viernes, 24 de septiembre de 2010

Otra vez sopa

Después de 53 años de vigencia me vengo a enterar. El artículo 14 bis de la Constitución Nacional es inconstitucional. Así parece, nomás. Para los señores empresarios de las entidades garcas argentinas el proyecto del diputado Recalde atenta contra el derecho de propiedad, desalienta la inversión y otras calamidades por el estilo. Cuando se les recuerda que lo único que pretende la iniciativa es poner en vigencia un artículo constitucional, argumentan, lívidos, que no es momento oportuno. ¡Después de 53 años!. La misma excusa ponían con la ley de medios.
Esta discusión forma parte del debate acerca de los usos, o no, de los derechos humanos, como política de Estado. El exabrupto de Lanata, la inconsistencia de la falsa dicotomía entre los derechos humanos en los '70 y los de hoy, de Caparrós, mi amigo, me recuerda un diálogo radial entre quien esto escribe y José Pablo Feinmann. Se había producido la primera invasión a Irak. La de Bush padre, el amiguito de Carlo (con la r pegada al paladar). Yo trabajaba en Radio Nihuil, Mendoza, del emporio Vila-Manzano. El Candil, así se llama el programa quinceañero, se emitía los lunes de 0 a 3. Un sutil homenaje a Les Luthiers ("...en su tradicional horario de las tres de la mañana..."). Claro, un programa cultural.
Le pregunté a nuestro filósofo cómo imaginaba él la posguerra. Y mientras cocinaba su cena, así me lo dijo por teléfono, respondió: "No habrá posguerra". Y, como casi siempre, tuvo razón. Siguen empantanados en una situación sin retorno, aunque Obama haya decidido la vuelta a casa de la mayoría de los invasores.
¿Qué quiero decir? Si bien aquí no hubo una guerra, sino la ejecución de un plan de escala continental para que, desde la maquinaria del Estado y bajo terror, se transfirieran los ingresos a favor de los grupos concentrados de la economía, las consecuencias de esa política siguen castigando el tejido social. En los '70 fueron las muertes, las desapariciones, los robos de bebés y la apropiación de bienes y servicios para el engorde de las multinacionales y sus cómplices locales. Hoy, es la resistencia de esos mismos grupos a las medidas de recomposición y redistribución del ingreso.
Nacho Molina, joven escritor bahiense, dice que este gobierno tiene los enemigos que él quisiera tener. Y es verdad, hay enemigos que enorgullecen.
He escuchado y visto, últimamente, lamentos sinceros por la defección de Lanata. Es que la vida no es una foto. Si bien quedará en la historia del periodismo argentino como un renovador extraordinario (Página 12, Día D, Detrás de las Noticias, varios de sus libros), nadie es lo que fue.
Porque entonces habría que pensar que Moisés Ikonicoff es de izquierdas porque participó del Mayo francés, o que Sanz es progresista porque votó a favor del matrimonio igualitario, o que Narodowski y Lombardi también lo son porque fueron miembros de la juventud comunista. Todo, altri tempi. Con Lanata, igual. Y con Caparrós, mal que me pese, igual.
¿Los motivos? Pueden ser varios y queda abierta la discusión. Unos dicen que están así porque les afanaron el discurso, otros que por sobredosis de ego. Y hay quien se atreve a vislumbrar un síntoma de andropausia ideológica. Puede ser un cocktail de todas esas elucubraciones y usted, lector, agregue las que quiera.
Mientras nos regodeamos en estas discusiones, mis vecinas van a las compras con unos mangos más en el bolsillo. Una se jubiló como ama de casa, la otra cambió su auto usado por otro, usado también pero un modelo más nuevo. La Kuky vió a su hija recibirse de abogada, y cosas así, tan maravillosamente triviales.
Es que esta película no tiene the end y la sopa está sabrosa.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¡Afirmativo, cabo Cachito!

