viernes, 28 de octubre de 2011

Un gorila circunciso

Abro el paraguas antes de que llueva. Aunque acá no llueve, el cielo salpica apenas unas gotas miserables. A veces. Mi paraguas dice que también soy judío, claro que sin haber pasado por la ceremonia de la circuncisión. Es que mis viejos fueron ateos y me legaron esa formación. Es decir, estoy enterito. Pero en este caso el asunto no tiene nada que ver con el tema y el personaje en cuestión. Lo aclaro para que no se me distraiga, niña en flor, en detalles étnicos ni se me acuse de racista o cosa parecida.
Es que Don Pepe, de él se trata, anduvo por acá desparramando frases ingeniosas. Llegó invitado por los chicos y chicas de Franja Morada de la Facultad de Derecho, de la UNCuyo. La excusa: presentar su libro "Los hombres del Juicio", una reivindicación de la iniciativa de Alfonsín, Raúl, con la intención oportunista de darle un poco de combustible a Alfonsín, Ricardo, en las elecciones recientes. Objetivo no cumplido, siga participando.
Pero bueno, a veces pasa. Es como hacerme correr un maratón. Misión imposible. Cuando falta materia prima se suspende la producción. O, lo que es lo mismo, el que nace pito nunca llega a corneta, dice el refrán.
La cuestión es que Don Pepe, apenas aterrizó en el medanal cuyano, dijo que "gobierna el mismo movimiento que indultó a los militares que condena". Así, textualito. Lo escupió un día después de las condenas a Astiz, Acosta y los otros secuaces de la ESMA, y el día del primer aniversario de la muerte de Néstor. Un exabrupto extemporáneo.
Apenas lo leí me sedujeron dos opciones. El tipo es un boludo prestigioso o es un provocador decadente. La primera no me cierra. Por ninguna de las acepciones. Y me queda la segunda, que paso a analizar, morocha en fuga.
Un colega (ése sí con prestigio vigente) me hizo ver que comparar a Menem con los Kirchner, en este rubro y en tantos otros, es como identificar a Galtieri con los soldaditos que dejaron su cuerpo en Malvinas. O como decían muchos judíos a la salida de la Segunda Guerra, que todos los alemanes eran devotos hijos de Hitler, mancillando a Einstein, Mann, Luxemburgo y tantos otros dignos.
La segunda opción es más interesante. Aunque "toda la Historia es Historia contemporánea", como bien dice Benedetto Crocce (¿no es cierto, Felipe?), la aparición del libro atrasa. Mucho se ha escrito al respecto y, en todo caso, la sana proliferación de juicios y condenas de estos días a los genocidas es parte de un hilo conductor que arranca con aquel proceso inicial. La misma línea histórica. Claro que estas sentencias no son pronunciadas por el "movimiento que gobierna", según el léxico con tufillo simiesco de Don Pepe, sino por los jueces de la nación.
Es que Eliaschev, el gorila circunciso, parece seguir el derrotero (término nunca mejor empleado) de su candidato derrotado. Es un caso más de una especie en vías de extinción. Aunque nunca faltan los ambientalistas que comenzarán una campaña para intentar conservarlos. En este caso serían conservadores, no conservacionistas.
Tengo una tercera opción. Vamos a tomarnos un helado. Vos con el flequillo al viento y yo con el paraguas de tu sonrisa.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Cambio de dieta

