jueves, 30 de diciembre de 2010

Mario Trejo tiene razón

Ezequiel Morabito vive en Rosario, dicen. Al menos, vive para nosotros, desde enero de 2006. No es que nació en esa fecha. Dicen que, tal vez, siga siendo el mecánico del barrio y el titular del MBT (Movimiento Barrial Trotskista). Dicen que una noche recibió la invitación de un periodista de la FM El Altillo, que funcionaba, o funciona, dicen, a pocas cuadras de su casa y el taller. Le solicitaban, dicen, ser entrevistado en el trasnoche, a las 2 AM, dicen.
Incrédulo de que alguien lo escuche a esa hora, dicen que dudó. Aunque, finalmente, la tentación de divulgar las reivindicaciones barriales y, sobre todo, las ideológicas, dicen que lo convencieron y fue.
Los baches insoportables, las alcantarillas tapadas que con cada lluvia hacían que las calles del barrio parecieran el hermanito menor del Paraná, y la incesante mutilación del alumbrado público ocuparon casi toda la charla radial. Hasta que, al final y como una cortesía formal e inocente, dicen, el periodista le ofreció decir algo más. Agregar lo que quiera, dicen que dijo. Y Ezequiel recordó la última reunión del MBT y se mandó nomás. Dicen que dijo:
-Y exigimos el retiro inmediato de todos, absolutamente todos, los soldados norteamericanos de Afganistán, ya.
Y se fue.
Un semana más tarde, dicen, recibió una llamada telefónica del cónsul yanqui en Rosario. Sorprendido, Ezequiel le escuchó decir, con ese castellano tan peculiar, que él no tenía la autoridad suficiente como para decidir la retirada de 200.000 soldados de un país extranjero, pero que había trasladado la exigencia al señor embajador. Las comunicaciones con Ezequiel fueron ascendiendo en jerarquía hasta que, dicen, le llegó una invitación del Departamento de Estado, en New York, para discutir en las altas esferas de USA su ultimatum. Se le explicó, dicen, que les era imposible desplazar tanta gente "ya", como decía la grabación del programa, según le demostraron en esa oficina plateada con vista a los rascacielos de fama mundial. (Las Torres Gemelas ya eran polvo).
Dicen que volvió ufano, con pasajes, estadía y viáticos a cargo del imperio.
Ezequiel Morabito es, en realidad, el personaje de "Retiro de Afganistán, ya", cuento de Roberto Fontanarrosa, que integra el libro "El rey de la milonga", el último que el querido Negro viera publicado en vida, por su y mi amigo Daniel Divinsky, en De la Flor.
Poco tiempo después, unos meses antes de su dignísima muerte en julio de 2007, lo entrevisté telefónicamente. Era la tercera o cuarta vez que conversábamos. Debe haber sido en agosto o setiembre de 2006. Le conté que, mientras leía su cuento, en Mendoza había sido tomada la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, por una agrupación troska que exigía algunas cosas piolas (más turnos de exámenes, retirar los crucifijos de las aulas, suprimir la misa de graduación y otras barbaridades atávicas de las que hace gala, históricamente, esa choza de estudios) y el retiro de las tropas yanquis de Irak, ya. Por supuesto, el Negro se cagó de risa.
Casi un caso de realismo socialista.
Visto y oído el arrebato patoteril del duhaldismo y el zumbido de abejas enloquecidas de los troskos funcionales de estos días, recordé el cuento y también aquel fragmento del poema de Mario Trejo, "Apuntes para una crítica de la razón poética", en el que advierte "de dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo/ de la derecha cuando es diestra/ de la izquierda cuando es siniestra".
Y, ya se sabe, los poetas siempre tienen razón, dicen.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Pastillitas navideñas