Eramos pocos y al capellán se le prendió la sotana. Mientras la sociedad argentina, o buena parte de ella, trata de salir de la lógica guerrerista que dejó la dictadura, mientras se reparten computadoras personales para incluír a amplios sectores de la juventud en el uso irrestricto de las nuevas tecnologías, mientras la Asignación Universal por Hijo suma ciudadanía, mientras estamos avizorando otra manera de pasar de la indigencia material y simbólica al ejercicio pleno de los derechos humanos, mientras ocurren estas transformaciones, nos desayunamos con la inspiradísima iniciativa del cura Adrián Mari, 35 añitos, capellán de la Policía de Esquel, Chubut.
Muy suelto de cuerpo (lo imagino con poca ropa bajo la sotana, por eso lo de suelto) salió a decir que la denominación de "Policía infantil" fue un error. Debió llamarse, dijo, "Policía de valores". Un amigo escritor le diría: "No aclare, que oscurece". Valores policiales, quiso decir. Los pibes, hijos de personal policial, en principio, vieron sumarse compañeritos del barrio de entre 9 y 12 años. Hasta hubo un ejercicio, uno solo dice el curita, con chalecos antibalas. Menudencias. Los padres, chochos. Doña Luisa puede salir a chusmear con doña Teresita, mientras su hombre busca pizzas al mediodía y una tira de asado, si la guardia es nocturna.
Como verá, querido texticulector, un ejemplo de edificante instrucción cívica.
El gobernador Das Neves, declaró que la iniciativa no tiene aval oficial. Pero el jefe de Mari, el Comisario Mayor (de edad, de coeficiente mental no sé) Espíndola, también está chocho. O sea, el Jefe del jefe de los milicos no avala, pero consiente. Cosas veredes, Sancho...
Susana, la dinosauria viva, y Mirtha y sus arruguitas almorfativas, se deben estar disputando la primicia de llevar al sacerdote policial a sus respectivos engendros televisivos. Tinelli o Rial se van a quedar con el galardón, supongo.
Pero lo invito a imaginar esta escena:
- Padre Adrián la alférez Antonella le está mirando la pistolita al cabo Cachito.
- No creo que sea para tanto, sargento Pepito.
Y el cabo Cachito interrumpe, con su mejor cara de angelito sin alas:
- Si le enseño a manejar mi pistolita a la alférez Antonella, ¿voy a ser más hombre, mejor policía, como mi papá?
- ¡Afirmativo, cabo Cachito! y que Dios me lo bendiga.
Hoy volvió Saramago y me dijo: "El mundo sería más pacífico si fuéramos todos ateos".

martes, 21 de septiembre de 2010

Manuel, por ellos

Uno fue un inmigrante prototípico. Vino desde un pueblo que, dicen, ya no existe, Attaki, en esa zona fronteriza entre Rusia y Rumania, que veía flamear cada bandera según el humor de los generales de turno de los dos países.
Llegó a nuestras playas casi analfabeto y por voluntad propia y el consejo de los suyos se transformó en una figura emblemática de la cultura nacional, entre los veintes y los cincuentas del siglo pasado. Editó a los mejores, publicó piezas literarias que son una gloria eterna. Desde Arturo Cancela, Jorge Luis Borges, Luis Franco, Alberto Gerchunoff, Raúl González Tuñón, Leopoldo Lugones, Samuel Eichelbaum, Leopoldo Marechal y tantos otros, hasta Marcos Silber y Juan Gelman vieron su sello. Se llamó, se llama Manuel Gleizer, mi abuelo materno.
El otro se hizo desertor del ejército por amor. Doble motivo para quererlo sin haberlo visto nunca. Se quedó prendado de unos ojos gigantes y una cintura fenomenal, escondida tras las faldas acampanadas que imponía, e impone aún, la costumbre ancestral. Juan Manuel, así se llamaba, se llama, quien se convirtió en gitano por amor. Su deserción lo hizo desaparecer entre las brumas de la historia, en los cincuentas del siglo XX. Lo último que se sabe de él, es que dirigía los carromatos del pueblo nómade por excelencia, en el Brasil profundo. Lo buscó la policía argentina, pero el amor es más fuerte, dice la canción.
Mi nieto mayor se llama Manuel. Dicen sus padres que por ambos. Y algo de los Manueles tiene. Ama los libros, inventa historias, conoce algunos cuentos de Mempo, hay que leerle a Pescetti para que se duerma. Y tiene vocación de nómade, se va a las casas de abuelos y amigos, se instala como quien goza de los aires nuevos. Pata de perro, les decimos por acá a quienes usan la libertad de vivir, yendo y viniendo.
Los gitanos están en Europa hace más de quinientos años. Son entre seis y siete millones. En Francia les dicen les manouches.
Precisamente, en la supuesta capital de la cultura occidental y el origen de los derechos humanos modernos, han comenzado a expulsarlos. Son el chivo expiatorio de la crisis de un sistema que fabrica pobres y luego no sabe qué hacer con ellos.
Es una delicia caminar hoy por las calles de mi barrio. La brisa acaricia mi piel y los cuerpos de las muchachas en flor, cantan.
En Europa, sin embargo, comenzó el otoño. No sólo el meteorológico.

