viernes, 22 de abril de 2011

El aliado involuntario

A Horacio González, que hizo lo que debía


Ya está. Habló y no hubo pirotecnia verbal, ni por parte de él ni por la nuestra. Queda, como primera conclusión residual, el gesto de Cristina Fernández, ratificando su condición de estadista. Al punto de que el propio escritor nobelizado, el novelista nobelizado, se vio compelido a admitirlo.
Su breve intervención en la llamada conferencia inaugural pareció un resumen Lerú de algún manual decimonónico de doctrina liberal. Fue, claramente, un arrugue ante la contundencia de una realidad que a un tipo de su formación no podía pasarle inadvertida, por más adulones que lo rodearan. Si hasta lo declararon ilustre ciudadano porteño dos veces: hace un tiempo, cuando se anunció oficialmente su invitación y ahora, para las cámaras y micrófonos a su servicio.
Dos últimas reflexiones antes de pasar a lo medular de este textículo. La valiente inteligencia de Hebe de Bonafini, quien tuvo la iniciativa de procurar que el peruano se adhiriera al clamor para que el emporio de la innoble cumpla con la ley e incorpore a la grilla de canales a CN23, Paka Paka y Telesur. Hasta ahora, su respuesta es el silencio. Es que, y esta es la segunda reflexión, el autor de "La fiesta del chivo" se convirtió, creo que involuntariamente, en aliado del kirchnerismo y otras fuerzas del campo nacional y popular, al bregar por una completa libertad de expresión. Así como no hubo dos demonios en los setenta, no hay dos libertades de expresión hoy. El meollo del asunto es que no se trató nunca de un intento de veto o censura. Lo que promovieron González, Goloboff y con ellos buena parte de la cultura argentina fue el repudio a la decisión de los organizadores de la Feria del Libro de brindarle el honor de inaugurar el ciclo de conferencias a uno de los más encumbrados portavoces de las políticas de hambre y exclusión de estos tiempos. Aunque vote por Humala en su Perú natal. Aunque los protagonistas principales de sus obras sean defensores de causas que se dan de traste con aquellos principios.
Si de vetos, o Betos, se trata va mi recuerdo sonriente para los gloriosos Beto Menéndez, Beto Acosta, Beto Márcico y, el más glorioso de todos, el Capitán Beto, el Beto Alonso.
Se irá él a desparramar loas a las multinacionales del horror, a justificar las masacres del imperio, a sostener la rentabilidad por sobre la humanidad, y quedaremos nosotros para ratificar y profundizar un rumbo irreversible.
El debate por las políticas culturales, la función y el funcionamiento de las industrias culturales, la promoción del libro, su creación, edición y distribución, entre otros tópicos, está pendiente. Todos estamos invitados a participar y algunos tenemos más responsabilidad en su desarrollo.
Por ejemplo, ¿seguir sometidos a la decisión de una empresa privada, la Fundación El Libro, para acatar su mirada respecto de lo que debe ser una Feria? ¿Acaso no ha llegado el momento de federalizarla? Así como está es la Feria de Buenos Aires y refleja la pujanza cultural de una megacapital, pero a su vez, las Ferias provinciales o regionales se hacen a regañadientes, con presupuestos desnutridos y siempre mirando al puerto, en lo que concierne a fechas y contenidos (la de Mendoza es raquítica y organizada con menos entusiasmo que un anciano subiendo el Aconcagua), como una consecuencia más de la macrocefalia nacional. ¿No habrá llegado el momento de empezar a pensar una Feria Nacional del Libro, al modo de la venezolana (sí, soy chavista, ¿y qué), que vaya recorriendo todo el país? Que la de Buenos Aires quede como hasta ahora, con su despliegue fastuoso y sus multitudes a medio camino entre la auténtica pasión por la literatura y el cholulismo careta, pero que, también en esto nos saquemos de encima a los cuasimonopolios editoriales o, si quieren, que se sumen a la fiesta pero sin condicionarnos.
Y entonces sí, promover los buenos escritores y escritoras del país profundo, emparejarlos con los consagrados por el maldito canon, brindarles las herramientas para que se conozcan sus creaciones. En fin, el Estado nivelando hacia arriba.
¿Qué es difícil? Seguro, ¿o ha sido fácil, por ejemplo, poner en marcha nuevamente en la Argentina la educación técnica, o recuperar los aportes previsionales de manos de la mafia concentrada?
El debate por estos temas no se perdió, ni se empató, ni se ganó. Recién empieza y se lo debemos a Vargas Llora (el aliado involuntario), a Horacio González, a Mario Goloboff y, sobre todo, a Cristina Fernández.

1 comentario:

  1. Cierto es, querido Julio,Hebe ha pensado bien. En esta oportunidad ha sido pertinente y ha puesto el acento donde debía.
    Saludos miles

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