El genocida Videla hizo una crónica pormenorizada de una reunión entre Ricardo Balbín y él mismo, en casa de un amigo común (una joyita, el anfitrión, para elegir amigos). Según el condenado, Balbín le habría pedido apurar el Golpe de Estado de 1976, un mes y medio antes de que éste, finalmente, se concretara.
Aunque debe ser más fácil aprender swahilli por señas que creerle a Videla, el legendario líder de la derecha radical tiene antecedentes en eso de tocar timbre en los cuarteles. Sin embargo, el exabrupto del chacal dio pie para que se asomara a los medios el inefable Ricardo Raúl Alfonsín, Alfonsinín. Dijo el semicalvo hijo del original que "Videla no tiene autoridad moral" para impugnar la trayectoria de tan insigne hombre público de la democracia. Y es cierto, aunque en un momento de sinceridad de clase, el Chino haya pedido "aniquilar la guerrilla fabril".
Lo paradójico de las declaraciones de Alfonsinín es que se parecen a un mal silogismo. Fíjense, el mismo tipo que dice eso aparece sonriendo con el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, en la cena de ADEPA. "¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?", parece bolerear el candidatito. No hace falta recordar que el gran diario argentino boicoteó al papá del candidatito, hasta el punto de ser vituperado en público por Don Raúl, según el archivo fílmico visto en estos días. Entonces, ¿tiene autoridad moral quien se sienta a sonreír con el socio de quien no tiene autoridad moral? ¿No estará traicionando los gestos, los trajes, la voz cascada y el sillón paternal, quien borra con su actitud la devoción que dice sentir por su mentor? ¿No hay algún periodista que se lo pregunte?

Por supuesto, también yo participo de la algarabía de buena parte de nuestra sociedad por las condenas a los genocidas. La Matria termina el año con una justicia más plena y una vergüenza menos, parafraseando a los reformistas de 1918. Pero creo que ni Videla ni Menéndez son hoy el problema.
Tuvieron cría. A saber:
a) Macri confirmó mis sospechas. Consultado acerca de su presunta xenofobia, negó enfáticamente su condición de discriminador. Ejemplificó su acendrado amor por los hermanos latinoamericanos con un dato demoledor. Su asesor de imagen, Durán Barba, es ecuatoriano. Lo que ratifica que, más que xenófobo, es pobrófobo, como sugirió un colega (mío, no de él). Imagino a Mauri muy cómodo brindando con algún magnate boliviano, paraguayo, peruano o hatiano, aunque el tipo sea negro, amarillo o verde (si es verde dólar, mejor).
b) En el acto de lanzamiento (¿como sinónimo de vómito?) de su precandidatura presidencial, Duhalde estuvo acompañado por Cecilia Pando, portavoz de los defensores de "los que se robaron bebés", como le dijo a Chiche Gelblung. También por el Tata Yofre, Miguel Ángel Toma (¿de qué terrenos?), Ramón Puerta y otros ejemplares dignos de un Museo del Terror Nacional.
c) Comparte el primer nombre de pila y el apellido. Pero uno encaneció su pelo y su barba defendiendo presos políticos en los momento más oscuros del país. Hoy apuntala la vigencia de los derechos humanos como política de Estado.
El otro también encaneció: se hizo cana. Pide mano dura, represión y regresión. Carga sobre sus espaldas (le buscaron la conciencia con resultado no positivo) las muertes de Kosteki y Santillán, aunque él se considere el gran pacificador nacional. "Cosas vederes, Sancho".
Admira a Abel Posse, toda una definición vital. Todo un nexo entre los genocidas y estas crías.
¡Salud, entonces! Por las asignaturas pendientes, entre ellas la principal, la inclusión de los pueblos originarios en el mapa de la dignidad. No la retórica. La fáctica.

