martes, 17 de agosto de 2010

Disculpas y permisos


En Mendoza, Argentina, en el año

dos mil nueve de vuestro señor Jesucristo,
vengo a pedir disculpas, a saber,
por los libros leídos,
por los que no leeré.
Pido disculpas por tener ideas de izquierdas.
Disculpas por ser de clase media y aborrecerla.
Disculpas por sentir desprecio por mis dirigentes,
mis sindicalistas y mis periodistas genuflexos.
Pido disculpas por mi colesterol y mis arterias.
Le pido disculpas a mis ironías semánticas.
Ellas no son culpables.
Pido disculpas por seguir sintiendo
que veinte años no es nada
si es febril la mirada.
Disculpas entonces por la mirada.
Pido disculpas por mis obsesiones de bibliotecario aficionado
y disculpas también por mis despelotes de escritorio.
Pido disculpas por mis utopías íntimas
y mis angustias públicas.
Pido disculpas por mi falta de pudor y
mis gases estomacales.
Le pido disculpas a mis hijos, como alguna vez
Iván Lins a los suyos.
Y por motivos similares.
Pido disculpas por
pedir disculpas.
Aunque, bien pensado, como dice mi hija
que dijo alguien,
es mejor pedir disculpas que permiso.

13-04-2009

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