sábado, 13 de octubre de 2012

Los premios

De acá y de allá. Empecemos por allá. Le dieron el Premio Nobel de Literatura al chino Mo Yan. No podemos opinar porque no ha sido publicado en nuestro país ( una pequeña editorial española, Kailas, tiene algunos títulos suyos a la venta), pero la Academia Sueca estuvo cerca, muy cerca, de dárselo al líder camionero y segunda estrella en el firmamento hegemónico mediático argentino. Por una O no se lo dieron a Hu go Mo yan o. ¿Qué es un chiste, malo, mío? Puede ser, pero no me diga que esa posibilidad no está en sintonía con los delirios a que nos tienen acostumbrados las señoras y señores del almidón escandinavo.
La tostada me entraba por la boca, bañada en el maravilloso dulce de damasco que hace mi amada. Como corresponde, según la costumbre ontológica del occidente cristiano. Cuando leí que la Unión Europea se llevó el de la Paz, estalló mi tostada, brotaron sus partículas masticadas por todos los orificios de mi cuerpo. Ya no era el bálsamo cotidiano del perfume del damasco. Ahora, asco, puro detritus moral. Premiaron a los bancos, a los especuladores criminales, a los licenciados en timba genocida, a los Rajoy, Merkel, Samaras y toda esa lacra inmunda de mediocres bendecidos, Y, como dice mi querido amigo Manuel Saralegui, justo un 12 de octubre, fecha de triste memoria para la humanidad. Como castigo a los jubilados griegos inmolados en las plazas públicas y con los mismos argumentos, casi calcados, que utilizaron para premiar a Henry Kissinger, Menahem Beguin o Barack Obama: la reconciliación, la democracia y los derechos humanos. Millones de desocupados sienten que les escupen el rostro.
Si hubiese un Nobel de Fútbol, estos tipos se lo darían a Joseph Blatter o al 4 del equipo austríaco, para que no se lo lleve Messi, seguramente. En 2013 pueden postular al asesino de Miguel Galván, dirigente del MOCASE (Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero) o a Castelao Bragaño, el efímero Presidente del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior, de España, aquel que declaró que "Las leyes son como las mujeres, están para ser violadas". Y así podríamos nominar a tantos. A los conspicuos dirigentes ultracatólicos que pretenden implantar una hostia consagrada en los cuerpos de las mujeres vejadas, prostituidas y embarazadas, en nombre de la vida. Viejas y viejos carcamanes, favorecedores de los violadores, defensores de ladrones de bebés, autores intelectuales de los mayores atropellos a la dignidad humana. Se sienten seres superiores, inclusive a la ley y a la justicia. Sólo responden ante su dios, si es que les conviene.
Son de acá y, al igual que el monopolio mediático, se cagan en la Corte Suprema de Justicia y en el Derecho Positivo, en nombre de un supuesto Derecho Natural, inspirados en lo más rancio del pensamiento tomista y mirando para otro lado cuando sus pastores someten sexualmente a ovejitas indefensas. Basuras e hipócritas, con cara de ángeles inmaculados.
Más preocupados por el rating que cada domingo pueda alcanzar el clon trucho de Michael Moore, o en disimular el último papelón de la Bullrich, verdadera saltimbanqui de la política criolla, o en mantener la influencia del poder mediático sobre los formadores de precios y la corporación judicial, no vacilan en recurrir a cualquier trapisonda con el único objetivo de jodernos la vida. Y seguir currando a mansalva.
Mañana, agárrese fuerte, son capaces de darle el de Economía a Lita de Lazzari o a Domingo Cavallo.
No sé si vale la pena seguir esperando con ansiedad cada año que los circunspectos dejen de mirarse el ombligo. Y nosotros, colonizados culturales, salgamos desesperados a buscar en Google datos biográficos de los galardonados.
Pero, al menos, te ofrezco un pétalo positivo en esta metida de pata flor. Volvamos a leer "Los premios" (1960), la novela de Julio Cortázar, el cronopio que no necesitó el Nobel para quedar en la historia.
Como las Abuelas.

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