y (otra vez Marx) el resultado final de una operación tan dolorosa depende de la clase social a la que pertenezca la mujer. La hipocresía domina este tema, como tantos otros en la Argentina.
No se trata, como dice la cúpula crápula de la Iglesia católica, de que nosotros estamos contra la vida. Al contrario. No conozco ninguna mujer que vaya feliz a hacerse un aborto. Nadie se maquilla, se pinta y se produce para tomar una decisión así. Precisamente porque estamos a favor de la vida es que, mujeres y hombres, denunciamos las miles de muertes de nuestras mujeres pobres por falta de asepsia, por falta de recursos y por falta de prevención.
Históricamente se nos vaticinó el derrumbe civilizatorio cuando se instituyó el matrimonio civil, el divorcio vincular, el reconocimiento de los hijos extramatrimoniales, el uso del preservativo, el matrimonio igualitario. Y, sin embargo, ese derrumbe llegó a su climax con la santa pedofilia, la complicidad con las torturas, las despariciones y el robo de criaturas. Total, dentro de cuatrocientos años pedirán perdón, cuando von Wernich, Grassi y Storni, entre otros, sean recuerdo de gusanos.
Inevitable y felizmente, se abre en la Argentina un debate necesario. Nadie que yo conozca está a favor del aborto. Estamos a favor del derecho de cada mujer a decidir si quiere seguir con un embarazo o no. Que no es lo mismo. Nadie que yo conozca está a favor de obligar a una mujer a abortar, ni a divorciarse, ni a casarse con una persona de su mismo sexo, ni a casarse, ni a usar preservativos. Pero militamos para que una secta, por mayoritaria que sea, no convierta en criminal a una mujer porque se siente soberana de su cuerpo y practica esa soberanía.
Para la Iglesia católica la mujer, hasta el año 585, no tenía alma, salvo María, por una cuestión de jerarquía, ¿vio?. Recién en 1215, en el Concilio de Letrán, se introduce el celibato obligatorio en curas y monjas y en España, en el siglo XVI, todavía era permitido el aborto y hasta el infanticidio, si el recién nacido no era bautizado (http://www.cuerposfeministaslaicos.wordpress.com/).
Cittadini, en clara posición adelantada (referencia futbolera identitaria) debería llevarse sus bártulos a casita y, desde allí, opinar lo que le de la gana. Que para eso son los debates.
Estamos dispuestos, en un gesto de apertura mental democrática, a soportar dislates. Pero, parafraseando a Sarlo, la clarineta, con las instituciones no, Isabel.

viernes, 28 de octubre de 2011

Un gorila circunciso

Abro el paraguas antes de que llueva. Aunque acá no llueve, el cielo salpica apenas unas gotas miserables. A veces. Mi paraguas dice que también soy judío, claro que sin haber pasado por la ceremonia de la circuncisión. Es que mis viejos fueron ateos y me legaron esa formación. Es decir, estoy enterito. Pero en este caso el asunto no tiene nada que ver con el tema y el personaje en cuestión. Lo aclaro para que no se me distraiga, niña en flor, en detalles étnicos ni se me acuse de racista o cosa parecida.
Es que Don Pepe, de él se trata, anduvo por acá desparramando frases ingeniosas. Llegó invitado por los chicos y chicas de Franja Morada de la Facultad de Derecho, de la UNCuyo. La excusa: presentar su libro "Los hombres del Juicio", una reivindicación de la iniciativa de Alfonsín, Raúl, con la intención oportunista de darle un poco de combustible a Alfonsín, Ricardo, en las elecciones recientes. Objetivo no cumplido, siga participando.
Pero bueno, a veces pasa. Es como hacerme correr un maratón. Misión imposible. Cuando falta materia prima se suspende la producción. O, lo que es lo mismo, el que nace pito nunca llega a corneta, dice el refrán.
La cuestión es que Don Pepe, apenas aterrizó en el medanal cuyano, dijo que "gobierna el mismo movimiento que indultó a los militares que condena". Así, textualito. Lo escupió un día después de las condenas a Astiz, Acosta y los otros secuaces de la ESMA, y el día del primer aniversario de la muerte de Néstor. Un exabrupto extemporáneo.
Apenas lo leí me sedujeron dos opciones. El tipo es un boludo prestigioso o es un provocador decadente. La primera no me cierra. Por ninguna de las acepciones. Y me queda la segunda, que paso a analizar, morocha en fuga.
Un colega (ése sí con prestigio vigente) me hizo ver que comparar a Menem con los Kirchner, en este rubro y en tantos otros, es como identificar a Galtieri con los soldaditos que dejaron su cuerpo en Malvinas. O como decían muchos judíos a la salida de la Segunda Guerra, que todos los alemanes eran devotos hijos de Hitler, mancillando a Einstein, Mann, Luxemburgo y tantos otros dignos.
La segunda opción es más interesante. Aunque "toda la Historia es Historia contemporánea", como bien dice Benedetto Crocce (¿no es cierto, Felipe?), la aparición del libro atrasa. Mucho se ha escrito al respecto y, en todo caso, la sana proliferación de juicios y condenas de estos días a los genocidas es parte de un hilo conductor que arranca con aquel proceso inicial. La misma línea histórica. Claro que estas sentencias no son pronunciadas por el "movimiento que gobierna", según el léxico con tufillo simiesco de Don Pepe, sino por los jueces de la nación.
Es que Eliaschev, el gorila circunciso, parece seguir el derrotero (término nunca mejor empleado) de su candidato derrotado. Es un caso más de una especie en vías de extinción. Aunque nunca faltan los ambientalistas que comenzarán una campaña para intentar conservarlos. En este caso serían conservadores, no conservacionistas.
Tengo una tercera opción. Vamos a tomarnos un helado. Vos con el flequillo al viento y yo con el paraguas de tu sonrisa.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Cambio de dieta