sábado, 18 de diciembre de 2010

La desnudez

Varias veces, este año, se desnudó. Unas, por puro placer celebratorio. Otras, transida de dolor.
Por allá, por mayo, la vi despojarse de sus ropas con la sensualidad de sus instintos milenarios de hembra seductora. Danzó, cantó, pintó y actuó desnuda para multitudes hipnotizadas y jolgoriosas. Atravesó las calles para que la vieran sus hermanas, algunas con ritmo de huayno en sus caderas, otras con valsecitos peruanos besándoles los pezones, el pubis se perfumó de sambas y de zambas, los ojos se le iluminaron de cumbias. La fueron cortejando y ella se dejaba. La sonrisa le trepó los hombros y se le posó al sol, como esperando girasoles.
Nunca la vi así. El año comenzó a puro festejo. Venía de esquivar miradas lascivas, intentos serios de violarle el pudor y la historia. Hubo casos. Fuegos condenatorios, con la complicidad pasiva de muchos de los nuestros. Pero de la épica placera surgió un bravo ondular de voces nuevas. Todavía tiene hijos que no encuentra, arrebatados de noche, mutiladas sus caras y sus manos.
Son raros los octubres de esta muchacha. Alguno amaneció embalconado, en patas, y no hubo puente que parara el aluvión sonoro. Pero éste, el último, nos ultimó a mansalva. La vi morir un poco, llorar como lloran las mujeres cuando un cuchillo le trastorna el alma. De inmediato, fiera arrinconada por la Parca, se irguió desde la náusea y supo que los pibes y las pibas la querían desnuda para sacarla en andas.
Y en estos días de canícula y esperanza, los sabuesos quieren vestirla de futuro, pero para preterizarla. Le mataron a un joven en las vías por pretender que el tren volara. Le mataron a un kolla y a una guarania para intentar que ni cantara ni bailara.
El año que se inicia tiene octubre, infaltable cita calendaria. Será cuestión de mantenerla desnuda. La Matria, vestida de rubia, no avanza.
No quisiera que baile más con ellos, los garcas. Los negros, los feos, los pobres, con ellos baila la mañana.

martes, 14 de diciembre de 2010

Activistas

Es, también, una secuela de la dictadura. El lenguajicidio, como una forma más del genocidio que nos dejó el neoliberalismo y su brazo armado. El neoliberalismo, como mentor ideológico de los cambios retrógrados de una época que no se resigna a quedar atrás. Pese a la voluntad mayoritaria de las sociedades nuestroamericanas.
Mucho se ha escrito acerca del bastardeo del uso del idioma de género. Por dar sólo un ejemplo y después pasar de lleno al tema específico que me convoca y al que te convoco, lectorlectora. "Mujer pública" y su significado peyorativo. Sin embargo, Cristina Fernández y Elisa Carrió son mujeres públicas. Y, aunque una sea una estadista de renombre internacional y la otra una paciente ambulatoria con pretensiones gubernamentales, ambas son féminas de dominio público. Sin dudas.
En estos días, y voy al grano, hemos visto y escuchado tildar a los agresores de los ocupantes del Parque Indoamericano, en Villa Soldati, Buenos Aires, de "activistas". No me parece correcto. Es más, siento y creo que el calificativo forma parte de aquel contrabando ideológico que mencioné al comienzo.
Ser activista es un orgullo. Tanto como ser subversivo, otro de los conceptos que la derecha manchó hasta sacarle sangre a nuestras sociedades.
Han sido y son activistas el Che, Rodolfo Walsh, Atahualpa Yupanqui, Juan Gelman, Adolfo Pérez Esquivel, Milagro Sala, León Gieco, Liliana Herrero, José Saramago, Silvio Rodríguez, Camilo Torres, Hebe de Bonafini, Estela de Carlotto, Nora Cortiñas, Adriana Calvo, Jorge Julio López, Mempo Giardinelli, Eduardo Galeano, Felipe Pigna, José Pablo Feinmann, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Benito Marianetti, Teresa Rodríguez, Pablo Neruda, Víctor Jara, Violeta Parra, Rigoberta Menchú, Enrique Angelelli, las monjas francesas y siguen las firmas. Cada uno de ellos y cada una de ellas, activan o activaron en su ámbito para hacer mejor este mundo en que vivimos y morimos.
Activistas en tanto militantes de la luz. Activistas en tanto hermanos del prójimo. Y cada cual fue y es un subversivo que marca un rumbo de justicia, belleza y equidad.
Lo otro, los que vimos matando, los que desprecian al pobre después de haberlo generado, los que denostan la piel del distinto, esos no son activistas. Son patoteros.
Entonces, de aquí en adelante, a recuperar el ingreso, sí, pero también y en simultáneo, a recuperar la dignidad de la palabra y su significado.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Ese amigo del arma

