domingo, 23 de junio de 2013

Necesita un té de tilo

Tiene unos bigotes poderosos, pintados de amarillo por obra y desgracia del abuso de tabaco. Si uno repasa su trayectoria descubre que no es su única mancha. Aunque tuvo su momento de gloria es bueno recorrer su derrotero, su tobogán moral, hasta llegar al exabrupto de hoy. Declaró, entre las risas de sus entrevistadores, en MDZ, radio de Mendoza, y la suya propia, que "A Cristina se la detiene amordazándola" (Recuerdo los versos de Mario Benedetti: "Seré curioso, ¿de qué se ríe?").
Es muy reciente, pero hasta esta tarde fría y gris de comienzos invernales no se conoce ninguna declaración de repudio de su Partido, el radicalismo, ni del arco opositor, ni de los Colegios de Abogados, ni de los jueces subrogantes, ni de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), ni de los responsables periodísticos y empresariales del medio donde se produjo el bochornoso episodio.
Es que Julio César Strassera, el autor de la simiesca brutalidad oral, tiene su prontuario. Es un hombre de la Justicia, justamente hoy tan visibilizada y hasta no hace mucho tan oculta, esa porción de torta estatal que es comida, digerida y vomitada por sus propios actores.
Antes, mucho antes, de ser el fiscal del Juicio a las Juntas genocidas, don Julio había jurado desempeñar fielmente su cargo de Fiscal General según las normas del mal llamado Proceso de Reorganización Nacional. Su misión era encargarse, por ejemplo, de responder a las presentaciones de habeas corpus que intentaban averiguar el destino, generalmente siniestro, de los detenidos políticos de entonces. Algunas de sus víctimas fueron el exgobernador de Santa Cruz, Jorge Cepernic, preso a disposición del Poder Ejecutivo de facto. El 19 de marzo de 1979, en plena orgía de sangre, secuestros, desapariciones, torturas y robo de niños, el hoy impoluto afiliado radical entendió que era justo, legal y apropiado que permaneciera en cana. También Lidia Papaleo, la viuda de David Graiver, hoy querellante en la causa en la que se investiga si la transferencia de acciones de Papel Prensa constituye delito de lesa humanidad, vio frustrado su pedido ante Strassera. Estaba clandestinamente detenida, esposada a una cama de hospital y tratando de reponerse de las torturas a las que había sido sometida luego de haber firmado, bajo amenaza, la cesión de la empresa que dirigía su esposo antes de su muerte en un extraño accidente aéreo.
La "Masacre de San Patricio" se produjo el 4 de julio de 1976 y dejó como saldo el asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos. También allí jugó un rol vergonzoso este insultador crispado. Como fiscal solicitó el sobreseimiento provisional de la causa porque, dijo, no se pudo individualizar a los autores del crimen. En 1981 la dictadura lo premió nombrándolo Juez de Sentencia.
Y sin embargo, en su foja de servicios figura como miembro (supongo que ex) de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), una prueba más de la generosidad, casi suicida, de cierto progresismo vernáculo, bajo el influjo del alfonsinismo de los ochenta.
Algunos antecedentes de este tierno personaje que reacciona según su ADN de chimpancé furioso. O inspirado por aquel bestialidad gráfica de Hermenegildo Sábat que, en Clarín del 31 de marzo de 2008, cruzó dos cintas sobre la boca de Cristina, en pleno conflicto con los "sojetes", según la magnífica definición de Vicente Muleiro.
Del análisis profundo de su desmedido lenguaje se ocuparán filólogos, politólogos y demás logos de esos que abundan en nuestra matria. Solamente agrego que hay que estar demasiado nervioso e impotente para proponer la mordaza como método para debatir ideas. O ser un ser dinamitado por la soberbia de clase, un mediopelo en decadencia superado por el aluvión humano que predica abrazos, inclusión y equidad.
En fin, recuerdo sus palabras finales ante los jueces que debían dictar sentencia contra los genocidas. Yo también "quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece porque pertenece ya a todo el pueblo argentino". Señor Strassera: "Nunca más".

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