Fue la cara visible de un tiempo de angustias. Llorosa y visible. En 2001 dos trenes corrían en direcciones enfrentadas y por la misma vía. En uno viajaban los especuladores del hambre, los truhanes de la verdad y sus esbirros. Iban jugándose las vidas, las nuestras, con naipes marcados. Quedará para el análisis del porvenir si fallaron o buscaban a conciencia estrellarse contra el otro tren. En ése íbamos quienes nos levantamos cada mañana, desde hace siglos, para llevar el pan a los hijos y los ladrillos al futuro. El choque fue inevitable, purificador, sangriento y emblemático. Los muertos nos miran hoy con su sonrisa de espectros, quizá sabiendo que lo que hoy pasa lleva su marca.
En su Tucumán natal, Bárbara Flores, entonces Barbarita, fue entrevistada por la periodista María Julia Oliván para el programa televisivo "Detrás de las noticias", creado y conducido por Jorge Lanata.
Lloró ante las cámaras, como lloran los niños que tienen hambre. Sin maquillaje, a moco suelto. Las imágenes se globalizaron y el mundo supo (o se hizo el que supo) que aquí, en Argentina, morían por desnutrición los que deberían estar nutriéndose el cuerpo y el pensamiento.
La técnica comunicacional no nació con ese episodio. Tal vez haya sido Pinky, la inefable conductora devenida en política macrista, quien haya inaugurado en los sesentas ese maldito método de conmover el morbo del televidente. Fue, creo recordar, en Santa Fe o alguna otra zona del Litoral. Una inundación más había dejado el tendal de pobres desparramados y al amparo (o desamparo) de la caridad cristiana y el tardío y escaso auxilio estatal. Hasta que no hizo llorar a un hombre rudo físicamente pero quebrado en su autoestima, no paró. Después fue Piero el que cantó "La inundación número no sé cuánto", para pedir "que se vaya la televisión", con ritmo de chamamé.
Pero la televisión no se fue nunca más de donde corre sangre o donde la desgracia sienta su culo infernal. La televisión vende. Lo demás es lo de menos, inclusive la dignidad.
Perdón, cierta televisión. No toda.
Vuelvo a Barbarita. Hoy ya es Bárbara. Hace muy poco, la otra televisión, la pública, la fue a ver. Estudia, sigue tímida y ya no llora en cámara. Recibió una netbook, como cualquiera de los chicos y pibas de las escuelas estatales del país. Su papá tiene trabajo genuino y tampoco brindó un show de desgracias para alimentar el rating.
Mientras escribo este textículo me informan que Jorge Lanata fue internado, grave, en el Hospital Británico de Buenos Aires. Junto con el sincero deseo de que vuelva a provocarnos con sus delirios decadentes, se me ocurre pensar en ciertas paradojas paradigmáticas. Hoy, Bárbara Flores (por favor,ya no más ese Barbarita minusvalente) está mejor que su "descubridor". Y no me refiero al peso corporal. O no sólo a eso.
Es que hemos cambiado la dieta. Hasta no hace mucho, era ingrediente de la entrada, el plato principal y el postre. Hasta en el mate, el café e infusiones varias, había una fuerte presencia de él. Pero, está comprobado, los argentinos ya no comemos vidrio.

martes, 25 de octubre de 2011

El rocío

"La ideología no es algo críptico ni una clave de sectas: es la noción básica que cada uno tiene sobre la mierda y el rocío"
Orlando Barone

Pude conocerlo y faltó a la cita. Iba a venir a Mendoza el 20 de noviembre de 2010. Estaba invitado a la degustación anual que la Bodega Familia Zuccardi hace para celebrar los vinos nuevos y el trabajo fecundo sobre una tierra sufrida y amada. Íbamos a compartir con él, con Felipe Pigna, Luciano Galende, la Negra Vernacci y miles de mendocinos, el asado, los frutos y la solidaridad. No vino. Se murió un 27 de octubre, dicen que como daño colateral de las balas que mataron al estudiante troskista Mariano Ferreyra una semana antes.
Me hubiera gustado decirle que le devolvió a este tipo sesentón el honor de ser ciudadano del Sur, que lo impulsó a renovar su ímpetu y su curiosidad por las nuevas maneras de buscar al prójimo, le aclaró su lugar en el mundo, junto a los marginados, los grasitas, los más. Pero no pudo ser. Ese día Felipe y yo presentamos su "Libertadores de América" entre toneles y el cariño de la gente.
Ese día nos hizo falta. También el domingo 23 a la noche, cuando la Historia (la señora que mi amigo Galeano pide acompañar, no empujar) dio el paso que la época necesita.
Néstor Kirchner y su camino hacia el poder creció "desde el pie", como sigue cantando Alfredo Zitarrosa. Con apenas el 22% de apoyo ciudadano en 2003, entró a la Casa de Gobierno nacional sin complejos y con la convicción necesaria para sacar a la Matria del infierno al que la llevaron varios de los postulantes de la oposición actual. Más de uno, seguro.
Comienzo por él porque fue el primer actor de una obra que hoy suma a millones.
Un padre, una madre y un bebé en su cochecito. El periodista le pregunta por qué está en la Plaza. Y el pibe, porque el padre es un joven que no llega a 30, le cuenta que en diciembre de 2001 estuvo "laucheando", un porteñismo eufemístico que significa saqueando. Entraba en supermercados junto con otros como él y arrasaban con lo que podían. Preferentemente, comida y electrodomésticos. Hoy puede elegir laburos, dijo.
Otra. Tiene barba, negra y tupida. Lleva sobre sus hombros al hijo. Dice que no es ni fue militante, esa categoría tan demonizada por Don Mediático, el censor de voluntades colectivas. Se le humedecen los ojos. Es su propio rocío.
Otra. Un cartel hecho con fibras azules, casero y con la inspiración de los que saben de dónde vienen y adónde van. Se nota que ella, porque es una mina, ve televisión. A lo mejor así conoció a Grecia, Portugal y España. La pancarta dice: "No soy una indignada. Soy feliz".
Se me dirá que retrato casos individuales. Es cierto. Pero con un detalle. ¿Cómo llamar a un fenómeno que abarca a once millones seiscientos mil casos individuales? Un filósofo caracúlico le llamó fascismo. Allá él. La sonrisa de aquel pibe que saqueaba para comer no tiene el rictus de odio que caracteriza a los fachos, precisamente. Ahora que lo pienso, el mismo rictus de odio con que el filósofo en cuestión dictaminó su sentencia.
Acerca de la figura, personalidad y proyección de Cristina ya escribieron Mario Goloboff, José Pablo Feinmann, Sandra Russo, Mempo Giardinelli. También Marta Dillon dijo lo suyo respecto del tobogán ético y político de Elisa Carrió. Con el valor agregado de que Marta es la autora de "Santa Lilita" (2002), una fenomenal biografía de la otrora esperanza blanca del neoprogresismo nacional.
Como venimos de allí, de un país con mal olor, saqueado, laucheado, con abulia, con anomia y anemia, enmierdado por los poderosos defecantes ; como sospecho que, cada vez que la miro hablarnos y la escucho mirarnos, se me humedecen los ojos pero no se me enturbia la mirada, es que creo que estamos aprendiendo, lenta pero sólidamente, que somos capaces de producir rocío. Ese fresco perfume de los amaneceres.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Guatemala y Guatepeor

