martes, 14 de septiembre de 2010

Progresista ¿y qué?

Me siento invitado y entro. El debate y las polémicas acerca del progresismo en la Argentina tienen, al menos, un lado positivo. Si se está discutiendo el tema con tanta pasión es porque se supone vigente. Así lo dice don Perogrullo, personaje que no es tenido en cuenta con la frecuencia que merece. Después de todo han pasado más de setenta años del comienzo de la Guerra Civil española y se sigue dando la batalla judicial, estética y política con vigor y plenitud. Y si no, que lo diga el juez Baltasar Garzón.
Los setentas, en nuestro país, están aquí nomás. El tiempo trascurrido es, apenas, un pestañeo en la Historia. Por eso me llama la atención la fragilidad de los argumentos de Caparrós, mi amigo, en ese sentido. Él es historiador, un sólido intelectual que sabe, o debiera saber, que los hechos históricos se concatenan, más allá de nuestra voluntad. Veamos.
Uno de sus cuestionamientos más serios es aquel que le reprocha al gobierno nacional ocuparse de los derechos humanos mancillados entre 1976 y 1983 y no los vulnerados en 2010. ¿Y la Asignación Universal por Hijo, qué es, sino un intento de reparación del efecto perverso causado en la dictadura eclesiástico-cívico-militar? ¿Y la ley de medios, que viene a reemplazar una norma explícitamente milica? ¿Y el aumento automático a los jubilados dos veces por año, por ley? ¿Y el retorno al sistema de reparto de los aportes previsionales? ¿Y el matrimonio igualitario? ¿Y la declaración de interés público a la producción de papel para la prensa? Estoy haciendo un listado, no taxativo, de medidas con las que Martín se ha declarado de acuerdo.
Ahora bien, el escalón siguiente en sus objeciones es el de las supuestas intenciones del gobierno nacional. Vamos a suponer que es cierto, que cada una de las mencionadas ut supra se han hecho para acumular poder, para perpetuarse en el mismo. ¿Y para qué se supone que se gobierna si no es para acumular poder? ¿Para dejarle el espacio político al adversario? Reclamarle a estos dirigentes que nos gobiernan, socialismo, es por lo menos, una ingenuidad difícil de digerir en personas inteligentes.
También se corre el riesgo de caer en uno de los vicios más temibles en estos tiempos: la obsecuencia. A mi no se me escapa que, con el gobierno de Néstor Kirchner, comienza la primera etapa de transición de la post-dictadura. Todo lo anterior fue el mismo perro con distinto collar. Si no, caemos en una especie de pinismo, que equipara este rumbo con el menemato. Tampoco me enceguecen los aciertos como para no ver los desaguisados. Antonini Wilson, los casos de corrupción de Jaimito y asociados, la elección de Cobos como compañero de fórmula de Cristina, el coqueteo con personajes deleznables del aparato pejotista y varias perlas más, no me hacen un hombre feliz. Pero, por eso mismo, me comprometen a sumarme a los que pugnan por profundizar las medidas de redistribución del ingreso. La ley de entidades financieras, el rol desmesurado que tienen las megaempresas en el país, la recuperación paulatina del uso y explotación de nuestras riquezas y una defensa más firme de los recursos naturales son, entre muchísimas más, tareas para lo que viene.
Habrán notado, mis queridos contertulios y texticulectores, que me dirijo casi exclusivamente al vapuleado Caparrós. Insisto en que hay diferencias éticas entre él y algunos otros que opinan parecido. En los casos Lanata, Tenembaum y colegas capturados por el establishment, se nota una clara posición bolsillística. No en Martín. Él vive de otra cosa. Él, simplemente, piensa distinto. Equivocado, según mi juicio, pero honestamente.
Por otra parte, nuestro más reciente pasado está lleno y pleno de polémicas profundas y esclarecedoras. Julio Cortázar y Liliana Heker, también mi amiga, se cruzaron durísimo a propósito del exilio exterior y el interior durante la dictadura. Y, por supuesto, ninguno de los dos se convirtió en canalla. Osvaldo Bayer y Mempo Giardinelli, ambos queridos amigos de este escriba, polemizaron con enorme nivel, y yo no soy amigo de canallas.
Permítanme una digresión final. Canalla es Editorial Atlántida y su staff genocida, que editó y se benefició hasta la náusea, que se vanaglorió diciendo: "Somos gente para tí" en el rostro más siniestro de nuestra sociedad.

5 comentarios:

  1. Heker y Cortazar discutieron con un nivel que hoy se extraña,los parloteos de Caparros o el energumeno de Lanata en comparacion con aquellos diferendos es como escuchar cotorras barranqueras

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  2. Por supuesto, tampoco acuerdo con Martín Caparrós. Pero hay que reconocerle más de una cosa, Martín, acertado o equivocado, escribe desde un lugar de legitimidad que se construyó a sí mismo. A diferencia de otros que se mojan el dedo y lo sacan a la ventana para ver de qué la do viene el viento.
    Sí, Martín abrió la puerta para un debate ríspido, si se quiere, pero quienes polemizan con él, mantienen un espacio de respeto que habla de tirios y troyanos, apenas en este caso.
    Y esa forma de polemizar, habla un poco mejor de todos nosotros.
    No acuerdo de ninguna manera con las descalificaciones generalistas al uso. Sólo llevan agua para el molino de quienes quisieran que NI SIQUIERA SE PUDIERA DEBATIR EN LIBERTAD!
    Es tanto más fácil acusar a alguien de lo que sea desde la distancia virtual. No importa si se esconden detrás de esta o del anonimato. Lo que sienten es la impunidad de putear a cualquiera fuera del alcance de el mundo real. Como dice Alessandro Baricco en su libro Los Bárbaros, son las nuevas hordas que sitian la ciudadela y este gesto sienten que se apropian de una legitimidad que no les hes reconocida de otra manera o desde otro lugar.
    Como si polemizar en la vida o en lo virtual, no fuera un derecho! Como si estar en desacuerdo, implicara la necesidad inmediata de destruir al otro. Y de eso los argentinos conocemos bastante, no?

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  3. Gabriela, has dado, exactamente, en el núcleo de mi pensar y mi sentir. Te agradezco mucho.

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  4. Julio, me alegra que nuestro pensamiento esté en sintonía. Lo que parece no estarlo es mi dedo con la tecla. Corrijo error de penúltimo párrafo. Quise decir: "(...) que no les es reconocida..." Pido disculpas por la metida de dedo

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  5. En lo que a fenómeno histórico refiere,es evidente la MULTICAUSALIDAD, especialmente cuando se trata de personajes tan variados como a los que hacés alusión en tu comentario. Yo agrego una probable causa, muy general, en la que pienso desde la 125. Creo que la necesidad psicológica y social de "pertenencia", especialmente en una sociedad tan antagónica como la nuestra, se manifiesta con mucha fuerza frente a los debates medulares (a los que comienza a acostumbrarnos el gobierno actual). Entonces, al momento de adherir y pertenecer, la clase media en general y sus adalides intelectuales en particular, prefieren mirar arriba y no abajo. A Lanata, por ejemplo y más allá de su pasado de "infante terrible", siempre lo veré más próximo a "apiadarse del más débil": Magneto y no marchando junto a los cabeza negra peronchos. Claro que siempre hubo y habrá intelectuales clase media con una honestidad, coherencia y valentía a prueba de "pertenencias psico-sociales", los ejemplos sobran y permitime decir que vos sos uno. Gracias. Oscar.

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