Cuando no le dictan, es una delicia escucharlo hablar. El superyó se le va de gira y dice lo que piensa y es: un burgués pequeño y asustado. Nada más parecido a un fascista.
Si a Adolf Hitler le preguntaban (suponiendo que alguien se hubiese animado a preguntarle) si se consideraba xenófobo, seguramente hubiese gruñido una parrafada histérica con el argumento pseudocientífico que le aportó Alfred Rosenberg, para negar su condición racista.
Ante la misma pregunta a Mauricio Macri, existen dos posibilidades. La primera y más probable es que no sepa qué quiere decir xenófobo. Y si sabe o le soplan la definición al oído, por supuesto dirá que no, de ninguna manera. Ocurre que él, como Sarmiento en el siglo XIX, prefiere los inmigrantes rubios, blanquitos y con guita. Los del Norte. Los del Sur son morochos, negritos u oscuros y sirven de mano de obra esclava o barata, hasta que se les ocurre pedir, exigir, lo elemental: un lugar digno para vivir, asistencia sanitaria y alimentaria y, si le sobra un dinerillo al Estado, educación inclusiva y esparcimiento. Mientras tanto, mientras cargan las armas, en complicidad con las patotas del duhaldismo y la perversa obstinación ultra, el equipo del macrifascismo inaugura el "bicing" para que la señora de Recoleta visite a la señora de Palermo Soho sin sacar el auto de la cochera.
El problema, compañera del alma, no es Macri, sino quien le da de comer. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires es, entonces, el chiquero donde se dirimen estas vergüenzas. Sus votantes le creyeron a un tipo que se casó tres veces para toda la vida. Sus votantes eligieron a un nabo a quien su propio padre calificó de pelotudo en público (el mío me lo decía en privado, al menos). Sus votantes pendularán, en la próxima elección, hacia el progresismo, si es que no prima en ellos la conmiseración y eligen a una destacada silla de ruedas como titular del Ejecutivo. Todo depende de cómo funcione el bicing.
Hace unos años, el Canal América cerraba su trasmisión diaria con un microprograma a cargo de un gran músico argentino, integrante de una familia de constructores de cultura popular, amados amigos. Se llamó, aquel ciclo, "Ese amigo del alma", con ele de Lito y ve Vitale. Con ele de luz, con v de vida.
Exactamente lo contrario del arma, con eme de Macri, con eme de muerte.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Matrimonio mata testigo

"La verdad es tan difícil de negarla como de esconderla"
                                                                                          Che Guevara

Fin de la saga, espero. Segundo y último episodio del caso Recaudador Flúo.
Imbuídos del espíritu rebelde de aquella tardecita del viernes 26 de noviembre, encaminamos nuestros pasos hacia el Honorable Tribunal Vial de la muy insigne ciudad de Mendoza.
Casi al unísono, la dueña del kiosquito "Mesa de Entradas" y la del polirrubro "Sala de Audiencias 4" me impidieron deponer. Y aquí estoy, frunciendo, hasta que, como no aguanto más, depongo por esta vía. Mi pecado fue casarme. Hace mucho, muchísimo. Usted no puede ser testigo, me dijo la compañera kiosquera. Argumenté que soy, fui, coprotagonista y víctima de la emboscada del Recaudador Flúo. Es más, invoqué mi condición de titular del vehículo emboscado. Fue como cenicero de moto, como bocina de avión. Al pedo. Ni el sagrado derecho de propiedad sirvió en este caso. Como se ve, un fantasma recorre el municipio.
Y allí fue ella, a lidiar con la del polirrubro, Florencia Serpa, la jueza que nos tocó. Buena mina, Flor, amable, rubia símil Hotton (de pinta. De ideología no hablamos), escuchó y dialogó, mientras yo le hacía surcos al pasillo, como padre primerizo en espera.
Flor le dio la razón a mi esposa. Seguramente, el inspector Ponce había inventado la infracción, pero no llevamos testigos. En realidad, estaba yo, pero como les conté, me ascendieron a marido y perdí.
En resumen, los discípulos zanjoneros de Kafka y Jarry, funcionan así en nuestra urbe de lampazos, veredas como soles y acequias cantarinas. Si uno comete una infracción vial, calificada como gravísima (por ejemplo, no respetar la señal de disco PARE) será sancionado con una multa de $ 505.-, pero si uno correcorrecorre y la paga en los próximos cinco días hábiles, le cobran $ 350.-, y si gritagritagrita (y además le dan la razón) paga sólo $ 60.
Puro afán recaudatorio. Supongo que cruzar un semáforo apagado, pero que el Recaudador Flúo ve rojotodorrojo, debe costar más o menos lo mismo.
Nos instan a mentir. Para mi próxima vez, llevaré de testigo a don Vicente Nario, ex granadero a caballo, combatiente de la batalla de Maipú, quien para mantenerse en forma, cabalgaba en la bici de su tataranieto y justo vio todo, según mis instrucciones previas, claro.
Entonces sí, entonces seremos ciudadanos probos, comprometidos con la justicia y la equidad.
Símil Hotton nos mandó a hacer la cola y ante mi sonrisa libidinosa aclaró, en la Caja, ciudadano Rudman, pague y, otra colita más y le devuelven la licencia de conducir.
Por eso aconsejo no casarse. Si usted se casa, recuerde que anda suelto el inspector Mauricio Ponce, adalid de emboscadas viales, Recaudador Flúo de los Fayad's Boys.
La tribuna farandulera dice que billetera mata galán. En Mendoza, matrimonio mata testigo.