 "Yo los conozco"
  León Gieco


  A Fabián Galdi, maestro

No se trata del país. Los mayas, los que sobrevivieron a los genocidios, dejaron una cultura riquísima que los turistas se llevan en forma de vasijas y telares para adornar sus hogares y cubrir sus anatomías. Pero dejémoslos tranquilos y regresemos a nuestras canchas (término que, de paso, también tiene origen indígena de estas comarcas).
Uno se ha entronizado desde tiempos dictatoriales y va a gobernar las pelotas, los penales, los pases (ambos, las transferencias y los de jugador a jugador), las selecciones, las elecciones, las hinchadas, las entradas y las salidas, los premios y los castigos, los campeonatos y los descensos. Todo, bajo el sacrosanto mantel del negocio. Tuvo socios con los que curró y después se enojó. Como a tantas cosas en nuestra Matria, lo salvó este gobierno porque puso el ojo y el oído en las mayorías y transó con el señor que tenía en sus manos el llavero de todas las puertas del edificio. Don Guatemala no se hizo mejor tipo por el Fútbol para Todos. Todos nos hicimos más y mejores ciudadanos pero, por eso mismo, no nos olvidamos del Mundial 78, ni de los años de connivencia con la otra mafia. La que nos obligaba a pagar para ver porque "es más democrático" o tratar de descubrir algún amigo o familiar entre las hinchadas televisadas (una vez descubrí a Martín Caparrós entre la hinchada de Boca, obvio. Sus bigotazos subían o bajaban según Román jugara para adelante o para atrás. Esa tarde, al menos, lo vi triste. O habrá sido mi alegría, no sé).
Como buen pragmático y rosquero, el vicepresidente de Fifalandia, se aferró a las polleras de la Morocha y ahora mi cuñado, que es fana de Atlanta y yo, que soy gallina, podemos igualar derechos. Pero no es una concesión graciosa de don Guatemala. Es un gesto más de inclusión de un modelo, molesto para poderosos y generoso para mayorías. Así de simple y complejo a la vez.
Guatepeor es dueño de mi provincia. Tiene el gas, el petróleo, la electricidad, se supone que le afanó terrenos a la UNCuyo, hasta hace poco era el dueño del agua, hasta que secó a la empresa y se la devolvió al Estado, el tonto de la película. Saca y pone ministros, candidatos y funcionarios menores. Ahora le dio por adueñarse de un club popularísimo para usarlo como escalera al éxito político. Alguna vez nos amenazó con postularse para gobernador. Como no se le movió la aguja de las encuestas, ataca por el lado de las negociaciones espúreas que lo acerquen al poder en serio. Siempre es más fácil transar con pocos que convencer a un pueblo en marcha. Sus medios son enteros aunque no valen ni medio (no confundir valor y precio, dice Serrat). Se asoció con el Señor Moneda, como le llama mi amigo Villalba, y con el ex ministro frutal, Verbitsky dixit. Es, acá se sabe, un emblema de la escoria.
Salir de uno para entrar en otro es como darle un misil a Unabomber. El fútbol debe buscar parecerse a lo que viene, no a lo que fue. Pero tampoco vamos a dejarlos sin laburo. Seamos generosos, una vez más.
Para don Guatemala sugiero un destino pacífico y amable, después de haber cumplido 80 años y 9 nueve períodos en la letrinatrono de la AFA. Debería ser nombrado cónsul en Fukushima, con un buen sueldo, equipado con barbijos metálicos y un sueldo acorde con sus necesidades. O sea, cargo honorario.
A don Guatepeor podríamos enviarlo a Groenlandia a fundar el IFC (Iglú Football Club, así, en inglés es más pituco) y que, ya que estamos, se lleve en la mochilita a varios relatores y comentaristas locales. No sólo de fútbol.
Y, por último y por ahora, que de la verdadera Guatemala nos presten a Rigoberta Menchú para que dirija la entidad madre de este deporte bello y apasionante, como una mujer bella y apasionada. Después de todo, se entenderían mejor, de mujer a mujer.