lunes, 20 de septiembre de 2010

El hartazgo N° 102

"Me tienen harto con la dictadura". Eso dijo, dos veces, Jorge Lanata. A la gran actriz Cecilia Roth, le produjo una profunda tristeza los dichos del otrora mítico director del diario Página 12. A mí, asco.
Basta hacer un análisis tranquilo del asunto para darse cuenta de que el hartazgo al que hace mención el periodista es, ni más ni menos, una confesión de impotencia intelectual, una mezcla de contradicción en los términos, con fuerte dosis de clasismo tardío.
Hoy, justo hoy, se conocerá la identidad del nieto recuperado 102. Un número que revela que nuestra sociedad se lame aún las más profundas heridas, producidas por los padres de esa criatura siniestra que tiene harto a Lanata.
La sociedad que emerge de aquel hartazgo muestra sus cicatrices sin cerrar. Por ejemplo, hay inseguridad en la Argentina. Un poco menos que hace 34 años, pero hay. ¡Cómo no va a haber inseguridad si Carlos Menem, Domingo Cavallo, Julio Grassi, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde y demás miembros del staff, están libres! Es cierto, Videla, Martínez de Hoz, Etchecolatz, Astiz, Menéndez, Bussi, von Wernich y asociados, fueron sentenciados por genocidas y siguen recorriendo sus últimos días de vida, de banquillo en banquillo. Algo ha cambiado en el país. Los descreídos de siempre podrán imaginar usos interesados en el tema derechos humanos. Pues, que lo hagan y se solazen en vedetismos fáciles. Las víctimas directas, en primer lugar, y quienes no padecemos desconfianza patológica, sabemos que las Madres, las Abuelas y los organismos de derechos humanos siguen su tarea de saneamiento.
La percepción de temor a la que hace referencia Robert Cox, también es cierta. ¡Cómo no va a tener temor Magnetto, cómo no va a temer Gelblung, cómo no tendrá cagadera Morales Solá, si se caen las máscaras de sus complicidades! Si vieron un spa en la ESMA, si acumularon prestigio y guita en tiempos de desasosiego, si vieron en cada joven un enemigo. Claro que deben temer. A la verdad, al juicio de la historia, al fantástico momento en que tengan que explicar lo inexplicable. Por eso Ruiz Guiñazú no quiere hablar de los colegas asesinados en Honduras. Prefiere jugar a ser la dama de hierro de una supuesta independencia periodística.
Alguna vez dije, públicamente, que entiendo a los Vila, los Manzano, los Noble y los Mitre. Ven que les tambalea el curro de siempre. Es lógico que convoquen a la SIP, que pongan el grito en el cielo (con la inestimable bendición del Cardenal Primado de turno, como históricamente ha sido desde Lué hasta Bergoglio). Pero que protesten en nombre de la libertad de expresión, es too much. Parece un chiste, Y para humorista prefiero a Capusotto.
Mirando el paisaje desde mi ventana (la que da al jardín y la supuestamente boba) me confirma que nuestro país, nuestra democracia en construcción, necesita una derecha inteligente. El muestrario de lo que hay hace agua por todos lados. Insisto en que, pese a cierta flaqueza en su discurso, hay un abismo entre Cox y Macri o Cobos o Duhalde o Alfonsín o Solá. De Carrió no opino más porque me faltan elementos de psicopatología.
En fin, que por prepotencia de dignidad, parafraseando a Roberto Arlt, hoy habrá un pibe que recupere la posibilidad de reconstruir su vida. La de los setentas, esa de la que, al pedirnos no hablar más, se nos presenta cada día con sus tragedias pero también al pie de la primavera. Mañana.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Surtidos, pero a buen precio

Miguel Ángel Toma declaró, creo que es diputado, que Néstor Kirchner es el Videla de estos tiempos. Nadie me lo contó, yo lo vi. ¿Qué toma Toma? ¿Desayuna con el mismo brebaje que Sylvina Walger y Elisa Carrió?


Almuerza con la señora Mirtha Legrand... Florencia de la V. La actriz, vedette y cantante (sic) travesti, cuenta que está tramitando el cambio de nombre en su documento de identidad. La morfóloga le apunta y dispara: "Pero vos te llamás Carlos". Florencia, con los reflejos de Nicolino, responde: "Si, también podría llamarme Julio". Y llega el momento estelar, ese que la tía Rosa deja fluir por el aire televisivo con la impunidad que da tanta rosa rococó rosada. "Un cuerpo tan femenino y Carlos, un nombre tan de macho".
Le Parc, Cortázar, Verne, De Vido, César, yo y tantos que en la Historia han sido, nos declaramos ofendidísimos por la discriminación nominativa de la jurásica mediática.
El nombre Rosa, pincha.


Las movilizaciones estudiantiles, las tomas de colegios y facultades son políticas, dice el gerente general de Capital Federal, y sus gerentitos.
Sí, son. Tan políticas como los presupuestos subejecutados, los nombramientos de funcionarios procesados, los derrumbes criminales, las inspecciones mal hechas, o no hechas, o negociadas, las escuchas clandestinas, las ratas estudiosas, las aulas congeladas, las provocaciones permanentes.
Sí, los pibes y las pibas hacen política, pero se educan para eso. Y se les nota. En el fondo, están lidiando con tipos maleducados y mal educados, que no es lo mismo pero es igual, como dice Silvio.


Me escribe una querida amiga ¡desde Francia! para contarme que en el Hospital Lagomaggiore, de Mendoza, los enfermos, los viejos, en fin, los pobres son mal tratados y maltratados (que no es lo mismo pero... Silvio). Vaya con la novedad. ¿Será, otra vez, la renovación de aquella campaña antiargentina que denunciaban los genocidas, esta vez con especial énfasis en jorobar funcionarios de cabotaje? Como en esa maravillosa canción de María Elena Walsh, el sistema crea pobres y enfermos, pero esta vez no regala el hospital, lo descuida.


