viernes, 4 de marzo de 2011

No me tenebra

"Vargas Llosa me tiene las bolas llenas"
José Pablo Feinmann



Firmé. Mario Goloboff me envió una declaración de repudio a la decisión de los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires para que Mario Vargas Llosa diera la conferencia inaugural. Y firmé. Aún sabiendo que todas las firmas no iban a torcer el rumbo. Tenía la obligación moral de hacerlo. Ucronías aparte, hubiese hecho lo mismo si el agraciado era Louis Ferdinand Céline. ¿Qué el francés fue colaboracionista nazi y que su actividad produjo muertes, en cambio Varguitas no mató a nadie? Pero, ¿hace falta recordarte, amada lectora, que la prédica fanática de los postulados neoliberales lleva en su mochila miles de muertos por inanición, suicidio, desplazamientos territoriales, marginalidad, xenofobia y desprecio clasista?
Me hizo vivir, como lector, momentos sublimes. Sin necesidad de haber esperado a que le otorgaran el Nobel. Para este caramelero, "Conversación en La Catedral", junto con "Rayuela" y "Cien años de soledad", son las obras paradigmáticas de la renovación estética y estilística de lo que el marketing editorial llamó el "boom" de la literatura latinoamericana. Eso pasó hace tiempo. Todos éramos más jóvenes y nos deslumbrábamos con alegría militante. Algún día habrá que averiguar qué carajo le pasó al autor de "La casa verde". Su desilusión respecto de la Revolución Cubana es un argumento chiquitito como para explicarnos este fundamentalismo activo por las causas en favor de los poderosos del mundo. Todo, disfrazado de amor irredento por la libertad. Ya se sabe, la del zorro en el gallinero.
Sin embargo, "La fiesta del chivo" relata la épica de los combatientes sandinistas contra Somoza; "El paraíso en la otra esquina", las vidas irreverentes y de rupturas estético-políticas de Paul Gauguin y su abuela Flora Tristán; y su más nueva producción, "El sueño del celta", la lucha de un explorador contra la explotación y el exterminio al que someten los capitalistas de entonces a los aborígenes del Putumayo y, posteriormente, su lucha por la liberación de Irlanda de las garras del Imperio británico. Esta temática repetida, en un pensador de ultraderecha, ¿es una forma de pagar la culpa por su conversión ideológica o mera especulación marketinera para seguir seduciendo a sus viejos lectores? Te dejo la inquietud, querida lectora.
Pero, acatando la frase de Feinmann con que envuelvo este caramelito, dejo a Vargas y vuelvo al centro del asunto.
Acierta Mempo Giardinelli, una vez más, cuando pone el foco en los organizadores de la Feria. Aunque estimo que este asunto no le restará ni medio voto a Cristina en octubre, parece una opereta más, y van..., para ensuciar la cancha. Esta vez, ejecutada con cierta eficacia. Cabe esperar que, después del exabrupto ético impecable de Horacio González, el peruano nobelizado tenga todas las garantías para desarrollar sus ideas literarias, y también políticas. Después vendremos nosotros a poner las cosas en su lugar: decirle que sabemos quién es y para quién juega, pasarle un pañuelo descartable para que siga llorando por la Argentina (por la de Menem, de la Rua, la del default, la del desguace del Estado, la de las privatizaciones a mansalva, la de los desocupados comiendo de la basura, la de la timba financiera), esa que, felizmente, no vuelve más. La consigna, entonces, es no malgastar un solo huevo en semejante huevada.
Así como se promueve desde el Estado la implementación de una institución que reemplace, o conviva, con IBOPE para medir audiencia radial y televisiva, ¿no habrá llegado el momento de comenzar a pensar en la formulación de un nuevo modelo de Feria del Libro que compatibilice los justos intereses de la industria editorial y que, a su vez, tenga en cuenta el nuevo rumbo nacional y popular que atraviesa nuestro país? Tarea difícil, imagino, pero apasionante para intelectuales, escritores y, sobre todo, para funcionarios del área cultural.
La derecha vernácula ha tenido que recurrir al prestigio reciente del Nobel para ponerse ufana en vidriera. El Nobel no ha sido otorgado, todavía, a Carlos Fuentes ni a Juan Gelman, por ejemplo. Alguna vez le dieron el de la Paz a Kissinger y, recientemente, a Obama, que todavía no se lo ganó, como le dijo Michael Moore. Quiero decir que obtenerlo no quiere decir nada. O mucho.
Manu, mi nieto mayor, de cuatro años y medio, dibuja murciélagos y dice que son tenebrosos, pero que a él no lo "tenebran". Pues, a mí, no me tenebra que Vargas Llora llore su nostalgia por un mundo que se va yendo al diablo. Italia, Francia, España, Grecia, en fin, la vieja y aburguesada Europa, le provocará orgasmos ideológicos al otrora gran escritor.
Yo conozco nuestros murciélagos. Y tampoco me tenebran.

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