martes, 18 de octubre de 2011

Conciencia de clase

Cuando éramos jóvenes soñábamos con construír. Algunos, pocos, se hicieron arquitectos o ingenieros. Los más, seguimos itinerarios distintos pero convencidos de que amor y lucha eran, son, pájaros de un mismo cielo. Por eso tus muslos fueron los pilares de un edificio maravillosamente sentido y pensado.
Luego llegó aquel profundo texto de Chico Buarque, hecho canción, que redime el martirio del trabajador de los ladrillos. Canción que aún nos emociona y que nunca pudimos aprender de memoria por la fenomenal complejidad de su estructura literaria.
En el cine, Elio Petri nos contó que "La clase obrera se va al Paraíso", de la mano de Gian María Volonté, pero en 1971 ya sabíamos que el Paraíso es otro invento más de un best seller que lleva más de dos mil años de vigencia. Entonces nos llegó la muerte, la tragedia genocida y los trabajadores resistieron como pudieron, pero resistieron.
Te cuento estos pareceres porque el sol (hoy opacado por cenizas volcánicas) ha dejado de ser una metáfora de luz, aunque varios muestren la hilacha, como dicen las viejas.
El pasado 2 de octubre, el diario Los Andes, nuestro clarinete prehuárpido y zanjonero, publicó una nota, firmada por Miguel Ángel Flores, con un título enigmático: "Cortes de cintas complican obra privada". Tanto alarde literario me llamó la atención y sucumbí al relato.
El colega florido afirma que los trabajadores de la construcción, son alrededor de 16.000 en Mendoza. Unos 9.000 de ellos laburan en obras públicas (las inauguraciones enmascaran ese "corte de cintas" neoborgiano). Pero el efecto colateral es que esos 9.000 ganan un 25% más que los que están conchabados por empresas privadas.
O sea, lo que molesta a estas últimas es que la clase obrera no quiere ir al Paraíso, sino mejorar su nivel de ingresos. Y, claro, eso es contagioso y los pobres patroncitos no consiguen convencer a laburantes que quieran ganar unos mangos menos. Siempre desagradecidos los cabecitas, siempre buscando las comodidades, siempre holgazaneando y tratando de entorpecer al patriótico empresariado nacional (el exceso de gerundios es un homenaje explícito a mi querido Oscar D'Ángelo).
En lugar de equiparar hacia arriba los tipos muestran una acabada conciencia de clase. Perversa, pútrida, egoísta. Un asco, como dijo Fito.

lunes, 17 de octubre de 2011

Fascistas, indignos y berretas

Según el filósofo Tomás Abraham vivimos bajo un regimen fascista. Resulta que quienes adherimos al rumbo que nuestra sociedad inició en 2003 somos fachos. En la lista de personajes intolerantes, discriminadores, secuestradores y desaparecedores, ladrones de pibes, asesinos y genocidas, podríamos incluír a, por ejemplo, León Gieco, Estela de Carlotto, Mempo Giardinelli, Vicente Battista, Liliana Herrero, José Pablo Feinmann, Gustavo Santaolalla, Andrea del Boca, Florencia Peña, Juan José Campanella, Horacio González, María Pía López, Rodolfo Braceli, Sandra Russo, Orlando Barone, Carlos Barragán, Gabriel Mariotto, Leonardo Favio, Mario Goloboff, Eduardo Aliverti, Ricardo Forster, Felipe Pigna y no sigo porque desconozco el nombre y apellido de los más de diez millones de votantes de reconocida estirpe fascista que se vieron obligados a votar por el regimen.
Destacan como paladines de la democracia Beatriz Sarlo, Joaquín Morales Solá, Héctor Magnetto, José Claudio Escribano, Marcos Aguinis, Mariano Grondona, Ernesto Tenenbaum, Jorge Fernández Díaz, Jorge Lanata, Pepe Eliaschev, Chiche Gelblung, Nelson Castro y siguen las firmas, pocas. Todos escoltas del abanderado del pensamiento tolerante y magnánimo: Tomás Abraham, la versión caracúlica de Jorge Asís.
Como el filósofo adhiere, con el fervor demostrado, a la candidatura de Hermes Binner, el líder del FAP (Frente Angosto Progresista), sería interesante saber si comparte la definición. Hasta ahora don Hermes permanece hermético.