El sistema fabrica pobres, dijimos, y los hace migrantes. Y después no sabe dónde ponerlos. En USA, capital mundial de la opulencia, aumenta la cantidad de seres humanos descartables. La pobreza también puede crecer a tasas chinas. Pero nunca falta un iluminado protonazi que encuentre la solución. Sarkozy, presidente del país ombligo de los derechos humanos, dice haber encontrado la solución a la crisis. La culpa la tienen los gitanos, como antes los judíos, los homosexuales, los masones o, vade retro, los ateos.
Sandro se revuelca en su tumba. ¡Merde, Nicolás, merde!

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Pérdidas y ganancias

La visitamos tan poco. Si a alguien se le ocurriera pararse en cualquier esquina de cualquiera de nuestras ciudades con ella, terminaría pidiendo auxilio psiquiátrico. Nadie, o casi, la conoce. Vive citada, a ciegas, como las prostitutas finas que hacen contacto por internet. Como ellas, es manipulada por perversos gerentes, en este caso, disfrazados de respetables representantes nuestros. Estoy hablando, escribiendo, de la Constitución Nacional y su articulado.
El diputado nacional Héctor Recalde, peronista de extracción gremial, presenta en estos días, un proyecto de ley para aplicar en la vida real un artículo de nuestra ley fundamental. El 14 bis.
En uno de sus párrafos dice, textualmente: "...participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección...". Se refiere, claro, a los trabajadores de esas empresas. Los megadueños de los bienes (esos que, a veces, han producido tantos males en nuestra historia) acusaron recibo. Y acusaron, de paso, al autor de la iniciativa de intentar cubanizar la Argentina.
Es tanta la avaricia por la renta, la ignorancia y el desprecio consuetudinario por la Constitución, que no saben, o no quieren saber, que el artículo de mentas, fue incorporado a la Carta Magna en 1957. Casi dos años antes de que Fidel, el resurrecto, entrara con los barbudos a La Habana. De donde se puede imaginar uno que Batista y los azorados empresarios rufianes que tenían a Cuba como garito de week end, pueden haber pensado que las primeras medidas de los revolucionarios a favor de los trabajadores cubanos, eran mala influencia de la legislación argentina.
Siempre, o casi, han estado más cómodos cuando la Constitución estuvo guardada, violada y en desuso. A la Unión Industrial Argentina, la Sociedad Rural y otras bandas afines suele molestarles la ley. Han currado mejor mientras podían negociar sin ataduras legales. Ahí está  para corroborarlo el patético señor Magnetto y sus empleaduchos periodísticos. Entonces recurren al cuco del comunismo o del nuevo fantasma de sus pesadillas siglo XXI: Hugo Chávez.
Pienso qué dirán los ultraizquierdistas agrupados en el FPGF (Frente Patriótico Gata Flora) ahora que un representante gremial pretende favorecer a los obreros del país. Ni más ni menos.
Sin embargo, la iniciativa de Recalde es prudente. Establece que, en una primera etapa, alcance a las empresas con 300 trabajadores, por lo menos. Y que la participación sea del 10% de la rentabilidad. Hay países de la Europa capitalista que ya la tienen vigente y, pese a eso, la crisis del capitalismo timbero no ha sido asignada a los laburantes, aunque ellos pagarán el pato de los desaguisados financieros de los sacrosantos bancos.
Violeta se sigue preguntando, "¿qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma?".
Y yo, ¿qué dirá el Cardenal, que vive en Baires?
De las pérdidas, ya se sabe quien se hace cargo.

martes, 14 de septiembre de 2010

Progresista ¿y qué?

