jueves, 2 de junio de 2011

El límite

A Liliana Herrero, siempre nueva, la misma.

Somos lo que somos porque existen. Ni el fútbol, ni el dulce de leche, ni la música, ni la poesía, ni los hombres, ni, sobre todo, las mujeres, ni el paisaje que veo al salir de casa, ni los bomberos voluntarios, ni los hogares, ni las escuelas, ni las fábricas recuperadas, ni los canallas, ni la incertidumbre, ni el olvido, ni tus ojos, ni el pelo de mis nietos, ni la guitarra de mi hijo, ni el arte de Laura, ni los caballos salvajes, ni mi glándula pituitaria, ni las amigas perdidas, ni el café con los amigos, ni el corazón partido, ni el hormigón armado, ni las embarazadas, ni el aborto legalseguroygratuito, ni el vino, ni los asesinos silenciosos, ni las matemáticas, ni la escarapela, ni los libros de autoayuda, ni la televisión basura, ni los barrios privados, ni las voces públicas, ni los objetos inanimados, ni las lagartijas mediáticas, ni las hermanas prostitutas, ni el holding perverso, ni los jubilados, ni las viudas, ni los conejos, ni las galeras, ni la ESMA, ni Cristina, ni el sol del 25, ni Gardel y Le Pera, ni Liliana Herrero. Nadie sería lo que somos, esta sociedad seguiría siendo una lacra indigna si no existieran nuestras Madres de la Plaza.
Ese es el límite.

2 comentarios:

  1. Te quiero Julio. Los quiero. Las quiero.Gracias por dejarme entrar en este mundo donde por fin me siento parte de una misma historia.Como me dijo Nati una vez... todos somos hijos de la misma historia.

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  2. Si, es el límite. Hoy encendieron una mecha. El comienzo del fin.

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