Dos maneras, dos estilos, dos éticas y dos morales. A Mike Amigorena, actor mendocino de relevancia nacional, le ofrecieron interpretar el papel del CEO de Clarín, Héctor Magnetto, para una miniserie televisiva. Cuando ya había grabado ocho de los trece capítulos que completan el ciclo, se dio cuenta, dice, de que no sabía quién era el personaje real y entonces, argumentó, sintió que no estaba a la altura de las circunstancias. Parece que lo apretaron. Entre otras cosas, porque el programa se emitiría en Canal 13 que es, precisamente, del Grupo Clarín.
El argumento de Amigorena es, para decirlo sin eufemismos, el de un cagón. Gran actor, dicen, pero humanamente cagón. No es época para quedarse sin laburo por un apriete político y empresarial. Eso podía ocurrir en dictadura y entonces era lógico que cada uno se cuide el cuero y acepte presiones para poder subsistir. Hoy están dadas las condiciones para que nos empinemos en nuestra dignidad y, probablemente, después de un gesto de honestidad tengamos mayores y mejores posibilidades laborales.
No es un detalle menor. Amigorena ya había jugado el rol del genocida Alfredo Astiz en otro proyecto. De manera que caben dos posibilidades. O mintió, por miedo, en el caso Magnetto, o vive en un tubo y no sabe para donde queda el oeste.
Que hay otra ética lo demostró el periodista Claudio Minghetti. Después de 16 años como crítico cinematográfico del diario La Nación (o La Nazión, como prefiera) fue eyectado de su trabajo por haber saludado favorablemente la película "Juan y Eva", dirigida por Paula de Luque. Con tanta mala suerte para él, que su comentario coincidió con el de Cristina Fernández, quien públicamente recomendó en un acto ver la historia de amor entre Evita y Perón, antes de 1945.
Pero Minghetti, a diferencia de Amigorena, salió a decir lo que sentía y pensaba. Así de sencillo. Y, seguramente, tendrá trabajo. Y, seguramente, mirará a los ojos.

Es un terrateniente, dicen que actor presuntamente cómico, profesor de educación física de baja estatura. Fue incorporado a la actividad política por los peores ismos sociales: el duhaldismo, el macrismo, el reutemanismo, en fin, las formas más perversas de nuestro capitalismo de cabotaje.
Miguel Del Sel acaba de cometer una bestialidad ética. Dijo que la vigencia de la Asignación Universal por Hijo promovió el aumento de los embarazos en adolescentes para cobrar el subsidio. Llegó a decir que menores de doce años tienen hijos con ese fin. De dónde sacó el dato es un misterio que sólo José de Zer podría develar, pero ya espichó hace rato.
Ya estamos completos. Primero fue la derecheta, en boca del senador nacional por Mendoza Ernesto Sanz, quien culpó a esa iniciativa de Cristina por un supuesto aumento del juego clandestino y la droga, sin dar cifras ni fuentes de ese exabrupto. Ahora le tocó al representante de la dererreta, la berreta, insultar a casi tres millones de conmatriotas que, gracias a la asignación, mejoraron su calidad de vida. Y al resto de los argentinos, a quienes nos trata de pelotudos, como él.

