lunes, 25 de julio de 2011

El segundo jardinero

Este textículo será un refrito, que es la manera elegante que se usa en periodismo y literatura para decir afano. Así que vayan mis agradecimientos a Ernesto Espeche, Eduardo Aliverti y Vicente Battista, entre otros. Y, sobre todo, a Jerzy Kozinski.
Vayamos al césped, entonces.
Ernesto escribió hace un tiempo un artículo que ya cité varias veces, pero la realidad lo vuelve a instalar con una obstinación inusitada. Lo publicó la revista "Acción". En él distingue a Menem, el menemato y el menemismo. Aunque el autor es más claro que yo trataré de resumir su planteo. El riojano fue el actor político de un período nefasto de nuestra historia. Ese período fue denominado como la Segunda Década Infame o menemato, según la acertada inventiva de Mempo Giardinelli. Pero el resultado de la combinación entre ese sujeto y las transformaciones que produjo su mandato se llama menemismo. Y por más ingrato que sea, hay que reconocer que la sociedad argentina sigue infectada de cultura menemista. Al menos, en buena parte de su corpus clasemedierus. Es que, los sociólogos lo saben mejor que yo, es más fácil y más rápido promover cambios económicos y políticos que culturales.
El individualismo, la frivolidad, el discurso vacío, la angurria de tener y la falta de dolor por ya no ser, las tetas y los culos cosificando mujeres, el último romance del boludito de turno, las pantallas estupidizantes, los libros de autobombo y de autoayuda, las novelitas de alcoba, las marcas comerciales con nombres de ricos y mafiosos, el humor chabacano y algunas perlitas que me quedan en el tintero, son ejemplos patéticos de un país que subyace bajo la bonanza económica, la inclusión social y la aún tímida redistribución del ingreso.
Al asco de Fito se le suma la pena de Galasso. No son incompatibles, le dije a una querida compañera. Al menos a mí me da asco sentir pena por los votantes de Macri y Del Sel, pero también me da pena sentir asco a esta altura de la vida.
 Antonio Rattín, cuyo único mérito patriótico, tal vez haya sido sentarse en la alfombra real en el estadio de Wembley durante el Mundial de 1966, fue una especie de Pedro de Mendoza en la política nacional contemporánea. Lo hicieron diputado nacional por el pejotismo menemista. Alzaba la mano cada vez que se lo ordenaban. Y bostezaba. Dio el puntapié inicial a la aparición posterior de Palega Ortito, Carlos Reutemann, Daniel Scioli, el Soldado Chamamé, Nacha Guevara y hasta Carlos Bilardo, que alguna vez amenazó con presentarse como candidato presidencial.
Algunos ganaron, otros sobreviven y, los menos, navegan en las aguas del olvido, políticamente hablando.
No sé que ocurrirá con el ballotage en Buenos Aires. Se suman las denuncias contra el macrismo, aunque Macri ganó por veinte puntos estando con procesamiento firme y la epopeya, por definición, no sea fácil. Sé que, una vez más, estamos con una clara desventaja mediática. La Ley de Medios de la democracia está renga. Hasta que no se pueda poner en vigencia totalmente, es decir, hasta que el proceso de desmonopolización no dé sus frutos, estaremos jodidos.
Imagino a Solanas celebrando el triunfo socialista en Santa Fe, pero me gustaría preguntarle por su evaluación respecto de la calidad del voto. Cuando el oficialismo nacional arrasó en Salta, Pino les dijo a dos colegas del Canal C5N que en los pueblos alejados de los bienes culturales, sin acceso a las bondades civilizatorias, el voto perdía calidad política. Hubo asombro y silencio entre los periodistas. "Es así", sentenció el ex cineasta. Buenos Aires es la Capital Mundial del Libro, según la UNESCO, y Santa Fe dio productos culturales como la Trova Rosarina, Fontanarrosa y el Congreso de la Lengua, en 2004. ¿Cómo evalúa entonces el apoyo mayoritario de los cultos porteños a Macri y los cultos santafesinos al cómico berreta?
Otra pregunta me carcome el desayuno, ¿no tiene más cercanía ideológica Rossi con Bonfatti que con Reutemann, quien habría impulsado a sus seguidores a votar por Del Sel? ¿Hasta cuándo se seguirá sosteniendo la tesis de que el PJ garantiza siempre?
En fin, que Kozinski no sospechó, cuando escribió "Desde el jardín", que acá en el Sur, nuestra patria le daría dos protagonistas más. Aliverti denominó The Gardiner a Julio Cobos. Acaba de nacer a esta "nueva y gloriosa nación" el segundo, más elemental y explícito que el mendocino, si eso fuera posible.
También acaba de nacer un nuevo dúo cómico: Los Dachi.

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