sábado, 30 de julio de 2011

Five o'clock

 "La tetera es de porcelana, pero no se ve"
  María Elena Walsh

No nos podemos quejar. Nos invitan, siempre nos invitan. Deben tener unos errerrepepé formidables. Y una lista de contactos de lo más completita. Cada vez que se les alborota la cocina los tipos salen a pedir que vayamos a ayudarlos.
Tenemos que llevar las escobas, los trapos de piso, la lavandina, los secadores y el brillapiso. Eso sí, nosotros, con la Historia en la mochila, recibimos las instrucciones de cómo y por dónde empezar la tarea de aseo. Ellos nos dicen que la mugre y el despelote fue obra de los anteriores empleados, esos inmigrantes indeseados que, lamentablemente, hacen el laburo que ningún rubio y de ojos celestes haría, por designio divino. Ellos están para la foto de Camel o la pilcha de Gucci.
La cuestión es que ya pidieron unos 14 billones de scones y el té está servido. En pocos días tendrían que devolver un puñadito de lo pedido. Y parece que algunos, los más recalcitrantes al arroz, no quieren y los otros, los tibios, no pueden convencerlos. Entonces miran para abajo. Nos miran. Lascivamente, nos miran.
Hubo épocas en que nuestros próceres podridos aceptaban el convite antes aún de que les llegara la tarjeta de cartón, como canta Raúl González Tuñón. Iban presurosos a lamer los detritus del señor emperador. Se acabó. Hicimos o, mejor todavía, estamos haciendo realidad aquel deseo de Juan Luis Guerra. Llueve café por estos campos. Brasileño, nuestroamericano. Y llueve mate, con yerba de estas comarcas.
Así que métanse la propuesta de compartir el tea party en el más profundo orificio de la retaguardia anatómica del imperialismo timbero.
Las señoras y los señores de nuestro hogar del sur tienen su agenda ocupada en mejores menesteres.

lunes, 25 de julio de 2011

El segundo jardinero

Este textículo será un refrito, que es la manera elegante que se usa en periodismo y literatura para decir afano. Así que vayan mis agradecimientos a Ernesto Espeche, Eduardo Aliverti y Vicente Battista, entre otros. Y, sobre todo, a Jerzy Kozinski.
Vayamos al césped, entonces.
Ernesto escribió hace un tiempo un artículo que ya cité varias veces, pero la realidad lo vuelve a instalar con una obstinación inusitada. Lo publicó la revista "Acción". En él distingue a Menem, el menemato y el menemismo. Aunque el autor es más claro que yo trataré de resumir su planteo. El riojano fue el actor político de un período nefasto de nuestra historia. Ese período fue denominado como la Segunda Década Infame o menemato, según la acertada inventiva de Mempo Giardinelli. Pero el resultado de la combinación entre ese sujeto y las transformaciones que produjo su mandato se llama menemismo. Y por más ingrato que sea, hay que reconocer que la sociedad argentina sigue infectada de cultura menemista. Al menos, en buena parte de su corpus clasemedierus. Es que, los sociólogos lo saben mejor que yo, es más fácil y más rápido promover cambios económicos y políticos que culturales.
El individualismo, la frivolidad, el discurso vacío, la angurria de tener y la falta de dolor por ya no ser, las tetas y los culos cosificando mujeres, el último romance del boludito de turno, las pantallas estupidizantes, los libros de autobombo y de autoayuda, las novelitas de alcoba, las marcas comerciales con nombres de ricos y mafiosos, el humor chabacano y algunas perlitas que me quedan en el tintero, son ejemplos patéticos de un país que subyace bajo la bonanza económica, la inclusión social y la aún tímida redistribución del ingreso.
Al asco de Fito se le suma la pena de Galasso. No son incompatibles, le dije a una querida compañera. Al menos a mí me da asco sentir pena por los votantes de Macri y Del Sel, pero también me da pena sentir asco a esta altura de la vida.
 Antonio Rattín, cuyo único mérito patriótico, tal vez haya sido sentarse en la alfombra real en el estadio de Wembley durante el Mundial de 1966, fue una especie de Pedro de Mendoza en la política nacional contemporánea. Lo hicieron diputado nacional por el pejotismo menemista. Alzaba la mano cada vez que se lo ordenaban. Y bostezaba. Dio el puntapié inicial a la aparición posterior de Palega Ortito, Carlos Reutemann, Daniel Scioli, el Soldado Chamamé, Nacha Guevara y hasta Carlos Bilardo, que alguna vez amenazó con presentarse como candidato presidencial.
Algunos ganaron, otros sobreviven y, los menos, navegan en las aguas del olvido, políticamente hablando.
No sé que ocurrirá con el ballotage en Buenos Aires. Se suman las denuncias contra el macrismo, aunque Macri ganó por veinte puntos estando con procesamiento firme y la epopeya, por definición, no sea fácil. Sé que, una vez más, estamos con una clara desventaja mediática. La Ley de Medios de la democracia está renga. Hasta que no se pueda poner en vigencia totalmente, es decir, hasta que el proceso de desmonopolización no dé sus frutos, estaremos jodidos.
Imagino a Solanas celebrando el triunfo socialista en Santa Fe, pero me gustaría preguntarle por su evaluación respecto de la calidad del voto. Cuando el oficialismo nacional arrasó en Salta, Pino les dijo a dos colegas del Canal C5N que en los pueblos alejados de los bienes culturales, sin acceso a las bondades civilizatorias, el voto perdía calidad política. Hubo asombro y silencio entre los periodistas. "Es así", sentenció el ex cineasta. Buenos Aires es la Capital Mundial del Libro, según la UNESCO, y Santa Fe dio productos culturales como la Trova Rosarina, Fontanarrosa y el Congreso de la Lengua, en 2004. ¿Cómo evalúa entonces el apoyo mayoritario de los cultos porteños a Macri y los cultos santafesinos al cómico berreta?
Otra pregunta me carcome el desayuno, ¿no tiene más cercanía ideológica Rossi con Bonfatti que con Reutemann, quien habría impulsado a sus seguidores a votar por Del Sel? ¿Hasta cuándo se seguirá sosteniendo la tesis de que el PJ garantiza siempre?
En fin, que Kozinski no sospechó, cuando escribió "Desde el jardín", que acá en el Sur, nuestra patria le daría dos protagonistas más. Aliverti denominó The Gardiner a Julio Cobos. Acaba de nacer a esta "nueva y gloriosa nación" el segundo, más elemental y explícito que el mendocino, si eso fuera posible.
También acaba de nacer un nuevo dúo cómico: Los Dachi.