Me siento invitado y entro. El debate y las polémicas acerca del progresismo en la Argentina tienen, al menos, un lado positivo. Si se está discutiendo el tema con tanta pasión es porque se supone vigente. Así lo dice don Perogrullo, personaje que no es tenido en cuenta con la frecuencia que merece. Después de todo han pasado más de setenta años del comienzo de la Guerra Civil española y se sigue dando la batalla judicial, estética y política con vigor y plenitud. Y si no, que lo diga el juez Baltasar Garzón.
Los setentas, en nuestro país, están aquí nomás. El tiempo trascurrido es, apenas, un pestañeo en la Historia. Por eso me llama la atención la fragilidad de los argumentos de Caparrós, mi amigo, en ese sentido. Él es historiador, un sólido intelectual que sabe, o debiera saber, que los hechos históricos se concatenan, más allá de nuestra voluntad. Veamos.
Uno de sus cuestionamientos más serios es aquel que le reprocha al gobierno nacional ocuparse de los derechos humanos mancillados entre 1976 y 1983 y no los vulnerados en 2010. ¿Y la Asignación Universal por Hijo, qué es, sino un intento de reparación del efecto perverso causado en la dictadura eclesiástico-cívico-militar? ¿Y la ley de medios, que viene a reemplazar una norma explícitamente milica? ¿Y el aumento automático a los jubilados dos veces por año, por ley? ¿Y el retorno al sistema de reparto de los aportes previsionales? ¿Y el matrimonio igualitario? ¿Y la declaración de interés público a la producción de papel para la prensa? Estoy haciendo un listado, no taxativo, de medidas con las que Martín se ha declarado de acuerdo.
Ahora bien, el escalón siguiente en sus objeciones es el de las supuestas intenciones del gobierno nacional. Vamos a suponer que es cierto, que cada una de las mencionadas ut supra se han hecho para acumular poder, para perpetuarse en el mismo. ¿Y para qué se supone que se gobierna si no es para acumular poder? ¿Para dejarle el espacio político al adversario? Reclamarle a estos dirigentes que nos gobiernan, socialismo, es por lo menos, una ingenuidad difícil de digerir en personas inteligentes.
También se corre el riesgo de caer en uno de los vicios más temibles en estos tiempos: la obsecuencia. A mi no se me escapa que, con el gobierno de Néstor Kirchner, comienza la primera etapa de transición de la post-dictadura. Todo lo anterior fue el mismo perro con distinto collar. Si no, caemos en una especie de pinismo, que equipara este rumbo con el menemato. Tampoco me enceguecen los aciertos como para no ver los desaguisados. Antonini Wilson, los casos de corrupción de Jaimito y asociados, la elección de Cobos como compañero de fórmula de Cristina, el coqueteo con personajes deleznables del aparato pejotista y varias perlas más, no me hacen un hombre feliz. Pero, por eso mismo, me comprometen a sumarme a los que pugnan por profundizar las medidas de redistribución del ingreso. La ley de entidades financieras, el rol desmesurado que tienen las megaempresas en el país, la recuperación paulatina del uso y explotación de nuestras riquezas y una defensa más firme de los recursos naturales son, entre muchísimas más, tareas para lo que viene.
Habrán notado, mis queridos contertulios y texticulectores, que me dirijo casi exclusivamente al vapuleado Caparrós. Insisto en que hay diferencias éticas entre él y algunos otros que opinan parecido. En los casos Lanata, Tenembaum y colegas capturados por el establishment, se nota una clara posición bolsillística. No en Martín. Él vive de otra cosa. Él, simplemente, piensa distinto. Equivocado, según mi juicio, pero honestamente.
Por otra parte, nuestro más reciente pasado está lleno y pleno de polémicas profundas y esclarecedoras. Julio Cortázar y Liliana Heker, también mi amiga, se cruzaron durísimo a propósito del exilio exterior y el interior durante la dictadura. Y, por supuesto, ninguno de los dos se convirtió en canalla. Osvaldo Bayer y Mempo Giardinelli, ambos queridos amigos de este escriba, polemizaron con enorme nivel, y yo no soy amigo de canallas.
Permítanme una digresión final. Canalla es Editorial Atlántida y su staff genocida, que editó y se benefició hasta la náusea, que se vanaglorió diciendo: "Somos gente para tí" en el rostro más siniestro de nuestra sociedad.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Por todo eso

"Me gustan los estudiantes
que marchan sobre la ruina
Con las banderas en alto
va toda la estudiantina"
Violeta Parra

Aunque los acusen de chavistas, aunque idolatren a Lev Bronstein, a Iósif Dzugashvilli, a Vladimir Uliánov, a Ernesto Guevara y a Rodolfo Walsh. Aunque digan pertenecer al efepeve, al po, al pi, al pehache, al pece, al peceerre, al emeteese, al petese, a esepete o a aquel. Aunque rindan una materia por año. Aunque, a veces, la remera que usan pida relevo. Aunque parezcan ingenuos. Aunque Alejandro Lipcovich, el presidente de la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires) cometa verdadicidio al comparar el comportamiento del gobierno porteño con el nacional, respecto de la actitud hacia la educación pública.
Aunque, no. Por todo eso y porque quienes los persiguen son los padres de las ruinas, porque la basura periodística les muestra sus garras discriminatorias, porque, por mucho menos, el país vivió y murió con "La noche de los lápices", porque le hacen pito catalán a la despolitización enfermiza de los gerentes de la sociedad, porque le mojan la oreja a los empresarios privatizadores, porque se hacen cargo del "pecado" de no querer rendir un parcial o escuchar un teórico con Mickey de compañero de banco, porque para ratas ya tienen demasiado con el jefe del ejecutivo porteño y su gabinete, porque esperan llegar a recibirse de ingeniero para usar casco, y no cursando, porque se cagan de frío en invierno y de calor en verano y porque están en la edad para joder a los poderosos y ojalá no se les pase nunca, porque dan la mejor señal de que esta sociedad está viva, en medio de tantos muertos, parafraseando a Víctor Heredia.
Por todo eso y porque alguna vez tomé un colegio y me sentí primavera, voy al equipo de música y pongo a todo volumen los versos de Violeta, para mí, en la incomparable versión de la Negra Sosa.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Caparrós