Fue la cara visible de un tiempo de angustias. Llorosa y visible. En 2001 dos trenes corrían en direcciones enfrentadas y por la misma vía. En uno viajaban los especuladores del hambre, los truhanes de la verdad y sus esbirros. Iban jugándose las vidas, las nuestras, con naipes marcados. Quedará para el análisis del porvenir si fallaron o buscaban a conciencia estrellarse contra el otro tren. En ése íbamos quienes nos levantamos cada mañana, desde hace siglos, para llevar el pan a los hijos y los ladrillos al futuro. El choque fue inevitable, purificador, sangriento y emblemático. Los muertos nos miran hoy con su sonrisa de espectros, quizá sabiendo que lo que hoy pasa lleva su marca.
En su Tucumán natal, Bárbara Flores, entonces Barbarita, fue entrevistada por la periodista María Julia Oliván para el programa televisivo "Detrás de las noticias", creado y conducido por Jorge Lanata.
Lloró ante las cámaras, como lloran los niños que tienen hambre. Sin maquillaje, a moco suelto. Las imágenes se globalizaron y el mundo supo (o se hizo el que supo) que aquí, en Argentina, morían por desnutrición los que deberían estar nutriéndose el cuerpo y el pensamiento.
La técnica comunicacional no nació con ese episodio. Tal vez haya sido Pinky, la inefable conductora devenida en política macrista, quien haya inaugurado en los sesentas ese maldito método de conmover el morbo del televidente. Fue, creo recordar, en Santa Fe o alguna otra zona del Litoral. Una inundación más había dejado el tendal de pobres desparramados y al amparo (o desamparo) de la caridad cristiana y el tardío y escaso auxilio estatal. Hasta que no hizo llorar a un hombre rudo físicamente pero quebrado en su autoestima, no paró. Después fue Piero el que cantó "La inundación número no sé cuánto", para pedir "que se vaya la televisión", con ritmo de chamamé.
Pero la televisión no se fue nunca más de donde corre sangre o donde la desgracia sienta su culo infernal. La televisión vende. Lo demás es lo de menos, inclusive la dignidad.
Perdón, cierta televisión. No toda.
Vuelvo a Barbarita. Hoy ya es Bárbara. Hace muy poco, la otra televisión, la pública, la fue a ver. Estudia, sigue tímida y ya no llora en cámara. Recibió una netbook, como cualquiera de los chicos y pibas de las escuelas estatales del país. Su papá tiene trabajo genuino y tampoco brindó un show de desgracias para alimentar el rating.
Mientras escribo este textículo me informan que Jorge Lanata fue internado, grave, en el Hospital Británico de Buenos Aires. Junto con el sincero deseo de que vuelva a provocarnos con sus delirios decadentes, se me ocurre pensar en ciertas paradojas paradigmáticas. Hoy, Bárbara Flores (por favor,ya no más ese Barbarita minusvalente) está mejor que su "descubridor". Y no me refiero al peso corporal. O no sólo a eso.
Es que hemos cambiado la dieta. Hasta no hace mucho, era ingrediente de la entrada, el plato principal y el postre. Hasta en el mate, el café e infusiones varias, había una fuerte presencia de él. Pero, está comprobado, los argentinos ya no comemos vidrio.