martes, 7 de diciembre de 2010

Reencarnó, nomás

Sé que se van a sorprender de leerme creyente. Nunca creí en cuentos sobrenaturales, aparecidos, jinetes sin cabeza, milagros varios y otras supersticiones al uso. Soy ateo, ya se sabe y apenas le doy bolilla a las noticias que apuntan para el lado de los misteriosos hechos incomprobables. Alguien, sospecho que más que los que sospecho, dirá que me pierdo cosas. Quizás tengan razón, pero es lo que hay dice un amigo inteligente en su contestador telefónico.
Sin embargo, ayer vi por la tele un fenómeno que me retrotrajo a épocas prenegras de nuestra historia contemporánea.
Corría el año 1974 ó 75, poco importa la exactitud en este caso. No es, precisamente, una efemérides lo que me inspira. El Viejo, Perón, se había muerto un 1 de julio lluvioso y frío. Nos legó un brujo criminal y una cabaretera recogida en Panamá, ambos al mando de una nación enlutada y al borde de la guerra civil, como tantas veces antes y después. La mina, Isabelita le decían (como si el diminutivo pudiera amortiguar su incapacidad para casi todo), salía al balcón de la Casa Rosada y repetía, textualmente, lo que López Rega, el cabo de la Federal y padre cofundador de la Triple A, le iba dictando. Palabra por palabra. Me acuerdo y me vuelve la vergüenza ajena. Fue, también eso, un ensayo general de lo que vendría. Martínez de Hoz decía y el clarinopolio, repetía. Y Neustadt y Grondona, repetían.
Ayer volví a verlo, pero esta vez no eran Estela Martínez (¿Cómo pudo caer tan bajo, General, pasar de Evita a esos?) y el Hermano Daniel. Esta vez el que repetía el libreto que le dictaba un asesor era Mauricio Macri. Es cierto, el asesor se parece más al Colorado MacAlister, con bigotes, que a Lopecito.
Lo vi en 6-7-8, el mejor programa periodístico de la televisión argentina. El gerente de Buenos Aires estaba rodeado de periodistas y respondía según le soplaba al oído el tipo de marras.
Y caí en la cuenta que la Señora Historia es circular, como dice Felipe Pigna, aunque no se repita.
¡Mirá vos, la Argentina, qué país tan singular! Cuando el mundo desarrollado muestra más grietas que la cara de Mirtha Legrand sin maquillaje, nosotros crecemos con inclusión; en el momento menos pensado, un canciller de origen judío anuncia el reconocimiento de Palestina como Estado libre e independiente, según las fronteras de l967; y la tarada viuda de Perón reencarna en Macri.
Falta que, en la próxima conferencia de prensa, diga "No me atosiguéis". Si ocurre, me caigo de culo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