Me fui, inmediatamente, al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Vicios que tiene uno, ¿vio? La voz "canalla" tiene dos acepciones: gente baja, ruin, dice la primera. Persona despreciable y de malos procederes,  la segunda.
Martín Caparrós es mi amigo. Es uno de los regalos que me ha dado este laburo apasionante y, a veces, insalubre. Martín Caparrós no es un tipo ruin ni es despreciable ni de malos procederes. Creo, con la misma frontalidad y honestidad con que plantea sus puntos de vista, creo digo, que está equivocado en algunos de sus dichos.
Si usted me permite voy a mencionar un listado de canallas que se han ganado el adjetivo a fuerza de perseverar en actitudes que los ponen en el cuadro de deshonor de nuestra historia.
Carlos Menem es canalla consuetudinario y en extinción.
Héctor Magnetto es un canalla vip. Se lo ha ganado con creces.
Samuel Gelblung es un canalla. Día a día renueva el carnet.
Elisa Carrió devino canalla cuando decidió defender un monopolio, movida por su odio patológico.
Ernesto Sanz es un canalla porque ofendió a los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo.
Hugo Biolcati es un canalla oligarca que puede mentir sin límites para defender sus intereses mezquinos.
Joaquín Morales Solá y Pepe Eliaschev, Ernesto Tenembaum y hasta Jorge Lanata pueden llevar el mote en la mochila de su conciencia. O lo que les quede de ella.
Ninguno de ellos alcanza la estatura moral de Martín.
Él declaró su satisfacción y acuerdo con algunas medidas del gobierno, aunque dudó de, lo que él denominó, segundas intenciones. Como si la praxis política tuviera que ser una fábula de Esopo o Samaniego.
No tengo ningún inconveniente en declarar que me parecen objeciones menores. Rescato los beneficios que esas medidas (la Asignación Universal, la estatización de los bienes previsionales, la ley de medios y la declaración de interés público de la producción de papel para diarios) tienen en la puja interminable por la redistribución del ingreso, medidas que han sido apoyadas explícitamente por Caparrós. Discrepo con él, por ejemplo, respecto de su posición referida a los juicios por delitos de lesa humanidad. Opino que cada una de las medidas que él considera positivas, tiene su origen en el deseo, concretado, de corregir las perversiones de aquella época.
Desde que lo conozco, al calor del efervescente 2002, ha sido un opositor. Y, de alguna manera, lo sigue siendo. Pero eso no lo convierte en un canalla. Tan sólo en un sospechante, un incómodo.
Para ser sincero, no me lo imagino oficialista. Nunca.
Supongo que, pese a la diatriba televisiva del actor Raúl Rizzo en 6-7-8, Martín seguirá opinando, seguirá escribiendo sus inmejorables crónicas, amando a su hermosa pareja, durmiendo a pata suelta y, espero, disfrutando con sus amigos. Entre los que tengo el honor de contarme.

martes, 7 de septiembre de 2010

PM

Noviembre de 2007, en Maracaibo, Venezuela. Habíamos sido invitados a participar del III Encuentro Internacional de Filosofía "Humanismo, Socialismo y Revolución". Estábamos desarrollando el trabajo de comisión en un aula de la Universidad de Zulia. Llegó un poco tarde y se sentó a mi lado. Cuando empezó a hablar, su tono sincopado me confirmó que era paraguayo. Así conocí a Martín Almada. Con el transcurrir del Encuentro nos fuimos encontrando. En estos días y pese a la distancia geográfica, crece mi admiración, respeto y cariño por él. Es, sin dudas, uno de los imprescindibles del poema de Brecht.
A los postres de un almuerzo nos contó su trágica y valiente historia. Estaba con nosotros la querida intelectual bolivariana Carmen Bohórquez, hoy Viceministra de Cultura de la Revolución Bonita, creo.
Martín nació en el Chaco paraguayo, de familia muy pobre. Fue pedagogo y, junto a su primera esposa, creó un Instituto célebre por su calidad educativa y los principios solidarios del cooperativismo. Por supuesto, la dictadura de Alfredo Stroessner los persiguió a muerte, literalmente. La esposa, Profesora Celestina Pérez, murió torturada por los genocidas. Martín lloró mientras nos contaba esta historia. Martín Almada, hombre digno, llora cada vez que refresca su memoria y ese llanto es su combustible más eficaz contra el perdón y el olvido.
Pasaron cosas, mientras tanto. Él mismo fue encarcelado y torturado. Ya se había recibido de abogado y su delito mayor, defender obreros e intelectuales libertarios, era incompatible con la corrupción y los vejámenes de la dictadura más añosa del continente.
En 1977 recupera la libertad, merced a la campaña internacional que pedía por su vida. Estando asilado en la Embajada de Alemania, descubre los archivos del Plan Cóndor, el 22 de diciembre de 1992, en Lambaré. A él le debemos ese hito histórico en la investigación de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por las dictaduras latinoamericanas, al amparo de la Doctrina de la Seguridad Nacional, corpus ideológico made in Henry Kissinger.
En esa época hablar de PM era designar al Partido Militar. El término lo usaban politólogos y periodistas emperifollados, al estilo Mariano Grondona y Bernardo Neustadt (que no descanse en paz, eternamente).
Se puso de moda hablar del Partido Militar como si toda la teoría política hubiese retrocedido a las catacumbas del pensamiento.
Una vez concluída la tarea de desmembramiento y disolución del aparato productivo de cada país, el Plan Cóndor y el PM, se adecuó a las nuevas directivas de los organismos que dirimen la timba internacional y las políticas necesarias para su aplicación. En la Argentina nos costó la desaparición de 30.000 personas, el robo de niños y de recursos naturales. Aún padecemos secuelas de esa infección.
Y tanto las padecemos que hoy PM no refiere más a la influencia militar en la sociedad. Hoy PM es Partido Mediático, con sus brazos agropecuarios, empresariales,industriales, pseudointelectuales y psicopáticos (véase si no a Miss Villa Freud), místicos o eclesiásticos. Todos bajo la sombrilla de los cómplices, ahora sabemos que activos, de aquel PM originario y tan sumisos y dependientes ellos, como en los años de plomo.
Claro que, puestos a imaginar, PM puede significar también Pura Mierda, Patria Mía (¡Ay!), Pinta Mejor y, la que más me gusta, Para Martín.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Cristiano, ma non troppo