martes, 25 de octubre de 2011

El rocío

"La ideología no es algo críptico ni una clave de sectas: es la noción básica que cada uno tiene sobre la mierda y el rocío"
Orlando Barone

Pude conocerlo y faltó a la cita. Iba a venir a Mendoza el 20 de noviembre de 2010. Estaba invitado a la degustación anual que la Bodega Familia Zuccardi hace para celebrar los vinos nuevos y el trabajo fecundo sobre una tierra sufrida y amada. Íbamos a compartir con él, con Felipe Pigna, Luciano Galende, la Negra Vernacci y miles de mendocinos, el asado, los frutos y la solidaridad. No vino. Se murió un 27 de octubre, dicen que como daño colateral de las balas que mataron al estudiante troskista Mariano Ferreyra una semana antes.
Me hubiera gustado decirle que le devolvió a este tipo sesentón el honor de ser ciudadano del Sur, que lo impulsó a renovar su ímpetu y su curiosidad por las nuevas maneras de buscar al prójimo, le aclaró su lugar en el mundo, junto a los marginados, los grasitas, los más. Pero no pudo ser. Ese día Felipe y yo presentamos su "Libertadores de América" entre toneles y el cariño de la gente.
Ese día nos hizo falta. También el domingo 23 a la noche, cuando la Historia (la señora que mi amigo Galeano pide acompañar, no empujar) dio el paso que la época necesita.
Néstor Kirchner y su camino hacia el poder creció "desde el pie", como sigue cantando Alfredo Zitarrosa. Con apenas el 22% de apoyo ciudadano en 2003, entró a la Casa de Gobierno nacional sin complejos y con la convicción necesaria para sacar a la Matria del infierno al que la llevaron varios de los postulantes de la oposición actual. Más de uno, seguro.
Comienzo por él porque fue el primer actor de una obra que hoy suma a millones.
Un padre, una madre y un bebé en su cochecito. El periodista le pregunta por qué está en la Plaza. Y el pibe, porque el padre es un joven que no llega a 30, le cuenta que en diciembre de 2001 estuvo "laucheando", un porteñismo eufemístico que significa saqueando. Entraba en supermercados junto con otros como él y arrasaban con lo que podían. Preferentemente, comida y electrodomésticos. Hoy puede elegir laburos, dijo.
Otra. Tiene barba, negra y tupida. Lleva sobre sus hombros al hijo. Dice que no es ni fue militante, esa categoría tan demonizada por Don Mediático, el censor de voluntades colectivas. Se le humedecen los ojos. Es su propio rocío.
Otra. Un cartel hecho con fibras azules, casero y con la inspiración de los que saben de dónde vienen y adónde van. Se nota que ella, porque es una mina, ve televisión. A lo mejor así conoció a Grecia, Portugal y España. La pancarta dice: "No soy una indignada. Soy feliz".
Se me dirá que retrato casos individuales. Es cierto. Pero con un detalle. ¿Cómo llamar a un fenómeno que abarca a once millones seiscientos mil casos individuales? Un filósofo caracúlico le llamó fascismo. Allá él. La sonrisa de aquel pibe que saqueaba para comer no tiene el rictus de odio que caracteriza a los fachos, precisamente. Ahora que lo pienso, el mismo rictus de odio con que el filósofo en cuestión dictaminó su sentencia.
Acerca de la figura, personalidad y proyección de Cristina ya escribieron Mario Goloboff, José Pablo Feinmann, Sandra Russo, Mempo Giardinelli. También Marta Dillon dijo lo suyo respecto del tobogán ético y político de Elisa Carrió. Con el valor agregado de que Marta es la autora de "Santa Lilita" (2002), una fenomenal biografía de la otrora esperanza blanca del neoprogresismo nacional.
Como venimos de allí, de un país con mal olor, saqueado, laucheado, con abulia, con anomia y anemia, enmierdado por los poderosos defecantes ; como sospecho que, cada vez que la miro hablarnos y la escucho mirarnos, se me humedecen los ojos pero no se me enturbia la mirada, es que creo que estamos aprendiendo, lenta pero sólidamente, que somos capaces de producir rocío. Ese fresco perfume de los amaneceres.