¡Alerta!, recaudador flúo suelto

Los hechos, fríos, duros, son los siguientes: era el atardecer del viernes 26 de noviembre del año 2010 de Vuestro Señor. Las 19,20 marcaban los relojes. Nuestro destino final era el Concejo Deliberante de San Martín, donde se iba a celebrar el segundo acto por los festejos del aniversario de mi programa de radio. Previamente, debíamos pasar a buscar a Liliana Heker y Mempo Giardinelli, alojados en un hotel de calle Sarmiento, de nuestra ciudad.
Veníamos por Av. Belgrano, dirección Sur-Norte. Al llegar al cruce con calle Montevideo, frenamos. Por dos razones. En primer lugar, porque existe un cartel que dice PARE y, además, porque Montevideo tiene dirección Este-Oeste, es decir, tiene prioridad quien aparece por nuestra derecha. (No es un chiste histórico, es una verdad vial).
A unos 35 ó 40 metros más adelante, por Belgrano, hay una camioneta parada en doble fila y dos, sí, dos, agentes municipales "atendiendo" al conductor. Uno de ellos, hablando por celular, nos indica detenernos detrás de la camioneta. Obedecemos, obvio. Debemos esperar a que termine su conversación telefónica para saber de qué se trata. Nos dice, con actitud neutral, digamos rutinaria, que le facilitemos la documentación del auto y la conductora. Obedecemos, obvio. Nos pide el comprobante del seguro. Obedecemos, obvio. Los dos, conductora y co-piloto, con cinturones de seguridad colocados. El vehículo, con las luces reglamentarias y balizas encendidas. Todo prolijito, casi increíble. El inspector flúo rodea el auto, verifica que todo es normal y se asoma para informarnos que va a confeccionar un parte y a retener la licencia de conducir por haber cometido una falta grave. Así dijo, imperturbable, una falta grave. Estupefactos, preguntamos cuál. Nos dice, imperturbable, que no respetamos el disco PARE. La estupefacción empieza a mutar hacia la indignación. ¿Cómo sabe usted, le digo, si hablaba por celular y, además, está a más de 35 metros de esa señal? Es que usted me dijo, le espeta a mi esposa, que venía distraída. Así dijo, distraída. No obedecimos, obvio. Porque miente alevosamente.
Nos bajamos del auto con el indignómetro cerca de su temperatura crítica y lo tratamos como se debe tratar a un patotero con uniforme, ahora que nuestro país comienza a parecer un país en serio. Ofuscadísimo, interrumpo el tránsito para intentar, iluso de mí, solidaridad de mis conciudadanos. Pero me olvido que, como yo, iban a algún lado y querían llegar y este loco les jode el tránsito. Un piquetero solitario, discapacitado físico y vociferando en plena ciudad amable y acogedora.
Aparecen dos inspectorcitas flúo que tratan de calmarnos y nos sugieren, me sugieren, que me salga de lugar tan incómodo para tratar de "arreglar" el problema. Aunque, me aclaran, la licencia la retienen. Sí o sí.
En síntesis, nos hacen el parte, retienen la licencia de conducir y nos vamos masticando bronca, impotencia y ardientes deseos de encontrarnos con el inspector cara a cara en sede judicial, donde ya hicimos el descargo, obvio.
Algunas reflexiones. Lo normal, casi instintivo, de un funcionario vial que pesca in fraganti a un conductor en infracción, es ordenarle detener la marcha, acercarse e inmediatamente, recriminarle su falta. Sobre todo, si ésta es grave. No hace, como hizo, toda una búsqueda burocrática y mecánica para justificar una eventual multa. Porque eso es lo que buscó, desde que salió de su casa, el inspector flúo. Recaudar. Asegurar el pan dulce, la sidra y los turrones ahora que se acercan las fiestas de fin de año.
Lo más grave de este episodio urbano-vial no es la multa. Lejos, muy lejos estoy de compararlo con la masacre genocida que nos llevó a 30.000 de los mejores y desarticuló la sociedad argentina. Pero la matriz cultural es la misma. Habrá que avisarle a los funcionarios de la ciudad de Mendoza, que un uniforme no es más un pasaporte a la impunidad y el arbitrio. Es, seguramente, una rémora de aquel período de genocidio y horror. Un uniforme es, apenas, pilcha que identifica un trabajo determinado. Un significante que significa, diría un filósofo, y no la posibilidad cierta de humillar a otro ciudadano. El verde flúo de los viales capitalinos no es más que el guardapolvos de una enfermera, el vestir de un botones de un hotel o la ropa de un piloto aéreo.
Además, es bueno avisarles a estos machos uniformados que terminó la posibilidad de menoscabar la integridad de una mujer, que ya no es tan fácil pensar que, como la que maneja es una mina, tengo ventajas. Entre otras cosas, ya es hora de que se enteren de que la Argentina tiene una fémina que nos conduce sólida e inteligentemente.
Si el intendente municipal, Víctor Fayad, argumenta desconocimiento de esta situación, ya está avisado. Hay en su gobierno, en el área vial, un grupo que no pretende cuidarnos. Busca, primordialmente, recaudar. Aún mintiendo. Generalmente mintiendo.
El acto, en San Martín, fue una maravilla de creatividad y emoción.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Los hijos, ese negocio