jueves, 13 de octubre de 2011

La pastilla equivocada

"...es un cielo azul que viaja"
 Aníbal Sampayo

A cierta edad es normal que ocurra. Uno se despierta más temprano, lee el diario para alimentar su vocación por la rebeldía (vestigio de los ardores sociales juveniles), desayuna su cotidiano café con leche (más café que leche), sus tostadas con queso untable, preferentemente diet, su mermelada casera y cuando el ritual está por finalizar, avanza la batería de químicos artificiales. Una pastilla rosada para los dolores articulares, otra verde para los calambres nocturnos, una dorada como antioxidante. Ésas, fijas e insustituíbles. Alternativa y supletoriamente, una aspirina para el dolor de cabeza, un hepatoprotector por la comilona de anoche con amigos, otra para la acidez por las dudas. Entonces es lógico que uno, a veces, se confunda. Después de todo, los años no vienen solos y como dice mi amigo Osvaldo, si luego de cumplir 50 no te duele nada es porque estás muerto.
Tomás la verde cuando te tocaba la rosada y pasa lo que pasa.
Algo de esto les debe haber sucedido a dos conspicuos dirigentes de ambas orillas del río Uruguay. Prefiero pensarlo así y no creer que desbarrancaron exprofeso. Amanecí magnánimo hoy y no me parece haber errado en la ingesta de químicos del día.
Empecemos por casa.
Javier González Fraga es economista neoliberal y candidato a vicepresidente por lo que queda del radicalismo nacional. Declaró en estos días que sugiere y propone que nuestra matria vuelva a ser monitoreada por el Fondo Monetario Internacional. O sea, sigue practicando con éxito el ejercicio de escupir para arriba. Algún encuestador creativo, si es que tal cosa existe, debería medir la cantidad de votos por minuto que pierden con estos exabruptos atemporales.
Como dije, prefiero pensar que en lugar del comprimido antioxidante se dio con un estimulante cerebral que le correspondía a su compañero de fórmula.  La flamante jefa del FMI todavía está averiguando si las declaraciones de don Javier no son un chiste de la revista Barcelona. Como decía el célebre Ratón Ayala: "En Europa no se consigue", aunque no sé. Cierro esta primera parte extendiendo un manto de piedad sobre el paciente con el deseo sincero de una pronta mejoría.
Cruzando el "cielo azul que viaja" sucedió lo inesperado. Necesito antes contar una pequeña historia.
Nació en 1940 y papá Héctor y mamá Elena le pusieron un nombre mítico. El del coprotagonista del poema nacional uruguayo, surgido de la inspiración de Juan Zorrilla de San Martín (sí, el pariente de la gran China) y publicado en 1888. Tabaré, el indio charrúa, se enamora de Blanca que es, precisamente, blanca. Pero el de carne y hueso se enamoró de María Auxiliadora Delgado, se casaron, fueron felices y tuvieron descendencia. Él se recibió de médico y dirigente de un club de fútbol. Como fue exitoso en ambas tareas, de allí a la política, un paso. Y lo dio. Primero como intendente de Montevideo y luego, presi. Solidario con los pobres, fue ungido por el Frente Amplio (cualquier similitud con el de acá es puramente semántica).
Como el diablo mete la cola cuando menos se lo necesita, apareció disfrazado de finlandés y sin consultar con sus vecinos instaló una pastera a orillas del río binacional. Gran quilombo. Los ambientalistas vernáculos de aquí cortaron el puente carretero y terminamos en la Corte de La Haya. Se la hago corta para ir a lo que nos convoca. Hubo fallo, más o menos salomónico. Un poquito para nosotros y un muchito para ellos.
En estos días se lo vio y escuchó al Tabaré disertar ante estudiantes orientales de un colegio del Opus Dei (seguramente con el beneplácito de la muy católica María Auxiliadora). Allí confesó que tomó como posibilidad cierta un conflicto bélico con Argentina por Botnia. Imagino que esa mañana, mientras desayunaba, manoteó la pastilla contra la hipotensión y por eso elucubró ese plan surrealista. Pero dos comprimidos equivocados el mismo día ya es para preocuparse. Le fue a pedir ayuda y consejos a Condoleeza Rice y George W. Bush, los entonces mandamases del terrorismo global.
Cuál fue el error de medicamento en este segundo caso, es muy difícil inferirlo. Lo cierto es que cabe recordar que el paciente se dice socialista, progresista, que vetó una ley a favor de la despenalización del aborto promovida por su propio partido (otra vez con el beneplácito de su querida esposa), amante de la paz, la amistad entre los pueblos y declaraciones así.
Mientras tanto, el río fluye, azul como la pastilla que debió tomar equivocadamente el Dr. Vázquez.

sábado, 8 de octubre de 2011

En la caramelera

La Justicia condenó a prisión perpetua a los asesinos del enorme poeta Paco Urondo. Pasarán el resto de sus días en cárcel común, como debe ser. Sin embargo, para un diario local, El Sol, en su versión digital, Paco se convirtió ese día en "trending topics". Parece que eso quiere decir que estuvo muy citado en Twitter. Para alguien que escribió, póstumamente, "tengo curiosidad de saber qué cosas dirán de mí", enterarse de que un día fue trending topics es como sentir que le están cacheteando la militancia. La de él y la de sus compañeros, nosotros.

