martes, 29 de mayo de 2012

Los inmaculados y sus máculas


                                                                                       A Reynaldo Sietecase


Para propios y extraños queda claro que es una pelea por el poder. No sería particularmente destacable sino se tratara de predicadores de la pureza, la humildad, la solidaridad con los desamparados y la bondad. Eso los hace más odiosos, más hipócritas y menos creíbles. Justo para quienes la creencia es pilar fundamental de su edificio ético y moral. Pues bien, el edificio tiene los ladrillos podridos y sus cimientos carcomidos por la ambición desmedida.
A las piruetas de corrupción de Paul Marcinkus, el obispo yanqui, exdirector del Banco vaticano, conocido como IOR (Instituto para las Obras de Religión) en 1982, podemos sumar, entre las "obras de religión", los casos de pedofilia, la complicidad activa con los genocidios latinoamericanos, los contemporáneos y los del descubrimiento de fines del siglo XV y  principios del XVI. Por ejemplo, el Episcopado argentino acaba de confesar, en sede judicial, que sabía de las torturas, desapariciones y asesinatos desde 1978, por lo menos. Mientras tanto, el genocida Videla y sus secuaces siguió recibiendo asistencia espiritual como usted lectora, sin ningún reproche. Ni siquiera por sus propias víctimas.
Hace unos días fue eyectado de su cargo Ettore Gotti Tedeschi, el sucesor de Marcinkus, por sólidas sospechas acerca del manejo non santo de guita, supuestamente, santa. Para completar, sólo por ahora, los síntomas de putrefacción que surgen desde las catacumbas de su historia, la Iglesia católica universal no escatima perlas negras. Allá y aquí, como para justificar su condición de secta global. Es que Joseph Ratzinger, el pastor alemán que ostenta el apelativo de Benedicto XVI, está viejo y los cardenales y demás pajarracos de la mafia santa se pusieron la servilleta al cuello, afilaron los cuchillos y están ocupando sus asientos, preparándose para el banquete que dará al mundo occidental y cristiano un nuevo Papa. Para postularse al carguito parece que vale todo. Hasta el mayordomo de Maledicto, Paolo Gabriele, y su secretario, Georg Ganswein, parece que se pusieron a jugar al espionaje, emulando a James Bond, pero sin las minas de la saga cinematográfica (Julio, ¿estás seguro que sin las minas?. No, no estoy seguro.). Ahora están en cana, pero en casa vaticana. Para que no se les suelte la lengua, seguramente.
No es necesario viajar a Europa para conocer las trapisondas de estos baluartes de la democracia, la justicia y la libertad. En nuestra provincia de San Juan existe un canal de televisión abierta, Canal 4 Jesús TV, en el que, se supone, se baja línea directa acerca de la concepción misericordiosa de la vida, según los principios éticos de los Padres fundadores del catolicismo.
En el colegio "Monseñor Audino Rodríguez y Olmos", secundario confesional de esa comarca cuyana sucedió un episodio clarificador. Los alumnos formados en el patio en el tradicional momento de reflexión. Micaela Lisole, de 16 años y alumna de 5° año, pide la palabra. Se dirige a sus compañeros y les recuerda que, en tiempos de dictadura cívico-militar, desaparecieron o fueron torturados jóvenes de su misma edad. Las autoridades del colegio no habían conmemorado la Semana de la Memoria y Micaela creyó justo y oportuno cubrir ese bache. Inmediatamente la rectora le arrebata el micrófono con el argumento de que las afirmaciones de la alumna "no estaban chequeadas" (no nene, no se refiere al instrumento de pago, sino a la comprobación histórica) y la conmina a invitar, en cambio, a una marcha por los derechos de los niños por nacer. Haciendo gala de una dignidad, entereza y madurez encomiables, Micaela accede al apriete, pero insiste en su arenga por la memoria, la verdad y la justicia.
Te la hago corta. Fue sancionada con 24 amonestaciones (situación que la deja al borde de la expulsión), pese a las gestiones de su madre y el aplauso de sus compañeros al regresar al aula.
Ayer nos comunicamos con ella y nos ratificó la impresión de solidez, dando un ejemplo más del compromiso que asumió la juventud en estos últimos años. En 2003 Micaela tenía 6 ó 7 años, pero está creciendo en un país fascinante, aun con la plena conciencia de que los bolsones de pobreza no han sido erradicados, pero con perspectivas luminosas, siempre y cuando, las Micaelas se planten ante las injusticias y los métodos autoritarios y nos ayuden a construir una sociedad de mentes abiertas y corazones solidarios.
Los que usan hábito tienen el hábito de presionar a legisladores y gobernantes para evitar que pierdan clientela ante el avance de medidas inclusivas, como la muerte digna, la identidad de género o las reformas al vetusto Código Civil. Hasta se animan a desafiar los fallos de la Corte Suprema de Justicia.
Pero las máculas se le notan mucho y ya no pueden presentarse como ejemplo a seguir. No existe tintorería histórica que lave y elimine sus fechorías consuetudinarias.

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