Está preocupado el hombre. No es que sus negocios anden mal, al contrario. Recoge la guita en containers. Dicen las estadísticas del rubro que la producción de automóviles en la Argentina creció más del 52% en un año. La preocupación de Cristiano Rattazzi, capo total de Fiat Argentina, es por lo que él llama "inseguridad jurídica", motivada por un incremento peligroso de la conflictividad laboral, según su óptica.
Ahora bien. Los dichos del cristiano Cristiano dan por tierra con la pseudo teoría científica de Francis Fukuyama, aquel que se entusiasmó con la caída del Muro de Berlín y decretó el fin de la Historia. Por si hacía falta una prueba más de la presbicia malintencionada del tío Francis, aquí está tío Cristiano para confirmarlo. Es que, lo que el solterón automovilístico llama conflictividad laboral es, ni más ni menos, lucha de clases.
Me animo a escribir que, desde la Revolución Industrial por lo menos, es la lucha de clases el motor que mueve el mundo, la sangre de las reivindicaciones sociales la han puesto los trabajadores, manuales y urbanos principalmente, pero también los del campo y los intelectuales que comprendieron y comprenden la lógica perversa del capitalismo.
Para el cristiano Rattazzi sería más seguro que no existieran las paritarias, ni las indemnizaciones por despido, ni las vacaciones, ni los sindicatos, por supuesto, ni el Estado, ya que estamos. Salvo que sirva para garantizarle a él y a los de su estirpe, tener las manos libres para seguir recogiéndola a mansalva, claro.
Mirá como nos venimos a enterar que Marx sigue vigente, el muy pillo. Que sus huesos ya deben ser polvo que busca el polvo, pero sus ideas andan revoloteando por la mente febril del ejecutivo insatisfecho. Claro que, desde el punto de vista de los humillados del salario, no es lo mismo sentir necesidades que tener conciencia de cómo conquistarlas. Pero eso es motivo de otra conversación con algún experto que, El Capital en mano, nos desasne.
Felizmente, hay y hubo otros cristianos. Algunos dieron el pellejo por "los pobres de la Tierra", como cantó Martí.
Monseñor Arnulfo Romero, Camilo Torres, Eduardo Angelelli, las monjas francesas Domon y Duquet, los curas palotinos y siguen las firmas.
Y que no se me acuse de anticristiano. No, al menos, esta vez. Hay musulmanes rattazzis, hay judíos rattazzis y hasta hay ateos rattazzis. Pienso, en este último caso, en Alejandro Rozitchner y me sube un escalofrío de horror y solidaridad con su padre, el extraordinario filósofo León Rozitchner.
Como verán, mi indignación es ecuménica.
De manera que lo invito a celebrar conmigo y demás compañeros por la vigencia eterna de la conflictividad laboral, que mientras las ratas si se quejen, es que vamos por buen rumbo.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Se dice de mí