La muerte de Steve Jobs ha disparado la monstruosa maquinaria mercantil del capitalismo. Sin ruborizarse "ni un tantico así", como dicen Fidel y Chávez, con el cadáver todavía caliente del creativo yanqui ya está listo el libro con su biografía (se anuncia su aparición mundial simultánea para fines de octubre), avanza el proyecto de una película y la venta de smartphones batió todas las marcas predecibles, si es que el mismo sistema no se autoengaña, con fines publicitarios. Es decir, ejercita el músculo de darse manija, mordiéndose la cola.
Es que, me parece, la crisis mayúscula de los truhanes financieros globales necesita reflotar el self made man, esa marca que se impuso desde la industria del espectáculo, cuando USA la usó, sobre todo, en mitad del siglo pasado. La infancia desvalida del héroe de turno, la superación a costa del sacrificio individual, en fin, Superman, esta vez, manejando el mundo desde un aparatito.
Claro que, según algunos Steve no era un buen tipo. Lo que me lleva a pensar que un cáncer de páncreas no hace necesariamente mejor a una persona. Aunque suele producir unos negocios de la hostia, como dice monseñor.
Definitivamente, el capitalismo se alimenta de carroña.

Se llama Tomas Tranströmer, es poeta, sueco. La Academia de su país le ha otorgado el Nobel de Literatura. Las malas lenguas, entre ellas la mía, sospechan que su apellido quiere significar ombligo en su idioma natal.

¿En qué se parecen el Chavo del 8 y Elisa Carrió? Cuando Quico viene morfando un sandwich de jamón y queso (los mexicanos le dicen torta y los hispanohablantes en Yanquilandia, emparedado) al pobre Chavito, hambriento crónico, se le activan las glándulas salivales. Entonces, el muy burguesito del barrio le ofrece un mordisco. Y cuando Chavo, ojos iluminados, va a aceptar, sádico como buen burgués, Quico le retira el ofrecimiento y el bocado. La reacción del humillado es sublime. Dice "al cabo que ni quería", aunque el mundo sabe que muere por un bocado.
Ví a Carrió, postulante decorativa al cargo presidencial, decir que no quiere gobernar a un pueblo que, según ella, no ama la libertad, la justicia y la república. Claro, lo dijo después de haber sido repudiada por el 97% del electorado en las primarias de agosto pasado.
El sandwich de jamón y queso tiene más dignidad que algunos comensales.

viernes, 7 de octubre de 2011

Cielo

Cielo es bellísima. Joven, estilizada y rubia. Pero no me gustan las rubias. Claro, hago excepciones. Marylin, Graciela y ahora, Cielo.
Entró y parecía que irradiaba luz. Inmediatamente pensé, fue como una inspiración o una fantasía (suelen ser lo mismo), que traía la solución al desastre ambiental que padecemos.
Que una rubia, por más angelical que sea, produzca el alivio que todos esperamos es un delirio. Pero a mí me pareció que, agotadas las instancias científicas, las místicas, las cabalísticas y las supersticiosas, bien podía suceder que una rubia y su perfil perfecto lo lograran. Además, y verán que no es un detalle, se llama Cielo.
Hace más de seis meses que no llueve. Es Odnocam, Macondo al revés. Tenemos las mucosas secas, los ojos infectados. Los ríos de la provincia son culebras sedientas, las plantas rezan plegarias inútiles y, lo peor, el cutis de las muchachas comienza a agrietarse perceptiblemente.
Los meteorólogos son las vedettes mediáticas y cada poblador espera sus diagnósticos climáticos con más avidez que el llamado de una novia o un novio. Son también comparados con los políticos veteranos por el incumplimiento ostensible de sus pronósticos de lluvia inminente. Me contaron que algunos ya no salen de sus casas por temor a las represalias de los intolerantes que nunca descansan. Otros se asoman a la vereda con la secreta esperanza de recibir aunque sea un baldazo de agua que les alivie el sopor y les moje la esperanza.
El jardín de mi casa parece un paisaje lunar. Si esto sigue así pondré un cartel en la puerta anunciando un Ischigualasto privado y en miniatura. Tal vez lo recaudado me ayude a sobornar a los empleados municipales que venden bidones de agua marrón a precios de mercado internacional. Como se trata, obviamente, de un bien escaso no falta un economista neoliberal que justifica el negociado con el argumento de que sin ellos el drama sería peor.
En fin, tengo sed y la ilusión que me produjo la aparición de Cielo en mi vida se diluye como agua entre los dedos, si me permiten la añoranza.
Como les dije, Cielo es bellísima. Pero Cielo no llueve, ni llorando.

