martes, 24 de mayo de 2011

Es el gauchito, gil.

El libro apareció en 1872 y, dicen los que saben, se leía en las pulperías y lugares de concentración popular. Su autor, José Hernández, describe las penurias y aventuras del gaucho argentino asediado por el empuje de la dirigencia política que pretende instalar (y lo logra) a nuestro país como furgón de cola del capitalismo emergente. Para eso necesita sacarse de encima a ese personaje de quien Sarmiento aconsejó "no ahorrar sangre". Luego vendría la segunda parte, en 1879, en la que el autor transa con el poder y pinta un gaucho acomodaticio, ése que se hace amigo del juez y no le da de qué quejarse. Fin de la rebeldía y el protoanarquismo. Será Lugones, también anarquista en sus inicios, quien santificará la obra literaria como un intento lúcido y perverso de oponer cultura nacional a la carga compleja, rica y libertaria de los inmigrantes de fines del siglo XIX y principios del XX, que venían a poblar estas tierras para sumarla, precisamente, al tren de la historia del supuesto progreso capitalista. Le denominada Campaña del Desierto ya había exterminado la resistencia aborígen y sentado las bases de la oligarquía terrateniente. Indios y gauchos eliminados, la clase dirigente quiso navegar con la vaca atada.
Pero no es del libro "Martín Fierro" que trata este textículo.Desde junio de 1959, APTRA (Asociación de Periodistas de Televisión y Radio de Argentina) viene entregando premios a las producciones destacadas del año anterior. En un principio eran sólo diez los socios organizadores. Hoy son casi cien. La entidad tiene, evidentemente, fines de lucro, más allá de lo que digan sus estatutos. La historia reciente de cada ceremonia sirve de crónica repetida de la certeza de la afirmación. Este año, además, el asunto viene mezclado con la realidad política nacional. Por un lado, el Grupo Clarín, organizador de la fiestita y principal y casi única fuerza opositora al gobierno popular y, por el otro, ese mismo gobierno que logró la sanción de una ley de medios democrática y pluralista y denunció la monopolización de la producción de papel para la prensa, y la sociedad con el genocidio, por parte de la más perversa máquina de mentir que ha parido nuestra sociedad.
Me pregunto si no habrá llegado el tiempo de empezar a pensar una evaluación de las producciones artísticas que esté más de acuerdo con los cambios de paradigmas que estamos construyendo. Y me respondo que sí. Que APTRA y sus secuaces sigan con sus desfiles de frivolidad, con sus premios según la guita que ha puesto cada medio, con su pátina mentirosa de objetividad (por eso, sólo por eso, premian a Paenza y Capusotto), con sus ríos de tinta para saber cuál diva estuvo más ridículamente empilchada, si los presentadores cometieron furcios, si los homenajes produjeron lágrimas de emoción o hipocresía (a Balá lo aplaudieron fervorosamente los mismos que le negaron un puesto de trabajo durante los últimos veinte años).
No sé el monto de la tarifa, pero es vox populi que los premios llegan según lo aportado y si a eso le agregamos el ingrediente ideológico explícito, tenemos el guiso cocinado. Nadie me lo contó, lo viví cuando fui nominado a los gauchitos del interior (porque como usted ya sabe, Buenos Aires es el exterior y entonces no hay que mezclar). Sucedió en Córdoba. Mientras la Mona Jiménez animaba la noche se acercó un aptro y le dijo al capo de nuestra delegación que de seis nominaciones la radio había obtenido sólo una (un programa infantil conducido por un chico ciego y la hija del dueño de la radio) porque ese año habían puesto muy poco.
Debe haber cientos de casos parecidos.
Así como se está gestando una nueva medidora de audiencias que termine con el monopolio de Ibope; así como, desde distintos sectores, venimos proponiendo un cambio en la estructura de la Feria del Libro y que pase a ser una fiesta nacional e integradora de las producciones literarias de todo el país; así también soñamos con una ceremonia de premiación que tenga en cuenta lo mucho y bueno que se hace en radio y televisión en la Argentina toda, al amparo de las nuevas voces e imágenes que están surgiendo como consecuencia lógica de la vigencia efectiva de la Ley de Medios de la democracia.
Y que Susana, Mirtha, Tinelli y Chiche sigan regodeándose en su basural vip.
Mientras tanto, ejercer la dignidad de no ir, no hacerse cómplice de la puesta en escena. Como hizo Sandra Russo, por ejemplo.

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