lunes, 11 de julio de 2011

47, más que un número

No es fácil. Ya he leído los análisis de Horacio González, de Eduardo Aliverti, de Mario Goloboff, el poema, dolido y certero, de Juan Sasturain, anoche estuve un rato escuchando a Eduardo Anguita y Roberto Caballero. Como podrán apreciar, me ilustré antes de masticar y digerir (sobre todo digerir) mis reflexiones.
Casi todos me recomiendan no estigmatizar al electorado porteño. Prometo hacerlo sólo con ese 47,1% que reeligió (sí, ya sé, falta la segunda vuelta pero, ya saben, soy ateo y entonces no creo en los milagros) a Mauricio Macri al frente de la gerencia general de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
No creo que se haya premiado explícitamente la falta de gas en el Hospital Borda, ni la labor de espionaje de Ciro James, ni el trabajo de limpieza étnica del Parque Indoamericano, ni los modales de la UCEP (Unidad de Control del Espacio Público), ni la subejecución del presupuesto para educación, ni la ausencia casi absoluta de sensibilidad social, ni la falta de voluntad e ideas para debatir propuestas, ni las dotes de Chirolita del sujeto en cuestión.
No, creo que es más grave. A ese porcentaje inmenso de porteños no les importa un carajo cada uno de esos items. Y todos juntos tampoco.
Han visto en este personaje un estereotipo que quisieran imitar. Hijo tonto de un padre astuto, ganador mediático desde que transformó al club Boca Juniors en una empresa que cotiza en Bolsa. Un yuppie mediocre pero con guita, que se casó tres veces para toda la vida y que todo lo mide según los códigos de la eficiencia y la rentabilidad. Parece que también los pobres de la zona sur sueñan con una mina como Juliana Awada, con una casa en el country y con salvarse para siempre accediendo a una vida de telenovela.
En fin, mucho tango, pero del berreta.
También es cierto que la modernísima Buenos Aires, capital de los taxistas buchones, los comerciantes a mansalva y los hinchas de fútbol espasmódicos, se parece a casi todas las capitales occidentales. Se ha derechizado y parece seguir los cánones que, en ese aspecto, marcan París, Madrid y Roma, por ejemplo, gobernadas por dirigentes asociados a los grupos concentrados de la economía. La local y la global.
Asimismo sugiero, sólo por esta vez, mirarnos el ombligo. Estudiar por qué el señor Magnetto y el señor Durán Barba supieron leer mejor que nosotros la idiosincrasia lumpen del porteño del siglo XXI. Hacer lo que nos enseñaron en nuestra militancia juvenil y practicar una autocrítica seria y profunda pero, sobre todo, sincera de cara no al ballotage sino a octubre. Los méritos del rumbo son demasiado importantes para dilapidarlos por obra y gracia de lo peor de nuestra sociedad.
Eliminar de la reflexión crítica los fuegos artificiales de personajes como Carrió, Duhalde o De Narváez y concentrar los esfuerzos en saber comunicar los beneficios que implicará, aun para porteños macrinizados, la profundización del camino transitado desde 2003. Quizá sea esa una forma inteligente y útil de aprender de esta derrota, aunque me digan que ésta fue la mejor elección en la ciudad. Y aunque sea cierto.
Mientras tanto, seguirá siendo una ciudad "atendida por sus propios dueños", como dice magníficamente Sasturain.