domingo, 2 de octubre de 2011

Se hicieron marxistas

La Argentina, país sorprendente, sigue marcando rumbos. Un fantasma la recorre. No ya aquél anunciado por el filósofo de Tréveris el 21 de febrero 1848. A no asustarse, ciudadanos y anas patriotas y matriotas.
De cara a las elecciones presidenciales del 23 de octubre, en las que se dirime quién saldrá segundo, he empezado a notar la aparición de un fenómeno que, una vez más, nos confirma como sociedad singular. Nada mejor que algunos ejemplos para aclararte, muchacha de ojos verdes, lo que descubro día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo.
El candidato radical a la gobernación de mi provincia, Mendoza, se dio cuenta de que su natural candidato a presidente no va a ganar. Por más que se empeñe en parecerse a su papi, mueva los brazos como aspas de molino, use sus trajes, su bigote y su sillón, sabe que, como canta el tango, va "cuesta abajo en su rodada". Entonces, Roberto Iglesias, el aspirante provincial, no quiere que voten para presi al que debería votar él, Ricardo Alfonsín, alias Little Richard o Alfonsinín. Así de confuso es el asunto. Hasta le pidió a la Justicia Electoral que le permita sacarlo de su boleta, aunque fracasó con todo éxito. Sin embargo (él es un tipo de principios) hace campaña pidiendo a la ciudadanía que haga lo que la justicia le niega.
Pero no es el único tipo o tipa de principios (así, en plural). Graciela Ocaña fue funcionaria del gobierno nacional en el área de salud. Le dicen, desde antes de dedicarse a la política, "Hormiguita". Ahora, de la mano del derechista pelirrojo De Narváez, promete terminar con todas las plagas si la eligen gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Si no entendí mal promete terminar con ella misma, con lo que se transformaría en la primera candidata que tiene como objetivo autofagocitarse. Todo un record.
Su jefe actual (vaya uno a saber quien será después de octubre) creía en Alfonsinín hace apenas dos meses. Y Ricardito en él. Así lo proclamaban en el spot de campaña para las primarias del pasado 14 de agosto. Como dos meses es, apenas, un pestañeo de la Historia, al abrir los ojos ya no estaba el clon trucho del mal llamado "padre de la democracia". Ahora aparecía la figura sonriente de un señor feudal, modelo siglo XXI, enfundado en traje blanco y mostrando una sonrisa de dentífrico publicitario. Entonces, el Alberto (de la tribu de los Rodríguez Saá, los propietarios de San Luis, reino mussoliniano enclavado en Cuyo) le guiñó un ojo, el derecho, obvio, y le propuso que no crea más en el otro, un perdedor nato, y se concubine con él, que viene ganando a chicote alzado las elecciones en su chacra desde hace cien mil años. Y el Colorado, que es un as para los números, se dejó seducir por la sonrisa, la promesa de wi-fi para todos, los espejitos de colores y le dio la espalda a su novio anterior y se fue para soñar con un honroso segundo puesto.
El Alberto a su vez tuvo que ceder algunos principios que, trabajosamente, había elaborado con Eduardo Duhalde, el amigo de Cecilia Pando, esa magnánima señora que reivindica el robo de bebés durante la dictadura genocida. Un voto es un voto y cotiza más que años de militancia en conjunto.
También en el oficialismo se abren las puertas para recibir a hijos pródigos que habían emigrado en busca de principios más prometedores. Cuando la desilusión les ganó el pecho y les vació las urnas volvieron al redil. Alguien le llamó sincericidio, otros un "palenque ande ir a rascarse". El palenque lo tiene Cristina, el que volvió para rascarse se llama Felipe Solá.
Pero me quedan, por ahora, sólo por ahora, dos ejemplos paradigmáticos. Federico Pinedo, diputado nacional de la derecha cheta (la derecheta, la mencionada más arriba es derecherreta, muy berreta), ha declarado que es posible que vote por Altamira (que no se llama así, pero es un detalle identitario nomás), el candidato presidencial del trotskismo y brindador preferido de Chiche Gelblung. Una obra maestra de la coherencia.
Y por último (insisto, por ahora), la precursora, la licenciada mayor en el arte del saltito de vereda, la magister en negociar principios, el ejemplo casi inalcanzable al que aspiran todos los arriba mencionados. Ella, la patricia que fue plebeya, la piba que se avejentó a golpes de timón, el numen ético de la política nacional: Patricia Bullrich.
Todos y todas se hicieron marxistas. "Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros", dijo Groucho.