miércoles, 16 de febrero de 2011

Una matriz cultural

Los tipos estaban mal acostumbrados. Entraban como la patrona a la pieza de servicio y le decían a la doméstica: "María, voy a guardar en su ropero estas planchas de ravioles para el almuerzo del domingo". Y resultaba que eran ravioles, si, pero de los otros.
La semana pasada llegó un avión norteamericano a nuestro país. Oficial, de las fuerzas armadas del país del norte. Traía mercaderías varias. Algunas, no declaradas. Entre éstas había armas de guerra, equipos de comunicación encriptada, morfina y ¿medicamentos? vencidos (al menos eso se lee en el envase). Juguetes, todos, que no le daría a ninguno de mis nietos. Bajaron la carga y empezó la comedia. Los actores protagónicos: dos marines que se alternaron, durante seis horas, para proteger la valija que pretendía inspeccionar el personal de nuestra Aduana. Ambos soldaditos, culo en valija, cumplieron una misión para la cual rindieron, seguramente, un examen harto difícil en alguna academia militar de la potencia number one del mundo: aprobaron, cum laude, Traste e Inteligencia I.
Sin embargo, la decisión presidencial de no dejar pasar el episodio como uno más, trajo cola. Insisto, acostumbrados como estaban a entrar como John Wayne al saloon, los yanquis se asombraron. En la historia nacional esta actitud de nuestro gobierno es, tal vez, el equivalente al retiro de los cuadros de los genocidas del edificio militar por decisión de Néstor Kirchner. Un cambio paradigmático.
Ahora bien, ¿cómo reaccionó el mundillo mediático y político argentino (con frecuencia el mismo)? Con la excepción de Ricardín Alfonsinín, se postraron a los pies de sus amos. Pitiyanquis, los llama el Comandante Chávez. Cipayos, les diría don Arturo Jauretche. Todos los precandidatos a perder en octubre próximo, incluídos Clarín y La Nación, se alinearon rápidamente con el Tío Sam.
Es que se trata de una matriz cultural que costará cambiar. El gesto del Ejecutivo argentino apunta en ese sentido. Hasta aquí llegamos, parece decir, decirles. Y tendrán que tomar nota.
En el mismo sentido, me permito insistir con una cuestión aparentemente semántica. Digo insistir porque hace un tiempo me ocupé del uso erróneo, según mi entender, del término "activista", con sentido peyorativo. Algo parecido sucede con "izquierda". Aún nuestros periodistas, militantes de la causa nacional y popular, pensadores y funcionarios, usan mal el concepto, me parece. Ejemplo: cuando Quebracho, el Partido Obrero y el resto de la runfla neotrotskista corta vías férreas o se encolumna detrás de la patronal sojera, se dice que "la izquierda" se manifiesta. En principio, prefiero utilizar el plural y hablar de izquierdas, como lo hacen ciertos politólogos españoles. Nadie tiene el derecho de propiedad sobre el concepto. Pero, además, el idioma castellano tiene elementos que pueden venir en nuestro auxilio en estos casos. El prefijo "ultra" es bien gráfico. En el episodio del avión con los chiches, la ultraizquierda le reclamará al gobierno nacional que rompa relaciones con EE. UU. y que declare al país territorio libre de yanquis. Es lo que Galasso llama, con solidez y la sutileza que lo caracteriza, la izquierda abstracta (adjetivo concreto, que ilumina en este caso). Se lo dijo públicamente al dirigente del PO, Altamira. Su respuesta fue un ladrido.
Este uso deformado del concepto también forma parte de la matriz cultural impuesta por el neoliberalismo y la Doctrina de la Seguridad Nacional. Habrá que pararse en las actitudes soberanas ejecutadas por Cristina y sus ministros, para comenzar a reformatear nuestro disco rígido conceptual. Sacarse de encima el menemismo como cultura política, no es lo mismo que haber dejado atrás el menemato, ni saber que Menem es ya un saurio en extinción, como bien lo explicó Ernesto Espeche en un artículo esclarecedor hace un tiempo.
En el asunto de la valijita con los juguetitos la derecha fue al pie y la ultraizquierda, al aire. Como siempre.

3 comentarios:

  1. Llegue por casualidad desde MDZ, realmente, después de leer varios de sus posts mi educación me impide opinar sobre ellos y usted. Dicen que si no se puede decir algo bueno sobre alguien o algo mejor quedarse callado. Cuanto silencio .... ¿no?

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  2. Querido Julio: estuvimos leyendo tu artículo y vimos que había sido publicado en MDZ. En ese periódico el nivel de agresión que se ha plasmado en los comentarios on line ha sido insólito. Podemos entender que si un escrito despierta alguna clase de respuesta en sus lectores, sería algo deseable y más allá de que sean apreciaciones incisivas, cuanto menos tornarían estimulante el debate ideológico. Pero sinceramente creemos que lo que se ha puesto de manifiesto en este caso ha sido penoso. Para vos, porque no son expresiones que permitan el diálogo. Son destituyentes y desagradables. Obturan, clausuran cualquier posibilidad de intercambio. Y para quienes compartimos esta comunidad porque muestran exponencialmente rasgos lamentables que sería deseable no encontrar en estos tiempos. De todos modos es evidente que el escenario que has trabajado en tu escrito ha sacudido lugares oscuros que aun perduran en alguna parte de la sociedad y requieren el exorcismo de palabras que iluminen, interroguen y lleven a reflexionar. Creemos que eso ha sucedido con este texto.
    Abrazos siempre
    José y Viviana

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  3. Si el Diario Perfil (¡!) hizo una encuesta en la que el 91% estuvo de acuerdo con la actitud del gobierno nacional y menos del 9% en contra, es un orgullo que me hayan atacado los representantes de esa minoría. Como dicen Vivi y José, persisten sectores de la sociedad que no debaten, insultan. Seguiré militando por la diversidad de voces, de ideas y, sobre todo, por la consolidación y profundización de este rumbo liberador de nuestra América. Gracias.

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