sábado, 21 de agosto de 2010

Estridente sonó

A Sandra Russo y Orlando Barone


Hay distintas maneras de huir. Por ejemplo, la cúpula de la Iglesia católica huye hacia el pasado, hacia las catacumbas, lo cavernario, tratando de impedir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Infructuoso. Más temprano que tarde la igualdad de facto, se transformará en igualdad de jure. Así ocurrió con el fin del monopolio de los registros de nacimientos, casamientos y muertes. Así ocurrió con el divorcio vincular y, antes, con el reconocimiento a los hijos extramatrimoniales.
Mamá Ernestina y tío Magnetto huyen hacia adelante. Mamá Ernestina tiene 85 pirulos. Está más cerca del cielo que de la Tierra. Tío Magnetto anda pisando los 66, aunque dicen, fuentes cercanas a su oficina, que se lo ve desmejoradito. Si nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, según Manrique (Francisco, no. El poeta), ambos estarían mirando la playita desde algún atardecer acantilado.
Digo yo, tanta chicana, tanta trampa leguleya, ¿no estará apostando a que mami Ernestina estire la pata y, de esa manera, se extinga la acción penal, al menos en lo que a Marcela y Felipe se refiere? Ya ocurrió. Augusto Pinochet, ese hijo de Dios devenido hijo de puta, se fue de estas comarcas, sin sentencia en su sarcófago. También utilizó artimañas. Recuerden su regreso en silla de ruedas, su presunta demencia senil y otros firuletes procesales. La biología amparó la impunidad.
Las pruebas de ADN no son K, en todo caso son J, de justicia, que busca investigar un presunto delito LH, de lesa humanidad.
Bombachas pluripersonales, calcetines multitudinarios, propuestas de análisis en el extranjero, en laboratorios privados en ¡Barcelona!. Todo tipo de tropiezos legales hacen evidente que, más que la ropa íntima, mamá Ernestina y tío Magnetto, tienen manchado, y con sangre, el curriculum.
Aunque menguado en su número y su credibilidad, Clarín y sus secuaces son, todavía el diario más leído del país. Tal vez, esta inmensa mentira, esta indignidad manifiesta, nos ayude a diversificar lecturas, voces e imágenes, al amparo de la nueva legislación de medios. El desafío es para nosotros, en un camino empedrado pero no solitario.
Dos canciones de nuestra infancia me vienen a la memoria. Una, se podría parafrasear: "la papelera tropezó/ y en la Historia se cayó/ y al pasar por un cuartel/ se enamoró del Noble aquel".
La otra es una marcha patriótica, cuya letra se resignifica a la luz de los acontecimientos que padecemos, y dice: "el clarín, estridenté sonó".
01-07-2010

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