martes, 5 de julio de 2011

Piedra libre

"Me estás confundiendo, me estás caminando"
 Vicentico

Se prestó al diálogo sin dilaciones ni prejuicios. Hasta ahora, fue el único. Por ejemplo, lo intentamos varias veces con Solanas cuando era candidato a presidente. Fue en vano. Que lo llamemos en una hora y cuando lo llamábamos nos contestaba un aparato con voz metálica. O el señor estaba reunido o había salido a una reunión. Gambetas. Hasta que se dio cuenta de que no le daba el piné y se refugió en la Capital, para asegurarse el tercer puesto. Y las cámaras de TN.
Sé que los colegas y la media docena de lectores de estos textículos del ciberespacio están (estamos) librando la batalla cívica para desmacrinizar Buenos Aires. Y está bien que así sea. Pero quiero contarles el gustazo que me dí de compartir con los oyentes de Radio Nacional Mendoza un diálogo con Hermes Binner, el dirigente socialoide, gobernador de Santa Fe y candidato a presidente por un supuesto Frente Amplio Progresista.
Tengo por norma y costumbre no maltratar a mi entrevistado. Por eso, tal vez, nunca quise conversar con Ernesto Sabato. Una cuestión de piel, digamos. En el caso que nos ocupa, preciosa, omití ex profeso la disímil conducta legislativa entre él y su vice, Norma Morandini, en temas acuciantes como la Ley de Medios, el feriado del 24 de marzo y otros tantos. Tampoco quise arrinconarlo con el papelón en el armado de listas y el portazo en las narices de Pino. No sirve, al menos en estos casos, hacer leña del pino caído. ¿Para qué?
Vamos al diálogo. Fue ayer en El Candil, programejo adolescente (cursa dieciseis añitos, el péndex) y, como te dije flaquita, comencé por preguntarle por el o los ejes de su campaña. Primera sorpresa. Mía, claro. La Constitución, me dijo. Entonces intentó ser más explícito. El artículo 14 bis, dijo. Siguió explicitando. El 82% móvil para los jubilados, como sucede en su provincia. Le pregunté cómo sin descuidar los otros planes sociales. Es decir, sin destapar agujeros para tapar éste. Hay plata, me dijo. Una respuesta tan convincente como la excusa de Banega en el gol boliviano.
Había más sorpresitas. Se me ocurrió plantearle que, como es público y notorio, si las elecciones fuesen hoy a qué atribuye él el trinufo holgado de Cristina. A la bonanza económica, me respondió. Y de seguido, dándose cuenta, me imagino, del terreno pantanoso en el que acababa de ingresar, atacó con el INDEC, el 25% de inflación (según ¿quién?), el viento de cola y esos clichés mediáticos tan en boga. Alabó la política de derechos humanos y poca cosa más.
Pero casi al final de nuestra amable conversación llegó el momento del protagonista principal de la película. En estos días de frío polar, petisa, surgió a la luz pública el otorgamiento, por contratación directa, del negocio de impresión de las boletas electorales para octubre próximo en la provincia de Santa Fe, a la firma Artes Gráficas del Litoral, del Grupo Clarín (ver http://www.ellitoral.com/). Le pregunté si era verdad. De ninguna manera, me dijo un poquitín más serio si es posible en su caso. Se trata, agregó, de una falsedad. Y trató, rápidamente, de aclararme. Que habían ahorrado un millón de mangos, primero. Y trescientos mil más, después. Pero, ¿es del Grupo Clarín la empresa adjudicada?, insistí yo, que a veces me pongo más pesado que Petinatto. Es que no tuvimos tiempo, balbuceaba haciendo pucheritos telefónicos el infrascripto. Don Hermes, no me está respondiendo lo que le pregunto, pesadísimo yo.
Hasta que oscureció en pleno día, como dice la canción de Les Luthiers. Textual: "Mire, nosotros no le hacemos el ADN a las empresas que se presentan". Fin del diálogo. Gracias, doctor, es lo que quería saber. Buenas tardes, muy claramente oscuro todo.
En un país, el nuestro, en el que los análisis de ADN le han devuelto la identidad robada a varios jóvenes.
En un país, el nuestro, en el que la dueña de Artes Gráficas del Litoral esquiva desde hace diez años esos análisis en sus hijos presuntamente adoptados.
En un país, el nuestro, en el que sería una costumbre socialmente saludable hacer y conocer el ADN de las empresas que negocian con el Estado.
En este país, el nuestro, me viene a decir, un dirigente autotitulado progresista, que no le importa saber quién va a confeccionar las boletas electorales.
Como se preguntaba la diputada Gabriela Cerruti, ¿cómo tengo que suponer yo que va a tratar esa empresa a ese candidato, de aquí al 23 de octubre?
Muchas veces polemizo con mis colegas acerca de la necesidad de desnudar los discursos. Es decir, hacerlos hablar hasta hacerles perder los calzones verborrágicos.
En resumen, me encantó hacer periodismo.