martes, 17 de agosto de 2010

En cada rengo...

"Odio a la puta oligarquía. La odio."
Luis D'Elía

"En cada rengo, hay un hijo de puta". La frase fue dicha en la celebración privada de un amigo empresario y abogado, por un miembro de la oligarquía mendocina. Uno con prosapia, alcurnia y frondoso árbol genealógico. No quise reaccionar en el momento para no arruinarle el festejo a mi amigo, un buen tipo, sobrino y colega del pitecantropus en cuestión.
Hoy me pregunto qué hubiese sucedido si alguien tenía la ocurrencia de expresar que detrás de cada Aguinaga había un hijo de puta. Pedidos de ratificación o rectificación, amenaza de juicio por daño moral, indemnización pecuniaria y otras herramientas que usa el derecho burgués para su divertimento y autocomplacencia. Imagine usted el escándalo.
Teniendo en cuenta que este libelo puede ser leído bajo otros cielos, paso a explicar someramente, quienes son los Aguinaga, por ejemplo. Familia que ha contribuído con generosidad a escribir las páginas más representativas del sueño soñado por la clase media alta de estos medanales, los Aguinaga son y han sido, ministros, legisladores, gobernadores, en fin, fauna autóctona cobijada bajo el emblema del Partido Demócrata. Recientemente, uno de ellos, más precisamente el hermano del pitecantropus, fue Ministro de Justicia y Seguridad de este gobierno peronistoide que, con tanta facilidad, compró la sociedad mendocina. El ministro mencionado pasará a la historia (así, con minúscula) por haber defendido a capa y espada la designación del comisario Rico, al frente de la Seguridad de los mendocinos. Sirve contarles que el comisario confesó, con cierto orgullo, haber participado en los "traslados" durante la dictadura eclesiástico-cívico-militar de l976-1983. La militancia de los organismos de derchos humanos y algunos periodistas, no muchos, eyectaron a comisario y ministro, como corresponde.
Vuelvo al pitecantropus. Contaba el tipo un episodio sufrido, según él, por culpa de un rengo de las dos piernas (fíjese que falta de elegancia), por uno de sus hijos.
Los Aguinaga son una mixtura de Macri, Posse, Berlusconi, Aznar y Bush del tercer mundo.
Le pido, don Aguinaga, una disculpa pública, por el medio que más le guste. Adivino el gusto, tal vez Los Andes o Uno, diarios que, broncas más, broncas menos, se le parecen.
Le pido a su partido, el Demócrata (vaya nombrecito), un tirón de orejas, también público, por discriminador.
Quédese tranquilo, no le voy a pedir indemnización económica. Ya lo dijo Serrat, no hay que confundir valor y precio.
Sé, por otra parte, que los garcas no lo pueden evitar. Son como aquel chiste del alacrán que le pide al hipopótamo que lo ayude a cruzar un río caudaloso y, aunque le promete no picarlo, en la mitad del trayecto lo pica. Antes de morir ambos, uno envenenado y el otro ahogado, le confiesa que es superior a su voluntad: lo lleva impregado en su esencia. La olgarquía es así. Por eso la odio, yo también.
La reunión fue muy agradable, regada con buenos vinos, carne magra, asada y tierna, ensaladas varias, chistes verdes, futbol, política y mujeres. Después de todo, éramos hombres solos, desplegando nuestras virtudes y miserias, como queda dicho.
En fin, otra de las interesantísimas experiencias que enriquecen mi vida.
A mi amigo empresario y abogado, junto con el agradecimiento por la invitación, el convencimiento sin consuelo de que los tíos no se eligen.
13-12-2009

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