A veces creo que si, a veces que no. Cuando el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dice que es una estupidez, creo que no. Pero cuando dice que es un problema de los EE. UU., creo que si. Cuando sugieren que es un golpe de Estado del Tea Party yanqui, esos fachos que no toman café porque es negro, creo que no. Pero cuando veo que daña, aún más, el prestigio de Obama y doña Hilaria, me parece que si. Cuando le miro la cara a los funcionarios norteamericanos se me ilumina mi rostro, pero cuando me entero que lo divulgado es un arreglo con Der Spiegel, El País, Le Monde, The Guardian y The New York Times para que se conozcan boludeces de alcoba y frivolidades varias, me digo que están escondiendo lo principal del queso.
Mientras tanto, pasan cosas, como dice Sandra Russo. Por ejemplo, avanza el proceso judicial para determinar si Marcela y Felipe Noble son o no son lo que parece que son: pibes robados.
Un poco de historia, querido Felipe Pigna, siempre viene bien, ¿no? Roberto Noble, el fundador del Diario Clarín, nació en La Plata, e hizo mucha, muchísima durante su vida. Joven aún se afilió al Partido Socialista pero, a no alegrarse, fue parte de una camada de socialistas sui generis que, por ejemplo, apoyaron el pacto Roca-Runciman, obra maestra del coloniaje. Después fue Ministro de Gobierno de Manuel Fresco, el gobernador bonaerense que, haciendo honor al apellido, nunca se calentó por respetar las formalidades republicanas. En este verdadero casting de nombres, vale incluír a nuestro protagonista que, sin ser duque ni conde, tuvo actitudes innobles de todo tipo.
En lo personal, don Roberto se casó, vía México, con Marta Zapata Timberlake y nació de ese romance, Guadalupe. Hoy, Guada es la titular de las Galerías Santa Fe, en Buenos Aires, columnista de Enrique Llamas de Madariaga, periodista categoría pithecantropus, y fue candidata a diputada, con suerte adversa, por la Democracia Cristiana. Suele decir que su papi fue un faro. O sea, una antigüedad oceánica.
Pero sigamos con el quía. Aunque era de Virgo, se murió de cáncer. Y aquí comienza el show. La puja hereditaria entre Marta Zapata, Guadalupe Noble y la nueva esposa, Ernestina Herrera, toma ribetes de novela romántica victoriana. Aparece en escena, entonces, Rogelio Frigerio, personaje político de renombre en la década del '50 y asesor primordial de Arturo Frondizi, sobre todo, para firmar el pacto con Perón que catapultó al desarrollista a la presidencia. Pero aquí lo tenemos a don Rogelio urdiendo un plancito un tanto macabro. Adquirir dos niños, adosarles el apellido Noble (siete años después de que los gusanitos se hicieran cargo del cadáver de don Roberto) y, así, arruinarle los festejos a la viuda vía México.
Repasando: Marcela y Felipe no son, en el mejor de los casos, adoptados. Son comprados, adquiridos como bienes, actores involuntarios de una tragedia cargada de billetes. Ya se sabe, detrás de una gran fortuna hay, casi siempre, una historia plena de mezquindades, traiciones, crímenes.
En poco tiempo más, si las chicanas no retrasan la investigación, se sabrá el verdadero origen de estos chicos, hoy adultos. Lo único seguro es que Marcela no apareció en una caja de zapatos, según la versión de la Viuda II, en la puerta de su casa.
Mi relato está basado en el testimonio judicial de Roberto Bandini, ex secretario de redacción de Clarín, mano derecha (bien de derecha) de Ernestina y nexo entre el diario y la Junta genocida durante los años oscuros del país. Otro caso de predeterminación por apellido: miembro conspicuo de una banda mediática-empresarial.
Mientras tanto, las Abuelas siguen buscando. Y nosotros con ellas.