Lejos de emular a nuestra promotora criolla del Papanicolau, utilizo su recuerdo como señuelo para intentar que el lector de estos textículos me preste su atención. Estrategia de marketing le llaman los estrategas de marketing, precisamente.
Se me acusa de oficialismo reincidente, obsecuente y demente. Lo niego y explico por qué. Es cierto que el rumbo y algunas medidas tomadas por el gobierno nacional me caen bien. Algunas, inclusive, me entusiasman. Y otras, me emocionan. Entre estas últimas, la Asignación Universal por Hijo, la ley de servicios audiovisuales y su correlato, el informe acerca de la monstruosa transferencia del dominio de Papel Prensa, me llegan a producir una mezcla de entusiasmo y emoción.
Sin embargo, hay cosas de este rumbo que me rompen los textículos. A saber, la elección de Julio Cobos como compañerito de fórmula presidencial, la patética construcción de listas legislativas con personajes como Enrique Thomas, pintor de obras, Felipe Solá, Carlos Reutemann, siempre corriendo en segundo plano y otros jurásicos elementos de la política vernácula. Me molesta la vocación por agujerear nuestra cordillera, so pretexto de hacer guita. Ojo, que estoy a favor de la minería, siempre y cuando se les exija a las multinacionales que respeten las leyes e inviertan lo que tengan que invertir en defensa del buen vivir de nuestros hijos y nietos, sin joder el ambiente más allá de lo razonable.
Pero, con el mismo énfasis digo que ninguno de estos peros me obnubilan el entendimiento. Son infinitamente más y mejores los motivos para emocionarme que para enojarme.
Es que no es lo mismo ser inconformista que estar disconforme. En tanto intelectual, prefiero ubicarme entre los primeros.
Un querido amigo, radical él, cada vez que me ve, dice estar asombrado de lo que, según su óptica, es mi posición muy kirchnerista. Le digo siempre que, en realidad, yo soy chavista. Que no es lo mismo pero es igual, como dice Silvio Rodríguez. Porque si Cristina tiene la relación que tiene con el bolivariano, y con Evo, y con Lugo, y con Correa, con Lula y pronto con Dilma, y con Pepe, quiere decir que si soy chavista, soy mujiquista, soy lulista, soy luguista, soy evoísta y soy correísta.
Pero si me apuran una definición deberé confesar que, sobre todo, soy opositor de cierta oposición berreta, mentirosa, genuflexa ante los monopolios, represora, garca e intolerante. Eso, por derecha. Y también soy opositor de cierta oposición ultraizquierdista que, como me dijo un taxista sui generis hace un tiempo, son conservadores porque conservan el mismo discurso desde 1905. Casi siempre funcionales a los primeros, se quedan en las imposibilidades acusándonos de posibilistas.
Son opiniones las mías. No son certezas. Mal podría considerarme un intelectual si estos dichos en voz alta pretendieran tener el valor de una certeza. Me animo a generar preguntas y dudas, pero plantado en mis convicciones. Eso es todo, o casi.
Alguna vez voté a Carrió. Creo haber aprendido del error.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Un palacio es un armón

"Abre la muralla"
Nicolás Guillén

Es una cuestión de lingüística comparada y por eso le pegan sin piedad. La sociedad argentina se ha ensañado con algunos de sus dirigentes. Con Mauricio Macri en particular. Y no es justo.
Me explico. Como los espías vernáculos se estaban entrenando para combatir indigentes, estudiantes díscolos y motoqueros sin casco. Como sus superiores se inscribían en un curso intensivo de telemarketing, tuvo que recurrir a sus más fieles proveedores: las embajadas de EE.UU. e Israel. Ya lo había hecho, hace un tiempo, el submonarca riojano. Carlos Saúl I afirmó, no recuerdo si usaba o no patillas entonces, que el gobierno judío lo había felicitado por la marcha de la investigación del atentado a la sede de la AMIA. Con menciones honoríficas así, mejor usar calzoncillos blindados. Pero volvamos al gerente capitalino.
Aquí comienza el malentendido. Otra vez aparece la figura maldita del traductor (me tiene obsesionado el tema, ¿viste?). Mauri dice que le recomendaron a Jorge Palacios para jefe policial. A su vez, Rafael Eldad, a la sazón embajador israelí en nuestro país, afirma que no conoce a nadie con ese nombre y apellido. ¿Qué pasó? ¿Quién miente? Pues, ninguno de los dos. Es el fucking traductor. No se llama Jorge Palacios la persona recomendada. En realidad, su nombre original es Iósl Armón. Armón quiere decir palacio en hebreo. Y si se fijan bien, Eldad es dadle al revés, y como en hebreo se lee de derecha a izquierda (por eso Duhalde no sabe, ni quiere saber, hebreo), el traductor traicionó, es su destino, al incomprendido prohombre porteño. Dadle Armón, dijo el diplomático y se armó el bolonqui.
Este intríngulis me lo explicó mi asesora en filología semítica, vía internet y por fonética porque, obvio, mi hebreo es muy limitado. Lo único que sé decir es shalom, pero es un término tan devaluado en la zona...
Y hablando de delirios, reapareció ella."Clarín es la última muralla", dijo, como poseíiiiida. Propone salir en defensa irrestricta de los diarios que fueron cómplices de la dictadura y, resignadamente, pide que la dejen descansar, dormir. Está, dice, desde enero pasado trabajando para la nación, o ¿para La Nación?
En fin, patria divertida la nuestra. Plena de inventiva. Un día, una de espías. Al siguiente, una blonda trucha que me trae a la memoria los versos de Guillén, para mi, siempre, en versión Quilapayún.